Diez años de abusos

Abuso de menores

De 133 niñas de menos de 11 años que denunciaron agresión sexual en 2010 subió a 353 en 2017. Y estos son los casos que llegan a alguna instancia, las autoridades reconocen que un gran porcentaje se queda en silencio. Una revisión por sentencias en casos de violencia sexual en menores de edad revela vicios en los procesos que exponen a las víctimas, las dejan desprotegidas y las hacen repetir su versión varias veces, incluso en entornos hostiles. Se ha elegido una por año, desde 2008 hasta 2017, para dar cuenta de los muchos tentáculos que tiene este monstruo que ensombrece infancias.

 

435 denuncias por agresión sexual en menor e incapaz

Tenía 10 años y cantaba en la iglesia. Ese día de julio había llegado a ensayo de alabanzas, pero a la cita no se presentó todo el grupo, sino que solo otras tres niñas más pequeñas. Una situación que un hombre de 28 años, hijo del pastor de esta iglesia, aprovechó para llevarla a su casa con el pretexto de hacerle preguntas sobre las alabanzas y la ropa que se pondrían las niñas del coro. Ahí, la encerró, la tocó, le ordenó no gritar y quitarse la ropa. La niña de 10 años forcejeó con un hombre 18 años mayor que ella por un rato hasta que tocaron la puerta. Era la abuela de ella, que se dio cuenta de lo que pasaba y le dijo al hombre que parara con eso porque llamaría a la policía. La abuela le contó a la madre de la niña y pusieron la denuncia.

Durante las averiguaciones sobre este caso, la niña contó que el pastor de la iglesia, un hombre de casi 60 años, también la tocaba y la obligaba a ver películas pornográficas. A la niña, a la madre y a la abuela se les tomó declaración. Pero a la hora del juicio en el que eran testigos, no se presentaron.

La cita judicial se pospuso en tres ocasiones, ellas no llegaron a ninguna. Por medio de un documento, la familia de la niña señaló que la serie de entrevistas a la que fueron sometidas les generó trastornos familiares y emocionales, pero, sobre todo, representó trauma y revictimización para su hija. Se negaron a que ella volviera a presentarse en el proceso. De los acusados dijeron que les hicieron saber su arrepentimiento y que, por el hecho de ser ambas familias cristianas, se sintieron obligadas a perdonarlos.

El pastor y su hijo se declararon confesos. Sin embargo, ambos fueron absueltos.

Historias urbanas populares

Hay tanto que decir sobre las calles de San Salvador. Últimamente se están dando los primeros pasos para dignificar nuestra raíz original. En las redes sociales he mostrado imágenes de cientos de jóvenes que han visitado en los últimos meses esa zona relegada; conste, solo se han renovado cerca de 5 manzanas, y necesitamos su resurrección de lo que quedó después del terremoto de 1986.

El abandono es una paradoja al confrontarlo con las percepciones de investigadores o turistas que vienen de ciudades más desarrolladas, quienes buscan en nuestro Centro Histórico una realidad novedosa. Expongo dos casos para comprobar esas opiniones positivas: una del investigador español Antonio García Espada, quien hizo un estudio de la arquitectura “art nouveau” de la zona, que pareciera emerger como un jardín de lirios en un espacio sucio y destartalado.

El doctor Espada lo comprueba con fotografías, para lo cual incursionó más allá de los enlaminados y parasoles de la pequeña empresa informal que hacen invisible la riqueza arquitectónica. El académico descubre la belleza de ciertas edificaciones, “que puede ser orgullo de Latinoamérica”, nos dice Espada. Sí; antes del terremoto de 1917 San Salvador fue llamado “un pequeño París de Centroamérica”.

Otro experto español piensa algo similar. Dice que después de entrar a la iglesia de El Rosario le dieron deseos de habitarla por siempre para disfrutarla todo el tiempo. Comprobémoslo: los invito a visitar esa iglesia. Toda ella es una escultura producida por las manos mágicas del escultor Rubén Martínez. Hay que verla por dentro.
Mi emoción como usuario generacional de otras épocas no tiene límites. El turista extranjero necesita conocer monumentos históricos, lo novedoso de una ciudad. Redescubramos lo que no ven los ojos de la indiferencia.

Y como visitante, enriquecido por el Centro Histórico, paso a otro punto relacionado con la misma zona. Sucedió en mi última incursión para buscar un ejemplar de la edición agotada de “Los poetas del mal”.

En esta función ciudadana y callejera me he detenido en una librería que yo llamo, con respeto, “de la calle”, libros de segunda lectura, miles de obras. Pese a ser tan grande la exposición, quizás unos 75 metros y 2 de altura en la acera, no veo al expendedor.

No reparo que se encuentra subido en una tarima alta desde donde puede avizorar a los clientes. Al verme, baja por la escalera de la tarima, micrófono en mano. Pregunta si se me ofrece algún título. Respondo que busco “Los poetas del mal”. “¿Es la novela de Manlio Argueta?”, me pregunta. “Así es”, le digo. “O sea es su novela”, lo dice con seriedad; para que no dude me repite los nombres de otras novelas mías.

De repente, habla por el micrófono a sus dos empleados. “Vengan a ver a Manlio Argueta en la calle”. Lo interrumpo y le digo que paso por ese lugar muy seguido. Pero Jacobo, así es su nombre, continúa sorprendido de descubrir a un escritor en la calle.

Ante mi sonrisa dice: “Doy gracias a Dios y a usted, y también a otros escritores, porque me permiten ganarme la vida honradamente promoviendo sus libros”. Ahora soy yo el sorprendido: “¿Gracias a mí también?” Le digo por lo de Dios. Me reitera: “¡Claro!, hay dos o tres escritores que más vendo”. Turbado y para neutralizar su opinión, le digo que me alegra saber que gente de la calle como yo encuentre libros disponibles. Me aclara que, por lo general, son adultos los que les llevan libros a sus hijos. Pero aquí no termina mi sorpresa.

Lo curioso es que, mantenida esa breve conversación, se lleva el micrófono a la boca y habla a uno de sus dos empleados que se encuentran en otro extremo de los 75 metros. “Óscar, vení a ver a Manlio Argueta en la calle”.

Por mi trabajo como cronista literario sé lo valioso de conocer estas vidas, esto me permitió ser varios años un cronista sobre El Salvador, en Europa y Estados Unidos. Llega el empleado, Óscar. Me lo presenta. Pero ante la sorpresa de Jacobo, el joven le dice con seriedad que yo no soy el escritor. El jefe molesto le pregunta por qué lo dice.
El joven responde: “Porque yo lo conozco, ha venido varias veces a comprar libros, y este no es él”. El jefe más fastidiado le dice que no sea tonto. El joven vendedor le dice que puede demostrar que yo no soy el escritor y se dirige a otro extremo a traer una edición con foto en la contraportada. “Mire, compare la foto y a él”.

Esta vez Jacobo pierde la paciencia y le reclama que esa foto no es reciente. El joven no se da por vencido, y le reitera que la última vez le pidió el DUI para demostrar que se trataba del escritor. “Lo conozco”. En posición neutral río por dentro. El joven también sonríe, quizás se está burlando de su patrono.

Esta anécdota me recuerda la película “Kill Bill”, el humor combinado en las escenas más duras. No entendía por qué Tarantino se entretuvo en imágenes, al parecer, sin relación narrativa. Me refiero a cuando Uma Thurman llega a Japón a buscar al experto Hattori Hanzo para que le haga una katana (espada para samuráis), un empleado joven se entromete y le dice al patrono que a una gringa jamás se le debe hacer una katana. Se da una riña entre ambos, Hanzo lo amenaza con golpearlo si se sigue entrometiendo, pues él ya está informado que la Thurman sin ser una samurái está dispuesta a acabar con un asesino. Esta escena produce risa sin saber por qué. Quizás porque se sobrevive en la vida gracias al buen humor en los momentos más dramáticos y trágicos.

El agua no es de todos

No hay que engañarse. Hace tiempo que el agua en el país dejó de ser “de todos” y se ha convertido en un privilegio. Ahora, el acceso al líquido marca una profunda división social al igual que el acceso a servicios de salud de calidad o a la seguridad. No se ha necesitado privatizar el agua –ni la salud– para que esta sea un negocio, ante la mirada indolente y cómplice del Estado.

En ese gran marco de inequidad, en el que más de un millón de salvadoreños aún no cuenta con agua potable en sus hogares, se discute una ley de agua. Un proyecto que ha caldeado los ánimos de la gente y los primeros ya han salido a las calles a protestar. Esto por lo que se considera un intento de la derecha por privatizar el recurso. Aunque, en realidad, lo que hay en el país es una privatización fáctica del agua. Al menos para una buena parte de la población así lo es.

El agua es un lujo. Para las familias más pobres lo ha sido desde hace décadas. Privadas de un servicio de agua potable y de un saneamiento adecuado, han vivido una pesadilla que ahora el resto de la sociedad teme que se vuelva algo generalizado. Y solo porque se ha comenzado a plantear como un problema que puede afectar a todos los estratos sociales es que se le ha dado más atención al tema.

Pero muchas familias tienen años de comprar barriles de agua para vivir. Encareciendo aún más su precaria situación. Solo un ejemplo: en el cantón El Coyolito, de La Unión, nunca han tenido acceso al agua potable. Sus pozos se secan en los meses sin lluvias y tienen que comprar toda el agua que consumen: la que beben y usan para los quehaceres domésticos. Se la compran a un vecino de otro cantón que ha descubierto un nacimiento en su patio y comercializa el líquido. Así, sin ninguna autoridad visible, el agua es una mercancía más en las desérticas afueras de La Unión.

El caso de esta comunidad no es aislado ni único, sino que se multiplica en los demás departamentos del país. LA PRENSA GRÁFICA publicó hace unos días cómo desde ranchos privados sacan agua a discreción del lago de Coatepeque para comercializarla. Pero no solo ahí. El marcado consumo de agua envasada en el área urbana es otra muestra de una privatización de facto del líquido. Comprar agua era algo impensado en el tiempo de nuestros abuelos, hace apenas tres generaciones. Sin embargo, ha pasado lo mismo que en el ámbito de la salud. El sector público brinda un servicio tan malo que los que pueden pagar prefieren lo privado. Incluso las instituciones del Estado, que así como contratan seguros médicos para sus empleados compran agua embotellada para sus oficinas. De nuevo, el acceso al agua de calidad se determina por el poder de compra.

Y en el centro de todo está la incompetencia de ANDA. La Asociación Salvadoreña de Industrias de Agua Envasada (ASIAGUA) lo tiene claro cuando refuta uno de los “mitos sobre el agua embotellada” que cree la población: “El problema no es que no exista suficiente agua para suplir la demanda de la población y la industria, el problema es que ANDA no es capaz de abastecer lo requerido debido al mal estado de sus cañerías y equipos de bombeo; por lo que, si las industrias desaparecieran, aun así seguirías sin el servicio de agua potable”, apunta un afiche en su página oficial.

La discusión de la ley de agua no se puede trivializar. Tampoco se puede caer en la simpleza de asegurar que es una cortina de humo. Es un tema vital. Legislar sobre el agua es legislar tanto a los consumidores como a los poderosos. No solo a las empresas que la comercializan sino a la agroindustria. En los últimos años, el país ha reportado cosechas récord de caña de azúcar, lo cual conlleva uno de los principales consumos de agua del país. Ser un país productivo y garantizar agua para todos es lo que se debe discutir en el marco de la ley de agua. Los salvadoreños que no tienen acceso al líquido lo demandan. El agua debe ser de todos.

La hortensia, la araña y el hombre

Antes, por la ventana de la cocina alcanzaba a ver el patio de la vecina y, allí, su hortensia que no daba flores. La planta era sana y verde como el jade, pero se resistía a florecer. La dueña me comentó acerca de eso hoy, sobre todas las artimañas que había intentado para forzarla a dar flores.

La última vez que había florecido fue en el propio invernadero de Walmart, donde la compró hace tres años. Hasta que, hace poco, alguien le comentó que el problema era la variación de planta: no era apta para el clima de Wisconsin. Había comprado una hortensia mala entre tantas más resistentes. Esa se autorregulaba en los inviernos para conservar energía vital. Al fin, la vecina terminó extrayéndola de la tierra y consiguiendo otra hortensia más servicial que, hasta hoy, da flores turquesas atractivas.

En la ventana de la cocina, a mediodía, no sé ni quien se fijó primero que había una araña que había atrapado una mosca en un rincón. La mosca era, quizá, ocho veces más grande que la araña. La vi con mis hijos unos minutos, mientras pinzaba y jalaba a la mosca. La mosca movía las patitas al principio, pero, al rato, se le quedaron tiesas. La araña solo aceleraba el ritmo de su labor jalando al insecto a través de la telaraña, amarrándola.

Cuando se aburrieron de observar la escena, me tuve que poner entre mis hijos y la araña, porque vi que estaban ansiosos por matarla. Mi hijo me dijo que solo la iba a sacar de la casa. Yo me opuse, explicándole que, si la molestábamos, íbamos a arruinar todo el sistema y el trabajo que acabábamos de estar, maravillados, viendo.

Pensando haber apaciguado a mis hijos lo suficiente, salí hacia la casa de Beto, un amigo de la tercera edad que estaba ingresando a un centro de hospicio. Tiene una enfermedad terminal de los pulmones que no le permite respirar bien, “por fumar demasiado en la juventud y por los genes”, me había contado alguna vez.

Monté todo un equipo de tanques de oxígeno, aparatos y la andadera de Beto al carro. Al final se subió también él, agradeciendo el clima fresco. Me dijo que, cuando el tiempo está caluroso y húmedo, le entra una sensación de voracidad de aire. Nos tocó el tráfico de las 5 de la tarde. En algún momento me pitaron por manejar con más cuidado de lo normal, con más lentitud, y me sentí atrapada por la agresividad de los otros carros, las carreras y la agitación humana. Mientras tanto, Beto invertía toda su energía vital en respirar y en no morir. Y, sin embargo, a medio camino recordó que era mi cumpleaños y me cantó “Cumpleaños feliz”, con su voz rasposa y a pesar de la falta de aire.

Cuando regresé a la ventana de la cocina vi que tanto la mosca como la araña y la telaraña ya no estaban. Ni estaban mis hijos para preguntarles por ella. Vi la nueva hortensia con sus medallones azules y recordé el tráfico de la tarde. Pensé en lo insidioso de estas formas inconscientes de enfrentarnos con la vida y la muerte. Son maneras establecidas de ordenar nuestros días sin ser plenamente conscientes de lo que estamos haciendo. La alternativa cuesta más; implica atención, reflexión, tolerancia y empatía, pero, quizás con más conciencia, percibiríamos más lo que es real y esencial de la vida.

Carta Editorial

Ninguno de estos casos es ficción. Ojalá sí, pero no. No han sido manipulados en función de generar morbo. Al contrario, han sido resumidos y se han omitido detalles que vayan en detrimento de las víctimas. La descripción de cada caso se limita a aclarar los límites del delito, la manera de reconocerlo o los vicios al abordarlo en las instituciones. Aún desde esta perspectiva profesional, utilitaria y formativa, duele. Duele mucho.

El trabajo que hemos incluido en esta edición es producto de una revisión a partes iguales entre las estadísticas obtenidas por medio de solicitudes de información y las sentencias públicas. Con el resultado se puede perfilar cómo se mueven, se registran, se denuncian, se investigan y se procesan judicialmente los casos de violencia sexual contra menores de edad.
El panorama no es alentador. En la última década, la cantidad de denuncias por delitos relacionados con violencia sexual ha registrado pocas reducciones y ninguna de ellas ha sido significativa. Las víctimas, además, son cada vez menores. En 2010, de 1,367 denuncias por violación en menor incapaz, en 963 (70 %) la víctima tenía entre 12 y 17 años. Para 2016 se registraron 1,874 denuncias de este tipo y 1,405 (75 %) correspondieron a adolescentes en edades entre 12 y los 17 años.

Este fenómeno debe impulsar a las autoridades a realizar esfuerzos para construir mensajes que, adaptados a este sector de la población, den a conocer los mecanismos de denuncia. Los pocos mensajes que al respecto se han elaborado, sin embargo, se valen mucho del papel de la familia. Es el ideario de una familia que protege.

La realidad alterada en la que nos movemos no debería ser ignorada. No todas las familias de este país protegen, tampoco lo hacen todos los centros educativos ni todas los recintos religiosos. A menor edad de la víctima, mayor es el porcentaje de violencias sexuales que se comenten en entornos cercanos, como la casa, la escuela, la iglesia, la comunidad.
En la década que tiene esta revista de existencia, se ha cubierto este problema desde diferentes ángulos. La constante en cada uno de ellos ha sido la distancia enorme que hay entre el discurso de las autoridades y las circunstancias de las víctimas. Reducir la cantidad de casos y la brecha de impunidad en delitos sexuales contra menores de edad pasa por comprender y reconocer la vulnerabilidad en la que viven quienes los sufren. No todos los niños de este país encuentran a tiempo a alguien que hable por ellos.

“Sueño con un planeta al que amemos profundamente”

¿Qué le emociona de su profesión?

La libertad creativa. Tanto en lo estrictamente laboral como en mi producción literaria.

¿Cuáles son los temas recurrentes en su trabajo?

Todo aquello que trata de la justicia en todas sus vertientes; por supuesto, desde una visión crítica y reflexiva.

¿Hay algo que distingue a la literatura centroamericana?

No creo que haya nada que la distinga de otras “literaturas” cuando lo que se escribe es bueno. Salvo el retrato de “la propia realidad” (si acaso lo hay), es en todo caso el tratamiento de los temas lo que puede indicarnos de qué autor se trata y por eso, por reconocer su huella específica.

¿Por qué un país como El Salvador necesita literatura?

Para no perder los fundamentos de su humanidad y los límites (dadores del sentido de lo real) de su existencia. Para no echar por la borda la necesidad de soñar y de ir cada vez más lejos con su imaginación.

¿Cuáles son los héroes de novela que prefiere?

Los de sentimientos profundos y fuertes. También los de sentimientos nobles pero no sentimentaloides, llorones.

¿Qué le hace falta?

Pisto, belleza en el entorno, respeto verdadero.

¿Qué sueña?

Con un planeta al que amemos profundamente, plagado de culturas diferentes entre sí pero solidarias las unas con las otras, en donde la gente pueda vivir, como Matusalén, casi mil años y tan tranquila.

Buzón

Buzón

Educación vial y ambiental

Felicito a Jacinta Escudos por sus excelentes columnas escritas durante 10 años en esta revista; toda una hazaña. Pero quiero sugerir que escriba sobre la Casa del Escritor. Recientemente realicé una visita y me pareció que no le están explotando su potencial. Ahí debería haber una exposición permanente de todos los escritores salvadoreños.
Manlio Argueta toca un problema cotidiano sobre las venturas y desventuras de cruzar las calles no solo de San Salvador, sino de todo El Salvador; reina la anarquía, tanto de conductores como de peatones. Las pasarelas no se utilizan por estar mal diseñadas y mal construidas. Es una suma de todo. Sobre los bosques, valga el paralelo con el estado de los sitios arqueológicos. Aparecerá luego que tenemos 100 años de retraso. No tenemos educación ambiental, y créame, se hacen esfuerzos. Nos hace falta educación en todo. Por eso no salimos adelante.

Manny Nagula
mjlaguna59@hotmail.com


A la autora de Gabinete Caligari

En mi cotidiana existencia lo primero que leo es LA PRENSA GRÁFICA, gracias a lo infalible del matutino en mi hogar mediante la suscripción que data desde hace muchos años hasta hoy y cuantos más Dios permita. En dicho sentido, invariable y consecuente, todos los domingos mi descanso semanal inicia despertando en la búsqueda de Séptimo Sentido con la avidez de nutrirme con sus columnas (Gabinete Caligari, Escribiviendo, Desde allá Chile, o Desde acá, etc,) sea de donde tantos escritores me proveen de lectura grata, amena e instructiva. (Héctor S. Ávalos, Glenda Girón, etc.). La profesión del escritor es como todo artista que nace y no se hace, que vive y respira el numen creativo que genera múltiples expresiones y sensaciones de surcar los insondables ámbitos a quien lee. Soñar y transformarse en aventurero de tantas maravillas oníricas. En mi modesta y sincera gratitud a usted, a Manlio y a todos los columnistas que han despertado la emoción de contarme como “su lector”.

José Carlos Vásquez
joscarvasq@gmail.com

Historias sin Cuento

MISTERIOS DE DESGANO

En el curso de aquella mañana el directorio de la empresa lo convocó a su sala de reuniones para comunicarle que acababa de ser ascendido al puesto de gerente de operaciones. Aunque presentía, por varias señales acumuladas, que su desempeño era reconocido por la dirección superior, no esperaba que el salto fuera tan notable. Menudearon las felicitaciones inmediatamente después de la comunicación, y una seña hizo que los meseros entraran con las botellas de champán dispuestas para el brindis.

Asumió el cargo, y eso le significó pasar al nivel superior, con todas las regalías y pleitesías correspondientes. Él, por naturaleza, era un funcionario disciplinado y sin alardes, pero lo que de inmediato comenzó a manifestársele fue una especie de bruma emocional que lo envolvía con frecuencia en un aura de recogimiento.

Los subalternos murmuraban: “Qué respetuoso se ha vuelto don Hilario. Ni siquiera parece jefe…” A él le llegó el rumor y le produjo una sensación de alivio. Quería decir que su nueva actitud era bien recibida en el ambiente y podía seguir viviéndola sin aristas ni sospechas.

Pero aquella sensación le duró poco. Lo que comenzó a tragar por dentro fue un caldo insípido de soledad inexplicable. A tal punto que luego de un fin de semana ya no pudo regresar. Todas las fuerzas anímicas se le habían vuelto garfios paralizantes.

Salió a la calle y se puso a caminar sin rumbo. Lo necesitaba para revivir.

MISTERIOS DE ELOCUENCIA

El cambio de estación estaba por llegar, y la sensación prevaleciente era que andaba circulando por los alrededores un escalofrío invitador, cuyas señales podían ser interpretadas de muchas maneras. En el condominio, habitado sobre todo por parejas jóvenes que apenas iniciaban su vida propia, aquella transición climática, que no era nada nuevo, despertaba reacciones muy personales, y entre éstas la de aquel viejo profesor de letras resultaba la más notoria. Él vivía solo, porque había enviudado no hacía mucho y sus hijos residían en el extranjero, como es hoy tan común.

Aquella mañana, una llovizna tenue pero tenaz andaba suelta por la atmósfera inmediata. Y como era sábado, muchos de los vecinos se habían quedado en sus habitaciones, reponiéndose de los estragos de la semana laboral. Él, sin embargo, lo primero que hizo al despertar fue escapar de la sábana percudida con el ánimo de salir lo más pronto posible a las calles.

Así lo hizo, y ya ahí comenzó a caminar como si quisiera llegar a un punto bien definido, aunque en verdad lo que andaba haciendo era deambular sin rumbo. Así llegó frente a aquel puesto callejero de venta de libros viejos, de esos que ya sólo buscan la gente muy mayor o los excéntricos impenitentes. Él de seguro era uno de esos mayores, pese a que en su ánimo prevalecía la condición de los excéntricos. Se detuvo frente al puesto y saludó al tendero:

–Hola, Iván. ¿Qué novedades hay?

–Ah, un baúl lleno de ediciones clásicas. Se murió el dueño y los familiares no quieren más “cosas inservibles” en la casa, como ellos dicen…

–Son las pendejadas que hoy se han vuelto virales, como dicen los jóvenes…

–Y no sólo los jóvenes, men. ¿Vos no tenés Wifi?

–Uf, qué lata. ¿Dónde están los libros, pues?

El tendero se fue a un rincón, a destapar el baúl, que evidentemente era de otra época. Lo sacó para que quedara a la vista del visitante; y éste, en cuanto lo vio, se quedó inmóvil, como si estuviera ante un objeto sagrado.

–¿Qué te pasa, amigo?

–Me siento como si estuviera en un templo.

–Bueno, pues aquí están las imágenes.

Y empezó a sacar los libros, que eran las antiguas ediciones de Aguilar: Colección Crisol, Colección Joya, Colección Obras Eternas, Colección Premios Nobel… Y todos los volúmenes impecables, como si acabaran de salir de sus estancias originales. El presunto cliente estaba en éxtasis.

–¡Es lo que siempre soñé: los libros con olor a cuero inmemorial y llenos de páginas casi etéreas!

–Aquí están todos a tu disposición. Podés escoger a tu gusto. Desde Platón hasta García Lorca. El menú es completo.

El presunto cliente se dedicó a revisar lo que había, con el gesto devoto de los iniciados, y luego de un prolongado examen ritual expresó su decisión:

–Me quedo con todos.

–Ya te doy el precio. Un precio de devotos a Nuestro Señor el Libro.

–Jajá.

Se llevó el cargamento hacia su casa, y empezó a ubicar los libros donde le fue posible. Cuando terminó de hacerlo, la noche había caído. Comió algo para no dejar y se fue al descanso en la habitación contigua. Sentía una placidez inusual. Se durmió casi al instante. Y ya puesto en aquella dimensión comenzó a oír un coro de voces emocionadas a su alrededor. Despertó de súbito. ¡Sí, eran las voces de los libros, liberadas en el ambiente acogedor! Todos estaban en familia.

MISTERIOS DE ESTACIÓN

Los rieles venían de lejos e iban hacia lo lejos. Temprano por la mañana y tarde por la tarde el ferrocarril hacía su recorrido de ida y vuelta, desde San Salvador hasta Chiquimula y viceversa. En la estación que quedaba muy cerca de la carretera hacia el norte ya se sabía que la puntualidad del tren era impecable. 7 de mañana en la ida y 7 de la noche en el regreso.

En aquel anochecer había un conocido del entorno que aguardaba con su maleta en la rampa de madera donde la máquina se detenía. Como aún faltaban algunos minutos, el jefe de estación salió de su oficina a saludarle:

–Doctor, ¿al fin es viaje?

El doctor era un médico joven que vivía al otro lado de la línea férrea con su esposa reciente. Tenía un pequeño consultorio en una pieza contigua a su casa, que estaba rodeada de árboles y lindaba con la cantina a la que acudían los vecinos a hacer sus libaciones nocturnas, sobre todo en los fines de semana.

–Sí, don Toño. Dentro de dos días tomo el vuelo, y voy a la capital a estar listo. Madrid no queda a la vuelta de la esquina.

–A perfeccionarse, pues. La medicina es una ciencia y un arte, ¿verdad? Y ojalá que todo le salga bien, allá y aquí.

Esta última frase, que parecía encerrar un enigma, puso al doctor en guardia:

–¿Aquí y allá? ¿Cómo así?

Don Toño, que era un zorro experimentado, sonrió con el gesto torcido que le era característico:

–Bueno, como se va usted solo y deja aquí sola a su esposa… Y la soledad es mala consejera…

–Puede ser buena también. Todo se ve.

–Hombre, claro.

Y en ese preciso momento se oía el pito del tren anunciando su llegada. El doctor se despidió con una palmada en el hombro de don Toño y don Toño lo hizo con otro gesto enigmático. El tren ya estaba ahí, anunciando que sólo lo haría por unos pocos minutos. Y cuando tomó camino hacia su destino final de aquel día, todo se quedó como siempre.

Tras chocar por años, AMLO y la élite mexicana se acercan

Credenciales. Los niveles de aprobación que gozó cuando fue jefe de gobierno del Distrito Federal están entre los más altos de la historia de dicha entidad: hasta el 85 %.

Tras más de una década de una constante confrontación y descalificaciones, la clase empresarial mexicana y el izquierdista Andrés Manuel López Obrador parecen haber guardado los tambores de guerra y decidido dar paso a una tregua. Y no es que hayan conciliado sus diferencias ni que ahora piensen igual, sino que la razón está más cercana a un cálculo político de ambas partes de cara a las elecciones presidenciales del 1.º de julio.

López Obrador, conocido popularmente como AMLO y quien intenta llegar a la presidencia por tercera ocasión, se ha mantenido desde el inicio de su campaña en primer lugar de las preferencias y a dos semanas de los comicios, aparece en algunas encuestas con una ventaja de incluso dos a uno frente a su más cercano rival, el conservador Ricardo Anaya.
Durante los primeros dos meses de la campaña presidencial, las élites mexicanas –intelectuales y empresarios– repitieron una y otra vez que López Obrador es un populista que podría regresar al país a un pasado bajo un control estatal férreo, como ocurrió en la década de 1970, cuando hubo un gobierno que mantuvo enfrentamientos con la clase empresarial y la política económica derivó en devaluaciones de la moneda, una creciente inflación y finalmente crisis económica.

El izquierdista criticó a algunos hombres de negocios por supuestamente beneficiarse de la corrupción al amparo del poder político e ir contra los intereses del pueblo. En las últimas semanas, sin embargo, ambas partes moderaron sus críticas e incluso se han dicho que están dispuestos a trabajar en caso de que López Obrador gane la presidencia. De hecho, a principios de junio hubo una reunión entre él y el Consejo Mexicano de Negocios (CMN), a cuyos miembros había calificado de “minoría rapaz”.

“Se aclararon todas las dudas, se limaron asperezas y se estableció un compromiso de trabajar juntos en el caso de que el pueblo de México decida que yo sea presidente de la república”, dijo López Obrador a principios de junio, tras el encuentro con el CMN. Alejandro Ramírez, presidente del CMN, reclamó al izquierdista sus críticas, pero tras el encuentro dijo que si es electo, lo iban a apoyar porque todos quieren que le vaya bien a México. Otros grupos empresariales que alguna vez fueron críticos férreos del político ahora creen que se ha moderado.
“Hemos percibido cómo, paulatinamente, estas posiciones han ido migrando hacia posiciones mucho más abiertas al diálogo”, dijo a la AP Gustavo de Hoyos, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), un organismo que agrupa a más de 30,000 empresas.

El izquierdista se ha rodeado de algunos economistas con credenciales académicas reconocidas, como Gerardo Esquivel, doctor en Economía por la Universidad de Harvard y quien ha sido consultado para organismos internacionales como la ONU y el Banco Mundial.

“Todos los candidatos que lleguen a una posición electiva, desde el presidente de la república hasta el presidente municipal del lugar más recóndito del país, van a necesitar al sector privado, (de) eso no pueden tener duda”, añadió.

Admirado por las clases populares, a quienes ayudó cuando fue alcalde de la Ciudad de México entre 2000 y 2005 mediante diversos programas de becas, López Obrador ha sido visto con recelo e incluso temor por las élites mexicanas, incluidos los empresarios que históricamente han mantenido una estrecha relación con los partidos que han gobernado el país y que ahora el izquierdista no baja de corruptos.

López Obrador dejó la alcaldía capitalina en 2005 para competir por primera vez a la presidencia. En la campaña presidencial de 2006 enarboló un discurso de “primero los pobres” que dividió a la sociedad. En ese momento sus enemigos políticos lanzaron una campaña que lo pintó como “un peligro para México”.
Perdió por un estrecho margen de escaso medio punto porcentual. En 2012 hizo un segundo intento y aunque intentó moderar su discurso, también quedó en segundo lugar. Ahora, en 2018, ha buscado ser incluso más cuidadoso. Sin embargo, en el inicio de la campaña no dejó de lanzar ataques a empresarios e intelectuales, que critican varias de sus propuestas a las que ven como un eco de un pasado nada benéfico para el país.

López Obrador comenzó su campaña advirtiendo que de ganar revisaría –e incluso echaría atrás– las reformas estructurales que impulsó el actual presidente, Enrique Peña Nieto, y que han sido aplaudidas por varios dentro y fuera de México. Entre ellas está una en materia energética, que por primera vez en más de siete décadas abrió la exploración y producción de crudo a inversionistas privados.
“Sí me causa inquietud… por ejemplo, la reforma energética”, dijo David Arelle, un empresario. “Me dedico a la energía solar… y si se termina la reforma energética, puede haber problemas muy serios en este sentido”.
López Obrador también encendió las alarmas cuando dijo que cancelaría los contratos millonarios del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Varios empresarios lo criticaron, incluido Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo y quien tiene participación en la edificación de la nueva terminal. Al paso de la campaña, sin embargo, los discursos han cambiado de tono. El izquierdista ha dicho, por ejemplo, que no sería necesario cancelar el aeropuerto, sino solo impulsar que sea construido completamente por la iniciativa privada.

López Obrador ha centrado su discurso en la actual campaña en la lucha contra la corrupción. Sostiene que combatiéndola se podrán superar varios de los males que aquejan al país, como la pobreza, y se detonará el crecimiento. El izquierdista se ha rodeado de algunos economistas con credenciales académicas reconocidas, como Gerardo Esquivel, doctor en Economía por la Universidad de Harvard y quien ha sido consultado para organismos internacionales como la ONU y el Banco Mundial. Él es uno de los encargados de intentar tranquilizar a la iniciativa privada.
“Lo que se plantea es hacer un balance más equilibrado entre las actividades del Estado y el mercado mismo”, dijo a la AP. Aseguró que no se planea realizar expropiaciones o nacionalizaciones, y que la revisión de contratos derivados de algunas reformas –como la energética– solo buscan determinar si se realizaron adecuadamente y no al amparo de la corrupción.

“Lo que aprendimos en estos años es que el retraimiento del Estado en la actividad económica, y dejar todo al mercado, dio lugar a un crecimiento económico mediocre y de la pobreza”, añadió. El historiador e intelectual mexicano Enrique Krauze, quien en 2006 escribió un ensayo en el que describió a López Obrador como un “mesías tropical”, ha sido un constante crítico del izquierdista. En los últimos días, sin embargo, suena resignado a su triunfo, pero ha llamado a la gente a impedir que quien gane tenga un poder incontrolable.

“Votemos por el candidato presidencial que nos convenza, pero cuidemos que el próximo presidente no tenga la mayoría del Congreso”, dijo Krauze en un video divulgado la semana pasada. “El Congreso es el principal dique de contención para limitar el poder absoluto de un presidente”.

A pesar de los ánimos encendidos que se han presentado en la campaña, hasta ahora no ha habido movimientos bruscos de los mercados ni una caída estrepitosa del peso frente al dólar que hayan sido atribuidos a temores de que gane López Obrador. La moneda mexicana se ha visto afectada más por otros asuntos, como las tensas negociaciones comerciales y las disputas arancelarias de Estados Unidos, el principal socio comercial de México.

Alfredo Coutiño, director para Latinoamérica de la consultoría Moody’s Analytics, dijo que la relativa estabilidad sugiere que los mercados no han considerado al izquierdista como una amenaza y se están convenciendo de que ganará, además de que ven que tendría contrapesos.

“Si se estuviera viendo como una amenaza real, yo creo que ya los mercados estarían moviéndose muy fuerte y estaríamos viendo decisiones de inversiones pospuestas o retirándose”, consideró.