Los ideales no terminan; lo que pasa es la vida

Sergio Ramírez escritor nicaragüense recibirá el Premio Miguel de Cervantes, este 23 de abril de 2018.

Ahora la correspondencia se acabó. Yo tengo un archivo de todos mis correos electrónicos. Los tengo en un disco duro. Algún día le van a dar valor, ¿no?

“Renuncio de manera pública e irrevocable a pertenecer al Frente Sandinista para la Liberación Nacional”, dijo Sergio Ramírez después de sentarse frente a una mesa llena de micrófonos en 1995. A su espalda estaba colgado un retrato de Augusto Sandino, la inspiración para la revolución nicaragüense del siglo pasado. “El Frente al que yo me incorporé hace 20 años ya no existe”, dijo ese 10 de junio en una conferencia de prensa a la que él convocó.

Así fue como Sergio Ramírez inició el retorno hacia su vocación: la literatura. Para entonces, el nombre de Sergio Ramírez tenía un mayor tinte político que literario. Él fue parte de la movilización que derrocó la dictadura de los Somoza, y con el triunfo de la revolución sandinista se convirtió en vicepresidente del gobierno de Daniel Ortega de 1985 a 1990. Pero él asegura que el partido con el que había luchado, cambió para mal y en 1995 los diferencias entre él y la cúpula del partido se volvieron insostenibles.

De acuerdo con Ramírez, el FSLN no estaba dispuesto a democratizarse y se empezaba a instalar una línea autoritaria similar a la que ellos mismos habían combatido. “Todo aquello parecía irreal”, escribió Ramírez en su libro “Adiós, muchachos”, en el que se despidió del partido y de su papel como político.

Es originario de Masatepe, hijo de una maestra de escuela y un comerciante. En 1959 empezó a estudiar Derecho y a los 22 años se graduó como abogado, pero la escritura fue siempre su compañera. La producción literaria de más de cinco décadas lo comprueba. Veintitrés años después de salir del partido sandinista, este abril recibirá el Premio Miguel de Cervantes, uno de los reconocimientos literarios más importantes en la lengua española.

En marzo vino a El Salvador a presentar su novela “Ya nadie llora por mí”. El protagonista de esta novela es un investigador y excombatiente guerrillero que es contratado para resolver la desaparición de la hija de un matrimonio poderoso. La novela, de género policial, retrata la corrupción de algunas instituciones nicaragüenses y, además, recoge con humor la vida de la ciudad y sus habitantes.

“Esta novela es absolutamente contemporánea”, dice Sergio Ramírez. Tan contemporánea que hasta aparece nombrado el cantante de música pop Justin Bieber. Además, dentro del libro, las redes sociales y sus “hashtags” juegan un papel primordial para revelar ciertas verdades que el poder estatal quiere mantener escondidas.

Sergio Ramírez también es presidente del festival literario Centroamérica Cuenta, un festival que reúne a cientos de escritores y amantes de la literatura en Managua durante una semana. Este será en mayo y se realizarán presentaciones de libros, conversatorios, talleres de periodismo, edición y traducción. Y a pesar de que es uno de los festivales más grandes de la región, no cuenta con ningún apoyo del Estado nicaragüense. “Con que nos lo dejen hacer, suficiente”, dice el escritor. Y es que él no es bien visto por quienes antes fueron sus compañeros de lucha y gobierno.

Siempre ha sido un estigma para una mujer decir “fui violada, fui acosada, abusada, a cambio de que me den un papel en el cine”. Que es lo mismo a decir a “cambio de que me den un trabajo”. ¿Cuántas veces no ocurre que una mujer se presenta a solicitar un trabajo y entonces el favor que le exigen a cambio es el sexual? Me parece que estamos viviendo un momento muy trascendental. Ojalá después de esta ola universal de denuncias, las cosas no volverán a ser las mismas.

Cuando le comunicaron sobre el Premio Cervantes usted dijo que se encontraba en “estado de gracia”, cuénteme, ¿sigue ahí?
Son noticias que llegan en la vida con cierta sorpresa. Yo había aparecido en las listas finales de candidatos y la verdadera sorpresa es la confirmación. Esa llamada oficial diciendo que he sido ganador del premio a las 7 de la mañana. La diferencia de horas también contribuye a crear este estado de incertidumbre, de sorpresa.

¿Al final no se rompió el silencio oficial del Gobierno para felicitarlo?
No, ja, ja. Una periodista que me preguntaba esto me decía: pero, ¿cómo es posible que no? Es como tener un elefante en la sala e ignorarlo.

La sorpresa sería lo contrario, ¿no?
Sí, en Centroamérica hubo mucha alegría. Siempre he pensado que tenemos una identidad cultural fuerte y que en momentos como estos es donde se manifiesta.

El Premio Latinoamericano de Cuento de la revista Imagen de Caracas fue su primer premio.
Sí, yo gané el premio de la revista que dirigía Guillermo Sucre, que era una muy importante en aquel tiempo, cuando Venezuela era un epicentro cultural de América Latina. Eso fue en el setenta y uno. Y tenía 29 años.

¿Hay algún punto de comparación entre ese primer premio y el Premio Cervantes?
Ganarse un primer premio internacional es importante… siendo la primera vez en que a esa edad se gana un premio convocado para toda América Latina por una revista de prestigio. De ahí nació mi libro “De tropeles y tropelías”, porque los cuentos ganadores fueron a dar a ese libro que se publicó aquí en la editorial universitaria de El Salvador. El año siguiente fue la toma militar de la Universidad de El Salvador y la edición se quedó ahí. No circuló. Este es un libro con una suerte extraordinaria. Salió el libro, pero se quedó en las bodegas. La universidad pasó tomada como un año.

¿El libro quedó secuestrado?
Sí, todo quedó ahí. Y luego se había hecho otra edición en Managua y vino el terremoto en diciembre de 1972 y entonces la edición quedó sepultada por el terremoto. Es un libro perseguido por los hados.

¿Qué influencia tiene su esposa en su literatura?
Ella ha sido un respaldo importante para mí porque en la literatura no todo es coser y cantar. Ha habido en nuestras vidas momentos muy difíciles como los de la revolución cuando faltaba el tiempo.

Usted publicó su primer libro “Cuentos” a los 20 años y luego escribió que Tulita Guerrero, su esposa, salió a venderlo de puerta en puerta por las calles de León.
Ja, ja, sí. Éramos novios y ella siempre ha sido muy entusiasta. Ella tomó el libro y salió de puerta en puerta a venderlo. Claro, eso me daba mucho terror a mí, mucha pena. Como cuando salió publicado mi primer cuento en la prensa y mi abuela salió a proclamar por el pueblo que había salido un cuento mío en el periódico. También me fui a esconder.

Usted ha escrito que entonces se llenó de horror y vergüenza.
Ocurrió cuando yo tenía 14 años porque mandé un cuento con un tema vernáculo al diario La Prensa en Managua. Había una página que dirigía Pablo Antonio Cuadra, un poeta. Y mandé este cuento y él lo publicó pensando que yo era un adulto. Era sobre la carreta náhuat, que es una carreta que arrea muertos y ese tipo de cuentos de camino. Esa es la primera vez que me di cuenta que la literatura tiene el poder de engañar.

Ahora, ¿qué siente antes de publicar?
Cuando recibo impreso el libro –que me llega generalmente un paquete con cuatro o cinco ejemplares– veo la tapa, pero no abro una página. Porque tengo cierto terror de que lo que está ahí no me vaya a gustar o que vaya a encontrar un error que ya no se pueda enmendar.

¿No lo revisa hasta que se presenta?
Sí, porque el libro ha pasado por un proceso que te lleva al cansancio. Escribir un borrador tras otro borrador. Imprimo el último borrador. Lo corrijo con lápiz de grafito. Vuelvo a incorporar las correcciones. Se lo doy a leer a alguien que me puede detectar errores ortográficos o sintácticos y luego se va a la editorial y me pone a un editor o editora que trabaja conmigo con preguntas. Yo las respondo. Se hacen aclaraciones. Y por fin, el libro se imprime. Entonces hay una especie de cansancio del texto. Y hay que agregar un tercer elemento. Y es que cuando este pan está saliendo del horno, uno está amasando otro porque ya está pensando en otro libro.

Galardonado. Sergio Ramírez en su entrevista con Séptimo Sentido en el marco de las actividades del festival Centroamérica Cuenta en El Salvador.

A nadie le interesa la felicidad. Interesa el conflicto, la contradicción y por lo tanto, si el lector encuentra que hay una visión crítica y que identifica los colores de esa ciudad como él piensa que son, pues excelente, se ha establecido esa comunicación crítica entre escritor y autor.

Considerando que su correspondencia personal y de trabajo se archiva en la Universidad de Princeton, ¿existe una vigilancia permanente de lo que escribe?
¿Sabés lo que pasa? Que ahora ya no se escriben cartas y en los archivos de este tipo donde se depositan documentos, los mensajes electrónicos no los consideran correspondencia, lo cual me parece que es un error que se va a llegar a corregir porque uno se comunica ahora a través de correo electrónico o de wasaps, etc.
De todas maneras, ahora a mí no se me ocurre escribir en un mensaje electrónico una carta de dos páginas como antes. Cuando vivía en Alemania era un buen corresponsal porque mis amigos estaban en América Latina, en otras partes de Europa y yo dedicaba una tarde entera a contestar correspondencia y recibía cartas de cuatro, cinco pliegos. Esas son las que están archivadas ahí, las de cuando vivía en Costa Rica y Alemania. Ahora la correspondencia se acabó. Yo tengo un archivo de todos mis correos electrónicos. Los tengo en un disco duro. Algún día le van a dar valor, ¿no?

A pesar de los problemas actuales de Nicaragua relativos a la democracia y a la corrupción, usted ha dicho que se mantiene optimista respecto al futuro del país. ¿Qué le hace pensar eso?
No hay mal que dure cien años. Pensar lo contrario sería un acto de desprecio a la voluntad popular, decir que la voluntad popular se va a quedar para siempre estancada. Los cambios se dan porque la historia obliga que se den y los cambios, por lo menos en mi íntima convicción, tienen que ser para bien.

Vemos cómo se han venido derrumbando en toda América Latina todas estas ambiciones de quedarse para siempre en el poder. En Ecuador hubo una salida tan elegante con el presidente Lenín Moreno que hizo que le dijeran no al continuismo de Correa, poniendo él por delante su propio cargo, porque tampoco puede reelegirse. Estos actos de honestidad, de entereza cívica, ¿por qué no van a repetirse en otras partes de América Latina? Los cambios generacionales también son importantes y creo que estamos destinados a la democracia, no al autoritarismo.

Tras la revolución, El Frente Sandinista de Liberación Nacional gobernó en Nicaragua desde 1979 a 1990. En ese periodo, el partido contó con figuras intelectuales prominentes como la poeta Gioconda Belli y el exministro de Cultura y poeta, Ernesto Cardenal. Ellos, como Sergio Ramírez, se opusieron a la dirección que el partido tomó liderado por Daniel Ortega y renunciaron a su posición dentro del Frente Sandinista. En 2006, Daniel Ortega volvió a la presidencia con el 37.99 % de los votos válidos en las elecciones presidenciales y ha sido reelecto en otras dos ocasiones, en 2011 y 2016.

El autor

La poeta Gioconda Belli dijo: “Tenemos el cordón umbilical a la idea de la revolución. Esa ya no está, pero sí están con nosotros sus ideales”. ¿Cuál es su opinión acerca de esto?
Yo coincido con Gioconda. Yo escribí eso en el libro “Adiós, muchachos”. Los ideales no terminan; lo que pasa es la vida. Uno envejece y los ideales uno tiene que mirar hacia atrás para verlos. Lo que conservo cimentado en esos ideales es mi actitud crítica frente a lo que veo porque tampoco es que ahora voy a decir “no, ahora yo soy solo escritor y me olvidé de la realidad de mi país o de América Latina”. Al contrario, mantengo la persiana abierta. Me asomo por la ventana, veo lo que ocurre y hablo sobre lo que ocurre. Para eso tengo el espacio de mis artículos de prensa, las entrevistas y eso es aparte de mi oficio de escritor, pero va junto. Porque junto al oficio de escritor, tengo mi oficio de ciudadano.

En su última novela “Ya nadie llora por mí”, se habla un poco sobre el rol de la Iglesia en la revolución sandinista. Como ciudadano, ¿cuál es su lectura de la Iglesia en la Nicaragua actual?
La Iglesia en Nicaragua sigue teniendo una posición muy independiente. La mayoría de los obispos tiene una posición muy crítica y hay una lucha entre la posición moral de la Iglesia y lo que el Gobierno considera su propia política. Hay obispos que alzan más su voz que otros. Hay, pienso yo, una ofensiva del Gobierno para tratar de sonsacar obispos. Una lucha por el poder… es decir, cuando el poder quiere tenerlo todo, entonces se mete con todo.

El protagonista de su nueva novela, el inspector Dolores Morales, es alguien también crítico con quienes ocupan el poder.
Sí, porque él es mi alter ego a pesar de que el inspector Morales era más joven que yo cuando la revolución. Fue un combatiente guerrillero, yo no lo fui. Él peleó en el frente sur. Perdió una pierna. Tiene que aguantar toda su vida una prótesis. Es un hombre que viene de un estrato muy humilde de la sociedad, su abuela vendía carne en el mercado, pero él tenía ideales. Quería un mundo mejor, distinto al que representaba la dictadura somocista, y con el paso del tiempo y la caída de la revolución, él guarda esa nostalgia. Envuelve en su nostalgia ese viejo ideal que no abandona. Y lo que hace es transformarlo en humor negro.

Un eje clarísimo de la novela y sus personajes es el de interpelar al poder.
Una novela siempre viene desde la profundidad crítica, aunque el escritor no lo quiera o no sea ese su propósito. Porque cuando uno tiene el propósito de denunciar, de acusar, entonces se está equivocando de vehículo. Debería usar mejor el discurso, el panfleto, el manifiesto. La novela es un campo complejo donde uno le tiene que dar la voz a todo el mundo. Y los personajes tienen que estar en contradicción porque si no, no hay novela, no hay relato.

Los relatos paralelos, donde todo mundo piensa igual, no son atractivos. Los relatos siempre son infelices. Si se fija bien, cuando los cuentos terminan dicen “y vivieron felices para siempre… eso ya nadie lo cuenta. A nadie le interesa la felicidad. Interesa el conflicto, la contradicción y por lo tanto, si el lector encuentra que hay una visión crítica y que identifica los colores de esa ciudad como él piensa que son, pues excelente, se ha establecido esa comunicación crítica entre escritor y autor. Y si el lector no es nicaragüense e identifica su propia sociedad con lo que la novela dice, pues mayor triunfo del escritor porque está dándole perspectiva universal a una situación que no vive solo Nicaragua. Esto de la corrupción entre la oscuridad y el poder desgraciadamente es un mal de América Latina.

En su novela aborda temas como el aborto y las problemáticas de la comunidad gay ¿Cómo decide abordar temas tan actuales y necesarios de discutir?
Esta novela es absolutamente contemporánea, tanto que en la medida que la iba escribiendo, el tiempo iba pasando y si me levantaba de la máquina porque me iba de viaje y volvía, ya la novela había envejecido en cuanto a esa pretensión mía de que tenía que estar al día. Y si una película se está pasando en un cine, yo tenía que cambiar la película para que fuera más contemporánea. Los asuntos que están en la contemporaneidad hoy tienen que estar allí porque son parte del conflicto. Si los personajes entran en conflicto, entran en conflicto con las características de la sociedad. Religión, sexo, aborto, la política sobre los gays, todo eso está de por medio y (también) el abuso sexual.

Imagino que cuando usted empezó a escribir esta novela en 2013 muy pocos preveían que para 2017 se iba a desatar la ola de denuncias contra el acoso y abuso sexual que se ha visto en la actualidad.
Sí, cuando la novela se publicó todavía no había comenzado esa ola… pero es como un globo que solo necesitaba un pinchazo. Eso estaba ahí cargando la atmósfera y, en determinado momento, la valentía de una sola persona arrastra a otros. Porque siempre ha sido un estigma para una mujer decir “fui violada, fui acosada, abusada, a cambio de que me den un papel en el cine”. Que es lo mismo a decir a “cambio de que me den un trabajo”. ¿Cuántas veces no ocurre que una mujer se presenta a solicitar un trabajo y entonces el favor que le exigen a cambio es el sexual? Me parece que estamos viviendo un momento muy trascendental. Ojalá después de esta ola universal de denuncias, las cosas no volverán a ser las mismas.

¿Usted cree que se está haciendo lo suficiente para contar Nicaragua?
Sí, yo creo que ahora hay más narradores que antes porque hemos sido un país de poetas. En Nicaragua se es poeta mientras uno no pruebe lo contrario. Pero ahora hay más narradores, sobre todo entre los jóvenes, después de la generación que nació en los años ochenta, hay una expansión de la narración. Y eso todavía se está consolidando, vamos a ver más frutos. Me parece que está ocurriendo también en el resto de Centroamérica.

¿Cuál es su balance de estos años haciendo el festival Centroamérica Cuenta?
Lo hemos logrado consolidar. Este año vamos ya viento en popa, lo abrimos en la tercera semana de mayo. Tenemos una lista muy calificada de invitados. Más de 70 invitados que vienen de muchas partes: de México, de Italia, Argentina, Chile, Colombia, Perú, Francia, Inglaterra y, por supuesto, de todos los países centroamericanos.

El festival tiene patrocinio de la empresa privada. ¿Hay algún apoyo del Estado nicaragüense?
No, ni pensarlo, no, no… con que nos lo dejen hacer, suficiente. Pero la empresa privada cada vez nos apoya más. Y entidades internacionales, fundaciones, gobiernos. Tenemos el apoyo del Gobierno de Francia, de España, de Alemania, de Brasil, de Colombia. Entonces… tenemos respaldo.

Sergio Ramírez

La otra muerte del escritor

El próximo 27 de abril se cumplen siete años de la muerte del escritor salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa. Su obra abarca varios libros entre cuento, novela y poesía. También se dedicó al periodismo y a la traducción, y escribió durante muchos años el blog “Tribulaciones y asteriscos”, que todavía puede consultarse en la red. En un sondeo informal realizado por el blog literario “Café irlandés”, donde se preguntó a varios lectores sobre libros de escritores salvadoreños que deberían ser leídos por las nuevas generaciones, seis de los 24 títulos sugeridos pertenecen a Menjívar Ochoa.

Otro escritor salvadoreño, Ricardo Lindo, falleció el 23 de octubre del 2016. La extensa obra de Lindo comprende novela, cuento, poesía, teatro y ensayo. Su labor cultural abarcó varias disciplinas. Además de escritor era pintor, actor, investigador, traductor y editor. Entre su extensa obra destaca la novela “Tierra”, publicada en 1996 por la Dirección de Publicaciones e Impresos, en edición patrocinada por la Fundación María Escalón de Núñez.

En el mundo literario se comparte una broma algo macabra entre editores y escritores: “Un escritor muerto vale más que un escritor vivo”. Se dice esto porque, en otros países, cuando un escritor muere, las editoriales buscan por todos los medios tener acceso a la publicación del material inédito que haya dejado el autor. Su muerte sensibiliza a los lectores y los impulsa a buscar sus libros. También genera interés por conocer textos desconocidos como diarios, cartas o manuscritos inéditos. La imposibilidad de que haya futuras y nuevas producciones de parte de los fallecidos es, en parte, el origen de dicho valor. Las editoriales suelen aprovechar ese momento de sensibilidad exaltada para incrementar sus ventas.

En nuestro país, esto no ocurre. Pese a que algunos autores siguen siendo publicados y reeditados (sobre todo los pertenecientes al temario de lecturas obligadas del Ministerio de Educación), hay otros cuya obra no está siendo reeditada ni rescatada. Sería de sentido común pensar que dicha tarea es parte de las funciones de la estatal Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI), pero no hay una política clara ni consistente al respecto.

Por otro lado, para que la obra de un escritor fallecido pueda publicarse hay que negociar los derechos de autor correspondientes y en más de algún caso surgen obstáculos para llegar a un buen acuerdo. Para ello, la DPI (o cualquier editorial) necesita contar con fondos especiales (de los cuales suelen carecer) para llevar a cabo dicha labor.

La DPI haría bien en mejorar su política editorial y considerar la construcción de su catálogo, no solo en función de dar a conocer a nuevos escritores (mediante los trabajos ganadores de los Juegos Florales) o a la literatura infantil (que promueve hoy en día con tanto entusiasmo). También es importante ver hacia el pasado de nuestras letras para enriquecer y ampliar el canon de lectura impuesto por el Ministerio de Educación. Así, las actuales y futuras generaciones de lectores podrían tener acceso a obras literarias que fueron emblemáticas en su tiempo.

Tampoco existen instituciones o fundaciones que desde el ámbito privado hagan este tipo de rescate. El archivo documental de los escritores generalmente se dispersa o se destruye debido a que los familiares, muchas veces, no comprenden o aprecian el valor de lo que solo consideran un “montón de papeles viejos”. Borradores, versiones corregidas, apuntes, investigaciones, es un material de fondo valioso para los estudios académicos literarios. Las universidades internacionales suelen pagar miles de dólares por esos archivos. En nuestro país suelen ser despreciados o mantenidos lejos del acceso público.

Para el lector salvadoreño también es necesario ese rescate de obra, para comprender la evolución de nuestra literatura y cómo ha dialogado (o no) con los movimientos literarios mundiales. A fin de cuentas, la literatura es otro espacio desde el cual se puede comprender el espíritu nacional. La limitación de publicaciones o reediciones de nuestra propia literatura implica, también, la construcción limitada o incompleta de nuestra comprensión del país.

Una de las consecuencias del vacío en el rescate de la obra de los escritores muertos es la distorsión en cuanto a la producción de la narrativa en el país. Diera la impresión, por ejemplo, de que en El Salvador hay una sobreabundancia de poetas. La poca publicación de novelas por editoriales nacionales y la falta de concursos literarios del género (uno que tenga continuidad en el tiempo y que premie una novela sin poner límite de páginas, por ejemplo) contribuyen un poco a esa percepción de que la novela es un género poco trabajado en el país.

Las bibliotecas universitarias y la Biblioteca Nacional cumplen dentro de todo este panorama un papel importante de rescate y conservación; pero también son un recurso limitado. La adquisición de libros depende de diferentes factores, entre ellos un buen presupuesto, algo con lo que no todas cuentan. Para algunas universidades, aunque quisieran tener ciertos títulos entre su haber, la limitante es la imposibilidad de encontrar dichos libros porque están fuera de circulación.

Como alguien que conoció a Ricardo Lindo y a Rafael Menjívar Ochoa lamento que sus obras no estén fácilmente disponibles para nuestros lectores. Ambos escritores dejaron material inédito al morir. Son dos escritores profundamente diferentes entre sí, pero ambos crearon una obra valiosa e importante para nuestro acervo cultural. Hasta donde sé, no hay ningún plan para publicar sus libros inéditos ni reeditar o recopilar la obra completa de cada uno.

Los autores mencionados, así como varios autores fallecidos más, merecen la reedición de sus obras y el estudio y rescate de sus documentos y bibliotecas. Para un escritor fallecido el hecho de que nadie vuelva a publicar o leer sus libros es, prácticamente, una segunda muerte.

Así es que si tiene libros de algún escritor salvadoreño ya muerto, cuídelos y aprécielos. Es altamente probable que jamás vuelva a haber otra edición de estos, y que esos libros se conviertan, dentro de algunos años, en reliquias valiosas de nuestro pasado literario.

Atender al conflicto

Soy una promotora del conflicto. Estoy convencida de que es una forma real y honesta de ponerle luz a situaciones, relaciones o proyectos que necesitan actualizarse y sanar. Creo también que los humanos hemos avanzado en ciencia, economía, matemáticas, física, pero seguimos siendo unos analfabetas emocionales, que hemos creído ese discurso dominante de que el estado óptimo y natural del humano es estar “siempre” feliz. Peor aún, que, bajo la influencia de las redes sociales, todos deben ser testigos de ese estado de felicidad permanente. Nada más alejado de la realidad.

En un país como El Salvador, plagado de formas y con muy poco fondo, huimos de conversaciones incómodas y de emociones fuertes, como el enojo, la frustración y la rabia. Y no es que estas últimas no las sintamos, eso es imposible. Lo que sucede es que las adormecemos con lo que sea, porque consideramos que no es “normal” sentir el dolor.

Al evitar el dolor, la cólera y otras expresiones emocionales, lo único que conseguimos es desconectarnos de nosotros mismos, fortaleciendo, al mismo tiempo, los problemas; porque sin atenderlos con claridad y transparencia lo que hacemos es alimentar con gasolina una situación que pide atención y soluciones.

Lamentablemente, en esta sociedad estamos tan acostumbrados a que estallen violentamente esos aspectos desatendidos que hemos olvidado que existen otras formas para gestionar los conflictos, que con respeto por las opiniones diversas se puede dialogar y, sobre todo, que se pueden descubrir rutas de solución que beneficien a los involucrados. Tristemente, en El Salvador vivimos estancados. Cada uno defendiendo su postura. Sin posibilidad de apertura.

Aquí se valoran demasiado las buenas formas, lo externo y lo cosmético; y se evita asumir las responsabilidades personales y de grupo ante situaciones que requieren soluciones concretas o que exigen, al menos, poner sobre la mesa los diferentes puntos de vista frente a un desacuerdo. Olvidar el pasado, darle vuelta a la página y ver hacia el futuro son solo frases vacías que buscan tapar la realidad. Porque sin la comprensión de los hechos y del impacto del pasado en el presente, solo nos condenamos a revivir, una y otra vez, ese ciclo de apariencias en el que las profundidades están plagadas de frustración, rabia y desencanto, las cuales terminan expresándose, invariablemente, en formas cada vez más violentas.

En El Salvador, somos expertos en atacar anónimamente a quienes piensan diferente a nosotros. Evitamos y bloqueamos los espacios en los que se puede abrir el diálogo honesto, sincero y transparente. Y, por falta de valentía para hablar con la verdad, contribuimos a que la sociedad se mantenga en la superficie hablando de colores y de situaciones idílicas que no tienen un asidero real. Esa falta de honestidad para evaluar otros puntos de vista siembra, en adultos, niños y jóvenes, una forma perversa de construir comunidad y sociedad, donde domina el que más grita, el que miente y el que destruye a toda costa a quien es diferente a la corriente dominante.

Esa falta de respeto por quienes piensan distinto es lo que nos está matando, porque no logramos ver el fondo de los problemas y la raíz desde donde la violencia y la superficialidad se alimentan. Requerimos poner luz en los temas más complejos, en la infinidad de conflictos que nos afectan; de lo contrario, continuaremos promoviendo esa falsa sonrisa que se pinta por fuera, pero por dentro viviremos descompuestos y presos de traumas.

Nueva ley de migración chilena

Hace aproximadamente seis meses escribí en este mismo espacio sobre Santiago y sus migrantes. Hoy vuelvo a hacerlo, motivada por el contexto regulatorio que ha empezado a regir en el país andino: la nueva Ley de Migración que impulsó el recién reelecto presidente Sebastián Piñera.
Es difícil no hablar del intenso y repentino proceso social, cultural y económico que atraviesa Chile a nivel migratorio y que se ha exacerbado en los últimos años: miles de personas, en su mayoría haitianos y venezolanos, han elegido a este país suramericano como destino para desarrollar una nueva vida. Lo que ambos países comparten es la difícil situación humanitaria y política que atraviesan.

Poco a poco, especialmente en los últimos dos o tres años, se fue evidenciando la presencia de extranjeros en las calles santiaguinas y también en otras regiones del país: era fácil identificar el acento venezolano, y qué decir del color de piel de los haitianos, cuando antes ver a un afrodescendiente era poco usual. La presencia de los colombianos y peruanos, nacionalidades más comunes entre la colonia inmigrante, fue pasando desapercibida.

No era necesario ver cifras del departamento de extranjería para tener la certeza de que los índices de migración estaban aumentando como la espuma. Estaba a la vista: los barrios empezaron a transformarse; los titulares de las noticias siempre incluían “migración” o “el nuevo rostro de Chile”; las ventas de arepas se multiplicaron; las ferias laborales incluían stands “solo para extranjeros”; y el canal nacional, TVN, produjo una novela llamada “La colombiana”, en la que se plasmaba la historia de un inmigrante que llegaba a uno de los barrios más tradicionales de Santiago.

En una conversación con una funcionaria municipal de una de las comunas con mayor índice de inmigrantes en Santiago, supe que la oficina de asuntos laborales reformuló sus funciones y asesorías, ya que ahora quienes más uso hacen del servicio municipal son los inmigrantes. No es que estos tengan una formación educativa deficiente o escasa, sino que se enfrentan a desafíos con su estatus migratorio o el desconocimiento de los procedimientos que una búsqueda laboral implican.

El hecho de que una oficina municipal redirija sus esfuerzos hacia un grupo diferente de la población era una potente señal de cómo estaba cambiando la dinámica social a raíz de la migración. De igual forma, la demanda había crecido de tal manera que los plazos para los trámites usuales de solicitud de visas aumentaron de tres a nueve meses o más.

Chile se estaba enfrentando a un intenso e interesante proceso migratorio que estaba generando cambios rápidos y evidentes en distintos niveles de su cotidianidad. Al principio, generaba curiosidad y, aunque quizá sin mucho entusiasmo, los migrantes eran bienvenidos. Hasta que el fenómeno empezó a causar ruido: hospitales abarrotados, barrios colapsados, denuncias de contratos abusivos de trabajo.

Este lunes empezó a regir la nueva Ley de Migración: venezolanos y haitianos requerirán tramitar una visa especial en sus respectivos países para poder ingresar a Chile con propósito de residencia. Aunque planteado de manera muy amable y amena, el objetivo de esta ley es reducir la cantidad de personas de esas nacionalidades que ingresan a Chile.

Ahora, habrá que observar el nuevo proceso de desaceleración de la migración y, entonces, volveré a escribir al respecto.

Carta Editorial

A Nicaragua esta semana la han envuelto las protestas. Las calles se han llenado de gente que denuncia, que se siente dañada por las reformas en medidas de seguridad social, con las que aumenta la cuota patronal y laboral, y además se establece la cotización perpetua. Y esa gente ha recibido a cambio una respuesta violenta de parte de los cuerpos de seguridad. A la Nicaragua de la revolución y a la Nicaragua de la represión las explica Sergio Ramírez, su escritor más reconocido y laureado.

Esta entrevista arranca en un punto de quiebre, cuando Ramírez renuncia al Frente Sandinista. Porque hubo un tiempo en el que los sandinistas escalaron hasta derrocar la dictadura de los Somoza. Tras eso, Ramírez fue investido como el vicepresidente del gobierno de Daniel Ortega, el que duró de 1985 a 1990.
Lo que Ramírez ilustra en palabras y ejemplifica con sus acciones es cómo los proyectos políticos, una vez alcanzan el poder, se vacían de ideales y, en ese momento, traicionan la confianza de quienes les entregaron trabajo y sacrificios.

Ramírez renunció al partido, pero no a los anhelos de más equidad, justicia y libertad en los que nació. Hasta el cierre de esta edición, se habían registrado brotes de violencia en cuatro ciudades: Managua, León, Masaya y Estelí. En estas protestas se quitaron de varios lugares públicos las banderas del partido en el gobierno. Sin contenido, la política solo da para el rechazo.

Llegar hasta la violencia va a ser siempre una decisión lamentable. Pero la alternativa, que es la de la indiferencia y el silencio, es peor, porque en esta se fortalecen las conductas antidemocráticas.
Ramírez renunció al Frente Sandinista en una conferencia de prensa a la que él mismo había convocado. Más de tres décadas después, las manifestaciones son la renuncia a unos gobernantes que desnaturalizaron su función de servicio.

“Sueño cumplir el propósito para el que fui creada”

¿Cómo describiría a los emprendedores salvadoreños?

Soñadores y diligentes. No es fácil emprender, sea en este país o en otro, mantener el sueño y las metas claras sin darse por vencido.

¿Qué le emociona de su ocupación?

Ver o que me cuenten de la reacción de las personas al recibir el regalo que salió de mi taller. Saber que el mensaje llegó a la persona correcta en el momento justo.

¿Cómo imagina su vida dentro de 10 años?

Sirviendo en mi local, con más de una sucursal, quizá hasta en otro país y con un taller grande con varias personas trabajando por el mismo objetivo. Enamorada y casada con el hombre de mis sueños y con un par de hijos.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Hacer un viaje del que no muchos saben.

Si pudiera tener un superpoder, ¿cuál sería?

El de la serie de niños “Bernardo y su reloj”: detener el tiempo.

¿Qué sueña?

Cumplir con el propósito para el que fui creada.

¿Cuál es su palabra favorita?

Meraki, significa hacer algo con el alma, con amor y creatividad. La esencia de sí mismo puesta en el trabajo.

Buzón

Buzón

Estrés hídrico

Si de verdad los gobiernos que ha tenido este país hubieran querido sacar adelante un proyecto a largo plazo (“Agua para todos”) y evitar así acercarnos a una crisis estructural severa, no estaríamos en los afanes de protestar con cántaros y cumbos para que llegue el agua. El estrés hídrico se concibe a partir de que la demanda del agua excede la disponibilidad de abastecimiento.
Eso pasa por la ausencia de una ley bien fundamentada, que reconozca el agua como un derecho humano y no como una mercancía, que contemple una visión de país, que aglutine esfuerzos y recursos públicos, privados y de la cooperación internacional con el compromiso social de no caer en conflictos por el crecimiento natural de la población.

Pero sucede que, por hoy, es un desorden, no hay normativas, hay deuda con la ley del agua, la población crece desenfrenadamente, el cambio climático con inviernos inciertos y, por encima de eso, hemos aprendido a ser inclementes depredadores. Ahí tenemos el problema del tratamiento de la basura, que va a terminar a los ríos, la despiadada deforestación, la contaminación con aguas residuales industriales y los escasos planes de contingencia para paliar esos desajustes.

Otro principio que debe prevalecer en una ley es la garantía al acceso igualitario al bien público del agua, que además no se debe privatizar. Los problemas como el que plantea Moisés Alvarado en el desplegado “Izalco y sus pioneros del agua” son un ejemplo de la brecha de desigualdad en el acceso al agua. Allí son las propias comunidades organizadas las que han emprendido la gestión sustentable de su agua. Izalco no es el único caso, son decenas de municipios los que han sufrido hasta persecución y prisión, como en el caso del agua de siete comunidades en Tacuba, donde el alcalde quiso apropiarse del sistema de agua comunitaria Bendición de Dios, no para servir de apoyo, sino para manosear las finanzas de la comunidad.

En igual forma existen otras asociaciones legales que también han logrado administrar sus conquistas hídricas. La gente de más bajos recursos sabe que el agua podría ser el nuevo oro a corto plazo y que, de no protegerla hoy en su preservación, tocaría pagar los fuertes impactos de escasez que siempre irrumpen en los menos afortunados. La ineficiente gestión del agua en nuestro país se manifiesta en conflictos sociales y protestas que cierran calles y afectan al tráfico.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Agua para todos

El principal proveedor de agua potable en el país es ANDA, que presta sus servicios a un 40 % de la población. Aunque tenga esta cobertura no significa que el agua que distribuye sea de calidad y suficiente debido a que, en muchos lugares, el servicio es intermitente y con deficiencias. De acuerdo con el PNUD, El Salvador ocupa el tercer lugar en América Latina respecto de la mayor desigualdad en acceso al agua, solo el 88 % de los hogares con mayores ingresos tiene derecho al agua potable, y solo el 44 % de los hogares más pobres tiene este servicio. La diferencia se refleja en el gasto público, ya que el Estado prioriza más los proyectos en las zonas urbanas y descuida las zonas rurales y semirrurales, que solo reciben un 32 %.

Por tal razón nacen las juntas rurales del agua que las comunidades han organizado por el esfuerzo de grupos y asociaciones interesadas por mejorar la falta del vital líquido. Además se han constituido en una fortaleza para evitar la privatización y concesión de tan vital líquido. El agua se vuelve un elemento esencial para la vida y no puede ser privatizada, ya que equivaldría a privatizar la vida, ni tampoco debe cederse a grupos de interés particular, cuyo fin es el lucro. Son las comunidades y naciones las que deben tener y ejercitar soberanía sobre sus fuentes de agua.
En el reportaje “Izalco y sus pioneros del agua”, que presenta el periodista Moisés Alvarado, se narran todas las peripecias de una organización comunitaria, APROMUPIZALCO, que se esfuerza para mantener constante el servicio de agua a sus socios. Se destaca que en estas asociaciones el esfuerzo comunitario se enfrenta a la violencia predominante en los alrededores de los nacimientos de agua. Se reconoce que esas asociaciones son la tabla de salvación en algunas zonas del país que no han sido atendidas y que habiendo buenos miembros en sus juntas directivas tienen agua en sus hogares.

Quiero dar un especial agradecimiento por este medio a APROMAPASASISJ, de Santiago Nonualco, que nos brinda agua a un sector. Entre todos los vecinos nos turnamos para brindar la mano de obra. Los materiales fueron donados por organismos internacionales. Con este tipo de reportajes se reconoce a las personas que día a día sacrifican y donan su tiempo sin finalidad de lucro para satisfacer las necesidades de todos los usuarios afiliados a estas organizaciones comunitarias.

Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook.com


Sobre las pandillas

El domingo pasado, un politólogo que escribe en 7S se preguntaba si hemos perdido el combate contra las maras, al tiempo que opinaba que pensamos en el tema como que si fuera el único que originara la violencia en el país. Aprovechando la hospitalidad que nos da esta revista, quisiera agregar unos comentarios relacionados con la temática. Como facilitador en una asignatura humanística, pregunté en cierta ocasión a unos estudiantes de un colegio de clase media de la zona metropolitana de San Salvador, a punto de graduarse de bachilleres, a qué se debía que ellos no se incorporaban como otros jóvenes al accionar de pandillas o grupos estudiantiles violentos. Como en una clase abierta todos manifiestan sus pensamientos, aceptaron que ellos imitaban su vestimenta, oían su música y tenían expresiones basadas en sus códigos, pero que no se incorporaban porque tenían hogares estables, sus papás los apoyaban en todo en la medida de sus posibilidades. Ellos mismos concluyeron con que los pandilleros no han tenido las oportunidades que ellos tienen y por eso buscan el apoyo de grupos en los que se sienten cómodos.

Los pandilleros típicamente son jóvenes de entre 10 y 21 años de edad o un poco más. A la mayoría no le ha ido bien en la escuela y muchos han abandonado sus estudios antes de terminarlos. A menudo tienen familiares que han estado en las pandillas. Usualmente los jóvenes más involucrados en la pandilla tienen historial de estar sin supervisión adulta diariamente por largos periodos de tiempo desde una temprana edad. Estos jóvenes se unen a las pandillas en busca de aceptación, compañía, reconocimiento y sentimiento de pertenencia, para sentirse identificados socialmente. La carencia afectiva y las necesidades de recursos básicos terminan por agrupar a los miembros.

Por lo general, las pandillas han ganado el máximo control en las comunidades urbanas y rurales pobres en respuesta al desempleo y otros servicios. Podría decirse que las autoridades han perdido parte del control en el combate de las pandillas, ya que la Mano Dura y Superdura que vienen desde los tiempos del gobierno del expresidente Flores no han dado los frutos esperados y, cada vez más, se dan masacres más crueles que antes y asesinatos de personas inocentes. Vemos que el dinero aportado a las autoridades se utiliza más para represión que para prevención. Las autoridades deberían trabajar con mayor inteligencia. Se ha dicho con frecuencia que los territorios deben ser recuperados con escuelas, clínicas, canchas deportivas, lugares de encuentro, torneos deportivos. A algunos ya les ha dado buenos resultados.

René Alberto Calles
reneca4020@gmail.com

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (195)

1595. NO HAY MEJOR ESPEJO…

Cuando se fue de su lugar de origen, lo hizo pensando en una nueva vida. Era joven, y podía descubrir caminos que desde ahí parecían inabordables. Luego de mucho trajinar, llegó a aquella pequeña ciudad italiana donde le ofrecieron trabajo como ayudante de cocina, porque tenía credenciales como chef en ascenso. Una tarde, caminando por las callejas atestadas de turistas, se cruzó con alguien que le trajo de inmediato el recuerdo de aquel personaje que había sido algo así como su mentor en la adolescencia. Ese alguien estaba decrépito y apenas caminaba. Le entró una angustia súbita. ¿Qué significaba su nueva vida? Era tarde y tenía que ir al restaurante a reasumir labores. Esa noche tuvo una pesadilla. Y en ella una voz le susurraba: “No hay mejor espejo que un amigo viejo”. Entonces lloró de nostalgia. Solo eso le quedaba.

1596. CONTIGO PAN Y CEBOLLA…

Desde que se conocieron, como niños en plan de adolescentes, en el festejo de cumpleaños de uno de los amigos del barrio, hubo entre ellos una sintonía perfecta. Entre ellos sí, pero entre sus parientes no. Y es que cada una de las familias decía querer algo superior para su descendiente. En esas estaban cuando se produjo un acontecimiento que puso todo en veremos: él ganó una beca para ir a estudiar al extranjero, y había que tomar decisiones de inmediato. La familia de ella se negó a que lo acompañara. Si se iba, tenía que hacerlo por su cuenta y riesgo. Entonces ambos reunieron en conjunto a las respectivas familias y ahí les expresaron que se irían juntos, aunque fuera a pasar penurias. Y él les recalcó: “Somos fieles creyentes en aquel refrán que dice: Contigo, pan y cebolla; y con otra, ni olla. Quédense con sus ollas…”

1597. HAZ BIEN…

Doña Milagros se sentía inspirada por su nombre, y por eso desde muy temprano en su vida tuvo inclinación irresistible al servicio de los demás. Cuando murió su marido y sus hijos se fueron a buscar oportunidades al Norte, ella se quedó sola en la casita suburbana donde vivió desde siempre. Se dedicaba a coser ajeno y a cocinar por encargo, y lo poco que le quedaba luego de gastar en lo elemental lo dedicaba a socorrer a sus vecinos más necesitados, que eran cada vez más. Muchos de los familiares jóvenes de aquella gente que tenía cada vez menos se habían incorporado a los grupos criminales, pero ella seguía en su afán, sin miedo ni reposo. Hasta ese día en que un par de delincuentes se metió en su casa y le quitó la vida sin necesidad porque doña Milagros no opuso resistencia. Hasta en las últimas dio el ejemplo.

1598. LO QUE NATURA NON DA…

Quería componer música. Dentro de él las armonías flotaban como hojas vivas en la corriente de un arroyo, pero por fuera nada revelaba cadencias armoniosas. En ningún instante, sin embargo, decayó su voluntad de responder al tenaz mandato interior. Lo pertinente era animarse al estudio formal en una academia confiable. Cumplió los exámenes de ingreso e inició el curso. Se esforzaba como el que más. Y pese a que su nivel nunca llegaba al plano superior, parecía ir encaminándose, hasta que de pronto llegó el silencio. Uno de sus maestros le explicó: “Es un mecanismo de defensa. Hay que sepultar el clavo de la duda y sembrar la semilla de la fe. ¿Has oído aquello de ‘Lo que Natura non da, Salamanca non lo presta’? ¿Y quién sabe dónde está lo que da Natura y qué es lo que Salamanca puede prestar?”

1599. ARRIEROS SOMOS…

¿Cómo era posible que después de tanto tiempo aquella imagen estuviera a solo unos centímetros? El aparecido lo saludó con efusión: “Hola, Chente, ¿te acordás de mí?” “Claro que me acuerdo, Chema. ¿Vos te acordás?” Habían sido vecinos, y tuvieron una disputa por la medición de las respectivas viviendas. Chema les encargó a unos sicarios que intimidaran a Chente, que acabó en un hospital y al salir escapó de la zona. “Te vengo a pedir un favor, Chente: que le permitás a tu hija andar con mi hijo… Se han conocido en la U”. “Ah, así están las cosas… Bueno, si me devolvés lo que me robaste, puede ser. ¿O querés que te mande sicarios? Ahora soy yo el poderoso. Tengo mi banda”. Chema retrocedió un par de pasos, como si quisiera huir en el tiempo. Pero no hay de otra: arrieros somos y en el camino andamos…

1600. OJOS QUE NO VEN…

La vida tiene derivaciones insospechadas. Y es que el camino de él y el camino de ella parecían ir de pronto en direcciones opuestas, después de tanto tiempo de íntima armonía en el trayecto. No podían escapar a aquel fenómeno existencial, y se hicieron a la idea. Pasado un largo período sin verse, tanto él como ella sintieron la necesidad imperiosa de recuperar la cercanía. Como habían perdido el contacto, tuvieron que andar en la búsqueda de indicios localizadores. Aquello resultó más difícil de lo esperado. Cuando se encontraron, los pálpitos mutuos les hicieron temer que el corazón se les saliera del pecho. Y entonces él dijo, animoso: “Le ganamos la partida a la sabiduría popular, que dice: ‘Ojos que no ven, corazón que no siente’. Nos pasó al contrario: ojos que no ven, corazón que se enciende…”

1601. MÁS VALE PREVENIR…

Aquella mañana, que era una de las primeras del tiempo vacacional, se levantó del catre con un zumbido extraño entre las sienes. Creyó que eso era simple producto de una mala posición, pero cuando le duró toda la jornada empezó a sospechar trastornos más delicados. Fue por fin a consultar a su médico de cabecera, que parecía ser experto en todo. Y el médico, ingenioso por vocación, le salió al paso: “Ya que decís que soy tu médico de cabecera, voy a ver qué te pasa en la cabeza”. De los exámenes superficiales no parecía salir nada. “Hay que hacer estudios más profundos…” “¿Por ejemplo?” “Una lavativa mental”. “¿Y eso?” “Vacaciones sin rumbo”. “¿Y si me pierdo?” “Sería lo que necesitabas. Terapia sigilosa. Probemos. Más vale prevenir que lamentar”.

1602. CUANDO EL SOL ALUMBRA…

Los tiempos eran difíciles, y lo mejor era el escape. En eso coincidían; pero no había coincidencia en el hacia dónde. Él hacia el Norte y ella hacia el Sur. Como si vivieran en un mapa mental contradictorio. Había que encontrar alguna salida, y él, imaginativo por naturaleza, se puso a pensar. De pronto: “¡Ya lo tengo! ¿Qué te parece si le preguntamos al Sol?” “¿Y cómo?” “Bueno, tirando una moneda a cara o cruz: cara, el Norte; cruz, el Sur”. “¿Y quién la tira?” “Tú”. La moneda, al caer, se perdió en el suelo ceniciento. “Pues nos quedamos, porque cuando el Sol alumbra no vale penumbra…”

Omoa, la ciudad que se resiste a ser fantasma

Economía. La basura en Omoa, Honduras, le ha restado atractivo. Los desechos llegan desde aquí, el basurero de Ciudad de Guatemala.

Omoa es una ciudad pequeña en la costa del Caribe centroamericano, al norte de Honduras y a poco más de 300 kilómetros al oeste de Guatemala. Hasta hace algunos años, Omoa era un típico paraíso caribeño (palmeras de las que colgaban hamacas, barquitos surcando los ríos y aves exóticas por encima de todo) famosa por la Fortaleza de San Fernando (el más grande bastión español de América Central), los pescadores (unos 600 que sacaban unas dos mil libras de pescado) y la gastronomía (platos típicos como machuca, sopa de caracol, pescado frito). Ahora, en días de semana se parece más a uno de esos pueblos fantasmagóricos enterrados en la pobreza y el olvido que al pueblito de encanto que atraía a un millón de turistas hasta principios de 2000.

Es lunes 22 de enero de 2018. Son las 10 de la mañana en la calle principal de Omoa y algunas personas ven pasar las horas, sentadas en banquetas en el parque central, mientras se abanican para alejar la pesadumbre de 40 grados a la sombra. Otras van y vienen con bolsas de mercado. Un deteriorado vehículo con parlantes anuncia descuentos en una ferretería. El viento cálido ondea banderas multicolores sobre los techos de zinc. Son los únicos que le dan vida a la ciudad en días de semana.

A una hora de aquí, a 30 kilómetros en dirección a la frontera con Guatemala, a orillas de uno de los ríos que rodean a Omoa, el Motagua, está el principio de la explicación de su ruina: una extensa alfombra de 3,000 toneladas de basura llega a cubrir la playa cada invierno, puntualmente, y permanece allí por lo menos cuatro meses. Donde alguna vez hubo arena, aún se encuentran jeringas, bolsas de sangre, plasma, frascos con medicinas vencidas, sueros y vendajes, sandalias y recipientes plásticos adheridos a la superficie. Es parte de la podredumbre que ha sumergido a Omoa en la decadencia.

El Motagua arrastra basura desde antes de llevarla a la frontera, antes aún de ser el Motagua: el río Las Vacas recibe todas las aguas servidas de la Ciudad de Guatemala, las desplaza por Chinautla hasta toparse con la presa de la planta hidroeléctrica. Luego continúa por municipios de la región metropolitana (Chuarrancho, San Pedro Ayampuc, San Raimundo), hasta desembocar en el mar Caribe, y en playas como las de Omoa o las de Roatán.

El año pasado la noticia fue esa: las playas de la isla atestadas de desechos. Los medios del mundo se es candalizaron y la BBC tituló “Ropas, plásticos, animales muertos y hasta cuerpos humanos”. Omoa parece haberse perdido a tal punto en el mapa que ni siquiera todas esas toneladas de basura (con todas sus consecuencias) la volvieron noticia.
Pero la basura es la misma; el trayecto, también. Un recorrido por las ciudades y comunidades por las que pasan los efluentes del río Las Vacas muestra eso que se ve aquí cada septiembre: desechos atestados de moscas que despiden un olor inocultable.

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PRIMERA PARADA: CIUDAD DE GUATEMALA
El viaje inicia a 351 kilómetros, en la capital de Guatemala. Allí, además del río Las Vacas y ningún tratamiento de aguas residuales, hay un basurero gigante.
Está en la zona 3 y en él cabrían ocho estadios de fútbol. Cada día se descargan tres mil toneladas de desechos que llegan de la Ciudad de Guatemala y de nueve municipios cercanos, y es clasificada por más de mil personas. Toda esa basura también afecta al río Motagua: por un extremo del basurero, pasa el río Las Vacas, que nace en los cerros que bordean la periferia de la capital y es corto (55 kilómetros). Y se lleva los desechos que se filtran en su trayecto.
El río Las Vacas no es un río común y corriente: no hay peces ni nada de vida acuática. Es, también, uno de los mayores desagües de la ciudad: el 63 % de las aguas negras va a parar ahí.
Lo primero que choca con el río Las Vacas en su viaje hacia el Motagua, a 18 kilómetros de la ciudad de Guatemala, es la planta hidroeléctrica del mismo nombre, que pretende contrarrestar la contaminación de basura, agroquímicos y desechos orgánicos con instalaciones para el reciclaje de desechos plásticos. Pero la basura parece esquivarla.

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SEGUNDA PARADA: SANTA CRUZ CHINAUTLA
Siguiendo el camino por el kilómetro 9 hacia Santa Cruz Chinautla, se bordea el río Negro. Es la ruta de la contaminación: el río transporta desechos inorgánicos, plásticos, llantas, recipientes de todo tipo y hasta animales muertos.

En el kilómetro 14.5 está Santa Cruz de Chinautla, una comunidad de la región metropolitana que es una sucesión de barrancos y montañas atravesados por ríos de aguas negras, como Las Vacas o El Zapote. Las aguas avanzan con podredumbre y, en las crecidas de invierno, los vecinos dicen que el olor es insoportable y muchas veces se inundan por la obstrucción de los canales de drenaje.

Las viviendas a orillas del río son susceptibles a derrumbes. Una amenaza directa para los vecinos.
Ese es el hogar de Silvia Pascual: “Hace 20 años tenemos el problema del río, pero desde hace 15 es un desastre. El río crece y la cantidad de basura que sigue llegando a nuestros pueblos también. El hedor que viene del agua en invierno, cuando arrastra hasta cadáveres, es un problema grave. Se han realizado varias llamadas, pero nunca recibimos respuesta”, dice.
Otro residente de la zona es Efraín Martínez Vázquez. Ni su contextura fuerte ni su hablar pausado reflejan su agonía, pero él la detalla: “De parte de las autoridades hemos visto negligencia. No les interesa el problema. Teníamos entendido que ya debían haber entrado a funcionar las plantas de tratamiento para el manejo de las aguas servidas, pero hasta ahora no funcionan”.
La falta de tratamiento, tanto de la basura como de las aguas residuales, es el principal obstáculo para hacerle frente al problema. Algo que no existe en ninguna de las localidades de Guatemala por las que viaja la contaminación. Entonces, ya se dijo, la basura va a los ríos y a las playas de pueblos como Omoa. Pero aún falta para eso. La siguiente parada es El Quetzalito.

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TERCERA PARADA: EL QUETZALITO
La última comunidad guatemalteca por la que pasa el imponente río Motagua antes de llegar al Caribe es El Quetzalito. Es un pueblo con casas de teja, apariencia sencilla y apacible. Algunos residentes, acostumbrados al trabajo duro de la pesca y la agricultura, vieron una opción laboral en la basura, y se volvieron recicladores.
Como Marco Dubón, que tiene el músculo entrenado para la supervivencia.
“Nos dedicamos a la agricultura y a recolectar 200 toneladas diarias de basura para reciclarla”, cuenta el joven de 20 años. “Somos 12 personas, limpiamos el río de desechos y los mandamos a Cementos Progreso, que los transforma en combustible”.
Pero por más esfuerzos y organización que haya, no logran quitar toda la basura. Y entonces el río Motagua continúa su trayecto transportando eso: desperdicios médicos, poliestirenos de uso industrial y recipientes plásticos con etiqueta de Guatemala.

Con eso, en el río apareció “cromo hexavalente”, un compuesto tóxico del metal cromo en estado de oxidación que puede provocar desde daños en el hígado, problemas reproductivos y de desarrollo, hasta cáncer. Como permanece en el agua decenas de años, también deja una huella profunda en el medio ambiente.
El diagnóstico es claro y dice “peligro”, “afectación del medio ambiente” y “contaminación”. Pero el río corre y, con las aguas, llega la basura a Omoa: 3,000 toneladas en 51 kilómetros de playa entre 2015 y 2016. Una descarga de putrefacción equivalente a 17 aviones Jumbo 747. En septiembre de 2017, y solo en 20 días, se recogió el equivalente a 420 camiones de basura.

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ÚLTIMA PARADA: OMOA
Es lunes 22 de enero de 2018 en Omoa. En el muelle, José Marcos, un pescador de 30 años con la piel curtida, lleva cinco horas intentando pescar en su pequeña embarcación. Pero no pasa nada.
“No siempre todo fue malo, pero la basura ha afectado el mar”, dice. “Alguna vez sacamos buenas tandas, pero los peces se están muriendo. ¿De qué vamos a vivir?”
A pocos metros de él, de pie sobre el muelle y con la mirada perdida en el horizonte, Roberto Navarrete coincide: “Atrapábamos cuberas, quines, sierras. Ahora no se agarra nada, o muy poco”. Le cuesta contarlo, pero lo cuenta en vos muy baja, agachando la cabeza. Tiene 32 años, es trigueño y delgado, y es uno de los tantos “faenadores” del mar que cada vez pescan menos en el lugar.
Desde que la basura contamina el mar, ellos no son los únicos que sufren. En Omoa los comerciantes venden menos, las empresas de turismo casi ni reciben contingentes y los niños enferman más.

“Pescar cada vez se hace más duro. La basura ha ahuyentado los peces”, dice el pescador José Marcos.
Desde su negocio en el muelle, Licuados y Más, doña Dominga Marroquín asegura que “la basura ahuyentó a los clientes”. La señora de 64 años, que desde hace 47 vive en Omoa, compara y concluye: “Si hace tres años atendíamos a 200 personas por día, esa cifra bajó a 30 y son consumidores internos”.
Roberto Paredes también es un comerciante dedicado a la venta de refrescos en negocios de la zona. Apoyado en el mostrador de uno de esos locales, lamenta: “Algunos días llegan cinco buses con turistas, hace un par de años venían hasta 20”.

El problema de la basura ha impactado en la actividad de 45 restaurantes a orillas de la bahía de Omoa. Para muchos, la razón es la basura.
“El panorama cautivador de Omoa ha tenido un drástico cambio”, dice Emérito Reyes, un maestro de la Escuela Internacional de Marinos y viejo vecino de Omoa. “La gente no quiere bañarse entre escombros y basura contaminada”.

La basura también se hace cuerpo. Hay niños con parásitos, ronchas y cuadros de enfermedades gastrointestinales.
Juan Zaldívar Reyes es uno de los niños afectados por erupciones en la piel: tiene ronchas en la nariz, en la parte trasera de su cabeza y en las piernas. ¿La causa? Los frecuentes baños en el mar: “Me dijeron que el agua puede hacerme daño porque siempre quedan microbios, pero me ponen crema para curarme”, contó.
A pocos metros de allí, en el Centro de Salud de Omoa, una mujer de 40 años llamada Noemí sostiene en su falda a su hija, Mirna, a la espera de un turno para ser atendida.
“Le encanta meterse al mar y al río y tiene la piel llena de ronchas, se rasca en forma desesperada y eso la ha lastimado más”, dice Noemí.
Es una más de los 10 casos de niños con problemas en la piel que concurrieron a ese centro de salud en busca de tratamiento la misma semana.
Aunque no hay estadísticas oficiales, los especialistas estiman que las condiciones del agua son un riesgo. La dermatóloga Jéssica Abud explica que las enfermedades de la piel son las más frecuentes: “Si nos sumergimos en agua donde hay agentes contaminantes, en especial biológicos, somos proclives a absorber algunas de esas bacterias o virus que proliferan y pueden afectarnos”, explicó.

Y agrega sobre la basura que atestó la playa de Omoa: “Son desechos de hospitales privados y públicos, y allí podemos tener contaminantes terribles que son un riesgo e incluso pudiera haber personas actualmente enfermas y no darse cuenta”.
La conclusión de Abud es preocupante: “Las autoridades deben ser responsables y advertirle a la población que está en alto riesgo biológico, que no se exponga a esas aguas porque, aunque se limpie la playa, la contaminación siempre queda. Y países como los nuestros no están preparados para aplicar tratamientos a personas afectadas por desechos biológicos”.
Aunque en estos días la basura es menor porque llueve menos en el Pacífico y eso calma las aguas, los vecinos de Omoa saben que es un recreo circunstancial: el problema se agudiza cada invierno, en julio, agosto y septiembre, cuando el agua satura al Pacífico y el efluente crece sin control, arrastrando consigo la inmundicia.
Los residentes lo saben porque desde hace más de dos décadas la basura llega puntual a formar la isla de desechos. Esa es una de las causas que ha hecho de Omoa el pueblo fantasma que es hoy.

Las autoridades patean la pelota: en Guatemala aseguran que en 2019 las comunidades que contaminan tendrán plantas de tratamiento de sus residuos; en Honduras, que las pláticas con el Gobierno vecino avanzan y que existe buena voluntad para minimizar el impacto.
En una época en que las ciudades del mundo incorporan el reciclado y ejecutan una gestión sostenible de los residuos, en los 27 municipios de Guatemala que contaminan el Motagua no existen plantas de tratamiento de desechos sólidos.
Con un “estira y encoge” que parece eterno, solucionar la crisis ambiental que vive Omoa parece un reto inalcanzable para los gobiernos de Honduras y Guatemala.
En medio de eso, los pescadores como José Marcos pasan las horas en una interminable espera para que algo pique, mientras las paradisíacas playas siguen convertidas en un monumental basurero. Un ambiente que suspende a Omoa en ese aspecto de los pueblos fantasmagóricos enterrados en la pobreza y el olvido.

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EPÍLOGO: EL ESTIRA Y ENCOGE DE LOS GOBIERNOS
En 2016 las autoridades de los dos países se sentaron a blanquear el problema. Pero hasta ahora todo sigue igual.
El 1.º de septiembre de 2016, una comisión binacional integrada por ministros de Relaciones Exteriores y Ambiente de ambos países recorrió la zona afectada. Desde entonces, no se emitió ninguna declaratoria oficial y solo hubo conversaciones a escala de mandos intermedios.
Guatemala reaccionó con la colocación de biobardas, unas barreras de botellas plásticas para retener la basura del río antes de su llegada a la desembocadura con el mar Caribe, el 14 de noviembre de 2016. Pero las lluvias también arrasaron con eso y las biobardas se rompieron.
El Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales de Guatemala (MARN) urgió a las autoridades de los municipios del cauce del Motagua a poner en marcha proyectos de saneamiento y elaboró un plan de rescate del efluente. Prometieron comenzar a mediados de este año, justo cuando empiezan las lluvias más duras.
Además, la Alcaldía de Omoa, bajo la administración de Ricardo Alvarado, le planteó a Leonel Ayala, ministro de Gobernación, Descentralización, Derechos Humanos y Justicia (GDDHJ) de Honduras, la urgencia de adoptar medidas puntuales.

“El diálogo entre autoridades de ambas naciones es intenso y el presidente Jimmy Morales se ha comprometido a construir una presa que limpie el caudal del río Motagua y detenga la basura que viene hasta Omoa. Será una estructura similar a un colador, además existe el compromiso de los municipios en el margen del río Motagua para tratar sus aguas residuales y desechos sólidos de forma individual”, señaló el ministro hondureño Leonel Ayala.

“Las autoridades deben ser responsables y advertirle a la población que está en alto riesgo biológico, que no se exponga a esas aguas porque aunque se limpie la playa, la contaminación siempre queda. Y países como los nuestros no están preparados para aplicar tratamientos a personas afectadas por desechos biológicos”. Aunque en estos días la basura es menor porque llueve menos en el Pacífico y eso calma las aguas, los vecinos de Omoa saben que es un recreo circunstancial: el problema se agudiza cada invierno.

El alcalde Alvarado expresó preocupado: “No tengo nada por escrito y las palabras el viento se las lleva. Guatemala lo único que hizo fue venirnos a llenar de cosas que se van a hacer, pero yo no vi nada planificado y tampoco firmamos ningún documento”.

Desde 2014, Alvarado ha tocado puertas que se abren a medias: “Esto se agrava y no hemos visto plan de mitigación de Guatemala para frenar la llegada de los desechos, ya viene el nuevo invierno y volvemos a estar en este jueguito. Mientras, los peces y las tortugas marinas están muriéndose en este desastre ecológico sin precedentes”.

Para este reportaje, Hablemos Claro contactó en repetidas ocasiones y presentó pedidos de acceso a información al MARN de Honduras. La intención era conocer cuál es la cantidad de basura que contamina el río Motagua desde el río Las Vacas, desde cuándo, cuáles son los municipios responsables, las sustancias identificadas y en qué porcentaje afectan el efluente. Consultamos por qué tomarán acciones recién en 2019 y cómo han medido el impacto de la contaminación en el medio ambiente. Nunca respondieron.

El martes 24 de octubre de 2017, el ministro de Ambiente de Honduras, José Galdámez, y quien era entonces su par guatemalteco, Sidney Samuels, se reunieron de emergencia en Puerto Barrios, un municipio de la costa atlántica de Guatemala. Las alertas se habían encendido de nuevo por una extensa columna de basura que llegó hasta la isla de Roatán, uno de los principales destinos turísticos del Caribe hondureño y del mundo.

En esa ocasión, Samuels expresó: “No sabemos qué pasará, Honduras solo nos da un plazo de cinco semanas para solucionar el problema de la basura y, de manera inmediata, nosotros proponemos la instalación de biobardas más grandes a las que ya hemos colocado”.

Dijo que en junio de 2018 se instalará un centro de acopio que captaría la basura que flota en el río Motagua. La trampa, valorada en $2 millones, estará ubicada a 4.5 kilómetros de la desembocadura del efluente.

En ese momento, el alcalde Alvarado reconoció que interpondrían una demanda por daños y perjuicios: “Guatemala debe asumir lo que gastamos en limpiar nuestras playas, lo cual representa unos $553,191”. Alvarado espera que el problema se solucione y que el turismo de montaña y religioso se retome, y puedan reposicionar a la histórica ciudad en el mapa del turismo.

Viaje. La basura que llega hasta las costas de Omoa recorre cientos de kilómetros y va sumando desechos en cada municipio que surcan los ríos.

El conflicto en la frontera entre Ecuador y Colombia lleva años cocinándose

Impacto. El asesinato de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra de El Comercio, de Ecuador, hizo que el mundo le pusiera atención al problema.

Mientras que Colombia trata de cerrar medio siglo de guerra con la ya exinsurgencia de las FARC, Ecuador se estrena en el narcoterrorismo. En menos de tres meses, el país latinoamericano ha sufrido el asesinato de cuatro militares, medio centenar de heridos y el secuestro y asesinato de tres civiles por la extensión del posconflicto colombiano que no conoce fronteras.
El sobresalto de ocho ataques en la zona fronteriza con coches bomba y explosiones en bases del Ejército y de la Policía ha atravesado a las fuerzas de seguridad y al Gobierno ecuatoriano como una sacudida eléctrica de realidad. Tras una década de convivencia y discursos de paz entre ambos países, Ecuador se prepara para un escenario militar desconocido: la guerra de guerrillas que los grupos armados ilegales practican para asegurarse el negocio del narcotráfico, el contrabando y la explotación ilegal de recursos en los dos territorios.

Aunque para las autoridades el recrudecimiento de la violencia en el lado ecuatoriano sea un nuevo problema de índole nacional, para los militares experimentados es más bien la “crónica de un conflicto muy anunciado”. El general retirado del Ejército ecuatoriano Paco Moncayo lleva años dibujando el problemático panorama con mapas, movimientos de bandas y lucrativos negocios ilegales en la selvática provincia de Esmeraldas, que linda al norte con el departamento colombiano de Nariño.

Desde hace medio siglo, la cartografía del Estado colombiano se ha delimitado según las zonas que ocupaban las guerrillas, los paramilitares y las bandas de narcotráfico. El sur del país se convirtió en la retaguardia de las FARC. En esta zona, la ex insurgencia llegó a tener más de 2,000 combatientes. Pero el 1.º de diciembre de 2016, cuando la guerrilla más antigua de América Latina firmó un acuerdo de paz con el Gobierno de Juan Manuel Santos, empezó el vacío de poder en muchas regiones de Colombia. El statu quo se desmoronó. En ese momento, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias y desertores de las FARC y el narco ocuparon los espacios que había dejado la guerrilla.

El botín es suculento en la frontera que separa a Colombia de Ecuador: minería ilegal, cultivos de coca, trata de personas, tráfico de órganos, de armas y contrabando de todo tipo, aprovechando la dolarización de la economía ecuatoriana que facilita el lavado de dinero y las transacciones internacionales. La costa del Pacífico que baña a los dos países es la salida natural para las rutas hacia Centroamérica y México que tienen como destino final el mercado estadounidense.

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NEGOCIOS TRANSNACIONALES
Solo en Tumaco, en el departamento de Nariño que linda con Ecuador, hay 23,000 hectáreas de cultivos de coca. El Ministerio de Defensa de Colombia anunció en diciembre de 2017 que las metas de erradicación forzosa se habían alcanzado: más de 50,000 hectáreas. Pero el pasado febrero, el vicepresidente, Óscar Naranjo, confirmó que solo se habían eliminado voluntariamente 16,000.

“Dudamos de las afirmaciones del Ejército, en entrevistas con personal militar en el terreno, muchos admiten que las cifras han sido infladas para cumplir los objetivos”, se lee en el informe “La nueva generación de narcotraficantes colombianos post-FARC”, de la organización InSight Crime, dedicada al estudio del crimen organizado en América Latina.
“El narco va mutando y se acostumbra a producir más en menores hectáreas”, explica Mauricio Jaramillo, profesor de Ciencia Política en la Universidad del Rosario, en Bogotá. “Los ataques en la oferta se han terminado por adaptar”.

Homicidio. Un conjunto de velas encendidas rodea una cámara fotográfica durante una vigilia en homenaje al equipo de periodistas del diario El Comercio que fueron asesinados.

En Nariño no solo se cultiva, también se procesa y se envía la cocaína. “Tiene fácil acceso a precursores químicos para el procesamiento de la droga (combustible subvencionado de Ecuador o succionado del oleoducto Transandino, que atraviesa el departamento) y puntos de despacho por mar o por tierra a través de Ecuador, donde los compradores mexicanos esperan el producto ansiosamente”, publicó InSight Crime.

En el departamento del Putumayo, vecino de Nariño, se producen 100 toneladas de cocaína al año, según un estudio de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), al que ha tenido acceso EL PAÍS, que se publica este fin de semana. En esta zona, los combatientes de las FARC que no se unieron al proceso de paz mantienen los negocios ilegales de coca, marihuana y tráfico de madera para exportarlos a través de Ecuador.

La tesis es la misma que manejaban los servicios de Inteligencia de Ecuador desde 2014, sin que desde entonces se tomaran medidas disuasorias efectivas. Un informe de la Secretaría de Inteligencia, desmantelada por el gobierno de Lenín Moreno y desprestigiada por haberse dedicado a la vigilancia de civiles con fines políticos, ya advertía hace cuatro años que Ecuador podría verse “involucrado en una espiral de violencia a consecuencia del narcotráfico”, como efecto colateral de la desmovilización de las FARC. Según el mismo documento, la insurgencia y bandas criminales tenían acuerdos con el cartel de Sinaloa para despachar cocaína a México a través de puertos colombianos y desde el de San Lorenzo, en la provincia ecuatoriana de Esmeraldas.
Se detectaron, además, 40 pasos ilegales en los 720 kilómetros de cordón fronterizo. Los grupos ilegales tienen a su favor que toda esa zona es territorio selvático de difícil acceso, con muchas vías fluviales.

“Cuando las FARC secuestraban políticos, periodistas, empresarios… había una unidad de mando, alguien con quien negociar”, dice el profesor Jaramillo. “Estas nuevas organizaciones están lideradas por mandos medios. Es más difícil para el Estado establecer contacto. Además, la legitimidad que podían tener las FARC por su historia, no la tienen estos grupos, es más difícil justificar el diálogo y sentaría un mal precedente tanto en Ecuador como en Colombia”.

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DISTANCIAMIENTO EN LA LUCHA CONTRA EL TERRORISMO
“Vivíamos una paz en la que se permitía que la droga transitara por nuestro territorio”, ha dicho Lenín Moreno, muy crítico con la gestión de su predecesor Rafael Correa. El actual mandatario ecuatoriano considera que el exdirigente fue “permisivo” con los grupos irregulares que operaban en la frontera, a los que se les dejaba transitar sin preocupación.
En 2013, el expresidente Correa renunció unilateralmente a los beneficios arancelarios que concedía Estados Unidos a Ecuador por la lucha contra el narcotráfico, y alegó defensa de la soberanía nacional. Años antes, en 2008, ese distanciamiento ya se había materializado tras el bombardeo de Colombia en Angostura, región selvática ecuatoriana donde se escondía uno de los máximos dirigentes de las FARC.

Los responsables de Defensa e Interior ecuatorianos han repetido casi en cada intervención oficial que la nueva ola de violencia en la frontera responde a los operativos de las Fuerzas Armadas y la Policía sobre las bandas armadas.

En la zona fronteriza opera el frente Óliver Sinisterra, que comanda Wilson Aristala, alias “Guacho”, disidente de las FARC de nacionalidad ecuatoriana. La falta de oportunidades laborales y las condiciones de pobreza de esa región han contribuido a la permeabilidad y expansión de su negocio en la población. Este grupo ha sido señalado por los dos países como el responsable del secuestro de los dos periodistas ecuatorianos y su chófer, quienes fueron asesinados.

“Cuando las FARC secuestraban políticos, periodistas, empresarios… había una unidad de mando, alguien con quien negociar”, dice el profesor Jaramillo. “Estas nuevas organizaciones están lideradas por mandos medios. Es más difícil para el Estado establecer contacto. Además, la legitimidad que podían tener las FARC por su historia, no la tienen estos grupos, es más difícil justificar el diálogo y sentaría un mal precedente tanto en Ecuador como en Colombia”.

Reunión. La canciller María Ángela Holguín, el ministro de Defensa Luis Carlos Villegas (colombianos), la canciller Fernanda Espinosa y el ministro de defensa Patricio Zambrano (Ecuador).