“Aunque tarde, mi país ha comenzado a ser justo conmigo”

Rubén Martínez, escultor y arquitecto salvadoreño.

Su nombre está ligado a lo monumental. El Cristo de la Paz y el de la capilla de Fátima en San José, Costa Rica, cada uno de 4 metros de altura, nacieron de sus manos, antes robustas. También la iglesia El Rosario, una de las obras de arquitectura salvadoreñas más admiradas en el mundo por su atrevida propuesta, donde toneladas de concreto parecen descansar, simplemente, en el aire.

Este día de julio, el cuerpo de Rubén Martínez contrasta con la envergadura de su obra. Tiene 89 años y hace uno le amputaron la pierna izquierda para detener el avance de un cáncer. Ahora se desplaza gracias a una silla de ruedas que su esposa, Grace, empuja con riguroso amor para llevarlo a la mayoría de espacios de la casa que hace 40 años construyó, repleta de escaleras, para él y su familia. Ir a su taller, por ahora, es casi un imposible.

Y aquí, desperdigadas en estantes y mesas, están pequeñas esculturas, los ensayos de sus grandes obras, como el suplicante José Simeón Cañas que se exhibe en el Museo de Arte de El Salvador. Rubén quiere que esta casa, muy pronto, sea acondicionada para crear su propio museo, la síntesis de una carrera que se ha extendido por seis décadas.

Si bien su cuerpo contrasta con la magnitud de su obra, su voz sigue intacta, amplia y tumultuosa como aquellos ríos donde no es posible dar con las orillas. Con esa voz sostiene esta conversación, llena de irreverencias y reflexiones sobre su propio trabajo y de lo que significa ser artista en un país como El Salvador.

Tiene 89 años.
¿Cómo es la vida de un artista a esa edad?

Una de constante nostalgia. Yo era un gigante, pero el cáncer me ha jodido, me han dado cuatro cánceres y los he logrado vencer. Este era un cáncer (señala el muñón de su pierna izquierda), hasta que lo tuvieron que cortar el año pasado. Hoy del estómago he estado gravísimo, pero no, no era cáncer, tenía E. coli. El estómago estaba deshecho, tengo cinco días de estarme tomando las medicinas, ya no me duele. Hace unos días ni siquiera podía hablar. Pero aun así, como estoy, si tengo el pie, vuelvo a hacer figuras grandes (en agosto de 2017, Rubén se sometió a una operación en la que le amputaron el pie izquierdo desde debajo de la pierna. Está a la espera de poder comprar una prótesis y de que en FUNTER le den el alta para usarla y dejar la silla de ruedas).

¿Hace cuántos años hizo la última pieza grande?

No hace mucho, a Chevo Argueta (empresario Mario Enrique Argueta, fallecido en 2013) hace tres años (Rubén es el autor del monumento dedicado a esta persona, ubicado en el redondel del Árbol de la Paz, en San Salvador).

En ese entonces, ¿estaba bien de salud?

Ah, para nada, me estaban dando radiaciones. Espéreme, me equivoco, el último fue Matías Delgado, se lo dejé a un muchacho, al que había entrenado durante tanto tiempo, para terminarlo. Cuando lo fundió, lo dejó así (inclina el cuello y ladea la boca). Y yo tenía que entregarlo al día siguiente. Le corté, le subí la oreja, le puse un pedazo de bronce y la soldé. Quedó bien, porque no se le hecha de ver nada, quedó perfecta. La remendé. Hay que saber remendar también.

Hay que saber apegarse a la realidad

No hay que sofocarse. Ahora las cosas ya no me salen mal, porque entiendo que todo es lo que es, que nada está mal. Que no hay que morirse porque una escultura no sale como uno la imaginaba. La obra de arte tiene vida propia, fija sus propias reglas. Si usted la somete a su arbitrio, deja de ser una obra de arte. Aunque siempre hay que tratar de controlar lo más que se pueda. Por ejemplo, antes tenía fundidores, ahora fundo yo.

Alguna vez leí que a usted le parece que el momento más triste de un artista es cuando trabaja en una obra con sus propios recursos y, al final, no quieren pagarle.

No, a mí no, a mí siempre me han pagado con relativa prontitud. Quizá solo se han tardado en el tiempo cuando hay que hacer algún trámite. Por ejemplo, en la Alcaldía de San Salvador; la alcaldía cuesta que le pague.

Me imagino que es así en todo el sector público

Pero no me han quedado debiendo. A quien casi no le cobro es a la Iglesia. Una vez me pidieron hacer un trabajo en la iglesia de Cuscatancingo, un padre que a mí me quiere mucho. Pero en lo que lo estaba haciendo llegó otro párroco. Dijo “yo no tengo que pagar eso, porque yo no lo he mandado a hacer”. Y no me pagó. Pero la gente de la comunidad dijo “al arquitecto hay que pagarle”. Empezaron a hacer turnos para recaudar plata, y el dinero de allí venía. Cada cierto tiempo. Hasta que les dije, ya no, ya estuvo. No es necesario que me sigan dando. Me pagaron ellos.

Usted le hizo varios bustos al empresario Pablo Tesak. ¿A cuánto vende un busto como ese?

$6,000 por el primero. Después, con los otros, ya lo rebajé mucho, casi solo lo de la fundición salía. Yo no trabajo mucho, pero cuando trabajo, gano. Bueno, cuando hice a Funes, antes de eso él había dicho que yo era escuadronero, asesino, porque había hecho a Roberto d’Aubuisson (fundador del partido ARENA). Y vino alguien que me dijo: “¿Me haría a Mauricio?”

¿Quién le dijo?

La Vanda (Pignato). Y yo acepté el encargo. Desde el principio me dejaron claro que él no quería papada. Pero ya para ese entonces estaba bien gordo. Conseguí una foto de cuando él entró a la Presidencia y lo puse riéndose. Lo pensé para hacerlo chiquito, porque se supone que al niño se lo iban a regalar, pero ¡qué diablos! Luego lo pidieron más grande. “Hágaselo al mismo precio”, me dijo mi hija, y lo hice así. Después que yo lo terminé, quería encontrármelo de frente y decirle “¿veá que te gustó lo que te hice?” Porque quería tratarlo así. Pero cuando tuve la oportunidad en un evento al que los dos asistimos, cuando logré verlo, desgraciadamente tuve que ir al baño. Cuando regresé, ya se había ido.

¿Quién hizo el trato con usted?, ¿fue Vanda?

La Vanda. Vino el domingo que estaba trabajando en ese busto, como a las 10 de la mañana, se fue como a las 2. Quería estar presente para cerciorarse de que quedara bien. Se me había subido aquí, encima (hace un gesto señalando su regazo y uniendo los brazos como en un abrazo); y la cartera, que a saber de cuántos miles era, la había tirado en el suelo. Así estuvo conmigo. Y la Granadino (Magdalena Granadino, exsecretaria de Cultura entre febrero de 2012 y mayo de 2014), viendo todo el rato. No me levanté de mi puesto de trabajo sino hasta las 11 de la noche. No me levanté ni a orinar. Porque había que hacerlo y lo metí a la fundición.

¿Cuántas horas se tardó en hacerlo?

Yo lo hago rápido, pero no tanto. Como 15 horas sin descansar. Así trabajo. Es posible que esté enfermo, pero cuando estoy trabajando no me duele nada.

Actualmente, ¿las manos están bien?

Esta (la mano izquierda) no la puedo mover. Pero para modelar sí la puedo ocupar como en mis mejores tiempos. Para darle ese toque delicado a los ojos hay que hacer la pupila bien hechita. Cuando voy a trabajar, las manos no me tiemblan.

 

Rubén toma uno de los recortes de periódico que conserva en un álbum. El que está viendo es uno del año 94, justo después de la realización del Cristo de la Paz y el Monumento a la Constitución, popularmente conocido como La Chulona, que le fueron encargados por la Alcaldía de San Salvador.

 

“El escultor que le está cambiando la cara a San Salvador”, se lee aquí. ¿Cree que ese fue uno de sus periodos más prolíficos?

Puede ser que sí.

 

En otro recorte está el Cristo Resucitado de su viacrucis de la iglesia El Rosario, que forma una figura humana a partir de decenas de trozos de hierro ubicados horizontalmente.

 

El padre Alejandro (Peinador, de los dominicos, quien le encargó la iglesia El Rosario) quería que lo hiciera más moderno. Él me contrató sin saber lo que yo era. Me peleé con ellos, me vine justo después de terminar la iglesia. Porque había un cura que andaba con mujeres, y él me vio cuando yo lo caché. Empezó a molestarme, pero ese cura se fue. El padre Alejandro me vino a traer para que hiciera el viacrucis. Aunque ese padre no era para nada fácil. Él creía que yo era Miguel Ángel y que él era el papa Julio II, y que me iba a poder pegar con una vara. Llegamos hasta a agarrarnos a golpes. Al final le dije que sí, porque yo ese viacrucis hacía año y medio que lo había estado planificando. Es chistoso, pero por las esculturas de ese viacrucis es que soy más conocido fuera del país.

Escultura

¿Alguien le dio ideas para hacerlo?

No, nadie me daba ideas; al contrario, el padre Alejandro nunca me dijo nada. Yo no decía qué es lo que seguía, lo tenía así como Miguel Ángel. “¿Y qué sigue?”… “Espere, ya le voy a decir”. Tenía que estar conmigo, por fuerza. El viacrucis lo planifiqué año y medio, y al final di con el concepto de las manos.

Esa idea ¿cómo se le ocurrió?

¿Qué es lo más expresivo de nosotros? Los ojos. ¿Y después de eso? Las manos. Con las manos uno puede hablar; sobre todo los latinos. Si no tenemos manos, no hablamos de manera completa. Imagínese. De allí fui pensando en cómo comunicar de la manera más minimalista posible. ¿Unas manos a las que les cae agua? Ese es Pilatos. Así fui trabajando. Año y medio, aquí lo tenía (señala las sienes). Cuando vino el padre Alejandro a convencerme, ya todo estaba listo: lo dibujé en día y medio, y en mes y medio lo hice.

Se tardó más planificando que haciendo.

Nunca he estado tanto tiempo pensando en algo.

¿Esa fue la idea original?

Es que yo veía los viacrucis con el montón de cruces. Entonces tenía que hacer algo diferente. Mis amigos artistas y arquitectos me preguntaban que por qué lo estaba haciendo así. Y la gente que llegaba a rezar, la gente humilde, bien entendía; y los cheros míos, instruidos, no. Es que no había necesidad de más, que de manos.

¿La iglesia El Rosario es lo más grande que ha hecho? ¿Por qué no pudo hacer nunca más algo parecido?

No pude. Mis amigos y todos los miembros del círculo de artistas en el país se empezaron a reír y a burlarse de mí. Que era la escalera al cielo, le pusieron miles de nombres. Si se titulaba alguien y me invitaban, no iba, porque me iba a encontrar con ellos y empezaban a molestarme. Hasta que vino un arquitecto de España, y dijo que era una estructura maravillosa. Luego pude ir a trabajar y dejar obra afuera.

De las que están fuera del país, ¿cuál es la escultura que más le gusta?

Es el Cristo, que tiene 4 metros. Está en la iglesia de Fátima, en el barrio Los Yoses, en San José, Costa Rica. El arquitecto Alberto Linner, que era bien chiquitito pero se creía la gran cosa, había hecho una iglesia que solo era el cajón, pero le había puesto, para hacer los moldes, esos bolados de yute. Tenía una textura linda. Decían que la iglesia era tan moderna que no había quién pudiera hacer una escultura acorde.

Esa escultura que está en Costa Rica, ¿cuánto tiempo le tomó?

Tres meses. Me llevaron, les dije que no se podía hacer una escultura tan grande dentro de una iglesia. Me dijeron que me facilitaban el mejor hotel, pero yo tenía que ir. Fui un fin de semana, porque estaba ocupado, y me quedé en el convento. Cuando vi, era una pared enorme. ¿Cuatro metros? ¡Más grande se podía hacer! Me regresé a El Salvador. Como al mes vino el padre a decirme que si no podía hacerlo, no había problema. “Si ya está hecho, ya tengo la estructura terminada”, le dije. Venía a decirme que me relevaban del contrato. Yo he sido bien rudo. Tenía una fuerza terrible.

 

Rubén continúa examinando los recortes, bajo la tenue luz del salón que da al jardín, donde descansan algunas de sus esculturas. La que más destaca es una figura verde, una adolescente que baila en el aire, en un gesto donde el bronce parece tener el don de fluir. La figura, en el plan original de Rubén, debía medir 4 metros y vigilar la Puerta del Diablo. Era un homenaje a la bailarina Morena Celarié, fallecida en el sitio, a la que titularían “El espíritu de la danza”. El proyecto se frustró en 2007, cuando en el Instituto de Turismo decidieron no aprobar el proyecto. El escultor lee el título de otro recorte, esta vez, de los setenta: “Con chatarra y hierro puede un artista construir un bello mundo de arte”. Sonríe, visiblemente satisfecho. Pasa la página y hace referencia a un reportaje más reciente, de la presente década, que lo dejó con un mal sabor de boca.

 

Es que me ponen como un muchacho que está comenzando. Tengo una carrera de 60 años y sigo trabajando. Tengo tanto prestigio que acabo de hacer una escultura y ya me la compraron. Me dijo la persona “no la vaya a vender, me voy para Suiza, al regresar se la compró”. Está en exposición, igual, no la puedo vender.

¿Y en cuánto la da?

En $5,000. Esa escultura la hice por gusto mío. Se llama Othar, es el caballo de Atila, el huno. “Donde mi caballo pisa no vuelve a crecer la yerba”. La figura está pateando el suelo y la pisada es negra, quemada. A esta persona le dije que $5,000. Mi mujer me regañó. “¿Por qué le dijiste tan poquito, necesitamos pisto?” Yo trabajo poco. Dicen que soy muy carero, pero no.

¿Cuál es la obra que más lo ha demandado técnicamente?

Cuando me encargaron La Chulona, yo ya había hecho grandes esculturas, pero solo de hierro; esta tenía que ser de bronce. Y me daban tres meses para empezar la fundida. Hubo un gran pleito en la Alcaldía de San Salvador, porque yo les dije que lo habían hecho todo mal. Después de eso hice todo yo, los planos y todo. Los envidiosos dicen que yo me he aprovechado del dinero del pueblo. ¡Si nunca he cobrado! Los monumentos, el diseño, el sitio urbanístico, los planos, el diseño estructural, siempre me lo han regalado los mejores ingenieros. La dirección de la obra nunca la he cobrado. Solo percibo ingresos por la escultura mía. La Chulona iba a hacerla de 4 metros, pero como había poco tiempo, la hice más pequeña, pero le hice el pedestal bien grande. Tiene 2.80, en vez de tener 4 metros. Eso fue trabajo duro.

Tiene 89 años ya. ¿Quizá le va a ser imposible volver a esculpir?

Para nada. Creo que hoy lo puedo hacer mejor, porque sé más. Entre más trabajo, mejor lo hago. Ya no me voy a poder subir al andamio, pero con una máquina de presión que me permite subir como un elevador, lo puedo hacer.

Cuando hice a Funes, antes de eso él había dicho que yo era escuadronero, asesino, porque había hecho a Roberto d’Aubuisson (fundador del partido ARENA). Y vino alguien que me dijo “¿me haría a Mauricio?”

¿Espera volver a hacer una obra de 4 metros? ¿Es perfectamente posible?

Sí, cuando tenga el pie (la prótesis de la pierna izquierda).

¿Y cuando ya tenga el pie, es posible que esa obra de 4 metros la haga por iniciativa propia?

No, me la tienen que encargar.

¿Cuántos años cree que le queden de vida?

No importa. Voy a aprovechar lo que me quede. Mis manos y mi cabeza están mejor que antes. Creo que todavía puedo hacer mi escultura más monumental.

¿Dónde se imagina esa obra?

Yo no desvarío, voy siempre a lo seguro; y nunca he fallado. Los fracasos no los conozco. Si algo no me sale  bien, sigo, sigo y sigo. Como con Roberto d’Aubuisson, pasé una semana trabajando desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche, y no podía. Al principio estaba bien, pero después lo perdía. Entonces, me puse a hacer varias cabezas a la vez. Hasta que un día me levanté en pijama y vine a desayunar. Me senté y, de repente, la solución estaba allí, frente a mí. Yo hacía un lado del rostro y lo pasaba hacia el otro, como se hace en casi todos los casos. Lo que pasa es que ambos lados de su cara no son iguales. Después de eso lo resolví rápidamente. Vino su esposa a ver el resultado. Y dijo a llorar y a llorar cuando lo vio, porque era como que hubiera vuelto a la vida.

Usted le hizo un encargo a Mauricio Funes, un busto, y le pagaron por ese busto. No sé si es consciente de que el dinero que a usted le pagaron quizá forme parte de esos fondos que la Fiscalía afirma que él se robó.

No sé. Puede ser robado, puede ser del dinero que él ganó. Yo recibí un pago. No voy a decir cuánto. No tengo bandera política, soy un artista.

¿No importa que el dinero que a usted le pagaron proviniera de las arcas del Estado?

Es que yo lo quería hacer, porque quería sacarme la espina, porque él me dijo que yo era escuadronero y asesino, porque había hecho a D’ Aubuisson. Quería decirle “hoy que te he hecho a ti, ¿qué piensas, qué piensas que soy?” Yo sé que le gustó, porque estaba bien hecho. Era igualito a él, solo que el busto que yo hice quedó más guapo.

Hablando de cosas éticas, ¿qué encargo no aceptaría usted?

Es difícil. Un enemigo mío me preguntó que si haría a Hitler. Sí, lo haría, porque fue parte de la historia. Hitler es un asesino tan grande y todo, pero sí lo haría. No estoy homenajeándolo, sino que mostraría cómo era él. Vaya, al Diablo no lo haría, no, estoy tan cerca de Dios que no podría. A un asesino de esos, sí. Imagínese de Napoleón Bonaparte, ¿cuántas estatuas no hay?

¿A un pandillero, a un narcotraficante le haría un busto?

No, eso sí no, aunque me pagaran miles.

¿Qué piensa de los jóvenes?

Yo los quiero ayudar, pero no se dejan.

¿Cree que la juventud está sobrevalorada?

Estoy de acuerdo. Lo valioso se terminó con el modernismo. Lo que vino después, el posmodernismo, lo arruinó todo. Hemos ido para atrás. En Europa están comenzando a dibujar otra vez. Es que lo abstracto es bien fácil. Yo podía hacer una escultura de ese estilo en una mañana. Pero la figura humana es otra cosa.

¿Alguna vez tuvo un puesto en el Gobierno, le dieron la oportunidad de dirigir algo?

Directamente no, solo he sido director de mis obras. Allí soy rígido. Como dice Roberto Galicia, “se hace como yo digo o no se hace”. Para que voy a darle vuelta. En la iglesia el Rosario, los ingenieros se me fueron. Decían “púchica, ¿qué es esta locura, de concreto, pesado, en el aire?”

Y ya pasó de los 40 años esa iglesia

Cuando la estábamos construyendo, mientras estuvo puesto el andamio, la estructura tenía grietas. Yo les decía “no se preocupen”. Cuando quité el andamio se cerraron, por el peso. Tenía grietas porque el andamio lo estaba halando, pero estaba perfecta.

¿Cuántos trabajadores tuvo en la iglesia?

Hubo un momento en el que habían 200 obreros, como 70 carpinteros. A todos les conocía su nombre, todos sabían qué estaban haciendo. Como yo, sentían que eran parte de algo más grande que ellos mismos. Les agradezco mucho: las grandes obras siempre son colectivas.

¿Hubo alguien que fuera especialmente habilidoso?

Todos. Porque al peón lo hice carpintero y luego jefe de los carpinteros. Albañiles no hacía.

¿Cree que parte de lo prolífico que ha podido ser se lo debe a la fuerza física?

Es la calidad del cuerpo. Que me caiga el agua, que me pase lo que pase. No ve que cuando hice el extremo oriente de la iglesia El Rosario, comencé a las 6 de la mañana de un día y seguíamos a las 6 de la mañana del siguiente, con tres máquinas. Tenía gripe y se vino el agua. Allí todos trabajaban junto a mí. Y el que ya no aguantaba se bajaba de los andamios y le daban café. Cuando estaba bien, subía de nuevo.

¿Y sus trabajadores, se quejaban de ese ritmo?

Todos me seguían, era un líder para ellos. A las 12 venía la carne guisada con tortillas calientes. Ya como a las 5, pupusas. Sabía que eran seres humanos.

¿Y hacía turnos con diferentes grupos de hombres?

No, los mismos.

Fue bastante trabajo físico suyo, no solo intelectual.

Es que yo era una bestia trabajando, rudísimo.

En ese tiempo tenía 37 años.

Es la edad en la que me casé. Una vez estábamos enojados con mi esposa, discutimos y ella se fue. Unos chabacanes de la universidad empezaron a piropearla cuando salió a la calle. Yo vi eso y pegué un salto y los agarré desde atrás, cayeron al suelo y se le rajó el pantalón a uno. Salieron corriendo. Era una bestia.

La iglesia, si bien es admirada, nunca la he visto con una misa repleta de gente.

Sabe qué, los feligreses son de una parroquia, y esa no es parroquia. Mucha gente no llega porque le tienen miedo al centro. Yo les digo que hay un estacionamiento pegado, que no pasa nada. Pero tienen miedo. ¿La feligresía cuál es? La de una comunidad. Allí no hay.

¿Cree que como templo no cumple su función por eso mismo?

La iglesia muy pocas veces se ha llenado. Pero es que, además, es bien grande. Mucho más que la misma Catedral, que costó varios millones. El Rosario se hizo por medio millón de colones.

¿Ese era el presupuesto original?

Es que no había presupuesto, hicimos uno, pero vimos que no se podía cumplir. Entonces cobraba yo el 10 % de todo lo que saliera, casi nada, imagínese, 60,000 colones en 10 años. Mis hijos me dicen que no regale trabajo. Que cobre aunque sea poquito. Hoy me han traído unas esculturas para que las arregle. Les voy a cobrar $35 por cada una. Bueno, por D’Abuisson sí cobré.

Hay una película, “La agonía y el éxtasis”, que cuenta la historia de cómo Miguel Ángel pintó la capilla Sixtina en el siglo XVI. Hay una escena donde el artista, que huye de sus responsabilidades hacia una montaña, vive un momento apoteósico y casi puede ver las futuras pinturas en el cielo. Genuina inspiración ¿Usted tiene momentos así a la hora de trabajar en sus obras?

No tan así. Yo una vez que sé lo que voy a hacer sigo ese camino. Pero nunca me someto a una idea. Una vez en toda mi vida he hecho la idea primero. La idea usted la quiere componer y no se puede. Mi hija me dice “haga dos proyectos, para brindar dos alternativas”. No doy alternativas, porque no quiero que me pidan algo que pienso que no sirve. Doy una sola cosa en la que creo.

¿Cree que su carrera ha sido justa, que tiene el reconocimiento que se merece?

Para nada. Nunca me han reconocido. Hasta que por fuerza los extranjeros lo dijeron. Aquí quieren que yo haga a los panchitos, a los inditos… y cuando yo vengo con una cosa nueva, los curadores no lo aceptan, pues no lo han visto nunca.

Dejando de lado la iglesia El Rosario, ¿qué es lo más atrevido que ha hecho?

Ese Cristo de la Paz, está en el aire. Pesa unas 3,000 libras y está sostenido en un solo punto. El logo que hice para el Banco ProCredit era una cosa de ingeniería muy buena. Era un solo punto de apoyo, si lo pone en otro lado, se revienta. Ahorita lo han quitado porque ha venido otro banco. Querían que les hiciera uno para Alemania.

¿Lo hizo?

No, no, no.

¿Por qué?

Vaya, mira, el Árbol de la Vida que le hice a los judíos, se pusieron locos, vinieron de todas partes a que les hiciera el mismo. No lo hice. Es porque no me repito. Una vez y ya estuvo. Ellos pueden hacer réplicas y venderlas. No copio a nadie. Ni a mí mismo.

¿Qué es lo que más le gusta de su obra?

La iglesia El Rosario, porque allí está plasmada mi idea, está en el aire. La idea que primero se hace tangible por medio del dibujo.

¿Para usted no es algo triste que la obra que más le gusta haya sido una de las primeras que hizo, en su juventud?

No, es que no tuve otra oportunidad. Se burlaban tanto, que yo ya no quise seguir en esto.

¿Se arrepiente de eso?

No, hoy vienen a decirme que yo tenía razón. Mi trabajo lo habían botado. Ahora tienen miedo de encargarme algo porque creen que soy muy caro.

¿Qué es en lo que piensa justo antes de dormir?

Nada, porque si pienso, no duermo. Sufro de insomnio, tomo pastillas para dormir. Pongo la televisión y hago como que estoy dormido, y rezo. Al Divino Niño me encomiendo.

Entonces, en lo que piensa es en el Divino Niño.

Me concentro y le pido por mi esposa, porque, pobrecita, porque lucha conmigo, que soy un inválido. Todo lo que yo hacía lo hace ella. No puede la pobre. Y hay que arreglar la casa, porque quiero hacerla como museo.

¿Piensa en la muerte?

No pienso en eso. En lo único que pienso es en qué va a hacer mi esposa si me muero. No quiero morirme, no quiero dejarla sola. De morirme no tengo miedo. ¿Cuántas veces me han llevado a operarme? Hace poco me operaron en el Seguro. Y cuando terminó, el doctor me agarró del hombro y me dijo “se portó bien, se portó bien”. ¿Qué es portarse bien? Me vino a ver otro doctor, que me lo mandaron las monjitas. Me dijo que no tenía muchas posibilidades, que perdí mucha sangre, pero que era un milagro que yo estuviera bien. Me rajaron desde aquí hasta aquí (dibuja una línea desde la axila izquierda hacia el riñón de ese mismo lado), y con un aparato me abrieron las costillas. Me duele todavía. En ese hoyo, hicieron el corazón para un lado, sacaron el pulmón y le quitaron el cáncer. He estado tan cerca, tan cerca, tan cerca… en la última vez que me operaron, siento que he nacido otra vez. Fue en febrero. Son cinco meses. Y mire, riéndome. Cuando me quitaron el pie, porque me lo quitaron sin decirme…

¿Hace cuánto fue?

En agosto, tengo un año. ¿Qué pasó? A reír me puse. Después de eso me dieron seis reconocimientos. Hasta que me han comprendido. Yo me adelanté mucho. Vienen a reconocerme, fíjese, de Estambul, de India, de Europa, de todas partes. De Estambul, donde está (la catedral de) Santa Sofía. De allí viene un reconocimiento para mí.

¿Ahorita no está yendo a terapia?

No, ahorita no. Otra cosa que tengo mala es que no me puedo quitar el pie, este pie (señala el muñón de la pierna izquierda). Siento que me pegan duro, escapo a llorar. El pie me duele mucho, siento que lo hago así (apuña la mano para ilustrar), dormido. Tenía un uñero que todavía me duele.

¿Siente que todavía tiene el pie?

El cerebro no quiere comprender. Ahorita me está haciendo así, como que palpitara. Pero me tomo una pastilla para apaciguar los nervios. Es un sufrimiento terrible. La columna la tengo dañada.

Cuando sueña, ¿sueña que tiene el pie?

No sueño, muy raras veces sueño. Mire, no vaya a creer que soy un ególatra. Pero no puedo mentir. Además, afuera lo dicen. Mis paisanos no me reconocen, hasta hoy me reconocen. Me dieron una pensión vitalicia, un salario mínimo. ¿Qué voy a hacer con eso? Estoy feliz porque hace poco vendí una escultura, porque con eso compro la prótesis, que son bien caras. La que voy a comprar yo vale $1,700. Cuando venda el caballo voy pagarla, y voy a pagar otras cosas. Porque pagamos cabal los gastos de la casa, con mis ahorros, pero esos poco a poco se van haciendo más pequeños. Al tener el pie tengo que recuperar capital.

¿Es posible que le salga un encargo grande, el que tanto espera?

Creo que sí, porque hoy ya creen en mí. Antes decían que era bueno, pero no me aceptaban. Aunque tarde, mi país ha comenzado a ser justo conmigo.

Los sucesos de Nicaragua

Una de las cosas que más me impresionó cuando llegué a Nicaragua fue el ambiente generalizado de euforia y entusiasmo, de alegría contagiosa que se vivía en el país. Fue a inicios de la década de los ochenta. Comenzaba la revolución sandinista. Nacía una esperanza: la de poder construir un país más justo, con igualdad de derechos para todos.

El entusiasmo se impuso a pesar de la realidad. Surgieron retos, obstáculos y opositores poderosos casi de inmediato. El entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, declaró un embargo económico y comercial. Nicaragua entró en guerra y en escasez extrema.

Fueron tiempos duros, sobre todo para quienes vivían en las zonas de conflicto en el norte y el sur del país. La amenaza de una intervención militar estadounidense era permanente. La euforia inicial fue degradándose ante la comprensión generalizada de que transformar una sociedad es una tarea más compleja de lo que nadie imaginó.

La revolución sandinista entró en agonía en el instante mismo en que altos dirigentes y sus allegados cedieron a todas las tentaciones que les ofreció el poder. En ese instante, en el momento de aceptar cualquier prebenda o de autorizar cualquier abuso, dichas personas traicionaron sus ideales y dejaron de ser de izquierda. Se convirtieron en lo mismo que un día criticaron y combatieron.

Muchos no admitieron ni manifestaron en público sus críticas a la revolución o al Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN). No era conveniente para nadie que se dudara de su lealtad política. Dudar de la revolución, de los dirigentes y del partido era echarse encima la sospecha de simpatizar con la contrarrevolución. No había términos medios: se estaba a favor o en contra.

Callar las críticas a la revolución era también una forma de evadir la realidad. Fue frustrante y doloroso para muchos asumir que todo se había ido al carajo desde hacía años. Nadie quería o tenía el valor de admitirlo. Algunos militantes sandinistas que habían luchado durante la insurrección comenzaron a renunciar al partido, decepcionados de lo que estaba pasando. Los resultados de las elecciones de 1990 fueron la lápida sobre la tumba de la revolución.

Cuando Daniel Ortega regresó al poder en 2007, luego de años de alianzas con todo tipo de corruptos, oportunistas y personajes oscuros de la política nicaragüense, intentó retomar el lenguaje y el proyecto original del sandinismo, más para aprovecharse de los rezagos románticos de la revolución que por una intención real de transformar la sociedad. Nicaragua se decía de nuevo revolucionaria, además de “socialista, cristiana y solidaria”.

Desde abril de este año, amplios sectores de la sociedad nicaragüense realizan protestas que han provocado una ola de represión gubernamental que no se vivía desde hace décadas. Numerosos organismos internacionales, la OEA, personalidades de diferentes procedencias y 13 gobiernos latinoamericanos han condenado la represión, exigiendo el cese de la misma para instaurar un diálogo y encontrar una solución al conflicto.

Mientras tanto, el FMLN y el presidente Salvador Sánchez Cerén han manifestado, en más de una ocasión, su respaldo a Daniel Ortega. En el reciente XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo, Sánchez Cerén dijo apoyar al pueblo y Gobierno de Nicaragua “ante los intentos desestabilizadores para alterar el orden constitucional, derrocar por la fuerza al Gobierno legítimamente electo y arrebatar a la población los grandes avances sociales y económicos en uno de los países que alcanzó el mayor crecimiento y estabilidad en la región”.

Es fácil comprender que entre ambas organizaciones, el FMLN y el FSLN, existen lealtades políticas de vieja data. Pero es de sentido común pensar que lo que se necesita lograr de inmediato es el cese de la represión ejecutada por los paramilitares progobierno y la Policía. No puede haber diálogo mientras se siga matando gente, mientras cualquiera y toda persona que levante su voz en contra de lo que está ocurriendo sea desaparecida, torturada y encarcelada.

Nadie puede ni debe avalar la represión en Nicaragua. Amenazar, denigrar, amedrentar y asesinar a los opositores y críticos políticos no puede volver a ser práctica común en nuestra región. Es doloroso ver las numerosas escenas que han circulado en redes sociales sobre los sucesos en Nicaragua. Doloroso porque son malditamente similares a los eventos que propiciaron las guerras centroamericanas en los ochenta.

Doloroso porque cuando todos los involucrados fumaron sus pipas de la paz juraron que eso no volvería a ocurrir nunca más. Y está ocurriendo. Tanto más decepcionante resulta cuando quien lo comete fue alguno de los luchadores del pasado.

Cuando un gobernante accede al poder y comienza a manejar la presidencia como un espacio para favorecerse a sí mismo y a los suyos traiciona a su partido y a su ideología. Cuando lo que mueve a un gobernante es la avaricia, la mezquindad y la acumulación de riqueza y poder a costa de la explotación social, de la violación de los derechos humanos y de las libertades individuales, ese gobernante ya no representa a nadie ni tiene ideología alguna. Es un corrupto, un represor. No es un político, es un traidor de la causa, alguien que se sirve a sí mismo y nada más. Traiciona su condición de funcionario público, defraudando con ello la confianza que los votantes depositaron en su persona. Eso lo hace inútil para seguir ocupando su cargo.

En ese sentido, exigir el cese de la represión en Nicaragua no implica traicionar ningún pensamiento de izquierda, ni estar del lado de ninguna conspiración internacional. Es un acto de decencia ante el retorno de prácticas que se consideraban superadas y desterradas para siempre de nuestros países.

Para quien se identifique con el pensamiento de izquierda, los sucesos de Nicaragua deben hacernos reflexionar sobre la urgente necesidad de un debate franco y honesto; un debate que permita la renovación y modernización de la izquierda, sus conceptos, su discurso y su práctica.

Nadie le debe lealtad incondicional a un dictador. Nadie le debe obediencia a quien ordena robar, torturar, secuestrar, violar, aterrorizar y matar. Sea de la ideología que sea.

Educación sexual y privilegio

La educación sigue siendo, tristemente, un privilegio. La calidad de la educación que se recibe disminuye a medida que lo hace el poder adquisitivo que se tiene. La cobertura y calidad de la educación siguen siendo bajísimas en nuestro país, con las consecuencias de bajo desarrollo y estancamiento económico que conocemos bien.

Pero si la educación en general es un privilegio, la educación sexual lo es aún más. Conocer cómo funciona nuestro cuerpo, tener nociones de sexualidad responsable, saber detectar y prevenir abusos, y conocer los mecanismos de la reproducción humana y los métodos para planificar los embarazos y prevenir enfermedades de transmisión sexual es un lujo de unos pocos.

Muchos estarán pensando: “¡Ah, no!, con tanta información que hay disponible ahora, es un pecado que no sepan”. Claro, quienes piensan así lo hacen desde su propia experiencia y según su entorno. Para tener una visión más clara de las cosas es importante bajarse de la posición de privilegio –porque si usted terminó siquiera el bachillerato, está muy por encima de la mayoría de la población– y entender cómo se vive en los estratos más pobres, que son, además, los más numerosos.

Es bonito soñar con un mundo en el que todos los hogares tienen una madre y un padre que son responsables, que tuvieron a sus hijos por voluntad propia y con suficiente preparación, que ellos mismos tienen buenas bases de educación sexual y que, además, son mentalmente sanos. En este escenario ideal no habría necesidad de mayor intervención externa; es el ambiente propicio para criar y educar hijos sanos en todo sentido. La parte de la educación sexual respondería, entonces, a los valores, las creencias, los principios y la formación que tienen los mismos padres.

Pero esto no es así ni por lejos en nuestro país. En El Salvador, siete de cada 10 familias no son nucleares. La mayoría son monoparentales, frecuentemente solo a cargo de la madre, o el jefe de hogar es un tío, abuelo, hermano mayor u otro familiar. En muy pocos hogares los jefes de familia tienen educación superior. El cuadro que se repite son familias integradas de forma no tradicional, en las que los adultos trabajan muchas horas para sostener a la familia, y los niños pasan solos la mayor parte del tiempo.

“Pero hay información en todos lados, el internet, la televisión”. Exactamente. Los medios y su visión comercial del sexo están disponibles a toda hora. En internet, la pornografía se convierte en la mala maestra de demasiados niños y niñas, que no pueden comprender, por su edad y porque no hay quién se los explique, que no es más que una caricatura de lo que realmente implica la sexualidad.

Sin una guía siquiera básica, muchos niños se vuelven víctimas de abuso sin siquiera saberlo. Veamos los casos de violaciones sexuales a menores, y lo tristemente frecuente que es que los victimarios sean, precisamente, sus familiares y personas cercanas. Cuánto bien haría que alguien, aunque fuera externo, les planteara a estas criaturas que su cuerpo debe respetarse, que nadie debe tocarlos, ni su papá, ni el cura, ni el pastor, que eso es abuso.

Ahora, la situación se agrava, como pasa con casi todo, mientras menos urbana es la zona en la que se vive. Piense en todas esas pobres muchachas de cantones que en su vida han escuchado siquiera el nombre real de las partes de su cuerpo. Piense en todos esos niños que aprenden de sexo porque ven a sus familiares teniendo relaciones en la champa en que conviven con otras 10 personas. Ellos son mayoría, ellos son víctimas, a ellos nos debemos.

Sé que el debate de la educación sexual en las escuelas es un terreno árido aún, pero no hay que sacar el tema de la mesa. Un Estado de bienestar requiere que sus ciudadanos estén debidamente educados, en todo aspecto de la vida. Pongámonos de acuerdo y encendamos esa luz, no dejemos que la ignorancia nos siga dejando este saldo negro de infantes violados, de niñas embarazadas y de adultos que jamás lograron tener una sexualidad sana. Hablemos, eduquemos, que esto no sea un privilegio de unos pocos.

Escupirle al país

Tiene razón el exalcalde Nayib Bukele de estar enojado porque el Tribunal Supremo Electoral decidió cancelar al CD, el partido que iba a servirle de vehículo para sus aspiraciones presidenciales. Tiene razón en decir que no se vale que el FMLN y Arena vuelvan a manosear las instituciones nacionales para, con el fin de mantener sus cuotas de poder, escupir todos los afanes democráticos que se les aparecen enfrente.

Bukele, después de ser expulsado del FMLN, y a partir de ahí intentar sin éxito consolidar su movimiento Nuevas Ideas y de que no cuajara la opción del CD por las maniobras burdas del TSE, optó por inscribirse a la Gran Alianza Nacional (GANA), el partido que nació aupado, en gran parte, por el dinero y la red política del expresidente Antonio Saca -hoy preso por acusaciones de corrupción- y sus operadores políticos. Esta democracia pobre, la nuestra, terminó dándole esa opción a Nayib Bukele, y él la tomó.

En lo que toca a la decisión del TSE y el CD, la lógica del exalcalde y del ejército de influencers que le sigue y defiende hace sentido. El Frente y ARENA, dice Bukele, están haciendo lo posible por bloquearle la posibilidad de competir por la presidencia, afligidos como están los dos partidos grandes por el pobre desempeño que por el momento muestran sus candidatos en las encuestas. Y tiene razón cuando dice que, para ello, areneros y efemelenistas vuelven a hacer uso del viejo manual: escupirles a las instituciones mientras las usan para blindarse ellos y no para lo que, según la ley, están hechas.

Pero hay muchas cosas en las que Nayib Bukele no tiene razón.

A las instituciones, sí, hay que respetarlas, siempre, no solo cuando se atraviesan en tus ganas de ser presidente.
Me cuesta creerle el discurso de indignación democrática al señor Bukele cuando recuerdo que, cuestionado por la Fiscalía por su posible relación con los acusados de plagiar las marcas de LA PRENSA GRÁFICA, el entonces alcalde optó por amenazar al fiscal general e incluso llegó a decir cosas que no eran ciertas, como que a Douglas Meléndez lo investigaba la DEA estadounidense.

A la democracia y sus instituciones no se las mejora haciendo pataletas, sobre todo desde posiciones de poder, sino haciendo política seria, usando el poder para empujar reformas, no para alentar a los muchachos del “juicio del meme”.
Y me cuesta creerle al fundador de Nuevas Ideas cuando reviso que, cada vez que ha sido cuestionado, su respuesta ha sido la misma: no responder por lo que se le reclama, que no ha sido poco, sino atacar a quien le reclama. Pasó cuando el Tribunal de Ética Gubernamental le señaló los conflictos de interés que implica que una empresa de su familia haya estado vinculada a la alcaldía de San Salvador, o cuando un examen de Probidad concluyó que él no había pagado impuestos por donaciones recibidas.

Y no creo que a la democracia se la mejore desde un partido en el que han pululado los Saca y Guillermo Gallegos.
El TSE le ha escupido a la salud democrática del país otra vez, sí, pero ya Nayib Bukele había hecho lo propio antes cuando se puso matón.

Perdí la cuenta ya de cuántas veces en los años largos que llevo en esto del periodismo escuché a políticos, académicos y colegas decir que la única forma de limpiar la cloaca de corrupción y abuso del Estado en el que vivimos desde siempre es fortaleciendo las instituciones de nuestra democracia. Perdí la cuenta ya de cuántas veces lo escribí yo mismo.

Es bien simple: mientras los entes contralores y jurisdiccionales sigan al servicio de las mismas mafias políticas de derechas e izquierdas, que llevan años ahorcándonos, aquí la salida de esa cloaca se pinta bien lejana.
Fortalecer las instituciones pasa porque quienes les dan vida legal -los diputados- y quienes las operan y supervisan -el Ejecutivo y el Judicial- las respeten y las cuiden como los pilares democráticos que están llamadas a ser.

El problema es que si cada vez que un partido, un candidato o un político popular que quiere ser presidente ven amenazados sus intereses las únicas respuestas que dan pasan por desprestigiar o secuestrar esas instituciones, lo único que hacen es seguirle escupiendo al país.

P.D.: También es escupirle al país avalar a troles y plumas a sueldo en la estupidez esa de incitar violencia. Demasiada sangre de salvadoreños ha corrido y corre a diario para hacer eco a esas payasadas.

Carta Editorial

Rubén Martínez es el arquitecto que diseñó y ayudó a construir la iglesia El Rosario. También es el cerebro detrás del Cristo de la Paz y del Monumento a la Constitución. Hizo bustos: desde Roberto d’Aubuisson hasta Mauricio Funes. En una iglesia de Costa Rica hay una más de sus obras, una de 4 metros. Su carrera está llena de esos que ahora son referencia física de la ciudad, ha recibido encargos desde fuera del país y hasta ha sido imitado. Su queja, sin embargo, es la misma que la de otros artistas que han sido entrevistados en este espacio: el reconocimiento de este país que lo vio nacer ha tardado demasiado en llegar.

No es una queja hueca. No es algo que se pueda dejar pasar solo porque todos lo dicen. De hecho, debería ser motivo de mucha vergüenza que este sea el sentimiento que uniforma a quienes aquí han buscado mantener una carrera relacionada con el arte y la cultura. Dice mucho, para mal, de quiénes somos y cómo nos recibimos.
La forma en la que se construye la memoria histórica de un país está influenciada por los personajes que toman por asalto las coyunturas. Así, un texto de esta edición narra cómo la ciudad de Medellín, en Colombia, lucha por descartar del ideario colectivo la imagen romántica de Pablo Escobar como un Robin Hood y busca que ningún narcotraficante sanguinario pueda limpiar su imagen y soslayar sus crímenes entre la sed de héroes de una sociedad de posguerra.

En El Salvador nos falta dar su lugar a personajes que sean referentes con mística de disciplina y dedicación. Nos falta entregar a las nuevas generaciones información suficiente de esos personajes que, al margen de sus imperfecciones y de la ingratitud del entorno, supieron formarse, crear y dejar huella. Urge ser más justos para encontrar la ruta a la reconciliación.

“La poesía debería ser regalada a los otros”

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Este de escribir poemas.

Cuáles son sus palabras recurrentes?

Casa, país, isla, madre, rosa.

¿Qué no perdonaría?

A los traidores.

Si pudiera cambiar un problema en el mundo, ¿cuál sería?

La violencia. Me llena el corazón de amargura cuando sé que hay personas temiendo por sus vidas o su integridad física o humana. Esa será siempre la mayor vergüenza de la mal llamada “civilización”. El miedo no deja crecer a los pueblos.

¿Cuáles son los temas recurrentes en su trabajo?

El amor, la muerte, la soledad; sobre ellos gira toda la creación humana.

¿Qué es lo más ilícito que ha hecho?

Cobrar por leer mis poemas. La poesía debería ser regalada a los otros como si estuviéramos agradecidos de un don. El poder de alcanzar a nombrar las cosas como si fuéramos Dios. Pero no solo de poesía vive el ser biológico, que también somos los poetas.

¿Cuáles son sus nombres favoritos?

Nancy y Luis.

Buzón

Lejanía. Alumnos de un centro escolar de Candelaria de la Frontera, Santa Ana, cuentan con una biblioteca creada por una ONG. En los municipios fronterizos la ausencia del Estado es mayor.

La necesidad de contar con más bibliotecas en el sistema educativo de El Salvador

Es muy preocupante la situación de las escuelas que no tienen bibliotecas. De esta manera se nota lo poco que al Ministerio de Educación le ha importado la instrucción que se da a los niños. Esta es otra de las razones por las cuales no tenemos formado a este pueblo para que sepa cómo exigir sus derechos y mantenerse con un criterio definido que le permita elegir bien a las autoridades. Leer es primordial en los primeros años de educación, y aquí no los aprovechamos; es muy lamentable que no se hagan las inversiones en libros y que se gaste tanto en uniformes. Esto denota que lo que importa es la apariencia y el populismo en lugar de una educación en serio. Me entristece que no podamos hacer que las nuevas generaciones tengan algo mejor que lo que nosotros tuvimos. Saber que solo dos escuelas por cada 10 que hay tienen bibliotecas es algo que nos va a marcar para siempre en cualquier meta que tengamos como país.

Cristian Salazar
cristiansala7812@gmail.com

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (202)

1653. EN FAMILIA

Toda la vida había tenido la íntima y palpitante ilusión de vivir en un bosque, y eso se le hacía cada vez más difícil de realizar porque los espacios abiertos se iban volviendo crecientemente inhóspitos en su lugar de origen. Pero el destino tiene razones que la realidad no entiende. Y así, sin proponérselo, se halló con su propia respuesta en un viaje de trabajo. Era mánager en una empresa de innovación tecnológica y tuvo que acudir a un encuentro internacional en Bengaluru, en el sur de la India. Ahí se hospedó en el Taj West End, centenario hotel con talante boscoso. Entre los inmensos árboles de flor de fuego y de tamarindo, él comenzó a caminar como un poseso de su propia intimidad. Las ardillas, los cuervos y los gansos le hacían compañía. No volvió a aparecer en las reuniones de trabajo. No volvió a aparecer. Ahora era el hijo adoptivo del bosque.

1654. PASIÓN DE PÉTALOS

Estaba dedicado a armar sobre el suelo figuras de flores haciéndolo con pétalos de marigold, rosa y crisantemo obtenidos de las plantas que estaban sembradas para eso en un predio cercano dentro de las mismas instalaciones. Los huéspedes del hotel admiraban con frecuencia su trabajo, pero casi nunca se lo decían. Hasta que arribó la pareja de ultramar que era adicta a los detalles inspiradores. Cada mañana entraba Raju a construir su corola multicolor en el piso junto a la ventana que daba al jardín. Y fue desde el jardín que llegó la señal de que todos aquellos pétalos ordenados en el piso seguían teniendo vida propia. Fue un rayo de sol, que venía de cruzar los ramajes circundantes, el que fue a posarse en la cabeza de Raju, mientras estaba inclinado ordenando la corola multicolor. En un segundo, los pétalos palpitaron como si saludaran al maestro.

1655. LOS SUEÑOS VIVOS

Después de graduarse de interiores, buscó establecer su propia empresa, y fue a buscar el local propicio. En la ciudad menudeaban los espacios posibles, pero ninguno le hacía sentir inspirado. Se fue entonces a los suburbios, donde ahora nadie quería estar, y ahí descubrió de inmediato una casita que parecía diseñada para albergar un cuento de hadas. No tuvo que cambiar nada en el interior, y lo único que hizo fue anunciar en las redes sociales que ponía sus conocimientos al servicio de los eventuales clientes. Solo correspondió una señora que le pidió que le remodelara su casa. Fue a conocer el lugar. Era una buhardilla vacía. La señora le explicó: “Este es mi hogar, y quiero que sea lo más acogedor para todos mis acompañantes…” Mirada interrogante. “Sí, yo vivo aquí con mis sueños y lo que más me interesa es que estén felices conmigo”.

1656. EN EL MISMO CÍRCULO

El éxito económico le propició un traslado que parecía un salto imaginario en el vacío: de una casita en la colonia San Mateo, de San Salvador, a un apartamento elevado en el East Side de Manhattan. Como todo su trabajo lo realizaba hoy desde su sistema virtual, apenas tenía necesidad de salir de su privilegiado encierro. Eso sí, el mundo de sus sentimientos se le abría como un horizonte para escoger. Y él escogió pedirle a Miriam que se fuera a vivir con él. Ella era una inmigrante a la que había conocido en un restaurante latino de los alrededores. Curiosamente, Miriam venía de una comunidad marginal muy cercana a la colonia San Mateo. La convivencia les hizo sentir que regresaban a su mundo originario. Y eso sí era completar el éxito que por distintas vías andaban buscando. Lo celebraron haciendo planes de boda.

1657. CASA SEGURA

Aquel apartamentito había estado desocupado por largo tiempo, hasta el punto que ninguno de los vecinos de los entornos recordaba a sus últimos moradores. El edificio era de los más antiguos del lugar, y el deterioro estaba a la vista. Cuando el joven inmigrante se instaló ahí porque era lo único que podía costear, fue como si de pronto una ráfaga de bienvenida se esparciera por los espacios polvorientos, levantando nubecillas aleteantes. Él era indocumentado, y vivía mordido por el pálpito de que ICE llegara un día de tantos a capturarlo para la deportación; pero en aquel mismo minuto se sintió envuelto por una protección superior. Era como si las paredes ruinosas y las maderas descascaradas le ofrecieran su acogida más entrañable. Y él respiró serenamente por primera vez desde su arribo. Aquella sensación de amparo le daba el necesario blindaje a su propia ilusión.

1658. LA BOLA DE CRISTAL

El cristal se empañó de repente y fue como si la superficie quedara lista para recibir algún aliento gráfico de lo desconocido. Tenía libre aquella tarde y podía esperar sin prisa cualquier cosa que el cristal quisiera decirle. Se ubicó en la butaca que apenas se elevaba del suelo áspero, y ahí se quedó inmóvil, aguardando mensajes. La densa bruma instalada en el cristal estuvo quieta por un buen rato, pero después empezó a distenderse, como si quisiera dejar una rendija disponible. Él se dio por aludido, y fue incorporándose para atravesar hacia adentro. Así lo hizo, dando un salto de gimnasta venido a menos. Ya en el interior sintió que el cristal lo recibía abriéndole los brazos. Se dejó conducir, como discípulo feliz de recuperar tal condición. Era el retorno al hogar original, porque ahora estaba seguro de que aquel cristal era su conciencia, largamente olvidada.

1659. EN LA CRUZADILLA

Al preguntarle por su experiencia personal, siempre se quedaba mudo. Y se lo preguntaban porque se había corrido la bola de que era alguien fuera de lo común, lo cual hacía que lo vieran casi como a un extraterrestre. En la zona vivían muchas gentes extrañas, que reverenciaban la clandestinidad inescapable. Él, entonces, no era ninguna excepción en el ambiente, aunque se tratara de situaciones totalmente distintas. Un día cualquiera se produjo el cruce de realidades. Un pequeño grupo de pandilleros venía huyendo de la persecución policial y saltaron el muro que limitaba su patiecito posterior. Los agentes golpearon su puerta: “¡Vamos a entrar, y vos date por preso!” No hallaron a nadie en el interior y él salió esposado. ¿Qué había ocurrido? Los delincuentes siguen al aire libre y él está encerrado en la celda sucia. ¿En qué mundo vivimos?

1660. COLOQUIO ENTRE ELEGIDOS

Llegaba todos los días al cementerio e iba a arrodillarse frente a una lápida que no tenía ningún signo identificador. Nadie reparaba en aquella escena cotidiana hasta que pasó aquel adolescente que andaba en busca de sensaciones iniciales. “¿Quién es usted, señor?” “¿Yo? El que quiere volver a su hogar, pero no halla cómo…” “¿Quiere decir que usted es un alma en pena?” El aludido soltó una risita casi burlesca. Y el muchacho le hizo entonces una petición muy propia: “Y si es así, podría darme la receta para ser un alma en pena que quiere ser un alma en alegría?”

Hacienda Nápoles: del terror de Pablo Escobar a las risas de un pueblo

Hacienda Nápoles

La niña Catalina, de apenas seis años, no lo sabe y, la verdad, no tiene por qué saberlo. Solita, mientras salpica agua con las pequeñas manos y sonríe pícara en una extensa y colorida piscina, ni imagina que hace un tiempo el sitio donde ahora juega tenía muy poco o nada de divertido.

La ‘peladita’, como suelen decir los colombianos, la está ‘pasando bueno’ nada más y nada menos que en la famosa hacienda Nápoles, la finca en que el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria comenzó a esculpir su esfinge de hombre poderoso y en la que se presume pudo haber planeado varios de sus terroríficos crímenes.

A Catalina no le importa eso, a nosotros sí; por eso la pregunta salta: ¿qué hace esa niña jugando ahí?
Ubicada en Puerto Triunfo, Antioquia, el objetivo original de aquella histórica hacienda era solo uno: ostentar. Por eso, cuando “el Patrón del Mal” la fundó en 1978, hizo una escandalosa fiesta y hasta contrató a un equipo de televisión extranjero para que realizara un documental sobre el sitio.

Tenía que quedar en actas que ahí existía una casona de lujo, seis piscinas, 27 lagos artificiales, una gasolinera propia, una pista de aterrizaje, helipuertos y hasta una plaza de toros. Pero, sobre todo, el mundo debía enterarse de que 1,500 especies de animales, como rinocerontes, hipopótamos, camellos, jirafas, elefantes y hasta canguros, convivían en la hacienda Nápoles gracias al poderío del capo de los capos, el “hombre fuerte de Colombia”.
Dos millones de dólares habría pagado Escobar por el lote de animales que compró a un zoológico de Dallas y se llevó como pudo en barco, pero también en vuelos clandestinos directos.

“Mi papá quedó asombrado por la variedad de animales que encontró en (Dallas) y se subió al lomo de un elefante. Sin dudarlo, negoció con los dueños del zoológico –dos hermanos, grandotes, de apellido Hunt–, pagó en efectivo y quedó en enviar muy pronto por sus animales”, escribió su hijo Juan Pablo en el polémico libro “Pablo Escobar, mi padre”.

Escobar estaba loco por sus exóticas adquisiciones y nada ni nadie le iba a quitar su obsesiva ilusión. Sin embargo, al llegar a Colombia, las autoridades se opusieron a que tan raros especímenes entraran sin ton ni son al país y que además se quedaran, sin permiso alguno, en una finca privada.

Obligaron a Escobar a donar los animales al zoológico de Medellín, pero él fue más astuto: envió unas especies a la ciudad –como se lo habían pedido– y otras las ocultó y se las llevó con sigilo a la hacienda. La operación iba perfecta hasta que le incautaron unas cebras. Escobar no deseaba perder ni una sola. Por increíble que parezca, la solución del capo fue de película: compró unos burros grises y los mandó a pintar de blanco con rayas negras verticales.
Doblando algunas voluntades, logró cambiar los burros por las cebras verdaderas, las cuales regresaron intactas a su linda “finquita”, de casi 3,000 hectáreas.

Así se tejieron algunas de las primeras anécdotas de la hacienda Nápoles, el paraíso de Escobar donde solía fugar de su ajetreada vida de bandido. Centenares de personas, vinculadas o no al negocio de la cocaína, llegaron a disfrutar de las mieles de aquel lugar y a compartir con Pablo el ‘paraíso’ en la Tierra.

Pero lo que tenía bonito lo tenía de tenebroso. Años después de la muerte de Escobar, acontecida el 2 de diciembre de 1993, en hacienda Nápoles se encontraron fosas con restos óseos y se constató –como si no hubiese sido algo obvio– que la pista ubicada ahí sirvió para transportar fuertes cargamentos de droga. Tan claro era que la entrada principal a la hacienda fue adornada con una avioneta en su cúspide, en honor del primer cargamento de cocaína realizado por Escobar.

Siempre fue un lugar escalofriante, pero con el deceso del capo cambiaría todo.

***

LA EXTRAORDINARIA CONVERSIÓN
Cuarenta años después de aquella suntuosa y extravagante inauguración, al estilo Escobar, la icónica entrada a la hacienda Nápoles es prácticamente la misma.

Es un día caluroso, casi 30 grados, y los padres de la traviesa Catalina –la misma que sigue feliz y “full” asoleada en la piscina– detuvieron su auto para tomarse una foto con la famosa avioneta.
Al igual que miles de personas que hoy visitan el lugar sin tener que pedirle permiso a Pablo, se tomaron la clásica selfie justo antes de entrar al Parque Temático Hacienda Nápoles, el centro de cultura, historia y diversión familiar en que mutó la propiedad del Patrón.

En la historia. Medellín busca extirpar de la memoria colectiva la idea de Pablo Escobar como una especia de Robin Hood. Su memoria en los museos destaca su papel como transgresor de la ley.

“Disfruta la verdadera aventura salvaje”, proclama el banner que recibe a los emocionados visitantes, quienes desde sus primeros pasos por el lugar son serenateados con sonidos de monos y gruñidos de la selva.

Si consideramos que Escobar quería convertir su finca en algo exótico y nada convencional, cuatro décadas después podríamos decir que el capo se salió con la suya, pero de un modo que nunca pudo haber imaginado.

En los últimos años, la ciudad de Medellín y en general todo el departamento colombiano de Antioquia se ha distinguido por la recuperación de espacios públicos en favor de sus ciudadanos. Se trata de focos de cultura y esparcimiento que han intentado curar, con éxito probado, muchas de las heridas dejadas por la guerra narco de los años ochenta y noventa.

Ubicada a 165 kilómetros de Medellín, la hacienda Nápoles no se escapó a esta tendencia. Tras una exitosa alianza entre la empresa privada y el estado colombiano, lo que antes fue un lugar de dolor, derroche sin sentido e incluso muerte se convirtió en un espacio para compartir en familia y reivindicar con risas el pasado.

Desde 2008, el Parque Temático hacienda Nápoles se erigió como el centro de entretenimiento más grande de su tipo en Suramérica, y la principal fuente de empleo para las comunidades cercanas. En 2012, además, fue elegido por la revista Times como uno de los 10 parques más exóticos del mundo.

Obligaron a Escobar a donar los animales al zoológico de Medellín, pero él fue más astuto. Envió unas especies a la ciudad –como se lo habían pedido– y otras las ocultó y se las llevó con sigilo a la hacienda. La operación iba perfecta hasta que le incautaron unas cebras. Escobar no deseaba perder ni una sola. Por increíble que parezca, la solución del capo fue de película: compró unos burros grises y los mandó a pintar de blanco con rayas negras verticales.

Quien lo visite podrá encontrar ahí cinco parques acuáticos, un parque jurásico, dos museos, un mariposario, cinco hoteles de lujo y una buena parte de los animales de los que alguna una vez alardeó Escobar. Solo por mencionar algunos, se aprecian elefantes, tigres, rinocerontes y las queridas cebras de Pablo.

Además, en el parque se puede observar la mayor población de hipopótamos en el mundo que conviven fuera de la sabana africana.

Desde que se ingresa al Parque Temático Hacienda Nápoles, todo huele a safari, aventura, vacaciones y buen “ride”. Es una zona calurosa, por lo que de entrada pocos se resisten a echarse un chapuzón en el Octopus, una estructura gigante en forma de pulpo compuesta por largos toboganes, caídas de agua, charcos, cascadas, senderos y cataratas artificiales.

Es plan imperdible hacer el tour de animales y visitar como complemento el museo antropológico y etnográfico de África, que cuenta con colecciones únicas acerca de la historia y los grupos étnicos de ese lejano continente.
Pero es evidente, por más actividades de recreación que existan, que el morbo siempre gana y se asoma curioso entre el clima caliente, los jugos refrescantes y las piñas coladas. ¿Cómo no recordar a Escobar pisando las que fueron sus propias tierras?

Pues tranquilos, en el parque temático Escobar no es un tabú. De hecho, los visitantes suelen visitar y tomarse fotos en la famosa pista de aterrizaje, en la arena de la plaza de toros donde se dice que cantó el mismísimo Vicente Fernández y, como es lógico, en la que fuera la famosa mansión del narco.

A la antigua casa de Escobar, ahora en ruinas, se le conoce hoy en día como el Museo Memorial, un recorrido histórico que de ninguna manera pretende poner a Pablo como héroe; todo lo contrario, funciona como un recordatorio del dolor y la tragedia que causó su ambición.

“El objetivo del museo es desnaturalizar la leyenda, quitar la creencia de que esos delincuentes tienen un beneficio social y no permitir que la siniestra figura de Escobar se presente como un Robin Hood”, explicó Álvaro Morales, curador del museo, al sitio electrónico Elmundo.com.

Para Morales, el museo es más bien un homenaje a las víctimas de la guerra narco. Recuerda, además, que antes de que el parque temático pusiera su primera piedra, la hacienda era un oscuro y abandonado sitio, comido por la maleza y con toda la mala reputación del mundo.
“Cuando iniciamos el proyecto, los estudios de memoria histórica sobre Escobar eran pocos. Lo que hicimos fue retomar cómo se vivió el fenómeno y para eso recurrimos a la prensa. Tomamos las portadas de cada uno de los episodios de sangre y dolor e hicimos un contexto de cómo la cultura y la resistencia civil nos permitieron seguir adelante”, añadió Morales.

Por ende, no es raro que antes de entrar al Museo de la Memoria, un letrero gigante grite con fiereza y orgullo “¡Triunfó el Estado!”, en clara referencia a Colombia y a los resultados positivos de una lucha a muerte con su principal enemigo.

Pero lo que más grita en el Parque Temático Hacienda Nápoles no es el letrero, es Catalina, quien se resiste con todo a que sus papás la saquen de la “rica” piscina.

La niña grita, simbólicamente, por todos los chicos, jóvenes y familias que hoy gozan con todo con lo que Escobar no pudo, o al menos no tanto como hubiese querido.

En esa línea, hacienda Nápoles es como una singular herencia o, más bien, un pago resarcitorio de Escobar por un daño sensible e irreparable a su propia gente.

Qué ironía y qué verdad más extraña, Escobar tuvo tanto dinero y poder que aún muerto sigue pagando la fiesta. Claro que de la Nápoles de “coca” y mafiosos ya no que nada; de risas y gritos como los de Cata, muchos. Del infierno narco al cielo.

Fortuna. Más de $2 millones pagó Pablo Escobar por importar a Colombia animales exóticos para ambientar su finca.

Brasil busca blindar elecciones contra “fake news”

Complejidad. Brasil contará con 35 partidos políticos compitiendo en las elecciones presidenciales de este año. Tras la inhabilitación de Lula Da Silva no hay un claro favorito para ganar.

A menos de tres meses de la elección presidencial más imprevisible en Brasil desde el retorno democrático en 1985, la justicia electoral prepara un operativo inédito de blindaje y combate a las “fake news” para intentar aislar su influencia durante la campaña.

En las últimas semanas, la propagación de información falsa en torno a la huelga nacional de camioneros y anteriormente del asesinato de la concejala de Río de Janeiro, Marielle Franco, probaron el poder de contaminación del debate público y encendieron las alarmas del Tribunal Superior Electoral (TSE), encargado de conducir el proceso electoral.

Primero fue apenas una advertencia que sorprendió por su tenor. A fines del mes pasado, el presidente del TSE, Luiz Fux, dijo que la elección podría suspenderse si las noticias fraudulentas favoreciesen ampliamente a algún candidato. Días después, el TSE reunió a 28 de los 35 partidos que participarán de los comicios y firmaron un acuerdo de colaboración por una elección “limpia”. Finalmente, el 28 de junio pasado, Google y Facebook se sumaron a la cruzada contra estas noticias y se comprometieron ante el tribunal a remover de la red las informaciones falsas que sean detectadas.

Los brasileños irán a las urnas el 7 de octubre en una elección que ofrece un panorama incierto. Con el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva preso en Curitiba por corrupción y fuera de carrera debido a la Ley Ficha Limpia, que impide ser candidato a cualquier condenado en segunda instancia, ninguno de los aspirantes al Palacio del Planalto supera el 20 % de intención de voto, según los últimos sondeos.

“Creemos que con diferentes acciones y acuerdos vamos a garantizar condiciones limpias. Estamos preparándonos para que no suceda lo que pasó en las últimas elecciones de Francia, Estados Unidos y en la votación por el ‘brexit’ en Gran Bretaña”, aseguró Fux en una entrevista con The Associated Press.

En Francia, el presidente Emmanuel Macron fue víctima de una noticia falsa que daba cuenta de una supuesta relación homosexual con el presidente de una importante radio. En Estados Unidos, la justicia investiga si el equipo de campaña de Donald Trump, con apoyo del Kremlin, montó una guerra informativa para dañar a la candidata Hillary Clinton. Y en el referendo de desconexión de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), una serie de noticias falsas podría haber influenciado a los británicos a optar por salir de la UE.

El presidente del TSE advirtió que además de accionar penalmente en la justicia, el tribunal estará habilitado para aplicar el poder de su policía contra quienes originen y difundan noticias falsas.
Según la legislación brasileña, el delito de divulgación de hechos a sabiendas falsos para ejercer influencia en el electorado constituye un crimen, penado con el pago de multas y con hasta dos años de prisión.

“Vamos a trabajar con órganos de Inteligencia para verificar de dónde vienen informaciones falsas, con el auxilio de la Policía Federal y la fiscalización del Ministerio Público y de un Comité de Prensa. Pero lo más importante para un combate efectivo es la cultura del pueblo, que los electores sepan chequear una información que circula en las redes para que puedan ejercer el voto conscientemente”, dijo el presidente del TSE.

En los próximos días, el tribunal lanzará una campaña educativa sobre el chequeo de información en la radio y la televisión de Brasil, donde recientemente han incrementado las noticias falsas.

Durante la huelga de camioneros, a fines de mayo, proliferaron informaciones que daban cuenta de una inminente intervención militar, hasta otras que afirmaban que el presidente Michel Temer estaba próximo a renunciar.

Más allá de esto, ningún caso de contaminación informativa fue tan claro como el del asesinato de la concejala Franco, el 14 de marzo pasado. En los días posteriores se propagaron informaciones que relacionaban a la concejala con un poderoso narcotraficante y señalaban que su campaña había sido financiada por el Comando Vermelho, una de las facciones criminales más poderosas de Río. Los artículos falsos estaban motorizados por una página de Facebook del Movimento Brasil Livre (MBL) y amplificado por perfiles de un diputado federal y una jueza, según reveló una investigación del Laboratorio de Estudios Sobre Imagen y Cibercultura (Labic) de la Universidad Federal de Espírito Santos.

El despliegue de la justicia brasileña contra las notas fraudulentas en la víspera de una elección presidencial promete tener un alcance inédito para la región. En México, donde se celebraron elecciones hace unas semanas, la autoridad electoral apenas hizo un convenio con Facebook para tomar recaudos en la difusión de noticias falsas, aunque en paralelo surgieron iniciativas ciudadanas.

Para Fabio Malini, profesor y miembro del Labic, el desafío que enfrenta el TSE es enorme en relación con su capacidad operativa.

“Además del volumen de contenidos falsos que pueden circular, los políticos a veces afirman que una información es falsa porque los perjudica, y eso hay que analizarlo. Será imposible atender con rigor todos los casos con la estructura actual”, dijo Malini a AP.

A principios de junio, la justicia sentó un precedente importante: por primera vez intervino en un caso de noticias falsas en la precampaña. El magistrado Sérgio Banhos, del TSE, ordenó borrar cinco textos falsos que circulaban en internet y vinculaban a la candidata ecologista Marina Silva (Red Sustentabilidad) con la megacausa de corrupción del Lava Jato.

Un 85 % de los brasileños está alerta respecto a la veracidad y a una posible manipulación del contenido de las noticias que lee. El gigante suramericano aparece en el informe por encima de Portugal (71 %) y Estados Unidos (64 %).

Desde marzo de 2014, la investigación del Lava Jato comenzó a destapar el mayor esquema de pago de coimas, desvíos y lavado de dinero en la historia de Brasil. El entramado de corrupción involucró a Petrobras, empresas de la construcción y políticos de varios partidos que mediante el cobro de coimas y prebendas garantizaban a cambio contratos y trato preferencial a diferentes empresarios. La operación tuvo sus ramificaciones en casi toda Latinoamérica.

En el caso de Silva, la justicia entendió que un perfil de Facebook con más de un millón de seguidores publicaba informaciones no verídicas que ofendían su imagen.

La inquietud por las noticias falsas en Brasil no alcanza solamente a los miembros del poder judicial. De acuerdo con un reciente informe de la Universidad de Oxford y el Instituto Reuters, Brasil es uno de los países más preocupados por las noticias falsas. Un 85 % de los brasileños está alerta respecto a la veracidad y a una posible manipulación del contenido de las noticias que lee.

El gigante suramericano aparece en el informe por encima de Portugal (71 %) y Estados Unidos (64 %) y lejos de países como Alemania (37 %) u Holanda (30 %), donde el temor a la contaminación informativa es menor. Según Iván Paganotti, investigador de la Universidad de Sao Paulo, hay factores específicos que determinan una vulnerabilidad mayor de los brasileños.

“Existe una población media con baja escolaridad, que no tiene tradición de consumir informaciones, y que tiene dificultades para discernir entre las noticias rigurosas y los rumores o informaciones falsas. Además, el país vive un contexto de hiperpolarización, un escenario que dificulta el debate público y deja todo sujeto a pasiones y odios”, aseguró Paganotti.

Brasil vive un escenario de polarización acentuada desde 2013, año bisagra por las enormes movilizaciones callejeras contra el gobierno de la expresidenta Dilma Rousseff (2011-2016), que surgieron como una rebelión contra el aumento del transporte. Tres años más tarde, la grieta se acentuó con el debate alrededor del juicio político a Rousseff y las grandes movilizaciones a favor y en contra.

“Una candidatura puede ser perjudicada por una noticia distorsiva que circula y, en un tiempo corto, acabar decidiendo una elección”, opinó Malini.

En un escenario por demás impredecible, la justicia intenta darle una pátina de certidumbre al futuro de la nación más grande de Suramérica.

Conocimiento. El Tribunal Supremo Electoral de Brasil, junto la Unión Europea, realizó un seminario para analizar el impacto de las “fake news” en la vida de los brasileños.