Un remanso llamado Málaga

Colonia Málaga

Raymundo Campos tiene 99 años, 62 de ellos los ha vivido en la colonia Málaga, en el barrio Santa Anita, de San Salvador. Habla pausado y, sobre todo, divaga, pero es muy certero al recordar el momento en el que decidió vivir ahí, cuando todavía no se había levantado ni un edificio, cuando el proyecto todavía estaba en el papel y los ingenieros comenzaban a explorar el terreno. En el predio, todo estaba cubierto por naranjales.

“Mire qué buenos naranjales salieron estos, me han dado tantos y tan satisfactorios frutos. Aquí han nacido hijos, nietos, bisnietos, tataranietos… aquí de seguro yo me voy a morir. Yo quiero mucho este lugar, lo quiero casi como que fuera una persona”, comenta Raymundo, con la mirada puesta en la ventana que da a la calle desde el cuarto piso del edificio.

El nombre de la colonia Málaga está indeleblemente relacionado con la tragedia que sucedió justo enfrente suyo: un bus que llevaba 32 feligreses de la iglesia Elim fue arrastrado por la correntada después de que el caudal del Arenal desbordó hasta la calle. Pero la Málaga se resiste a ser solo eso.

Se trata de una colonia conformada por 34 edificios, por 324 apartamentos, en los que vive un aproximado, según los cálculos de los vecinos, de 1,400 personas. La extensión de todo el conjunto no llega al kilómetro cuadrado. El complejo fue construido en 1956, bajo el gobierno del presidente militar Óscar Osorio.

Para quienes viven aquí y para los vecinos de colonias aledañas, la Málaga conforma un pequeño oasis de tranquilidad en medio de la violencia pandilleril de la zona. A pesar de tener variados accesos peatonales, que se suman al de la pluma de la entrada vehicular, es uno los pocos sitios donde se puede caminar con relativa seguridad, sin la certidumbre de que está en juego el pellejo si no se sale lo suficientemente rápido.

Parte de este conseguido éxito se lo deben a su organización y, sobre todo, a la identidad sentida por quienes viven ahí. “La Málaga no son sus edificios, es su gente”, dice un eslogan pintado con coloridos motivos en varios puntos de la colonia y que los vecinos repiten como una especie de mantra.

Todo un logro si se toma en cuenta que los edificios están justo en la frontera entre dos grupos de pandillas: hacia el occidente se extiende el territorio del Barrio 18, en la San Antonio, Los Arcos y la Santa Cristina, hasta llegar a la colonia Dina; hacia el oriente viven sus enemigos de la MS, en comunidades como la 15 de Septiembre, la Modelo o La Prado.

Ricardo Valdez es uno de los personajes más veteranos involucrados en el trabajo organizativo de la Málaga. Tiene 69 años y vive ahí casi desde que nació. Cuando habla de este espacio, los ojos le brillan, la sonrisa acude a decorar su boca. Y cuando camina entre las zonas verdes, los pasadizos entre edificios y las áreas comunes, parece necesitar de más voces para responder a tantos saludos.

Ricardo habla de varias conquistas comunales, de canchas que no se hubieran podido construir sin la voluntad del colectivo. Incluso la caseta de Policía Comunitaria que custodia la entrada vehicular fue una decisión de los vecinos: consiguieron patrocinios para que una empresa les regalara cemento, la alcaldía les ayudó con mano de obra, el resto de insumos lo pusieron ellos.

“Málaga no son sus edificios, es su gente”, dice un eslogan pintado con coloridos motivos en varios puntos de la colonia y que los vecinos repiten como una especie de mantra. Todo un logro si se toma en cuenta que los edificios están justo en la frontera entre dos grupos de pandillas: hacia el occidente se extiende el territorio del Barrio 18, en la San Antonio, Los Arcos y la Santa Cristina hasta llegar a la colonia Dina; hacia el oriente viven sus enemigos de la MS, en comunidades como la 15 de Septiembre, la Modelo o La Prado.

Los apartamentos. Cada espacio tiene tres cuartos, una sala y cocina. El área de cada uno varía según el edificio. En promedio, según los vecinos, cinco personas viven en cada apartamento.

Construyeron el inmueble antes siquiera de solicitarle a la policía su presencia: llenaron un vacío previamente para que las autoridades lo llegaran solo a ocupar. El grupo de personas que se encarga de dirigir los trabajos comunales de la colonia está aglutinado en una asociación con personería jurídica propia. Dicen que rechazaron la posibilidad de convertirse en una ADESCO ante el pensamiento de que las áreas comunes construidas por ellos pasarían a la administración de la Alcaldía de San Salvador. Y para gente como Valdez, quien ocupa el puesto de dirigente honorario, es un trabajo sin fin. Uno que hacen, sin embargo, con pasión.

“Nosotros veníamos de mesones donde estábamos hacinados, de cuartuchos, de cualquier lugar que usted se pueda imaginar. Cuando vinimos aquí, vimos este sitio lleno de zonas verdes, con los servicios más o menos cubiertos, lo vimos como si fuera, digamos, la Escalón”, dice Ricardo.

Por sus características, que la hacen distinta al resto de colonias en la zona, la Málaga ha sido elegida por la Universidad Tecnológica para convertirse en la primera comunidad en la que ese centro de estudios colabora de manera profunda, poniendo a disposición de la comunidad las habilidades de sus estudiantes y profesionales.
Esta tarde de agosto, parece que toda la colonia ha decidido reunirse dentro y en torno de la casa comunal. Afuera, la orquesta del Centro Penal La Esperanza toca piezas del repertorio tropical para que habitantes y las autoridades de la universidad pasen un rato ameno. Adentro, decenas de personas han conformado mesas redondas, donde tocan temáticas como el manejo de la basura, el mantenimiento de las zonas verdes, el consumo de alcohol, la vulnerable seguridad que siempre hay que defender.

Habitantes de la colonia Málaga.

Discuten y dan ideas sobre lo que se podría hacer, lo que se está realizando de forma errónea o incompleta, como la ausencia de pasamanos en algunas gradas de paso en la colonia, que hacen difícil que un anciano pueda transitar por ahí sin el miedo a caerse.

Roberta Molina es una de las integrantes de la asociación directiva de la Málaga. A pesar de que no vivió aquí en su infancia, visitaba a sus abuelos cada vez que podía. Siempre le gustó la mística de la colonia, de conocerse todos, de ayudarse todos.

Decidió conseguir un apartamento alquilado dentro de la colonia cuando se convirtió en madre. La seguridad que le ofrecía ese espacio significaría que su hijo tendría la oportunidad de desarrollarse sanamente.

“Quería un mejor futuro para mi hijo, que creciera como un niño normal y no reprimido. Allá donde vivíamos, no tenía la libertad de dejarlo salir. El niño se me comenzó a hacer bien cohibido. Yo quería que fuera un niño normal, que creciera como yo crecí, que tuviera la libertad de salir a jugar con otros niños”, comenta Roberta. Al separarse de su esposo, ella emigró a otro sitio, pero ha continuado siendo parte de la directiva y sueña con algún día poder volver.

Esta tarde, a Roberta se le ve angustiada, ocupada en que cada aspecto del evento salga bien. Abajo, frente a la tarima en la que reos en fase de confianza tocan, Rami Rabinovich y Elías Soae Freue bailan a pesar de que el sudor ya les ha empapado la camisa.

Los dos expertos vienen de una realidad muy distinta a la salvadoreña. A pesar de que nacieron en Argentina y hablan perfectamente el español, ahora viven en Israel y cuentan con esa nacionalidad. Ese país es uno de culturas muy heterogéneas, donde el principal obstáculo a vencer es el miedo al que es culturalmente diferente. Pero no hay comunidades asediadas por grupos criminales.

Están en El Salvador como parte de una capacitación en comunitarismo y en aplicación de Policía Comunitaria, como lo han hecho en otros países de Latinoamérica.

Rabinovich es un experto en la creación de comunidades, en la solidificación de lazos entre vecinos. Habla rápido y seguro, a pesar de que admite que nunca antes había tenido contacto con El Salvador. Solo a través de las lecturas ha tenido una idea de cómo es una comunidad en este país, y en esta ciudad, San Salvador, que proyecta una tasa de 105 homicidios por cada 100,000 habitantes para este año, según datos de la PNC.

Rabinovich dice que no tiene recetas, que cada comunidad es un mundo aparte, que solo quien vive dentro de ella conoce sus necesidades. Pero, sí, existen principios para realizar el trabajo. El primero de ellos es delimitar el terreno, saber que solo se puede trabajar con poblaciones pequeñas. El israelí habla de cifras no mayores a 5,000 personas.
Luego apunta a la importancia de que cada persona adquiera, después de un proceso educativo, un sentimiento de pertenencia, de compromiso y significación con respecto de su comunidad.

Actividades. En la colonia hay actividades impulsadas por sus mismos habitantes, como clases de fútbol y de danza. La idea es que cada quien aporte lo que sabe.

“¿Qué pasa con los chicos que buscan la pandilla? Están buscando exactamente eso. Pero como en su comunidad no existe, tratan de encontrarlo en la pandilla, la que los acoge y les da justamente eso, aunque con un propósito delictivo. Construir ese sentimiento con respecto a la comunidad es, realmente, un trabajo de prevención”, comenta.
A Rabinovich le parece ejemplar el caso de la Málaga. Según datos de la PNC, actualmente no hay ni un solo habitante que esté perfilado como pandillero que viva dentro de la colonia. También los índices delincuenciales se han desplomado: apenas un reporte de robo en todo el año.

Para Rabinovich, el trabajo comunitario debe estar integrado por cuatro ejes: la comunidad misma, los líderes, las autoridades gubernamentales y la sociedad civil o, como se puede entender, la empresa privada. En el caso de la Málaga han sido diferentes organizaciones las que han decidido brindarle su apoyo a través de los años; entre ellas, Glasswing, USAID y FEPADE. Esta vez se pretende que el actor que ocupe ese puesto sea la Universidad Tecnológica.
Elías Soae Freue es un expolicía de Jerusalén. Estuvo en la corporación 30 años, 10 de los cuales los dedicó al tema de Policía Comunitaria. Un trabajo realmente de excepción: de 35,000 agentes que conforman toda la plana de la institución, solo 360 corresponden a esa categoría.

Pero la siempre latente inseguridad no es el único problema de la Málaga. Está el deficiente servicio de agua, los tejados que se han roto y, sobre todo, los edificios D y E, dañados durante los terremotos de 1986. Desde entonces, la Asociación Salvadoreña de Ingenieros (ASI) los declaró inhabitables. Otro desastre podría tirarlos por completo. Eso se puede ver en las grietas que cruzan sus costados o en el hecho de que parecen hundirse en la tierra.

Pero ¿qué es un policía comunitario? Es un profesional que debe formar parte integral de esa comunidad, que cada uno de quienes están en su jurisdicción conozca su nombre, que tengan su número de teléfono y la confianza de consultarlo. Su función es resolver, sobre todo, pequeños problemas, aquellos que para el agente común podrían parecer una pérdida de tiempo: discusiones de vecinos, peleas de muchachos, etcétera. Por eso, un solo policía comunitario puede ocupar un puesto para una población de varios miles de habitantes. Elías habla de la realidad de su país, Jerusalén.

Inhabitables. Dos edificios de colonia Málaga fueron declarados inhabitables después de los terremotos de 1986. Sin embargo, todavía hay personas que viven en sus apartamentos.

En El Salvador, es bastante difícil que una comunidad, al menos no una por debajo del umbral de la clase media, cumpla con las condiciones para que exista un policía comunitario como el que describe Elías. En la colonia Málaga existe, actualmente, algo que se le quiere parecer.

Los cinco policías que conforman el puesto han sido invitados a integrarse a la comunidad. Así, no solo realizan patrullajes o cualquier otra labor represiva, también colaboran en labores de limpieza, asisten a las reuniones de la directiva y, como el policía de apellido Pérez, participan en los eventos; en esta ocasión, Pérez pone su voz para cantar.

“Esto no lo había podido vivir en ninguno de los lugares en los que había estado antes. Es algo que no es muy común. Para decirle que yo no conozco el nombre de los policías que viven cerca de mi casa”, comenta uno de los agentes, quien escucha desde el puesto policial la música que nace en la casa comunal.

***

PERO EL PELIGRO siempre está latente. Si bien la Málaga es un remanso en el barrio Santa Anita, la violencia no le es totalmente extraña. Hace tres años, por ejemplo, el puesto policial de la colonia fue atacado por pandilleros de las zonas aledañas.

La sensación para los habitantes, por lo mismo, no es de certidumbre total. Este es el comité de ancianos, un espacio dentro de la colonia donde personas de la tercera edad pueden reunirse para pasar el tiempo. Lo hacen todos los miércoles por la mañana. Hacen rifas y toman café.

También hablan de lo sucedido hace un par de años, cuando un joven fue asesinado en una de las canchas de la colonia, en pleno día y en medio de un torneo relámpago, con una multitud de niños en el lugar. O de otro homicidio que sucedió justo detrás del edificio de una de las señoras que platican. El hecho la obligó a colocar grandes cortinas en sus ventanas: piensa que ver algo que no le conviene puede convertirse en una sentencia de muerte para ella o uno de los suyos.

Pero se tratan, en efecto, de hechos ocurridos hace un par de años. Según una de las vecinas, eso, que ya no hayan ocurrido más homicidios y otros hechos violentos, es el efecto de haber corrido de la colonia a aquellos que estaban perfilados como pandilleros o simpatizantes. La comunidad y las autoridades se unieron para identificarlos y obligarlos a salir.

“Es que no íbamos a dejar que dos o tres se quedaran con el dominio del territorio. Si los otros somos más de 1,000”, comenta. En la Málaga ha habido, en los últimos tiempos, operativos en los que se ha capturado a pandilleros. Sin embargo, según agentes del puesto policial, se trata de personas que han llegado a refugiarse en un centro de rehabilitación de alcohólicos, que se ha convertido en un verdadero problema de salubridad: en un solo apartamento de 20 metros cuadrados llegan a dormir hasta 50 personas. Ninguna de ellas es de la colonia.
Pero la siempre latente inseguridad no es el único problema de la Málaga. Está el deficiente servicio de agua, los tejados que se han roto y, sobre todo, los dos edificios D, dañados durante los terremotos de 1986.

Desde entonces, la Asociación Salvadoreña de Ingenieros (ASI) los declaró inhabitables. Otro desastre podría tirarlos por completo. Eso se puede ver en las grietas que cruzan sus costados o en el hecho de que parecen hundirse en la tierra.

Sin embargo ahí sigue viviendo la gente. Ese es el caso de Ana Gloria Chacón. Es la hija de uno de los trabajadores que estuvieron en la construcción de estos edificios hace más de 60 años. Se crio aquí, en un edificio ubicado en otra zona. Cuando alcanzó la madurez, se fue a otra parte de la ciudad, a una comunidad a la que sus ingresos le permitieron llegar.

Allí tuvo a sus hijos. Decidió salir de allí cuando a uno de ellos lo golpearon miembros de una pandilla. Solo se le ocurrió volver a su Málaga. Pero el único edificio con apartamentos disponibles era el D, el declarado inhabitable.
“Somos conscientes de ese peligro, de que esto se nos puede venir encima en cualquier momento. Pero preferimos esa incertidumbre a la otra. Aquí nos sentimos seguros”, comenta Chacón.

Evento. El expolicía israelí Elías Soae Freue posa en la foto de arriba con habitantes de la colonia en el evento realizado el 14 de agosto. En la de abajo, custodios vigilan a los reos de la orquesta.

***

EL 7 DE SEPTIEMBRE, la Málaga cumplirá 62 años de existencia. Para ese día, los vecinos planean una fiesta, a la que también asistirán decenas de malagueños residentes en el exterior. Ese es uno de los principales orgullos de sus habitantes: que aquel que se va se sigue sintiendo parte de la comunidad. Por eso, cada año reciben donativos desde el extranjero para la realización de obras.

Ricardo Valdez, el directivo honorario, remarca el hecho y hace un recuento de todas las personas ilustres que han vivido en los edificios de la Málaga: Tonatiuh Ramos, campeón panamericano de natación; Esteban Servellón, director de la Orquesta Sinfónica de El Salvador. Hace una pausa y mira el enorme mural que decora uno de los edificios de la entrada de automóviles.

Allí están, dice, dos de los mayores orgullos de la colonia, aquellos con los que se puede identificar cualquier malagueño. Una de ellas es la maestra Juana Linares, quien enseñó a leer a muchos niños de la Málaga y los alrededores durante décadas; el otro es Gilberto Orellana, quien dirigió la Orquesta Sinfónica de El Salvador durante 30 años. Jenny Sánchez, su nieta, se emociona al recordarlo y al remarcar el cariño que sus vecinos le tienen a su memoria.

Casi todos en la Málaga, dice, lo conocen, saben de sus logros y sus valores. Eso se comprueba con un rápido sondeo a habitantes que, por azar, pasan junto al mural. “La Málaga no son sus edificios, es su gente”, repiten.
Roberta Molina, la dirigente que ahora vive en otro lugar, fue una de las elegidas para asistir a las capacitaciones de los expertos israelíes en la Universidad Tecnológica. Fueron pocos días, dice, pero ha podido sacar en claro algunas lecciones: que lo más importante es hacerle entender a cada habitante de la comunidad que debe ser parte activa para solucionar las deficiencias del lugar donde viven, no esperar a que las directivas se encarguen en soledad. Dice que, actualmente, solo un 40 % de toda la Málaga participa en alguna actividad. “El resto descansa en la apatía”, bromea Roberta.

El proyecto de la Universidad Tecnológica todavía está en pañales y no ha habido más actividades que las iniciales, que aquel evento en el que conformaron mesas redondas con la presencia de los expertos israelíes. A Roberta se le pregunta sobre las expectativas de esta nueva experiencia, de algo que, de alguna forma, continúa con su tradición.
“Estamos contentos de que nos eligieran, pero no estamos atenidos a eso. Vamos a seguir siendo lo que somos, orgullosamente malagueños, con ayuda o sin ella”, dice Roberta, con una sonrisa retadora, mientras vuelve a ver, de reojo, los murales de sus mayores.

Familiaridad. Muchas de las personas que habitan los edificios de la colonia lo han hecho durante casi toda su vida. Por eso la identificación con los inmuebles es una de sus marcas distintivas.

Por nuestro patrimonio nacional

Hace unas semanas, un grupo de trabajadores descubrió una esfinge, mientras desarrollaba la construcción de una carretera entre los sitios arqueológicos de Karnak y Luxor, en Egipto.

De inmediato, las autoridades correspondientes tomaron medidas para proteger la estatua. No ha sido excavada en su totalidad, porque se busca la mejor manera de hacerlo sin dañar la pieza. La construcción de la carretera no solo ha sido detenida, sino que ya se estudian alternativas para cambiarla de dirección para no atrasar su construcción.
Descubrir esfinges, pirámides, sarcófagos y otros vestigios arqueológicos es pan de cada día en Egipto.

Teniendo consciencia de ser descendientes de una de las culturas más admiradas del mundo, los egipcios han sabido preservar y explotar sus joyas antiguas. Hay todo un protocolo de acción que permite detener una construcción si se encuentra un tesoro arqueológico más. Cualquiera diría que en Egipto sobran pirámides y esfinges, pero se siguen preservando y estudiando como si fueran un primer descubrimiento, justamente porque en el fondo lo son: cada pieza descubierta contiene información histórica invaluable.

Un ejemplo que habla mucho sobre la tensión entre el desarrollo y la preservación patrimonial fue lo ocurrido cuando se construyó la presa de Asuán. El complejo de Abu Simbel y algunos sitios de importancia arqueológica quedarían inundados por el lago que se formaría, el lago Nasser. Esto impulsó a los arqueólogos a movilizar esfuerzos para realizar lo insólito: trasladar de lugar estatuas monumentales y templos enteros.

Esta operación de rescate, liderada por la UNESCO, ocurrió en 1960. Ladrillo por ladrillo fueron levantados templos y estatuas de faraones, para ser reconstruidos a pocos kilómetros de distancia. Un total de 24 monumentos pudieron ser salvados, entre ellos los templos de File, Kalabsha y Amada.

El descubrimiento de la mencionada esfinge me hizo sentir envidia. Pensé primero en esos trabajadores. No sé si reciben algún entrenamiento tipo “Qué hacer en caso de encontrar una esfinge o una pirámide”, pero el hecho de que los mismos obreros tengan la intuición de no seguir picando piedra ante algo que puede ser una antigüedad, es admirable. Luego, la velocidad de reacción de diferentes autoridades que permiten preservar el lugar, parar las obras y cambiar el sitio de la construcción para preservar el descubrimiento. El patrimonio no es sacrificado, sino salvado y restaurado.

Nada de eso ocurriría aquí en El Salvador. De hecho, la noticia del descubrimiento de la esfinge coincidió con el Dictamen N.º 1 emitido por la comisión especial de la Asamblea Legislativa que estudia el caso del sitio arqueológico Tacuscalco. El dictamen de dicha comisión busca hacer modificaciones a la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador (LEPPCES), mediante lo que la citada comisión llama una “interpretación auténtica” del Artículo 8 de la ley. Esto permitiría continuar con la construcción de una urbanización en el lugar mencionado.

En pocas palabras, la modificación que se busca hacer a la LEPPCES es que solamente obras que estén “vinculadas directamente con un bien cultural así declarado” (según dice el dictamen) necesitarán de la autorización previa del Ministerio de Cultura. Esto deja por fuera cualquier sitio o bien patrimonial que apenas esté siendo identificado o descubierto, o que haya sido identificado como inmueble o sitio de valor cultural, pero cuya declaración oficial como patrimonio nacional esté en gestión.

Según el Ministerio de Cultura, en una nota de prensa publicada en su página web, alrededor de 160 iglesias de carácter monumental, al igual que 137 centros y conjuntos históricos (que comprenden un estimado de 10,336 inmuebles con valor cultural) quedarían expuestos a posible pérdida y destrucción, si se implementa esta modificación en la ley.

La historia de nuestro patrimonio nacional es penosa. Son numerosos los casos de sitios e inmuebles destruidos en un mal entendido empuje del progreso. La reflexión sobre el valor de nuestra cultura, nuestros antepasados y nuestra historia ha estado ausente entre amplios sectores de la sociedad, incluyendo a la clase política y nuestros gobernantes. El Estado mismo, al perpetuar un enfoque desfasado y limitante de la cultura, reduciéndola a actividades de entretenimiento o a usarla como herramienta para la prevención de conductas antisociales, ha colaborado a la formación de la indiferencia social hacia nuestros bienes.

La ciudadanía no ha sido educada para apreciar el valor de los espacios patrimoniales, y en consecuencia cuando ocurren situaciones como la de Tacuscalco no existe el empuje ni la determinación para defender dichos espacios como propios. No se tiene claro que estos representan no solo fragmentos de nuestra historia, sino que también contienen elementos para la construcción de nuestra identidad nacional.

Para muchos está claro desde hace años que la LEPPCES es una ley deficiente que necesita reformas, de manera que el patrimonio quede protegido de forma indiscutible y contundente. Pero también necesita herramientas adicionales para hacerla efectiva como la creación de un presupuesto que permita al Estado comprar los terrenos o inmuebles de interés patrimonial, invertir en ellos para que sean estudiados y preservados de la mejor forma posible, y poder transformarlos luego en centros de estudio e investigación de nuestras poblaciones ancestrales.

Cada espacio patrimonial destruido es una pérdida irreparable para el país, que deja incógnitas sobre nuestra historia. De seguir así, la construcción de nuestra identidad nacional se irá distorsionando hasta que nuestras raíces sean borradas por el cemento y la avaricia, hasta llegar al día en que no tengamos ni la más remota idea de por qué nos hacemos llamar salvadoreños.

El 21 de agosto, el presidente de la república vetó el dictamen de la comisión, argumentando que este viola las normas de protección y promoción de los derechos culturales, transgrede tratados internacionales de cumplimiento obligatorio y que dicho decreto es “un exceso de las atribuciones constitucionales”. La Asamblea tiene ahora la opción de enmendar el error, hacer una nueva propuesta o superar el veto con mayoría calificada de 56 votos (de 84).

Esperemos prevalezcan la sensatez y el interés nacional por la preservación de nuestro patrimonio histórico.

Somos mejores que eso

Se los juro, hay mucho más. Quizá haya que rascar un poquito la mugre de la superficie, limpiar la herrumbre, afinar la vista o pegar la oreja a la puerta, pero está ahí.

Somos más que insultos en el tráfico, altos irrespetados y tragedias atribuidas al alcohol. No somos solo carriles usados en sentido contrario y lutos causados por imprudencia.

Somos más que esas miradas que vuelven a otro lado ante la desgracia ajena, que el robo de la esperanza y el abuso al desamparado. Hay más que la indiferencia ante los ojitos de hambre y las manos extendidas en los semáforos, más que los plomos, los asaltos y las amenazas.

Pobres matando a pobres, explotando pobres, odiándolos por ser pobres y odiándose a sí mismos mientras tratan de aparentar que no lo son. Víctimas diarias de la violencia y de la economía, que se preguntan qué están haciendo mal mientras escuchan el estribillo oficial de que hay crecimiento y que hay desarrollo, y entonces por qué no me llega a mí, carajo.

Cuerpos y mentes famélicos, alimentados por la apatía y la ignorancia, condenados por la marginación, caldo de cultivo fértil para creer en promesas imposibles, mientras unos pocos se soban las manos pensando en todo lo que pueden conseguir a costa de estas masas, que son poco más para ellos que numeritos, que votos.

Somos más que una voz que, tras un teclado y con la protección de una pantalla, grita improperios y repite mentiras para favorecer al poderoso de su preferencia. Somos mejor que una bola de crédulos que toma como palabra sagrada cualquier cosa que se comparta en redes. Créanme, lo somos.

Somos esa alma que se desvela en feriados para cuidar a los enfermos de un hospital, somos esa médica que saca de su bolsa para compensar un poco las carencias de la clínica en la que le ha tocado atestiguar miseria y enfermedad, con pocas herramientas para combatirlas.

Somos ese ejército de docentes que siguen creyendo en su oficio mientras sobreviven con salarios de hambre y ven venir con resignación una pensión que será aún peor.

Miles de corazones que madrugan a diario a sus pedacitos de espacio productivo, a sus rinconcitos generadores de progreso, aunque de eso les toque muy poco, y que no claudican, que siguen, que insisten.

Somos quienes no nos conformamos, no nos resignamos, no nos rendimos, y seguimos creyendo que algo mejor es posible, que tiene que haber algo más, que no, esto no puede ser todo y que quizá si yo me empeño un poco más, puedo ayudar a jalar la carreta y que entre todos la llevemos hacia mejores pastos.

Somos ese estudiante que cuestiona, esa mujer que se levanta y se reconstruye, ese hombre que ayuda sin esperar recompensa, profesionales disconformes con la mediocridad, gente que da la mano cuando alguien la necesita, ciudadanos que no olvidamos, que nos echamos el hombro unos a otros cuando todo va tan mal, y que compartimos la visión de un mejor futuro, y ojalá, un mejor presente.

Somos esos que hemos caído, hemos gritado, hemos maldecido a la vida y al universo y a nuestra mala suerte. Que hemos llorado y dejado de creer, pero persistimos. Somos eso que todos tenemos para dar, esa luz en el fondo, esa palabra amable, ese último esfuerzo. Somos más que toda la fealdad que aflora a simple vista, somos mucho más. No dejemos que lo superficial nos descorazone. Hay belleza, saquémosla a relucir.

La traición más abominable

Hay una escena en “Spotlight”, la película sobre la unidad de investigación periodística del Boston Globe que descubrió los abusos sexuales de decenas de sacerdotes católicos a menores de edad en esa ciudad estadounidense, que es muy sencilla pero también demoledora: la abuela de una de las reporteras que descubre los abusos, al entender que lo que cuenta su nieta es cierto, da un respingo y pide un vaso de agua para pasar la indignación, el estupor, la incredulidad.

Es un gesto sencillo el de la anciana, devota católica según nos la han pintado en la película, pero revelador. Habla de la indignación que nos carcome a miles de creyentes al saber que la Iglesia, nuestra Iglesia, ha usado todo su poder para encubrir a criminales, porque los curas abusadores, los violadores, no son más que eso: criminales.
Hace poco este episodio macabro del catolicismo adquirió nuevas dimensiones públicas cuando un tribunal del estado de Pensilvania, en Estados Unidos, reveló que 300 sacerdotes abusaron sexualmente o violaron a cerca de 1,000 niños a lo largo de las últimas décadas. El número de víctimas, dice la autoridad judicial, puede ser mucho mayor debido a que muchos registros de denuncias se han perdido.

“Los sacerdotes violaron a niños y niñas, y los hombres de Dios que eran responsables de ellos no solo no hicieron nada, sino que lo ocultaron durante décadas”, dice el informe judicial.

Desde que en 2002 el Globe descubrió el escándalo de los abusos, el alcance de la abominación no ha parado de crecer. Muy pronto se supo que sacerdotes católicos habían abusado de menores en todos los rincones del mundo, y que el Vaticano, en general, había protegido a los depredadores, no a las víctimas.

“Spotlight”, la película, narra la historia de Boston, pero en ella uno de los personajes explica con mucha claridad que este no es un asunto de manzanas podridas, sino de un sistema que protege a sus depredadores y criminales, como suelen hacerlo muchos partidos políticos, instituciones armadas o congregaciones civiles alrededor del mundo. “Descubran e incriminen al sistema”, pide ese personaje, el de un editor, a los reporteros que investigan los abusos.
En “Spotlight”, la narrativa se centra en el descubrimiento y de manera muy respetuosa y reveladora en las víctimas. En el informe de Pensilvania, los testimonios que lo alimentan y los que se han hecho públicos después, hay muchos detalles indignantes, demoledores.

Una mujer cuenta, por ejemplo, cómo cuando era niña y estudiante en un instituto católico ella y sus compañeritos buscaban protección en uno de los curas que les enseñaba; y explica también que uno de sus amiguitos, al que el sacerdote prodigaba especial afecto, se volvió taciturno y arisco con el tiempo. Algo le decía, cuenta la mujer, que cosas malas pasaban entre el cura y el niño, pero ella no habló. Al darse cuenta de lo que había pasado en su escuela católica de Pensilvania y de descubrir al otrora maestro entre los depredadores y a su compañerito entre las víctimas, la mujer entendió el resto de la historia: a su amiguito el religioso lo abusaba hasta tres veces por semanas, durante años. Años. Nunca nadie hizo algo. Nadie.

La Iglesia católica sí hizo algo, algo terrible. Cardenales y papas protegieron a esos violadores y, con ello, contravinieron una de las principales enseñanzas del evangelio: la de estar al lado de los débiles, de los que sufren.
Esa Iglesia, mi Iglesia, traicionó a los niños de Pensilvania. Es la misma Iglesia que ha traicionado a niños salvadoreños al proteger y callar abusos, como en el caso de monseñor Jesús Delgado, quien abusó durante años de una menor. Y esa Iglesia también ha traicionado a quienes hemos visto en ella la protectora del legado que nos dejó el carpintero de Nazareth. Fue Él quien nos enseñó lo de cuidar siempre al que sufre.

La redención de esa Iglesia pinta difícil. Un primer paso es que este papa y sus cardenales entiendan de una vez por todas que la única cura posible empieza por la justicia, la terrenal.

Carta Editorial

En la comunidad en la que crecemos, aprendemos los valores sobre los que vamos a cimentar las relaciones con las personas que no pertenecen directamente al círculo familiar, pero que son con las que compartimos un espacio bien delimitado. Esa forma de entablar afectos ocupa un buen lugar en lo que conocemos como arraigo.

La primera forma de pertenencia después de la familia –y antes de entrar al sistema escolar– debería ser esta, la que está formada por vecinos con los que se comparte domicilio y también estilo de vida. En esa vecindad aprendemos de confianza, de camaradería, de respeto y hasta de límites. Aprendemos cómo es relacionarnos con personas que aunque estén físicamente cerca, pueden estar lejos de las creencias y de la cultura de nuestra familia nuclear. En otras palabras, ese roce se convierte en una escuela de tolerancia. Lo triste es que hace rato dejamos de fomentar las relaciones comunitarias. Decidimos encerrarnos bajo el argumento de la seguridad.

Nuestro tejido social está demasiado roto. Cuando nos preguntamos por qué somos un país incapaz de levantarse a una sola voz para exigir un alto a la corrupción, tenemos que buscar la respuesta en el tipo de referentes que tenemos de comunidad y pertenencia. No hay redes, no hay solidaridad. Y en este vacío han crecido los grupos delincuenciales para satisfacer nuestra inherente necesidad de colectividad y también ha crecido la migración: se deja un espacio que no se siente propio porque no facilita el desarrollo.

En San Salvador, esta urbe furiosa y densa, hay una colonia en donde desde hace años se intenta ir a la contra del desarraigo. Aquí no solo hay un espíritu de pertenencia, sino que también hay una forma de orgullo por los objetivos que se alcanzan en conjunto. Hay una clara intención de crecer y alcanzar el desarrollo así, en grupo, entre vecinos. La Málaga, marcada por la tragedia, es ahora un experimento cuyos resultados van abriendo una vereda a la esperanza.

“El acto más grande de amor en mi vida es hacer las cosas con pasión”

¿Cuál es tu miedo más grande?

No poder ayudar a mi país desde lo que hago: comunicar, hacer teatro, enseñar, conectar.

¿Cuál superpoder quisieras tener?

¡Definitivamente quisiera poder multiplicarme! Así podría tener más tiempo para hacer más cosas. Más en mis clases, instructorías, talleres e investigaciones.

¿Cree que es importante tener un empleo estable?

Es importante sentirse estable. Y eso tiene que ver mucho con conocerse a uno mismo, estar dispuesto a aprender y desaprender, ser parte de proyectos que enamoren, vivir con un propósito y luchar por lo que uno quiere y cree.

¿Qué o quién es el más grande amor en su vida?

El acto más grande de amor en mi vida es hacer las cosas con pasión.

¿Cómo reacciona a las críticas si cree que son injustificadas?

Todos tenemos algo valioso que aportar ante cualquier situación. Y frente a diferencias de pensamiento, el diálogo y el sano debate son puentes para encontrar puntos en común.

¿Cómo imagina su vida dentro de 10 años?

Me veo trabajando en el desarrollo de la industria artística y creativa de nuestro país, facilitando experiencias para que otras personas se acerquen al teatro y comunicando lo que pienso, siempre al servicio de los demás.

¿Qué no perdonaría?

No cambiar, el conformismo, el no ver las cosas de otra manera, la injusticia, la desigualdad y la falta de empatía.

Buzón

Enseñanza. El objetivo del programa que tiene el MINED es comenzar en parvularia a decirle a los niños cómo funciona su cuerpo y cómo son las relaciones adecuadas con otras personas.

La educación sexual es necesaria en escuelas

Estos ya no son los tiempos de antes, cuando un hijo se criaba como podía. Porque antes, si alguien no tenía comida, había una vecina que daba. No es mentira eso de que entre toda la cuadra se criaban a los hijos unas con otras. Yo así me crie. Había incluso mujeres que deban de amamantar a hijos de otras por el simple hecho de ayudar, eran conocidas como nodrizas.

Eso se ha perdido. Las jóvenes de ahora van por la vida solas. Y si salen embarazadas, no hay quien por ellas. Yo no soy un progresista que avala el libertinaje. Peor sí soy entendido y comprendo que no se les puede imponer a ellas, a las muchachas de hoy, que actúen con la misma cabeza con al que uno, ya hoy viejo, actuó cuando era joven. Las muchachas ahora ya no cuentan con lo que nosotros tuvimos. A ellas se les debe hablar más con la verdad de los temas sexuales porque ahora están más expuestas a delitos como las violaciones o a que se las lleven y las trafiquen para ser esclavas sexuales. Yo creo que esto es lo que se puede evitar si las escuelas se ponen a hacer el trabajo que les corresponde como lugares de conocimientos imparciales y científicos. A eso uno no se puede oponer, porque es como querer detener el mar. Son cosas que, de todos modos, como dice el reportaje, van a llegar a los niños y es mejor que sea con un profesor.

Hay que darnos cuenta de que antes era todo más sano. Ahora los niños y muchachos necesitan poder defenderse de tanta depravación que nace de gente que no fue educada de la manera correcta.

Cristian Salazar
cristiansala7812@gmail.com

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (204)

1670. RETRASO IMAGINARIO

Estaban en la sala de espera de la terminal aérea, y se acababa de anunciar por los parlantes que el vuelo que hubieran tenido que empezar a abordar dentro de algunos minutos estaba retrasado hasta nuevo aviso. Para ellos, que iban a volar hacia una estación de tránsito, aquella noticia los dejaba en el limbo. Se quedaron pensativos, con el único recurso de esperar que les alcanzara el tiempo de la conexión. Entretanto se fueron a recorrer la zona comercial aledaña a las puertas de entrada a los vuelos, más para pasar el rato que para buscar algo que comprar. De pronto estaban ante una tiendita que parecía de antigüedades. ¿Qué hacía algo así en aquel lugar? Y en una pequeña repisa se hallaron ellos mismos: un retrato de otra época, en el que sonreían como personajes de alguna historia romántica. Por los parlantes anunciaron entonces que el vuelo estaba por salir.

1671. LECCIÓN DE VIDA

Iba siguiendo en su sencillo celular el breve reportaje sobre el anecdótico incidente en el que el fotoperiodista Yuri Cortez se vio envuelto en la final del Mundial de Moscú entre Croacia y Francia. Los entusiastas jugadores croatas cayeron sobre Yuri, que desde el suelo siguió tomando fotos de los que se le fueron encima, y las imágenes volaron por el mundo de inmediato. El fotoperiodista en ningún momento dejó de sonreír, y la imagen de esa sonrisa también se multiplicó en los aires globales. El que seguía el reportaje era un joven desconocido que habitaba en un cantón remoto perdido entre las montañas. De pronto sintió que la vida por venir se le volcaba encima con todos sus sueños y sus ensueños posibles. Él le tomaba fotos con su objetivo mental. Fotos, fotos y más fotos. Y de pronto exclamó: “¡Yuri, voy a seguir tu ejemplo al pie de la imagen!”

1672. ENCUENTRO SABATINO

Aquel día en la función vespertina prácticamente no había espectadores, y eso no era común, porque los sábados por la tarde siempre se incrementaba la audiencia, deseosa de distenderse luego de los apremios y ahogos de la semana laboral. Pero él sí estaba ahí, con la puntualidad impecable que le caracterizaba, en su rincón habitual del segundo piso de butacas. Se abrió el telón y la función dio inicio. El tema de la obra que se representaba era la reencarnación de las almas. Todo iba desarrollándose con la normalidad esperable hasta que uno de los personajes en escena pareció olvidar su parlamento y extendió los brazos hasta el rincón del espectador puntual: “¡Gracias por venir a mi reencuentro, lo he anhelado siempre porque eres mi más fiel antepasado!” Y todo siguió como si nada, porque aquella exclamación parecía parte del libreto.

1673. LAS MISMAS HUELLAS

Iba caminando hacia abajo, en la acera al otro lado de la calle, frente a la entrada principal del Colegio María Auxiliadora. Se dirigía hacia el Cine Fausto, que estaba en la esquina siguiente, e iba ahí a encontrarse con Gardenia, su novia inminente según todas las señales disponibles. Cuando él llegó a la entrada del Cine, Gardenia ya estaba en el lugar, aguardándolo con una sonrisa invitadora. Él compró las entradas y se dirigieron hacia el interior. Era temprano y podían platicar por un rato. La película programada era “Las Huellas del Tiempo”. A partir de aquel momento se selló el pacto de amor con los correspondientes murmullos, y luego vino todo lo demás. Lo previsible y lo imprevisible. Ahora venían caminando juntos hacia el ya inexistente Cine Fausto. Se detuvieron enfrente. Las huellas del tiempo se hallaban ahora en ellos y en sus entornos.

1674. POSESIÓN ENTRAÑABLE

Dicen que las palabras se las lleva el viento, y él, que desde niño tuvo la espontánea curiosidad de encontrarle algún sentido a todo lo que estaba a su alrededor, puso aquella afirmación a prueba en todas las ocasiones posibles. Eso hizo que se volviera consciente al máximo de la suerte de las palabras, y más cuando las ráfagas se hacían presentes por efecto del clima. Se asomaba al aire y lanzaba alguna frase, que desde luego desaparecía de inmediato. Pero pronto advirtió que la frase esfumada permanecía intacta en su conciencia; y eso le hizo poner en cuestión el vínculo entre las palabras y el viento. ¿Qué era en verdad lo que se llevaba el viento? El sonido de las palabras, pero no las palabras como tales. Entonces penetró instintivamente en su propia interioridad y ahí encontró el baúl de las palabras. Un baúl transparente siempre sin llave. Qué fecunda sorpresa.

1675. EL QUE TENGA OÍDOS…

Las condiciones de la realidad nacional son deplorables y deprimentes, y eso se expresa y se repite a diario por todas las vías que están a disposición. El hecho de hacerlo así constituye una rutina que cada vez impresiona menos. Por eso, los imaginativos impacientes están buscando vías alternas para dar a conocer sus denuncias sobre tal situación. Alirio es un muchacho que no se conforma con lo usual, y que antes de tomar la ruta del escape hacia el Norte, que además ya se muestra como una opción surrealista en el peor sentido del término, quiere enviar su propio mensaje de frustración liberadora. Se cuelga del quinto piso de un multifamiliar, con un cartel desplegado: SOY OTRA VÍCTIMA DEL MIEDO. Lo rescatan los bomberos, creyendo que está ahorcado. Pero todo ha sido un truco. Ya abajo y libre se explica: “Vayan a rescatar a las verdaderas víctimas”.

1676. LA MEJOR ENSEÑANZA

Era domingo y tenía todas sus horas libres, al menos de responsabilidades de trabajo. Como era temprano por la mañana y la estación lluviosa repartía raciones de frescura por doquier, sintió, como tantas otras veces, que el jardín lo estaba invitando a compartir unos momentos de convivencia. Llevó su silla plegable bajo las ramas del pomelo, junto al granado y al heliotropo, y ahí se instaló. No tenía ganas de pensar y mucho menos de articular en palabras lo pensado, y por eso al sentarse distendió piernas y brazos y cerró los ojos, como si estuviera en una playa solitaria. De pronto sintió un ruido sobre su cabeza. Entreabrió los ojos y miró hacia arriba. Era una ardilla que se desplazaba magistralmente por las delgadas ramas del granado. Volvió a cerrar los ojos, inspirado. Y en unos instantes aquella ardilla mágica le iba haciendo vibrar los estambres del pensamiento.

1677. ENIGMA NATURAL

Inmediatamente después del sismo devastador, los equipos de rescate se desplazaron por todas las zonas afectadas en busca de sobrevivientes soterrados. Luego de varias horas de trabajo, el saldo alentador era que no había ninguna víctima atrapada entre los escombros. Era como un milagro sin precedentes. Entonces empezó a soplar una ventisca que levantó nubes de polvo, y de inmediato quedaron a la vista los cuerpos de las víctimas, que el viento fuerte levantó como si fueran hojas secas. ¿Qué significaba todo aquello? Sólo el aire lo entiende.

Informe río Sonora: la omisión que quitó vida a miles

Informe río Sonora

Un tinaco con el logotipo del Fideicomiso Río Sonora, puesto en los techos y patios de las casas de siete poblados, parece la huella que quedó de la tragedia ambiental que el 6 de agosto de 2014 contaminó con 40 mil metros cúbicos de desechos tóxicos el río Sonora. Una tragedia que Buenavista del Cobre, la mina más grande de México y la tercera más importante del mundo, pudo haber evitado.

Óscar Encinas Gámez, de 64 años, uno de los afectados, dejó de sembrar maíz y alfalfa al saber que la toxicidad del agua, provocada por un derrame en la mina Buenavista del Cobre, duraría más de 90 años. Como él, un total de 22 mil personas se vieron afectadas de manera directa por la omisión de autoridades federales y locales, al no haber realizado las inspecciones de rutina en la minera.

Ninguna autoridad supervisó a la minera perteneciente a Grupo México durante los últimos 14 años. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) solo revisó las instalaciones cuando el desastre ya había ocurrido. Su anterior visita había sido 10 años atrás.

Desabasto de agua potable, mermas económicas y daños a la salud son algunas de las afectaciones de una tragedia que siguen padeciendo la mayoría de los habitantes cercanos a la zona, y que pudo prevenirse si las autoridades mexicanas hubieran hecho su trabajo.

En su momento, Grupo México, dueña de la minera, informó que el derrame fue ocasionado por el exceso de lluvias en la zona, pero la versión fue desmentida al comprobarse que durante los días previos no hubo precipitaciones.

“Se nos acabó la tranquilidad porque empezaron a venir enfermedades de la piel, y al día de hoy mucha gente está saliendo con cáncer, son enfermedades que antes no se veían aquí en la zona del río”, recuerda María del Socorro Domínguez Valenzuela, una de las pobladoras de la comunidad de El Sauz. Fue así como de ordeñar vacas, sembrar chile verde y fabricar quesos algunos de los habitantes se familiarizaron con las cámaras.

La realidad que se quería ocultar era que Buenavista del Cobre no cumplía con instalaciones adecuadas para el manejo de residuos peligrosos y las autoridades no lo sabían, pues tenían más de 14 años sin inspeccionarlos.

Datos obtenidos a través de solicitudes de acceso a la información de la PROFEPA, revelan que de 2000 al 2018, funcionarios solo visitaron dos veces la mina: el 9 septiembre y el 1.º diciembre de 2014, después de ocurrido el derrame.

En estas revisiones se detectaron 55 irregularidades plasmadas en cuatro expedientes, que en un total de 8,128 hojas confirman que la mina operaba con fallas, violando la ley e incumpliendo con regulaciones elementales.

Las autoridades mexicanas no hicieron públicos los hallazgos ni tampoco revelaron que se multó a la empresa con 22,959,000 pesos, es decir $2 millones al día de hoy. Un monto insignificante contra los multimillonarios beneficios económicos que produce la mina para sus accionistas, entre ellos Germán Larrea, uno de los hombres más ricos del país.

Luis Miguel Cano, abogado de la organización PODER, explicó que a la empresa le resultaba menos costoso pagar la multa que cumplir con las especificaciones mínimas para evitar el derrame. “Cualquiera podría preguntarse cómo es que una empresa que causó el peor desastre de la industria minera puede estar tan tranquila, seguir en operaciones… No le cuesta nada cuando a la gente de la región le costó todo. Hace sospechar de un sistema de impunidad, de un sistema que no funciona”.

En el expediente PFPA/32.2/2C.27.1/0078-14 se detalla que la mina no contaba con sistemas de detección para garantizar que los residuos tóxicos almacenados no fueran vertidos al exterior. “Cuando un derrame de sustancias peligrosas permanece sin ser atendido, puede causar daños constantes y crecientes al suelo, subsuelo, agua y a otros recursos naturales”, señalaba la notificación que ordenó la clausura temporal de las instalaciones.
Buenavista del Cobre no dio aviso inmediato a las autoridades cuando ocurrió el derrame, lo que provocó que mucha gente siguiera utilizando el agua para riego, para lavar, para bañarse e incluso para consumo.

“Del día del evento al momento en que se avisó vía telefónica habían transcurrido más de 25 horas (7 de agosto de 2014 a las 11 h)”, detalla el informe.

En el documento también se puede observar que hubo negligencia, pues las instalaciones donde ocurrió el derrame aún estaban en construcción, lo que permitió la fuga de los químicos.

“Se nos acabó la tranquilidad porque empezaron a venir enfermedades de la piel, y al día de hoy mucha gente está saliendo con cáncer, son enfermedades que antes no se veían aquí en la zona del río”, recuerda María del Socorro Domínguez Valenzuela, una de las pobladoras de la comunidad de El Sauz. Fue así como de ordeñar vacas, sembrar chile verde y fabricar quesos algunos de los habitantes se familiarizaron con las cámaras, con la presencia de reporteros que empezaron a acudir a sus pueblos para comprobar cómo es vivir en una zona de desastre.

Sin embargo, en muchos aún persiste la sensación de abandono en la tragedia, al recordar que pese a la dimensión de la misma nunca se hizo presente el presidente de México, Enrique Peña Nieto.

PROFEPA advirtió que la empresa debía mejorar las instalaciones para el manejo de residuos tóxicos, como se detalló en el expediente PFPA/3.2/2C.27.5/00003-14.

Localidad. Cananea es el municipio donde se ubica Buenavista del Cobre. Cuenta con 31,500 habitantes y la industria minera es su principal actividad económica.

En el mismo reporte se explica que la mina no contaba con pozos de monitoreo de los procesos de lixiviación. Esto quiere decir que los químicos que se usaban para extraer el mineral no eran monitoreados ni tampoco había medidas para evitar que fauna silvestre ingresara a zonas donde estaban minerales como el sulfato de cobre acidulado. “No se confirma técnicamente que las instalaciones cumplan con criterios ecológicos de preservación y aprovechamiento sustentable del suelo”, apunta.

El expediente PFPA/3.2/2C.27.1/00018-14 resume que la compañía que Buenavista del Cobre contrató para el manejo de residuos peligrosos tampoco estaba autorizada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Con esta fórmula, concluye el informe, la minera obtuvo beneficios económicos al violar la normatividad de no dar un manejo adecuado de sus contaminantes.

En otro informe de PROFEPA, se habla sobre si la minera cumplía con la normatividad en materia de prevención y control de contaminación de la atmósfera. Este documento detalla que, además de carecer de Licencia Ambiental Única, Buenavista del Cobre no reportaba los resultados de las evaluaciones sobre emisión de gases y concluye que “las infracciones se consideran graves porque pueden provocar daños a la salud pública (…) además pueden generar desequilibrios ecológicos y provocar afectación de los recursos naturales o de la biodiversidad”.

Todos estos reportes se hicieron después de ocurrido el derrame tóxico.

***

PERDIENDO LA VIDA TODOS LOS DÍAS
Como si el termómetro no marcara 45 grados centígrados a la sombra, un hombre cruza caminando la plaza del municipio de Ures, cargando un garrafón de agua vacío en la mano.
Su trayecto finaliza en un negocio que –con letras rojas y grandes– tiene escrito en la pared “elaborada bajo proceso de filtros de arena, carbón activado, suavizadores, ósmosis inversa y rayos ultravioleta”.

Ya con el recipiente de 20 litros lleno –después de haber gastado 12 pesos por ello, casi un dólar– el hombre regresa a su casa, pero pronto deberá repetir el camino porque en Ures y en otros seis pueblos de Sonora, la gente utiliza agua purificada para todo.
Abrir la llave dejó de ser opción desde el fatídico 6 de agosto de 2014.

Ese día, la mina Buenavista del Cobre, la principal explotadora de este metal en México, derramó en el cauce de los ríos Sonora y Bacanuchi 40 mil metros cúbicos de desechos tóxicos compuestos por metales pesados como níquel, fierro, cobre, cadmio, manganeso y aluminio. Una contaminación que se esparció por el afluente que alimenta los municipios de Arizpe, Aconchi, Banámichi, Baviácora, Huépac, San Felipe de Jesús y Ures.

Además de perjudicar el ecosistema, la emergencia les marcó la vida a los pobladores. Quienes tenían vacas tuvieron que tirar la leche y cesaron en la fabricación de quesos y otros productos derivados, pues sus animales bebían del afluente contaminado. Para los agricultores la toxicidad en el río Sonora significó dejar de sembrar, pues el agua con la que regaban sus cosechas estaba contaminada.

La noticia ahuyentó a los visitantes que acostumbraban pasear por la zona los fines de semana dejando en la ruina a restauranteros, comerciantes y prestadores de servicios turísticos. Nadie quería arriesgarse.

El Gobierno de México ordenó cerrar los pozos. Exhortó a la gente a no acercarse al río y anunció que implementaría un plan de emergencia para atender el caso. También responsabilizó a la empresa minera Buenavista del Cobre por lo sucedido y anunció que Grupo México sería multado y obligado a pagar económicamente por todos y cada uno de los daños ocasionados.

Sin embargo, a cuatro años de ocurrida esta catástrofe, el plan de remediación no revirtió el daño.
Grupo México destinó, desde el 15 de septiembre de 2014, dos mil millones de pesos a través del Fideicomiso Río Sonora. De acuerdo con el contrato el Gobierno mexicano, mediante un comité técnico se encargó de administrar el dinero y también de vigilar que se cumpliera la limpieza del río, la instalación de 36 plantas potabilizadoras de agua e indemnización económica.

También hubo el compromiso con quienes presentaran afectaciones a la salud derivadas por la exposición por metales pesados, por lo que construirían una clínica enfocada exclusivamente a atender y vigilar estos casos.

Pero el dinero no alcanzó, las afectaciones al agua contaminada continúan, y ni siquiera existen plantas potabilizadoras que funcionen u hospitales de atención especializada.

“Las acciones no han servido de nada, de tantas plantas potabilizadoras de agua que iban a poner nomás pusieron una. Hoy compré seis galones de agua a la semana y no me alcanzan”, comentó Dolores Valenzuela, habitante de El Sauz, un ejido ubicado en el municipio de Ures.

Así como Dolores, los pobladores le reclaman al Gobierno mexicano la mala administración del dinero del fideicomiso, pues se hizo sin transparencia y con el fin de favorecer a la empresa por encima de los pobladores.

No se instalaron las 36 plantas potabilizadoras. El hospital que supuestamente serviría para atender a los enfermos, hoy está abandonado y nunca fue inaugurado.

Julieta Lamberti, coordinadora de investigación estratégica de PODER, organización que impulsa la defensa legal de los habitantes afectados por la contaminación del río Sonora, expone que las autoridades no han hecho nada para mejorar la situación de las personas y en contraste, la minera no ha tenido ninguna afectación económica. Al contrario, sus números han ido en aumento.

“A la empresa no le significó costo o pérdida contaminar con 40 millones de litros de sulfato de cobre acidulado el agua de 22 mil personas. A la empresa le salió más barato violar la ley y pagar la multa, que hacer todo lo que necesita hacer para proteger el medio ambiente”, asegura Lamberti.

Cuando ocurrió la tragedia ambiental ganaderos, agricultores, prestadores de servicio y en general todos los pobladores fueron citados para recibir diferentes sumas de dinero que supuestamente compensarían las pérdidas económicas sufridas por el derrame.

El reparto comenzó sin que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México realizara previamente un estudio socioeconómico para saber cuánto tenía que recibir cada persona de acuerdo con sus actividades productivas, por lo cual, desde sus inicios, el fideicomiso generó inconformidades.

Cerca de 22 mil habitantes de los siete pueblos recibieron un tinaco y aproximadamente 8 mil pesos por familia, dinero que supuestamente serviría para que compraran garrafones de agua.

Tras la entrega de los apoyos, los pobladores no recibieron más dinero, pues se les dijo que el resto del recurso económico serviría para la instalación de plantas potabilizadoras, limpieza del río y atención a la salud.

En febrero de 2017, el Fideicomiso Río Sonora cerró, sin que se transparentaran los recursos. Esto fue así, debido a que el dinero del instrumento financiero era privado, es decir, provenía de recursos otorgados por Grupo México. Nunca tuvo recursos públicos.
Fue en julio de ese año cuando los habitantes se enteraron que el dinero se había acabado y también que Grupo México no aportaría más, bajo la justificación de que la reparación de daños ya había concluido.

El Gobierno mexicano estuvo de acuerdo con la empresa, por lo que no la obligó a continuar atendiendo a los habitantes, que a cuatro años de la tragedia ambiental sufren de diversas formas las consecuencias del incumplimiento.

En 2019, la mina Buenavista del Cobre cumplirá un siglo y a pesar de haber ocasionado el peor desastre de la industria minera en México, celebrará su primer siglo de vida expandiendo sus instalaciones, buscando convertirse en la mayor productora de cobre del mundo.

¿Cómo es seguir viviendo en la zona donde ocurrió el peor desastre de la industria minera en México? Los testimonios coinciden en lo mismo: miedo a beber agua contaminada, temor a enfermarse, afectaciones económicas y ganas de que se haga justicia.

La vida no volvió a ser la misma en estas poblaciones luego del 6 de agosto de 2014.

María del Socorro Domínguez Valenzuela, como muchos de los habitantes del municipio de Ures, tenía la costumbre de utilizar el agua de la llave para beber, cocinar y bañarse, hábitos que tuvo que cambiar a raíz del derrame. “De repente dejamos de hacerlo y empezamos a transportarnos a Hermosillo para traer galones, yo tengo 28 en mi casa y voy cada dos semanas a traerlos, tenemos miedo”.

Otra vecina de Ures, Dolores Pesqueira, asegura tener dos nietos con afectaciones cutáneas. “La piel se les llena de ampollas, les da mucha comezón, todo esto comenzó después del derrame”, comenta.

Manuel López, otro de los habitantes considera que lo peor del derrame tóxico fue el montaje que hicieron las autoridades de una supuesta remediación de los daños. Poblador de la comunidad Guadalupe de Ures, recuerda que cuando el Gobierno de México anunció que resarciría las afectaciones económicas entregando dinero, creyó que realmente había compromiso en ayudarlos, pero todo fue una farsa.

“A algunos nos dieron 5 mil pesos, pero a otros 300 o 400 mil pesos. Hoy sufrimos escasez de agua en este pueblo que es muy trabajador, pero que en la mentalidad de la gente de fuera solo quedó plasmado lo malo”.

Al igual que otros pobladores, el señor Manuel cuenta que en su familia se han presentado enfermedades y que la instalación de plantas potabilizadoras ha sido un montaje.

Lo último que imaginaron los afectados por el derrame tóxico en el río Sonora era que el hospital que se comenzó a construir para atender a los afectados, quedara a medio hacer. Abandonado. Inútil. El edificio, que llevaría por nombre Unidad de Vigilancia Epidemiológica (UVE), es para los habitantes del municipio de Ures la prueba más grande y evidente del incumplimiento del gobierno federal y Grupo México.

En febrero de 2016 comenzaron los trabajos de edificación del inmueble, el cual tendría como objetivo brindar atención médica, realizar análisis y en general atender a los afectados.

Después del derrame, las afectaciones en la piel fueron las más recurrentes, pero con el paso del tiempo y al ver que la contaminación no cesaba, la percepción de los pobladores fue que el agua provocó enfermedades renales y que provocó en varias personas cáncer. Algo que nunca se ha logrado probar científicamente.

En un principio los pacientes fueron atendidos en una clínica improvisada en una casa rentada en Ures, pues supuestamente al inaugurarse el hospital, todos los casos en curso y los que surgieran serían atendidos en el inmueble.

Vestigios. Estos tanques son en la zona de las pocas evidencias de asistencia a los pobladores tras el desastre ecológico.

La construcción del hospital cesó en febrero de 2017. El motivo sería conocido en julio cuando se informó que los 2 mil millones de pesos que Grupo México destinó al Fideicomiso Río Sonora se habían terminado y que no aportaría más dinero, pues para ellos, la remediación de los daños había quedado concluida.

Esta decisión provocó enojó y desconcierto entre los habitantes, pues de acuerdo con el convenio firmado entre la mina Buenavista del Cobre y la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), el compromiso era brindar atención médica a los afectados hasta 2019. Este documento, firmado del 19 enero de 2017 detalla que desde que ocurrió el derrame y hasta esa fecha, habían identificado 381 casos de personas enfermas que requerían seguimiento y monitoreo constante. Por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales se respondió que por la salud de 359 personas se gastaron 7,825,333 pesos.

El listado detalla que en los siete pueblos se detectaron casos de dermatitis, tiña, intoxicación por cobre y hasta quien fue diagnosticado con “sospecha de metales pesados”.

Otras enfermedades presentadas fueron: dolor abdominal, parálisis facial, xerosis, enfermedades de vías biliares, diarreas, alopecia, entre otros padecimientos de la piel. Sin embargo, las afectaciones a la salud podrían seguir surgiendo, sostiene el único estudio que se ha realizado en los últimos cuatro años sobre el tema.

La investigación fue realizada por la Universidad Autónoma de México entre 2015 y 2016 por petición de Grupo México, que pagó a esta institución 58 millones de pesos para realizar el diagnóstico. Aunque los derechos de la investigación pertenecen a la minera, la organización PODER logró obtenerlo mediante una batalla legal.

El documento titulado “Diagnóstico ambiental en la cuenca del río Sonora afectada por el derrame del represa Tinajas 1 de la mina Buenavista del Cobre, Cananea” detalla graves hallazgos como concentraciones altas de metales pesados en frutas, hortalizas y lácteos, mortalidad de árboles y presencia de substancias cancerígenas en alimentos, así como un grave daño ecosistémico en la zona.

También indica que más del 70 % de la población del municipio de San Felipe de Jesús podría tener niveles elevados de plomo en la sangre, lo cual representa un alto riesgo de presentar en el futuro diversas afectaciones a la salud. Para María del Socorro Domínguez Valenzuela, habitante de la zona afectada, el tema de las enfermedades es algo común en el municipio de Ures, por lo que vive con miedo de ser la siguiente. “Hay enfermedades de la piel y a la fecha ha salido mucha gente con cáncer, enfermedades que antes no se veía aquí en el río, muchas operaciones de la vesícula, 150 me dijeron en la clínica. Son muy constantes”, agregó.

Más del 70 % de la población del municipio de San Felipe de Jesús podría tener niveles elevados de plomo en la sangre, lo cual indica un alto riesgo de presentar en el futuro diversas afectaciones a la salud. Para María del Socorro Domínguez Valenzuela, habitante de la zona afectada, el tema de las enfermedades es algo común en el municipio de Ures, por lo que vive con miedo de ser la siguiente.

Manuel López, otro de los pobladores contó que cuando su nieto enfermó, fue sometido a diversos estudios de los que nunca les dieron el diagnóstico. “Le hacían análisis, pero nunca veíamos los resultados”, agregó.

Esperanza García vive en Baviácora y narró que se han presentado extraños tipos de cáncer en la zona entre personas jóvenes.

Julieta Lamberti, investigadora de la organización PODER, asegura que los metales pesados son bioacumuables, y por ello las enfermedades tardarán en aparecer en la mayoría de la población. Sin embargo, dijo que es preocupante que las autoridades aún no hayan elaborado estudios epidemiológicos de largo alcance, lo cual debió de haber sido prioridad del fideicomiso que se destinó para resarcir los daños.

Óscar Encinas Gámez, asegura que se sienten minimizados y que conformar un comité de cuenca para defenderse no significa que estén en contra del sector minero. Quieren remediar la situación y que no ocurra otro derrame. “Nosotros vamos a luchar porque cada persona, del más pequeño al más grande, tenga una indemnización total, no vamos a cansarnos, me duele mi gente y me duele lo que pasó”, dice.

Tras comprobarse legalmente que Grupo México operaba sin los permisos necesarios, sin licencias ambientales y sin cumplir reglamentaciones básicas, las demandas en la Suprema Corte de Justicia de la Nación –máxima autoridad judicial en México– fueron caminando a favor de los habitantes.

El 11 de abril de 2018 lograron que se aprobara el expediente que plantea que el Fideicomiso Río Sonora es susceptible a ser cuestionado con un juicio de amparo, debido al interés público, detalla el expediente SEFA 27/2018.

De la misma forma la corte también atrajo otra demanda que busca definir si quienes viven en las zonas aledañas al río Sonora tienen la posibilidad de cuestionar el funcionamiento de una nueva presa construida por Grupo México.

Con ambos juicios atraídos por la Suprema Corte de Justicia y mediante los comités de cuenca del río presentes en los siete pueblos afectados, a cuatro años del derrame tóxico los residentes tienen esperanza de que se haga justicia.

Fuente de vida. Por la cercanía con el río, las comunidades utilizaban el agua del afluente para sus actividades diarias.

Este reportaje fue realizado por la periodista Priscila Cárdenas, la fotografía, realización y edición del video es de Aarón Alcaraz, para Proyecto Puente y Aristegui Noticias, en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas del International Center for Journalists (ICFJ) en alianza con CONNECTAS.

20,000 embarazos adolescentes: una plática pendiente

Prevención

Cuando Celia quedó embarazada, tenía 17 años y estudiaba bachillerato. Decidida a graduarse, siguió asistiendo a clases hasta que llegó la fecha cercana al parto. Tras dar a luz un día de agosto, cambió horas en un pupitre por una cuna durante lo que pensó como un descanso o una adaptación. Cuando su hijo ya tenía seis semanas de edad, intentó regresar a su vida de estudiante y no pudo: “Los maestros no me quisieron ayudar, ni recibir, nada, para poder terminar mi bachillerato. Entonces me tocó repetir el año”, dice hoy, cinco años después.

En 2017, el embarazo adolescente fue causa de deserción en 238 centros escolares, de acuerdo con los datos del Observatorio del Ministerio de Educación. El silencio, en términos de educación sexual, no ha sido efectivo para evitar los embarazos precoces. Solo el año pasado 19,236 niñas y adolescentes se inscribieron a controles prenatales en el sistema de salud público. Las edades de esas madres jóvenes iban desde los nueve hasta los 19 años.

A pesar de que la cifra de embarazos adolescentes es alta, el Ministerio de Educación no ha logrado establecer un mecanismo para medir la magnitud del problema. “Hay que tener en cuenta que en los centros escolares hay un gran subregistro sobre el tema de deserción por embarazo. La mayoría se va y a veces no sabemos que están embarazadas”, dice una funcionaria de ese ministerio, desde su oficina en el centro de San Salvador.

“El Órgano Ejecutivo, en el ramo de Educación, deberá incluir la educación sexual y reproductiva como parte de sus programas, respetando el desarrollo evolutivo de los niños y adolescentes”, mandata el artículo 32 de la Ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia (LEPINA). Y aunque la orden de la ley es clara, está lejos de ser una realidad para la mayoría de estudiantes del sistema público de educación.

Hasta el final del año lectivo 2017, solo el 27 % de escuelas contaba con planes de educación sexual. Y ni siquiera los profesores de las escuelas están capacitados por el ministerio para brindar formación en estos temas: de todo el plantel docente a escala nacional, solo el 7.8 % ha completado un curso básico en educación integral de la sexualidad.

Más casos. La Paz, La Unión y Cuscatlán fueron los departamentos donde más casos de embarazos en niñas y adolescentes se tuvo, de acuerdo con un estudio publicado en 2015.

***

NI EN LA ESCUELA NI EN LA CASA
“Todos los niños y adolescentes, de acuerdo con su desarrollo físico, psicológico y emocional, tienen el derecho a recibir información y educación en salud sexual y reproductiva, de forma prioritaria por su madre y padre”, dice también la LEPINA. Ese derecho no es una realidad para un gran número de adolescentes, como Celia.

Ella estudió en el sistema público desde que iba al kínder. Es de un pueblo del occidente del país y creció rodeada de primos, tíos y clientes del pequeño puesto de comida de su mamá. Ayudó desde niña en el negocio familiar y, además, en el cuido de sus dos hermanas menores.

A pesar de que su hogar siempre estaba lleno de ruidos y tránsito de gente, ella cuenta que nunca escuchó que le hablaran de relaciones sexuales y de cómo protegerse de un embarazo o de una enfermedad sexual. No tuvo orientación en su centro escolar ni en su hogar, y ahora cree que quizá, de recibir algún tipo de formación, su historia habría sido diferente: “A la escuela nunca llegó una enfermera a explicar cómo planificar. Yo creo que si uno tuviera más información de eso, habría más cuidado en todo”, dice.

Los embarazos adolescentes en El Salvador no escasean. En promedio, 69 niñas o adolescentes quedaron embarazadas cada día en 2015, es decir, un embarazo de menores cada 21 minutos. Así se registró en el Mapa de Embarazos en Niñas y Adolescentes en El Salvador 2015. La Paz, La Unión y Cuscatlán fueron los departamentos donde más casos de embarazos de niñas y adolescentes se tuvo. Por el contrario, en los municipios de San Antonio Los Ranchos y El Carrizal, en Chalatenango, no se registró ninguna menor embarazada durante el tiempo en el que se realizó el estudio.

Como Celia no pudo reincorporarse al sistema regular de clases, se integró al sistema de educación flexible. Así empezó a ir a clases solo los domingos. El bebé no paraba de llorar cuando se separaba de su mamá y algún familiar terminaba llevando al niño a las clases para que le diera pecho. Aun con el bebé en brazos, logró graduarse de bachiller. El papá de su hijo, quien antes fue su compañero de escuela, siguió estudiando con regularidad y en la universidad. Celia no.

“El embarazo adolescente implica la pérdida de oportunidades educativas, es una limitante para que las adolescentes puedan desarrollar su potencial como agentes productivos y sociales, y es un factor condicionante de la perpetuación de la pobreza”, sostiene un informe del año pasado del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).

Que las adolescentes se mantengan en la escuela es prioritario para romper círculos de pobreza. Pero, a veces, las trabas las colocan las personas que, en el mejor de los casos, deben ir abriendo camino. Por ejemplo, en algunos colegios y escuelas se tiende a “esconder” a la adolescente embarazada y se expulsa, explican en el MINED. Así que dicho ministerio cambió la Ley General de Educación en 2011 para especificar que es “falta muy grave” discriminar a una estudiante embarazada o lactante.

A pesar de que la LEPINA brinda a los padres el derecho primario de educar a sus hijos en sexualidad, eso no se cumple en todos los casos. “Ni mi papi ni mi mami hablaron de eso conmigo”, dice ahora Celia, cuando ya su hijo ha ingresado al mismo sistema de educación pública que fue insuficiente para ella.

Enseñanza. El objetivo del programa que tiene el MINED es comenzar en parvularia a decirle a los niños cómo funciona su cuerpo y cómo son las relaciones adecuadas con otras personas.

***

¿CÓMO INTENTA ASUMIR EL ESTADO?
En 2008, El Salvador firmó un pacto llamado “Prevenir con educación”. Entonces, los ministros de Educación y de Salud en Latinoamérica y el Caribe acordaron que la prevención era el camino que se tomaría ante el avance de la transmisión del VIH.

Así, se asumió el compromiso de “fortalecer estrategias intersectoriales de educación integral en sexualidad”. Ese pacto marcó también el enfoque que esa prevención debía tener en las escuelas públicas. “Esta educación incluirá aspectos éticos, biológicos, emocionales, sociales, culturales y de género”, se puede leer en el documento.

Así, se inició de un proceso de actualización del currículo nacional de clases y se creó el Programa de Educación Integral de la Sexualidad, (mejor conocido como EIS), de acuerdo con Yeni Rivas, oficial de Género del MINED. Rivas es titular de la unidad que tiene por función velar que se cumplan criterios de equidad en el ministerio y, además, trabajar en temas relativos a la enseñanza de la sana sexualidad.

La EIS está diseñada para ser un eje transversal de otros temas que ya se aprenden en la escuela. Este incluye hablar de relaciones interpersonales sanas, explicar temas de autoestima, autocuido y el respeto por el propio cuerpo. “Tenemos que tener claro que la educación integral de la sexualidad no es hablar de cosas eróticas. Cuando se empieza a hablar de la EIS, se habla del tema emocional, del tema cognitivo y se tiene que hablar del tema biológico porque es parte de la sexualidad”, comienza por explicar Rivas.

Ella sostiene que es posible educar en estos temas desde temprana edad: “¿Cómo se puede enseñar EIS para parvularia? Usted a sus niños les tiene que enseñar que tienen órganos, ahí empieza el conocimiento de su cuerpo, en llamar a su cuerpo por el nombre”.

La oficial de Género asegura que con estos temas es posible afectar positivamente al niño y adolescente. Así, según Rivas, el niño aprende que su cuerpo es íntimo y nadie debe tocarlo si él no lo desea. Y además, conoce los cambios que suceden o sucederán en su cuerpo.

En El Salvador hay más de 45,000 profesores en centros escolares, y el Ministerio de Educación solo ha podido formar a 3,571 docentes en un curso básico de sexualidad. La cifra es baja, considerando que los cambios curriculares no pueden ponerse en práctica y presentarse al adolescente si los maestros no entienden los temas. Esos más de 3,000 profesores fueron formados en un curso de 200 horas presenciales entre 2013 y 2016, asegura el ministerio.

Rivas pone un ejemplo: “Tienen que aprender a valorarse como persona para decir ‘no quiero hacerlo’. ¿De qué sirve que el ministerio les enseñe el tema de transmisión del VIH si a la hora de las horas los adolescentes no tienen la inteligencia emocional y la mente crítica y analítica para que, si toman la decisión de tener relaciones coitales, usen condón? Eso es lo primero, que logren desarrollar su inteligencia emocional, que tengan habilidades para la vida y que tengan proyectos”.

Los temas que la EIS plantea son necesarios para estudiantes, pero al socializarlos con los maestros, las autoridades del MINED se dieron cuenta de que, en algunos casos, ni siquiera los docentes tenían conocimientos básicos de anatomía. “Es duro que un docente no sepa que hay órganos genitales internos y externos”, admite Rivas.

Quienes han sido formados solo representan un 7.8 % del total del plantel a escala nacional. Además, el ministerio ha creado planes para educar en el tema a los padres de familia, pero el avance aún es limitado. Y a pesar de que el 58.9 % de las escuelas afirma que conoce sobre la actualización del currículo de educación que incluye temas de sexualidad, solo 27 de cada 100 centros escolares cuenta con planes o programas de este tipo.

“¿Cómo ampliamos la educación integral de la sexualidad a escala nacional?”, pregunta Rivas, y ella misma se responde con una negativa: “No hay presupuesto. Si hubiera una ley, talvez hubiera una designación presupuestaria al tema”, comenta.

Hace más de un mes, un grupo de mujeres presentó un anteproyecto de Ley en Afectividad y Sexualidad Responsable a la Asamblea Legislativa. La propuesta tenía cuatro páginas y planteaba que todas las escuelas deberían estar obligadas por ley a brindar un programa de este tipo. En el anteproyecto, la educación en afectividad y sexualidad responsable fue definida como “la articulación de aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos que, bajo un marco de respeto a los derechos humanos, priorice la eliminación de la cultura de la violencia”.

Dicha propuesta no presentaba los contenidos a enseñar, sino que sugería que se creara una comisión especial conformada por el Ministerio de Salud, el de Educación, la Secretaria de Inclusión Social y el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia, y que esas instituciones definieran las temáticas que estudiarían los niños desde primer grado hasta bachillerato.

A pesar de que en un inicio el anteproyecto tuvo el apoyo de algunos diputados de ARENA, GANA y PDC, el día que fue presentado ante la comisión de cultura y educación, fue archivado de inmediato. No se discutió su contenido ni las motivaciones de las personas que lo respaldaron.

El anteproyecto de ley y el programa actual de la EIS –que aún no es implementado en la gran mayoría de escuelas– coinciden en la necesidad de construir inteligencia emocional en los adolescentes antes de que se encuentren sorprendidos por los cambios hormonales de su cuerpo.

Para explicarlo, Rivas pone un ejemplo: “Tienen que aprender a valorarse como persona para decir ‘no quiero hacerlo’. ¿De qué sirve que el ministerio les enseñe el tema de transmisión del VIH si a la hora de las horas los adolescentes no tienen la inteligencia emocional y la mente crítica y analítica para que, si toman la decisión de tener relaciones coitales, usen condón? Eso es lo primero, que logren desarrollar su inteligencia emocional, que tengan habilidades para la vida y que tengan proyectos”.

***

UNA DEUDA HISTÓRICA
Intentar educar en sexualidad no es algo nuevo. El recorrido viene desde, al menos, hace 20 años. Hace casi dos décadas se intentó hacer circular por las escuelas los libros titulados “De adolescentes para adolescentes, manual de la salud sexual y reproductiva”.

La idea de la creación de estos manuales surgió en 1997 tras un estudio de la Organización Panamericana de la Salud que evidenció las carencias de información para menores en este tema. El proyecto fue respaldado por el MINSAL y se pensó como un documento que le hablara directamente a los jóvenes. Pero al ser los primeros de su tipo, los manuales fueron controversiales desde su realización hasta su lanzamiento.

“‘¿Y si para representar los órganos sexuales, en vez de dibujar un pene, dibujamos un pepino?’, dijo la doctora, y se armó esta discusión solo para saber si podíamos hacer una ilustración de un pene o no en un libro de educación sexual”, cuenta, desde una cafetería, Otto Meza. Él es uno de los ilustradores que hace 20 años fueron los encargados de hacer los dibujos de estos manuales. Esta tarde, él asegura que los dibujos que hacía se sometían a discusión con el Ministerio de Salud y que dos décadas después aún puede recordar los comentarios de algunos profesionales de la medicina.

Al final, Otto Meza sí fue autorizado para dibujar órganos genitales. Ese manual estaba dividido en tres grandes áreas que intentaban explicar a los jóvenes qué significaba el afecto y el consentimiento.

La primera área estaba titulada “Adolescencia”, y ahí se explicaba en qué consiste esa etapa de la vida y los roles del joven en la sociedad. En la segunda parte, llamada “Sexualidad”, se abordaban temas como “¿Qué nos puede pasar si tenemos relaciones sexuales sin estar preparados?”, y se enunciaban diferentes orientaciones sexuales. En la última parte del libro, referente a salud sexual y reproductiva, se describía cómo se desarrolla un embarazo, métodos anticonceptivos y se ilustraban los diferentes tipos de enfermedades sexuales que existen. Los manuales fueron retirados en julio de 2000. Habían sido impresos solo siete meses antes.

***

SI LA ESCUELA NO LO HACE, ¿QUIÉN EDUCA EN SEXUALIDAD?
“En las redes sociales, más que todo”, responde Kenia Mena, de 16 años, cuando se le pregunta dónde aprenden sus amigos sobre sexualidad. Kenia estudia en un colegio privado católico, viene de una familia con padres profesionales y dice que en su casa siempre le han dicho que si empieza su vida sexual, debe ser cuando ella “ya esté estable” en su relación, y que si en algún momento lo quisiera probar, se tiene “que proteger”.

Kenia ha tomado el consejo y dice que se siente en la confianza de preguntarle algunas cosas de su cuerpo a sus padres. Los dos son psicólogos y comprenden que no hablar del tema sexual con su hija puede tener efectos contraproducentes. Kenia asegura que tiene amigos a los que sus padres les han prohibido hablar de orientación sexual y eso hace que esas realidades sean percibidas como algo malo o tabú.

Si en la casa de los adolescentes algunos temas están vetados de ser discutidos y en las escuelas ni los mismos maestros se encuentran formados, los esfuerzos de orientar en sexualidad se ven relegados a organizaciones no estatales o a iniciativas personales. Por ejemplo, varios estudiantes graduados de un centro escolar católico de Santa Tecla aún recuerdan a una maestra que cierra puertas y ventanas de los salones para explicar formas de prevenir embarazos sin que la monja directora se entere, es decir, a escondidas.

Y, a veces, la información viene de grupos inesperados. Por ejemplo, Kenia se congrega en un grupo de jóvenes católico liderado por laicos. “Es un movimiento religioso, pero es de un grupo limitado… solo van los que quieren. Ahí sí me enseñaron cómo se pone un condón, en una zanahoria”, afirma, sin risa ni morbo.

El Salvador tiene una estrategia nacional de prevención de embarazos adolescentes que fue lanzada el año pasado y espera reducir drásticamente el número de madres precoces durante los próximos 10 años. Uno de los pilares en los que se pretende ejecutar esta estrategia es la educación. En ese documento se puede leer que la diferencia entre las niñas y adolescentes que terminan embarazadas y las que no “radica en la medida en que las personas adolescentes y jóvenes confronten la exposición sexual con información científica y veraz, acorde a su edad y cultura, de tal manera que puedan ejercer una decisión responsable”.

Deserción. Quienes más oportunidades pierden con un embarazo precoz son las niñas, pocas regresan tras el parto a retomar sus estudios.