A nadie le importó

Violencia. Solo en Brasil, 286 personas LGTB fueron asesinadas con arma de fuego y 275 con arma blanca; 97 fueron asfixiadas; y 28, apedreadas.

Cada 19 horas un LGBT es asesinado o se suicida víctima de LGBTfobia, lo que hace de Brasil el número 1 en el mundo de ese tipo de crimen. Los datos son de la ONG Grupo Gay de Bahía, que informó que en 2017 se registraron 445. La situación es dramática en este país, pero en el resto de América Latina también.
Contra viento y marea, las organizaciones civiles y la prensa llevan las cifras sobre los crímenes contra LGBT. Sin embargo, existe un subregistro producto del miedo que trae consigo denunciar la condición sexual y la impunidad de la justicia para investigar y darle rostro a un tema que duele.
En palabras del director del Instituto Nacional de Medicina Legal de Colombia, Carlos Valdés, hace 10 años en Colombia no se analizaban tan fielmente los crímenes contra la población LGBT, pues eran considerados homicidios simples o agravados, de acuerdo con las circunstancias. “No hacíamos un registro juicioso. Y no hacíamos diferenciación por género”, reconoce Valdés, pero “el instituto ha entrado en una modalidad de estudio diferencial y hemos detectado asuntos muy dolorosos”.
Otras voces, como la de la Defensoría LGBT de Argentina, dan cuenta del ocultamiento de la orientación sexual de los fallecidos, razón por la cual identificar los crímenes de odio en los países es difícil, y de alguna forma son detectados por el nivel de sevicia que emplea el asesino: violar, apedrear, empalar, descuartizar o acuchillar múltiples veces a la víctima.
Lo anterior sin contar con que hay muchos suicidios que resultan del matoneo y la estigmatización. A juicio de las autoridades forenses, tanto en Colombia como en Argentina, los crímenes contra los LGBT son una realidad que camina invisible en nuestras sociedades.
En Brasil, 39 personas con identidad sexual diversa se suicidaron en tres años; 286 fueron asesinadas con arma de fuego y 275 con arma blanca; 97 fueron asfixiadas; 28, apedreadas; 10, carbonizadas; y tres, envenenadas.

A Kiara, una mujer trans de 25 años, la encontraron sin vida en un parque de Uruguay la madrugada del 24 de septiembre de 2012. Estaba boca abajo, con un balazo en la cabeza y parte de su cuerpo incinerado, como si alguien se hubiese empecinado en borrar su identidad. El anillo policial hallado en uno de sus dedos ha hecho pensar a los investigadores que el homicida fue un asesino serial vinculado a dicha institución. Sin embargo, nada ha podido ser comprobado.

No se trata solo de frías estadísticas, sino de historias que conmueven de vez en cuando en cada país. En Rosario, Argentina, asesinaron a Mónica Ortiz con siete puñaladas. La mujer trans de 53 años fue hallada muerta dentro de su casa, en junio del 2016. Su cadáver estaba atado a la cama y calcinado.
En México, la organización Letra S logró sacar de la cárcel a un hombre gay injustamente señalado de asesinar a su pareja. Tras el proceso judicial se logró comprobar que fiscales y jueces comparten prejuicios contra la comunidad gay que determinaron el fallo, lo cual se constituye en una clara discriminación.
142 asesinatos de integrantes de la comunidad LGBT en Colombia ocurrieron en el marco del conflicto armado y como consecuencia de los prejuicios de los violentos.
En las confesiones de Justicia y Paz, un mecanismo judicial para la reincorporación de los paramilitares –escuadrones de extrema derecha–, sus miembros confesaban con la mayor serenidad los peores delitos –torturas, desapariciones forzadas–, pero eso sí, se molestaban cuando algunos de sus comandantes se referían a ellos como “maricas”.
La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador informa que los niveles de crueldad ejercidos por los agresores son desproporcionados: atan, degüellan, lastiman con alambre de púa o cercenan los genitales de las víctimas. Estos actos envían mensajes a toda la comunidad LGBT del país. En La Paz, asesinaron a dos mujeres trans, de 22 y 29 años, y luego desaparecieron y asesinaron a otra más que había ido al sepelio de sus compañeras. Este hecho fue suficiente para que otras seis mujeres trans huyeran hacia Estados Unidos.

A Kiara, una mujer trans de 25 años, la encontraron sin vida en un parque de Uruguay la madrugada del 24 de septiembre de 2012. Estaba boca abajo, con un balazo en la cabeza y parte de su cuerpo incinerado, como si alguien se hubiese empecinado en borrar su identidad. El anillo policial hallado en uno de sus dedos ha hecho pensar a los investigadores que el homicida fue un asesino serial vinculado a dicha institución. Sin embargo, nada ha podido ser comprobado.
En Honduras, la edad promedio de las víctimas de crímenes de odio por diversidad sexual es de 34 años, y aunque la totalidad de los casos reportados por una ONG tiene una respuesta de la justicia, no hay información disponible sobre cómo se cometieron los crímenes.
En Venezuela, los datos no se acercan aún a la realidad; sin embargo, se sabe que 13 personas fueron impactadas con balas y 10 golpeadas con martillos y piedras por no ser heterosexuales.
En el Perú no existe un registro oficial de ataques y crímenes de odio sufridos por miembros de la comunidad LGBT, pero hay casos imborrables, como el de Alfredo Alfaro Caballero, de 51 años. Era gay y prefería que lo llamaran Dennis. Trabajaba en un salón de belleza, en la ciudad de Huancayo (sierra central). El 22 de enero de 2016 fue asesinado en su local. Lo hallaron amordazado y atado de pies y manos con señas de haber sido asfixiado.
En Puerto Rico hay ley para procesar los crímenes de odio, pero solo se ha producido una sentencia, 14 años después de que las Reglas de Procedimiento Criminal incluyeran el prejuicio como una circunstancia agravante a la comisión de un delito y 11 años después de que ese agravante se estableciera en el Código Penal de Puerto Rico.
Los miembros de los colectivos que defienden los derechos de las personas LGBT en América Latina reclaman el respeto por la diversidad en un territorio desigual en donde no los pueden seguir lastimando.
Las organizaciones civiles de los diferentes países tienen registros de este pasado y presente dolorosos. Ahora coinciden en pedir políticas públicas para que el futuro sea más esperanzador.

Víctimas jóvenes. De 34 años es el promedio de edad de las víctimas del colectivo LGBT en Honduras.

 

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La renta básica universal

Desde hace algunos años se viene hablando con insistencia sobre las ventajas y desventajas que tendría la implementación de una Renta Básica Universal (RBU). La discusión surge a propósito de la eventual necesidad de repensar el concepto del trabajo como eje fundamental del quehacer humano y de las economías nacionales.
Para quienes no estén familiarizados con el concepto, la RBU (también conocida como Ingreso Básico Universal, ingreso ciudadano o subsidio universal garantizado) es una cantidad de dinero otorgado por el Estado a cada ciudadano o residente legal de un país, por el mero hecho de serlo. Ese ingreso no tiene ningún condicionamiento y puede usarse para lo que el beneficiario estime conveniente. El destinatario puede seguir trabajando o no, invertir el dinero en montar un negocio, estudiar o dedicar su tiempo a hobbies o aficiones que de otra manera no podría desarrollar.
Con la acelerada automatización de algunos puestos de trabajo y el desarrollo de la robótica y la inteligencia artificial, es posible que cientos de empleos se vean sustituidos por máquinas o algoritmos que podrán ejecutar el trabajo de varias personas con un solo botón o código. Esto supondrá una disminución de plazas de trabajo y salarios más bajos para las que queden disponibles.
Por otro lado, la extensión del promedio de vida humana ha puesto a tambalear el actual concepto de pensión de retiro, que está probando ya no ser eficaz para la realidad actual y que no podrá seguir funcionando de la misma manera a futuro. Las personas viven más y el cálculo de la pensión de retiro no alcanza para ese “tiempo extra”, de manera que muchos mayores de 65 años deberán continuar trabajando para nivelar lo que la pensión no alcanza a cubrir. Esto supone tensiones en el mercado laboral al incrementar el personal laboral pero reducirse las plazas de trabajo.
El tema de la RBU comenzó a aparecer en las discusiones del Foro Económico Mundial hace menos de una década. Tan en serio se ha tomado esta posibilidad que en algunos países se han realizado pruebas piloto en poblaciones pequeñas para probar su implementación. Pero el tema es polémico. Quienes están a favor aseguran que mejoraría la condición de quienes están desempleados o tienen ingresos más bajos, reduciendo con ello la pobreza; que las personas podrían seleccionar sus trabajos y que las tareas más duras tendrían salarios más elevados. Sus detractores aseguran que un ingreso garantizado promovería el parasitismo y que las personas utilizarían ese dinero para satisfacer frivolidades y comprar alcohol. También señalan que sería dañino para las economías nacionales pues causaría inflación y el ineludible aumento en los impuestos, aunque estos serían diferenciados y más altos para los de más altos ingresos.
Un comité de ciudadanos a favor de una Renta Básica Universal en Suiza impulsó un referéndum en 2016, de aceptación o rechazo a la misma. La iniciativa proponía garantizar un ingreso para todos los residentes en aquel país, durante toda la vida, siempre y cuando la persona no tuviera un ingreso mensual equivalente o mayor. La propuesta incluía asignar 2,254 euros por adulto y 565 euros por cada menor de 18 años. Pero fue rechazada por un 78 % de los votantes. A pesar de ello, quienes apoyaron la iniciativa piensan continuar impulsando las discusiones en torno del tema. Están convencidos de que, tarde o temprano, las sociedades tendrán que adoptar un sistema similar debido a las transformaciones profundas que están teniendo los mercados laborales.
Finlandia ya está llevando a cabo un experimento en este sentido. Seleccionaron a 2,000 desempleados para recibir una RBU de 560 euros al mes, sin compromiso alguno. El proyecto comenzó el año pasado y terminará este año. Se piensan publicar las conclusiones finales en 2019. Algunos entrevistados han afirmado que aunque esa cantidad no es suficiente para sobrevivir al mes, les permite ampliar su rango de búsqueda de empleo e intentar trabajos en áreas u oficios no tradicionales.
Otro lugar donde se está experimentando con el ingreso fijo es en una comunidad rural de Kenia. La organización GiveDirectly comenzó un programa el año pasado en el que dará a sus habitantes $22 mensuales durante los próximos 12 años. Aunque la cifra suena pequeña, contar con la certeza de dicho ingreso ha permitido a las familias organizar su economía de mejor manera.
GiveDirectly no ha querido compartir el nombre de la comunidad, para proteger la identidad de los beneficiarios, pero publicaciones como Business Insider y The New York Times han visitado el lugar y hablado con los participantes del proyecto. Uno de ellos comentaba que tener esos $22 garantizaba poder pagar la mensualidad de la escuela de su hijo y poder comprar leche de manera constante. Su esposa, quien también recibe el beneficio, ha invertido su ingreso en su propio negocio de venta de ropa de segunda mano.
La experiencia de Kenia apenas comienza, pero después de un año de implementación ha servido para callar algunas de las críticas que se hacen a la RBU, como que la gente dejará de trabajar, se convertirá en holgazana, desperdiciará el dinero o se dedicará al vicio.
Múltiples personalidades, como Bernie Saunders, Elon Musk, Mark Zuckerberg y Bill Gates, se han mostrado a favor de la RBU. Insisten en que sería el mejor medio para solucionar las desigualdades económicas pero también para dignificar actividades como las labores domésticas, siendo justamente las mujeres que se limitan a estas actividades uno de los sectores que se verían beneficiados al recibir la RBU. Sin embargo, una de las grandes preocupaciones es cómo financiar un programa así a largo plazo sin afectar o desequilibrar el sistema económico, no solo a escala local, sino también a escala internacional.
¿Qué haría usted con un ingreso de estos? ¿En qué lo utilizaría? ¿Lo invertiría en algo que le fuera útil a mediano plazo o lo derrocharía hasta acabárselo y quedarse al final con nada?

Vidas inspiradoras

¿En quién te inspiras?, ¿dónde buscas esos personajes, reales o ficticios, en los que descubres pautas para tu vida? Hoy quiero referirme a tres personas cuyas vidas representaron, entre otras cosas, valentía, determinación y capacidad de responder con paz a la violencia. Seguramente, también cometieron errores y están lejos de considerarse perfectos, pero destaco los aspectos que estimo más notables de sus vidas.
La primera es sor Juana Inés de la Cruz, poetisa, música, pintora, teóloga y monja mexicana que vivió en el siglo XVII. Un tiempo en el que las mujeres, para obtener “valor” como personas, solo podían aspirar al matrimonio o a recluirse y vivir sin ninguna aspiración personal. En ese contexto, Juana Inés decidió convertirse en religiosa, porque encontró en ese espacio la posibilidad de perseguir y desarrollar su amor por el conocimiento; aunque tuvo que pelear muchas batallas contra quienes pretendieron silenciar su arte.

Su valentía queda patente en una carta dirigida a su confesor, que se cree fue escrita entre 1681 y 1683, donde señala: “Mis estudios no han sido en daño ni perjuicio de nadie, mayormente habiendo tan sumamente privados que no me he valido ni aun de la dirección de un maestro, sino que a secas me lo he habido conmigo y mi trabajo…”. Y, en la misma misiva cuestiona a su confesor acerca del derecho a los estudios negado a las mujeres: “¿Quién los ha prohibido a las mujeres? ¿No tienen alma racional como los hombres? ¿Pues por qué no gozará el privilegio de la ilustración de las letras con ellas?… ¿Qué revelación divina, qué determinación de la Iglesia, qué dictamen de la razón hizo para nosotras tan severa ley?”

El segundo es Gandhi, pensador, abogado y activista por la independencia de la India, que nació en el siglo XIX. Su concepto “satyagraha” llama a la no violencia, a expresar la propia verdad con determinación y convencer con el poder de la palabra a través de argumentos veraces, documentados y magistralmente construidos. Lograr eso requiere plantear con honestidad y transparencia razones que provengan de la convicción más profunda, y desde ese espacio persuadir a otros.

El tercer personaje es Nelson Mandela, líder y activista contra la segregación racial en Sudáfrica, abolida finalmente en 1993, y quien asumió la presidencia de su país en 1999 luego de haber permanecido en la cárcel durante 27 años, tiempo en el cual fue sometido a un duro régimen y malos tratos. Este visionario del siglo XX es el ejemplo fresco de que sobrevivir al odio y al desprecio de un grupo que se sentía superior es posible; porque Mandela ofreció la paz como respuesta a la violencia de la que fue víctima y logró colocarse por encima de la locura y el egoísmo humano para demostrar una capacidad de perdón y de reconstrucción personal digna de estudio. Una actitud, además, que contuvo el odio entre los sudafricanos y que definió, al fin y al cabo, el rumbo de su país.

Juana Inés, Gandhi y Mandela defendieron con pasión sus ideales, a pesar de los enormes obstáculos que encontraron. Sus vidas simbolizan la coherencia entre convicciones, palabras y acciones. Sin duda, tres personajes intensos y fascinantes que rompieron esquemas, derribaron muros de prejuicios y de violencia y, sobre todo, que continúan representando los valores de valentía, determinación y paz.

La visita de Jorge

El papa Francisco realizó un viaje a Chile y Perú hace algunas semanas. Durante casi cinco días, Jorge Bergoglio volvió al país suramericano en donde vivió y estudió, pero esta vez para recorrerlo en su sotana blanca, montado en el papamóvil y rodeado de opiniones encontradas.

Su visita no estuvo exenta de críticas, cuestionamientos y polémicas. Ser la máxima autoridad de una institución envuelta en escándalos y desprestigios, sembró el caldo de cultivo para que la conversación nacional se tornara en temas poco ligeros como los abusos sexuales a menores hechos por sacerdotes y el rol de la Iglesia y la religión en un estado laico.

Incluso, hubo atentados contra iglesias al sur del país, en donde al menos cinco templos católicos resultaron quemados o gravemente dañados por ataques incendiarios, en donde los responsables dejaron mensajes amenazantes sobre sus próximos objetivos.

Aunque sus misas fueron multitudinarias y muchas personas hicieron hasta lo imposible por verlo pasar unos pocos segundos en el papamóvil, las críticas a la visita estuvieron a la orden del día: ¿por qué el Estado chileno tenía que costear una buena parte del viaje?, ¿por qué el papa aceptaba que un obispo sospechoso de complicidad y encubrimiento de violaciones sexuales concelebrara sus misas?, ¿por qué, siendo un Estado laico, el país se paralizó por su venida, retrasó trámites legislativos y canceló operaciones en el sistema de salud pública?

A esto se sumó el desconcierto de muchos vecinos argentinos quienes lamentaron que “su” papa prefirió visitar Chile antes que el lugar que lo vio nacer, que además, queda a menos de dos horas de distancia en avión.

Sin embargo, a pesar de este ambiente poco amigable, el papa concretó su visita. Abordó a muchos de sus públicos de interés en la que fue la primera visita papal al país después de 30 años. Se reunió con las autoridades políticas en La Moneda; como gesto hacia los desprotegidos, realizó una actividad con mujeres reclusas; atendió la agenda más sensible y polémica, tuvo una reunión privada con víctimas de Karadima –un sacerdote pedófilo acusado de decenas de violaciones a menores–; dio una clase magistral a religiosos, religiosas y diáconos en la Catedral Metropolitana; tuvo una reunión privada con sacerdotes jesuitas, su congregación; para acercarse a la feligresía, celebró tres misas masivas en distintos puntos del país; atendió al mundo académico sosteniendo una reunión con las autoridades de la Universidad Católica de Chile; y visitó el templo de una de las figuras religiosas más importantes para los chilenos, San Alberto Hurtado.

Todo esto ocurrió sin mayores contratiempos y generó día a día, tema de discusión entre quienes apoyaban o disentían con el objetivo de visita en general. A sus 81 años, el papa Francisco entregó en sus distintas apariciones un mensaje de paz y un llamado permanente a la acción por construir, de manera activa, el bien.

Las visitas papales constituyen siempre hitos en la historia de un país, no solo entre los feligreses, por el mensaje y la espiritualidad renovada, sino por toda la movilización que provoca en los recursos, la reflexión social, la priorización de temas, la visibilización de necesidades y en los grupos vulnerables.

En El Salvador, ¿es necesario que Jorge nos visite para empezar a hablar de lo importante?

Carta Editorial

El Grupo de Diarios de América (GDA) ha buscado medir un fenómeno que uniforma a los países latinoamericanos: el irrespeto a los derechos de las personas que forman parte del colectivo de la diversidad sexual. Los resultados nos muestran el casi nulo avance que ha habido hacia una justicia universal.

Hay, para empezar, una violación al derecho a la identidad. Este es uno de esos espacios en los que nadie debería intervenir y en el que los Estados deberían dar garantías absolutas de que una persona va a poder vivir como decida, bajo el nombre con el que mejor se sienta. Pero esto, si se logra, es solo en algunos de los 10 países analizados y después de librar agresivas luchas.

Y la batalla por el nombre va más allá de muerte. Gente que logra reasignarse nombre ante la sociedad pierde todo al morir. Regresa al nombre legal y no hay manera, por ejemplo, de que este colectivo sea visible en estadísticas de muerte violenta. En El Salvador, por ejemplo, Medicina Legal no tiene herramientas para poder categorizar a las víctimas más allá de hombre o mujer. ¿Cómo se mide la violencia dirigida a este colectivo si no se sabe ni cuántos han sido víctimas?

Este trabajo es efectivo en demostrar que la barbarie con la que se ataca a este colectivo es significativamente alta, pero ni ese ensañamiento focalizado ha sido suficiente para activar los mecanismos de justicia.

El camino que lleva la mayoría de crímenes de odio es la impunidad. No se investiga, no se castiga a quienes impulsados por la discriminación atacan con especial furia. Y tampoco se evita que nuevas víctima caigan en este abismo de silencios que acaban siendo cómplices.

“Los músicos de este país son mis héroes”

¿Cuál es el mejor sonido que conoce?

El que produce el viento cuando pasa entre las ramas de los árboles. Es difícil entender cómo te puede llenar de tanta paz algo que, en sí, es bastante caótico para un árbol.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

He tenido fracasos, pero aún no puedo definir cuál es el peor. Solo podría decir que he logrado conocer mis limitaciones y que a veces es bueno no tratar de ser el “hacelotodo”.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

Ayudar a que Voltar, mi banda nacional favorita, lanzara su disco. Entré al proyecto para ayudarles a conseguir el presupuesto suficiente para terminar de masterizar y pagar los artes del disco a través de gestiones y producciones de conciertos.

¿Quiénes son sus héroes de la vida real?

Creo que todos los músicos de este país son mis héroes. Ya de por sí hacer música en El Salvador y querer vivir de ello es algo sobrehumano.

¿Qué significa la familia para usted?

Gracias a ellos he aprendido y aprendo a conocerme más.

¿Considera importante que la música local sea en español?

Podría ser instrumental o en inglés. La verdadera importancia radica más en lo que un músico quiera decir con una canción. El español es una manera bastante directa y rica para expresar algo, pero, aún así, muchos músicos de aquí no logran aterrizar su mensaje o su motivo.

¿Qué sonido define a El Salvador?

Aún nos encontramos en la búsqueda de ese sonido. A partir de lo que he visto y escuchado, en este país reina la catarsis. El salvadoreño busca un sonido que lo haga liberarse de su realidad y expulsar todo lo que le hace daño.

Buzón

Buzón

Las ofensas de Trump

La presidencia de Trump en EUA permanecerá en la memoria de los latinos en ese país y del mundo durante muchas generaciones. Nuestros historiadores del futuro escribirán sobre el período de Trump y la furia nacionalista que desencadenó. El exabrupto de calificar como “agujeros de mierda” a países como El Salvador y otros ocurrió cuando se celebraba una reunión para analizar la solución sobre el estado de 680,000 jóvenes que ingresaron al país aún siendo niños. Como lo demás es del dominio popular, me gustaría hacer un resumen de los peores insultos y salidas de tono del presidente, antes y durante su mandato.
En 2011 manifestó que Obama no había nacido en EUA, sino probablemente en un país africano, algo que después tuvo que desdecir. En diciembre de 2015, a raíz de un tiroteo que acabó con la vida de 14 personas en San Bernardino, apuntó que debía suspenderse la entrada al país de inmigrantes musulmanes, lo que el gobernador de Florida tildó como de “locura”. Trump atacó en 2015 a su compañera de partido Carly Fiorina, de quien dijo: “Miren esa cara, quien votaría por ella”. Portavoces de la Cámara de Representantes dijeron “Me da asco lo que he escuchado hoy” o “Payaso maligno” al escuchar a Trump haber dicho contra las mujeres “Cuando eres una estrella, ellas te dejan hacerles cualquier cosa, hasta agarrarlas del coño”. Trump arremetió contra el excandidato John McCain al dudar de su valor militar en Vietnam, cuando dijo “Solo es un héroe de guerra porque fue capturado; prefiero a los que no han sido capturados”. En su odio contra la prensa, dijo hace meses que en el programa “Morning Joe”, que se transmite todas las mañanas, “Los presentadores son la ‘loca’ Mika Brzezinski y el ‘psicópata’ Joe Scarboroug”, de acuerdo con lo que escribió en su Twitter. Durante la campaña electoral se recuerda que Trump acusó al presidente Obama de ser el fundador del grupo yihadista Estado Islámico, y a Hillary Clinton como la cofundadora. Llegó a decir que el sistema electoral de EUA está totalmente amañado y llegó a amenazar con no aceptar los resultados de las elecciones, un gesto sin precedentes en la historia reciente de ese país.
Por lo visto, seguiremos escuchando frases insólitas y ofensivas de un presidente norteamericano.

René Alberto Calles
reneca4020@gmal.com


Displicencia

Es bien sabido que los desastres naturales no pueden evitarse, pero sí podemos influir en los factores de vulnerabilidad, para lo cual se necesita tener políticas apropiadas en gestión de riesgos constituidas por un eficiente proceso de planificación, organización, dirección y control, pero también la voluntad no debe ausentarse y menos que haya fases que terminen en el olvido; se padece de displicencia y amnesia especialmente cuando se trata de franjas de pobreza, que es donde está la población endeble.
Un episodio como el de la depresión 12-E, en detrimento de la comunidad 30 de Abril, de Ciudad Arce, si no fuera por la entereza de periodistas investigadores de la gustada revista Séptimo Sentido de LA PRENSA GRÁFICA, quedaría en el olvido sin importar que sean 750 familias.
Vienen catástrofes, los afectados luchan por cuenta propia y los mandos correspondientes omiten la fase de reconstrucción del ciclo de los desastres. Esos comportamientos han llevado a la gente a dejar de creer en instituciones, leyes, en quienes las hicieron, aún menos en quienes deben aplicarlas.
“Reponerse de la depresión 12-E siete años después” es la muestra con la que Valeria Guzmán acredita la indiferencia que va ganando espacio en el escenario del abandono humano, donde los afectados son siempre los desafortunados pobladores más necesitados que viven en condiciones precarias sin capacidad de resiliencia, con esperanzas solo en Dios y esperando la siguiente calamidad porque nunca se llega hasta la fase de acomodamiento digno para estos desamparados. Durante los desastres naturales convertidos en tragedias humanas, la ayuda solidaria es cuando más se necesita, no basta solo la mitigación ni solo las actividades de respuesta, todas las etapas deben realizarse en su orden para que el tratamiento prometa los mejores resultados; de lo contrario, se anula cualquier promesa, por bien intencionada que sea, si no se resuelve completamente la crisis de los afectados. A los habitantes de la comunidad que nos ocupa los dejaron al garete, cómo será en otros costados como en el Bajo Lempa, donde año con año hay inundaciones. Una verdadera reconstrucción consiste en la reparación de la infraestructura, la restauración del sistema productivo y el tejido social a mediano o largo plazo, con miras a superar el nivel de desarrollo previo al evento. Siempre hay un antes, un durante y un después en cualquier hecatombe de la naturaleza; no atender correctamente es crear una sensación colectiva de inseguridad.

José Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Vulnerabilidad al acecho

Nuestro país carece de políticas de prevención a los fenómenos naturales. Si existen, son pocas y no son aplicadas debido a los pocos recursos asignados. Por lo tanto, se necesita tomar en cuenta las probabilidades de impacto de un fenómeno de origen natural en un espacio definido, como la comunidad 30 de Abril, que sobrevive después del fenómeno del huracán Mitch, lo cual demuestra los riesgos que sufren los habitantes que ahí residen en condiciones deplorables. Se deben trazar índices de vulnerabilidad física, ambiental y social para mostrar escalas de vulnerabilidad para sobreponerse en las futuras incidencias de amenazas de potenciales riesgos por no vivir en casas de buena construcción.
El reportaje de la periodista Valeria Guzmán muestra las condiciones deplorables que viven los habitantes de esa comunidad, a los cuales no se les ha brindado el apoyo necesario que mejore sus condiciones de vida. Ejemplos como este existen a lo largo y ancho de nuestro país y es bien contradictorio que en otras zonas el crecimiento económico se muestra en la construcción de modernos edificios de altura para algunos pocos, mientras en otros sectores no tienen ni los servicios básicos ni tampoco una mínima construcción de 30 metros cuadrados.
El gobierno de turno, por medio del MARN, ha tratado de dar respuesta a la demanda y cuenta con una metodología para el análisis de la vulnerabilidad en el país, que surge debido a la exposición que presentan las diferentes zonas del país ante el impacto de los fenómenos naturales, los cuales han revelado la fragilidad que presentan los diferentes asentamientos humanos: vivienda e infraestructura. Es de vital importancia dar seguimiento a la comunidad 30 de Abril, que enfrenta problemas de exclusión de sus habitantes que actualmente viven entre riesgos. El Gobierno no ha brindado la ayuda necesaria para dotar de los servicios básicos a comunidades como esta, que necesitan el apoyo para que la directiva en conjunto con sus habitantes mejoren su entorno y condiciones de vida.

Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook.com

Álbum de Libélulas (189)

1547. VIVO EN HALIFAX

El agua mansa del mar inmediato invita a que el otoño la acaricie. Sentado en una banca del malecón me pregunto si tal sensación es real o imaginaria. Muy cerca, un grupo escultórico en bronce dedicado al rol de los inmigrantes en un país hospitalario como Canadá pone la nota humanística que es siempre de buen augurio. Ahí, a unos cuantos pasos, está la cafetería donde venden esos espumosos que traen de inmediato a la memoria los de “El Buen Gusto” y los de “La Corona”, allá en las remotidades del pasado, cada día más frescas. Qué serenidad evocativa de celajes la que aquí se respira, y nadie diría que el recuerdo gráfico de la catástrofe del Titanic sigue tan vivo. La reflexión vespertina no se hace esperar: “El paso de una nube puede cambiar al mundo, sin importar la latitud o la estación”.

1548. VIVO EN SANTA ELENA, ANTIGUO CUSCATLÁN

Conocí la zona cuando toda ella era una finca en los alrededores de la capital. Pero de pronto la urbanización empezó a tomar inusitado impulso, y lo curioso es que eso se iba activando en la medida que la situación nacional se hacía cada vez más compleja y peligrosa. Cuando la embajada de Estados Unidos se trasladó al lugar, la señal funcionó como un imán; y cuando LA PRENSA GRÁFICA se instaló enfrente, ya no hubo duda de que el ambiente era propicio. Por mucho tiempo me alejé de esas parcelas, pero siempre hay retorno, y entonces ciertos paisajes extienden sus brazos. Soy un diplomático retirado, y ahora tengo que aceptar que mi mundo es un reducido jardín en la terraza de un apartamento encumbrado. Y la conclusión me llega sin tardanza: Qué suerte la del viajero que descubre el poder de sus raíces…

1549. VIVO EN MANHATTAN

¿Se han puesto a pensar lo que significa vivir en una isla que no tiene ninguna de las características de las islas tradicionales? Una isla pequeña donde la vida se concentra al máximo, como si todos los espejismos de la contemporaneidad hubieran llegado a instalarse en los rascacielos del vecindario. Uno aquí tiende a asumir el anonimato como una condición espontánea de vida, un anonimato que puede tener muchas identidades. Por ejemplo, la identidad de un salón de espejos. Todas las imágenes están juntas, pero ninguna de ellas tiene idea de la que está a su lado. Ni siquiera los vecinos tienen nombre, salvo en situaciones verdaderamente excepcionales. ¿Y eso qué es: libertad o soledad? Una mezcla especiosa de ambas, como en un plato de chef visionario.

1550. VIVO EN PARÍS

En un cartel ubicado en una esquina inmediata al edificio de apartamentos se anuncia una película que será estrenada muy pronto: “Les salauds vont en enfer”. “Los cabrones van al infierno”. Marina Vlady y Henry Vidal son los protagonistas. Paso frente a ese cartel cada mañana y cada tarde. Por las mañanas al ir a hacer algunas compras de supervivencia y por las tardes al ir a caminar por el Bois de Boulogne. Es otoño avanzado y el clima se va volviendo cada vez más invitador al refugio hogareño. En estos días la imagen que me acompaña mentalmente es la de Marina Vlady, en su radiante y misteriosa adolescencia. Y entonces me pregunto: ¿Quién soy yo y en qué mundo me muevo? Las posibles respuestas se me aglomeran entre las sienes, mientras veo pasar a los transeúntes anónimos desde mi balcón sobre la Rue du Château.

1551. VIVO EN APOPA

Pero no en el pueblo, sino en el vecino cantón San Nicolás, hacia el norte, rumbo a Chalate, donde las montañas tienen alma y siempre parecen estar a punto de alzar vuelo. En otra época, hace ya muchos años, estaba ahí nomás, al bajar por la calle de polvo, la línea férrea por donde fluía el tren mañana y tarde. Pero un día de tantos el tren se escapó como un animal asustado, y esa ausencia ha hecho que todo el paisaje se haya venido internando en una especie de inhóspita orfandad. Ahora, además, no se puede deambular libremente, porque los malvados andan sueltos como si aquí fuera Guanajuato, donde, según la canción, “la vida no vale nada”. El único que se mantiene impávido es el aire. Y con que él siga así es suficiente para sentirse en entrañable y rumorosa compañía.

1552. VIVO EN MADRID

El viejo Madrid, desde luego. Un día pensé: ¿Cómo será vivir en la vecindad de Lope de Vega y de don Miguel de Cervantes? Y por internet encontré un pequeño piso en las inmediaciones de la Plaza de Santa Ana. Por las tardes hago visitas a la Librería del Prado y voy a tomar vino verdejo a la Vinoteca, frente a una de las esquinas de la Plaza. En la pequeña laptop van quedando guardadas todas las emociones del momento, como en el diario íntimo de un vagabundo de los de antes. Y es que para eso estoy aquí: para vagabundear por los callejones del ensueño, donde todos los encuentros son posibles. Anoche, para el caso, mientras lloviznaba, vi cruzar a mi lado, por la acera, una figura conocida. ¡Claro, esta es la Calle Flor Baja, y en el 7 vive Amparo Rivelles: es ella! Dicen que ha muerto, pero eso es tan inverosímil como esta llovizna en el día más claro del verano…

1553. VIVO EN SORRENTO

Y lo que tengo enfrente es el Mediterráneo con su colonia flotante de milagros históricos. Al llegar al muelle hay que mirar hacia arriba, porque las áreas construidas están en lo alto. Los escalones de piedra llevan hasta ahí. 106 escalones exactamente. Uno tras otro, esos escalones son un recordatorio de que la vida es una ascensión en cadena con el correspondiente descenso hilvanado. De cada quien depende que la aventura de los escalones sea un ejercicio inspirador o una experiencia traumatizante. En el manejo de los movimientos está la clave. Entretanto, este ambiente de vibraciones gratificantes es el mejor escenario de la luz tanto externa como interna. El nuevo habitante recorre las calles sin descanso, como si se tratara de una pequeña ciudad infinita.

1554. VIVO EN UN ÁTICO

Ahora voy a entrar en el área de las confidencias esotéricas, y no por afán exhibicionista sino porque la conciencia también necesita ventilaciones periódicas. Cualquiera que me conozca me preguntaría al instante: “¿Y para qué necesitás ventilarte por dentro si ese es el trabajo que hacen los pensamientos, como venís diciéndolo desde siempre?” Y yo respondería: “Sí, pero los pensamientos también necesitan apoyo, porque además viven en un sótano, y yo vivo ahora en un ático…”

Cuando no se existe en vida ni en muerte

Casos. Instituciones que velan por los derechos humanos han documentado 54 casos de asesinatos de personas de diversidad sexual cometidos entre 1998 y 2016.

Violada, cercenada y con un tiro de gracia. Así fue encontrada Tania dentro de una bolsa plástica en el barrio Lourdes, en la orilla del bulevar Venezuela, una vía que bordea el cinturón de pobreza de la zona oriente de la capital de El Salvador. Era mayo de 2013.

¿Quién la mató? ¿Por qué? El caso de Tania, quien familiar, biológica y legalmente fue considerada hombre, seguía a finales de 2017 en las etapas más tempranas de una investigación judicial. Han pasado cuatro años y la justicia aún no tiene pistas. No hay testigos directos. Nadie vio, nadie oyó. No hay sospechosos, no hay capturados, mucho menos culpables. No hay nada.

El expediente judicial de Tania ha pasado de mano en mano por tres fiscales de la Unidad de Vida. Hasta septiembre de 2017 el caso continuaba en la etapa inicial. Ni siquiera se ha judicializado. Estamos cansados de la lentitud del proceso, admitía, con hálito de desahucio, la abogada Kerlin Belloso, de la Fundación para el Estudio del Derecho (FESPAD), organización que representa a la familia de Tania.

La primera fiscal del caso fue trasladada por actuar de manera discriminatoria y arbitraria durante las primeras investigaciones, detalla Belloso. El segundo fiscal asignado argumentó que la muerte de Tania había sido catalogada como negligencia. El tercer fiscal expresó que se disponía a entrevistar a testigos indirectos. “El caso no ha caminado”, resume Belloso.

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AHOGADOS EN VIOLENCIA Y TORTURAS
La sociedad salvadoreña está sumergida desde 2005 en alarmantes niveles de violencia que tienen en aprietos al ministerio público.

En 2016, El Salvador promedió 81.7 homicidios por cada 100,000 habitantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera “violencia endémica” cuando se registran 10 o más homicidios por cada 100,000 habitantes.

Medicina Legal ha tenido que adquirir unidades móviles para procesar el volumen diario de escenas de violencia que debe procesar solo en el área metropolitana.

Cárceles y tribunales están saturados. Los penales acogen casi el triple de reos de su capacidad. Más de 2,000 casos están pendientes de dictamen solo en una de las salas del máximo tribunal de justicia de El Salvador.

La Policía no da abasto. Recurre, desde 2009, a los militares para dar seguridad. La institución es señalada de corrupción y abuso de autoridad. Hay un patrón de ejecuciones, decía, a finales de 2017, el relator de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, James Cavallaro.

En ese contexto, identificar a las víctimas LGBT y castigar a los perpetradores de crímenes de odio constituye un enorme reto para El Salvador.

¿Cuántas personas de la diversidad sexual han sido asesinadas? El dato es incierto. La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) y la Asociación Solidaria para Impulsar el Desarrollo Humano de Personas Trans de El Salvador (ASPIDH Arcoíris Trans) han documentado 54 casos cometidos entre 1998 y 2016.

La cifra puede ser superior. No existe un registro único. Entre las organizaciones de defensa de los derechos LGBT se calculan más de 600 crímenes cometidos desde 1993. El dato es solo una aproximación ya que cada institución reseña casos bajo sus propios métodos, criterios y recursos. Mucha de la información de estas agrupaciones proviene de publicaciones periodísticas (impresas o digitales), redes sociales o denuncias de familiares.

En la esfera pública, el Instituto de Medicina Legal no puede dar fe de cuántas víctimas son LGBT ya que las cataloga como “masculino”, “femenino” y, en circunstancias especiales, utiliza la categoría “no determinado”. El director interino, Pedro Hernán Martínez, solo espera una “modificación a la política institucional” para ofrecer un “trato igualitario, inclusivo y sin discriminación”.

Informes en manos de la PDDH dan cuenta de los niveles de crueldad ejercidos por los agresores. Las armas de fuego fueron, entre 1998 y 2016, las más utilizadas (42 %) para perpetrar los crímenes contra este colectivo, de acuerdo con datos de ASPIDH y la PDDH.

Previo, las víctimas son atadas, degolladas, heridas con alambre de púa, cercenadas de los genitales. A pesar del uso de estas prácticas de sevicia contra este colectivo y las víctimas de pandillas, El Salvador aún tiene pendiente la ratificación del Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura.

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INVISIBLES EN LA VIDA Y LA MUERTE

En esta vorágine, la población LGBTI exige ser visibilizada y sujeto de derechos, tanto en vida como en muerte.

Durante su ciclo vital, las personas LGBTI están a merced del rechazo tanto en el seno familiar como en la esfera pública. No tienen derecho a casarse o heredar beneficios sociales.

El Salvador, constitucionalmente, no reconoce el matrimonio igualitario ni el cambio de género en documentos oficiales, incluyendo las actas de defunción. Las parejas de este colectivo no pueden ser inscritas como beneficiarias de seguridad social, por ejemplo.

Al morir, legalmente no son reconocidos por su identidad o expresión de género. En las lápidas, muchas familias optan por registrar los nombres de pila de las víctimas.

Tania, por ejemplo, fue identificada por su nombre masculino en una sencilla cruz durante su funeral, en un cementerio de Panchimalco. En el expediente fiscal también figura el nombre masculino con el que fue inscrita al nacer.

Su expresión de género incluso fue motivo de controversia durante el velatorio. Los familiares, quienes la criaron a partir de los 11 años tras la muerte de sus padres por el huracán Mitch, se referían en masculino hacia su persona. Sus amistades, activistas de derechos LGBTI, salieron en defensa. La llamaron por su nombre femenino. Recordaron su lucha por la tolerancia y el respeto a la diversidad sexual.

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AVANCES

Pese a todo, hay pequeños avances para esta comunidad. En mayo de 2017, la Corte Suprema de Justicia de El Salvador permitió que se agregue el nombre femenino en documentos legales a una persona salvadoreña que se sometió a una cirugía de reasignación de sexo en Estados Unidos.

A finales de 2017, la Corte Interamericana de Derechos Humanos llamó a los países miembros a “reconocer y garantizar todos los derechos que se deriven de un vínculo familiar entre personas del mismo sexo”, incluido el matrimonio.

En el ámbito judicial también ha habido avances. En 2015, El Salvador endureció las condenas para las personas que amenacen o asesinen movidas por el odio o la intolerancia de género. La pena máxima se fijó en 50 años de prisión, gracias a una reforma al Código Penal que gozó del beneplácito de 75 de los 84 diputados de la Asamblea Legislativa. Los delitos de violación y agresiones motivados por intolerancia quedaron fuera.

A la cantidad de años en la cárcel, los condenados deben sumar las terribles condiciones del sistema penitenciario salvadoreño. El hacinamiento ronda el 248 %, según datos de 2016 del Instituto Latinoamericano de Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente. Además, deben sortear un complejo sistema de castas, donde la movilidad dentro de la cárcel está en función del dinero y la afiliación a alguna pandilla o grupo de poder interno.

El caso de Tania, como ocurrió dos años antes de la entrada en vigor de esta reforma, no podrá ser juzgado como crimen de odio.

La estigmatización y la discriminación por parte de las autoridades son otro factor. A Bianka Rodríguez, actual directora de Comcavis Trans, aún le indigna que el caso de Tania haya sido considerado como un homicidio culposo. Es como si ella no se hubiera dado cuenta de que estaba amarrada de pies y manos, ironiza Rodríguez.

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MUERTES IMPUNES

A pesar del endurecimiento de las condenas, el panorama para la población LGBTI no da señales de mejoría.

Uno de los casos que más estremecieron a este colectivo fue el asesinato de tres mujeres trans en el departamento de La Paz a inicios de 2017. Dos de las víctimas, de 22 y 29 años, fueron atacadas con arma de fuego en la localidad de San Luis Talpa, después de asistir a una fiesta. Una más, que participó en el sepelio, fue reportada como desaparecida y luego fue encontrada sin vida en las cercanías del municipio de Cuyultitán. Ocho pandilleros fueron arrestados bajo sospecha de este crimen. Posteriormente seis mujeres trans decidieron huir hacia Estados Unidos.

Para las organizaciones de derechos humanos y activistas, este caso representa una oportunidad para que las autoridades demuestren su capacidad para hacer justicia y cumplir la reforma legal de 2015.

Sin embargo, un informe de la PDDH es muy poco alentador sobre crímenes de odio por intolerancia a la diversidad sexual. De 19 asesinatos de mujeres trans que esa oficina ha conocido, todos están aún en fase de investigación. No hay ninguna condena, aun cuando los casos ocurrieron entre 2009 y 2017.

Investigadores de la Escuela de Leyes de la Universidad de Georgetown criticaron, en un informe de 2017, que la Fiscalía no posee un registro sobre los casos que han llegado a juicio y las condenas aplicadas tras las reformas a crímenes por odio.

Tan solo en 2017 al menos 23 homicidios fueron cometidos entre enero y septiembre, según la organización civil Comunicando y Capacitando a Mujeres Trans (Comcavis-Trans). La Fiscalía General de la República, por su parte, solo registraba en sus estadísticas oficiales cinco casos cometidos durante el primer semestre de 2017.

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¿POR QUÉ NO DENUNCIAN?

“La disparidad entre las estadísticas del Gobierno (salvadoreño) y las ONG es sorprendente y muestra que las barreras a la justicia potencialmente están conduciendo a una tasa de reportaje (denuncia) escandalosamente baja”, dice un informe de la Escuela de Leyes de la Universidad de Georgetown sobre la violencia estatal contra la población LGBTI.

“La tasa de impunidad por crímenes contra personas LGBTI es extremadamente alta”, concluye el informe “Injusticia uniformada”, de la Universidad de Georgetown.

¿Por qué no denuncian? “Por miedo”, explica Belloso, la abogada de FESPAD.

En el caso de Tania, por ejemplo, los familiares firmaron un documento para que la organización les represente. Ellos no quieren saber nada por miedo a represalias. Además, disponen de tan pocos recursos económicos que movilizarse hasta la capital para enfrentar la burocracia judicial representa un gasto que está fuera de sus posibilidades.

El desplazamiento forzado entre las mujeres trans que sobrevivieron a ataques es otra manifestación de ese miedo y la desconfianza al sistema judicial. Hasta septiembre de 2017, Comcavis conocía 20 casos de desplazamientos tanto internos como externos. Las mujeres trans optan por huir con la esperanza de salvaguardar su vida en lugar de acudir a la justicia, asociada con la burocracia, la lentitud y los costos de representación legal.

La estigmatización y la discriminación por parte de las autoridades son otro factor. A Bianka Rodríguez, actual directora de Comcavis Trans, aún le indigna que el caso de Tania haya sido considerado como un homicidio culposo. Es como si ella no se hubiera dado cuenta de que estaba amarrada de pies y manos, ironiza Rodríguez. A la activista también le causó malestar que durante las primeras indagaciones fiscales, en 2013, la oficina de Comcavis fuera allanada, señalada de ofrecer servicios de prostitución y que los equipos informáticos fueran retenidos.

“El acceso a justicia en El Salvador tiene debilidades serias; hay falta de compromiso y presupuesto”, abona la procuradora de Derechos Humanos de El Salvador, Raquel Caballero.

La funcionaria exhortó este año al fiscal general de la República, Douglas Meléndez, a “investigar en un plazo razonable” al menos los 19 homicidios sin detrimento de casos nuevos o anteriores. Entre esos casos figura el de Tania, la activista originaria de Panchimalco cuyo cadáver fue lanzado en el bulevar Venezuela, de San Salvador, así como el triple asesinato de mujeres trans ocurrido este año en dos localidades de la zona central de El Salvador.

“Hay una gran deficiencia técnica, jurídica y financiera sobre el crimen de odio en El Salvador. Todo eso no permite un trabajo efectivo”, plantea Karla Avelar, mujer trans fundadora de Comcavis, finalista del premio internacional por los derechos humanos Martin Ennals, recientemente acogida como refugiada por el Gobierno de Irlanda.

“Se están haciendo acciones de capacitación y sensibilización del tema entre el cuerpo fiscal”, reacciona Salvador Martínez, vocero de la Fiscalía e integrante de la Mesa de Atención a Población LGBTI del Ministerio de Justicia y Seguridad. El comunicador trae a cuenta esos esfuerzos en medio de las limitantes presupuestales de la institución.

Mientras tanto, las mismas autoridades se vuelven actores revictimizantes. En los últimos nueve años, la PDDH ha recibido 79 denuncias de personas LGBTI en contra de figuras de autoridad (agentes de la Policía Nacional Civil, Cuerpo de Agentes Metropolitanos, Fuerza Armada, personal de la Fiscalía General, Dirección de Centros Penales así como de los ministerios de Salud y Educación).

La Fiscalía General, por su parte, registra ochos procesos judiciales por amenazas y lesiones cometidas por policías y militares contra este colectivo, entre 2015 y 2016.

Con este escenario, ¿qué le queda a la población LGBTI a mediano plazo? Esperanza y sembrar tolerancia. Sobre esto último, la PDDH prepara, junto con el Ministerio de Educación, un plan para educar a docentes y luego replicar en aulas los valores de la tolerancia, la no discriminación y el respeto a las diferencias. Habrá que esperar un poco para que esa cosecha comience a dar fruto en un entorno violento pero donde todavía hay espacio para la esperanza.

Señalamientos. Durante las primeras indagaciones fiscales por la muerte de Tania, en 2013, la oficina de Comcavis fue allanada y señalada de ofrecer servicios de prostitución.

Story Map Cuando no se existe en vida ni en muerte:


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Los secretos que esconde la vida en el circo

La magia que no se ve. Varias personas trabajan en producción para que todo en escena se vea perfecto.
En privado. A simple vista muchos pueden imaginar la vida circense; pero muy pocos conocen las historias que alberga.

Cuando algún trabajador circense fallece, se vela en el circo. Cuando una pareja de artistas se enamora, se casa en el circo. Así pasa con los cumpleaños y acontecimientos trascendentales. El circo no solamente es propiedad o trabajo, es hogar.
Dentro del circo se estudia y con suerte, hasta se encuentra el amor. Entre carpas, escenarios, butacas y mucho arte hay decenas de personas nómadas que se establecen por meses en un país al cual llevan su arte, su show.

El circo es un mundo paralelo en el que se vive dentro de cajones que en su interior se acondicionan como casas, ese es el caso de los integrantes fijos. Los que tienen contratos de trabajo específicos se hospedan en hoteles o en villas, ese es el caso de los 25 patinadores del Gran Circo Ruso sobre Hielo. Ellos llegan a su lugar de trabajo para ensayar durante el día, la diferencia es que no duermen en el sitio, porque al dejar sus países y familias en el circo encuentran calor familiar y adquieren sentido de pertenencia.

Aprovechamos la estancia del circo en San José (estuvo hasta el 15 de enero, el 19 se trasladó a Cartago) y visitamos ese hogar, que a quienes llevamos una vida tradicional (de la casa al estudio o al trabajo) nos puede parecer un mundo surreal. Estuvimos en la mañana, tarde y noche; vimos la propuesta en la que los artistas combinan patinaje profesional con acrobacia aérea, mucha gimnasia y bastante humor, todo sobre el hielo. La idea era conocer cómo viven todos los que hacen del acto circense una realidad: artistas, electricistas, los dueños, vendedores de tiquetes y golosinas, y hasta a quienes mantienen la pista de hielo congelada.
El señor Emilio es el gran jefe del circo. Siempre viste formal y su forma de hablar es impecable y autoritaria. Si alguien sabe de circo, es él, quien aunque no realiza ningún acto, hace que todo funcione: es un administrador de empresas empírico. Él coordina cosas tan elementales como que los niños que estén en el circo estudien. En esta oportunidad solo hay una estudiante: Chiquinquirá Fuentes, de 15 años, quien es hija de Herlinda Fuentes, una de las dueñas del circo.

Emilio Moreno tiene más de 40 años de trabajar en el circo. Atesora anécdotas como la de la elaboración de las carpas hace muchos años, cuando estas se creaban usando telas de algodón sobre las que se rociaba parafina derretida, las llenaban de polvo y barrían sobre ellas para hacerlas impermeables; las de hoy tienen un costo de más de $170,000 y una vida útil de más de 30 años, las de antes a lo sumo duraban ocho meses.
Otro de sus valiosos recuerdos los resguarda la tecnología. Dentro de su carrete encontró un video de hace un tiempo. Su interés era mostrármelo para que así tuviera la noción de lo que significa ser parte de un circo, no de este específico, sino de cualquiera: en unos tres minutos se puede ver cómo la pista que siempre está inundada por acrobacias y artistas sonrientes, estaba llena de muchas personas que rodeaban un féretro. Todos los miembros de ese circo hacían fila para abrazar el cadáver y despedirse de uno de los suyos.

El señor Emilio administra el Circo Ruso sobre Hielo perteneciente a los hermanos Fuentes Gasca. Él es nómada; sus hijos, no. Ellos están establecidos en México y se reúnen cuando las giras circenses lo permiten.
Estar lejos de sus seres queridos es uno de los sacrificios más grandes de dejar todo por seguir el arte.
Ese es el caso de Bélgica Bells, una delicada artista de cabellos rubios y ojos azules. Ella podría estar con su familia, pues son dueños de los circos de los hermanos Bells, pero decidió que, amparada en su arte, quería conocer todo el mundo.
Con 36 años, vende su show a diferentes circos y viaja con ellos. Ha conocido 15 países y vivió seis años en Europa y dos en Venezuela.

Lecciones bajo una carpa. Chiquinquirá Fuentes es la única adolescente que recibe clases en el circo. Ella cursa décimo año. Su profesor es Juan González.

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“YO NO LO ESCOGÍ, EL CIRCO ME ESCOGIÓ A MÍ”
Bélgica Bells es una defensora vehemente del circo. “Yo soy quinta generación, nací en el circo. Son pocas las personas que se salen y se establecen. Yo quise sacar a mi abuela y bisabuela y establecerlas y que no tuvieran que viajar, pero no se hallan. Mi bisabuela tiene alzhéimer, una vez mi abuela la tuvo que llevar a una casa hogar para que estuviera mejor, pero estaba más decaída. Yo llegué y la llevé de vuelta al circo, ella ni siquiera recordaba su nombre, pero cuando se sentó a ver el show le brillaban los ojos y comía palomitas. Ella recordaba el circo.
“Aquí tienes la posibilidad de ver sonrisas en bebés de meses y en abuelitos. Eso vale todo el esfuerzo y sacrificio”, dice.
“La vida en el circo es hermosa, pero sacrificada”, cuenta. ¿Por qué? Por todo el tiempo que hay que invertir en los actos, en la música, el vestuario, en el aparato que lleva a esta acróbata hasta lo más alto de la carpa (ella lo elige por ser independiente).
Además del tiempo de trabajo, la patinadora y acróbata lamenta, principalmente, el tiempo que pasa lejos de su familia.
“No pude estar en el nacimiento de mi sobrino, ni en su bautizo, contó.
Su hermana, quien pertenece a un solo circo, decidió casarse y tener hijos.
Bélgica desde el principio fijó su prioridad: viajar y conocer el mundo.

Emilio Moreno tiene más de 40 años de trabajar en el circo. Atesora anécdotas como la de la elaboración de las carpas hace muchos años, cuando estas se creaban usando telas de algodón sobre las que se rociaba parafina derretida, las llenaban de polvo y barrían sobre ellas para hacerlas impermeables; las de hoy tienen un costo de más de $170,000 y una vida útil de más de 30 años, las de antes a lo sumo duraban ocho meses.

Conjunto. Elena Ruiz es la modista. Ella tiene 28 años de pertenecer al circo.

“Está en mí salir del circo y estabilizarme o encontrar a alguien en el circo y casarme. Por nueve años tuve una relación de lejos. Hay que entender que nuestra vida es igual a la de la gente de ciudad, solo que la hacemos en el circo. Estamos lejos de nuestra familia de sangre, pero acá formamos una familia con los artistas, quienes hacen las palomitas, los técnicos, el coreógrafo, los de administración”, contó.
Todas las personas que crecen en el circo deben estudiar, aunque solamente sea la primaria y secundaria.
En México el Consejo Nacional de Fomento Educativo determinó que los niños debían tener formación académica. Generalmente un profesor –que es asignado según el país en el que estén– instruye a quienes lo requieran.
“Hay gente que tiene sus títulos. Mi hermana cursa su U por internet, mi cuñado es recibido de Administrador de Empresas y Mercadotecnia. Mucha gente piensa que eso no se puede, yo digo que simplemente llevamos un estilo de vida diferente, pero tenemos las mismas comodidades, en cuanto a casa y escolaridad por internet. Es bueno que la gente se dé cuenta que nuestro estilo de vida nos diferencia porque vivimos viajando, conocemos culturas, comidas y acentos. A mí por lo menos me encanta”, aseguró.
Bélgica ama su trabajo, sus rutinas y acrobacias. No piensa dejarlas, pero en caso de que se decida, empezaría a estudiar Psicología.

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REGRESO A CASA PARA EL MUNDIAL
Hace cuatro años una madre rusa lloraba en el aeropuerto porque su único hijo se iba al otro lado del mundo a trabajar. Said Khazeer empezó a patinar sobre hielo a los 10 años. En Rusia ese arte se considera un deporte.
“Mi carrera del circo empezó por un azar. Una chica me llamó hace cuatro años y empecé a ser artista. El joven ruso quiere seguir siendo Tarzán y volar junto a su compañera que hace de Jane en la presentación de fajas; sin embargo, en junio hará una pausa para regresar momentáneamente a su natal Rusia y vivir la fiesta del mundial de fútbol.

Ella es nicaragüense y desde los 18 años se convirtió en nómada, hoy tiene 45. En esta aventura de crear, coser y adornar conoció el amor. Ella es esposa de Porfirio Rosales, el electricista del circo. Ellos son de los trabajadores que tienen su propia casa rodante. Ruiz y Rosales decidieron no tener hijos. “Es bonito vivir así: andar de allá para acá. Es la vida que elegimos y la que nos hace felices”, contó Elena mientras cosía pedrería en un atuendo.

Aprendí fajas para hacer acrobacias desde el aire y ahora hago el show de Tarzán”, dice. Khazeer fue osado, pero piensa que él tenía que dejar su país y adquirir conocimientos para el futuro.
“Al principio no podía entender el idioma ni la cultura. Empecé a practicar español y me acostumbré a la gente. Me está fascinando conocer nuevas culturas. Me gusta la comida de Costa Rica, es algo diferente, se me antoja probar todo y la experiencia es bonita para contarle a la familia y amigos cuando regrese. Aquí hemos salido a pasear a la playa y ya conocí changuitos”, contó.
El joven ruso quiere seguir siendo Tarzán y volar junto a su compañera que hace de Jane en la presentación de fajas; sin embargo, en junio hará una pausa para regresar momentáneamente a su natal Rusia y vivir la fiesta del mundial de fútbol.

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UN TRABAJO ESENCIAL
Édgar Contreras no tiene ningún número en el espectáculo, pero sin su trabajo, sería imposible que se presente el show.
El colombiano hace que la pista de hielo de 20,000 litros sobre la que se realizan todos los números esté congelada. Él monta la estructura con tablas y mallas, rocía metanol, se procesa el hielo y riega la pista. Una planta que viaja con ellos es la que mantiene la superficie estable. Un día antes de dejar un lugar, se empieza a descongelar.
Contreras prefirió hablar más de su importante labor, que de la experiencia de vivir en el circo. Sabe que su trabajo es una gran responsabilidad, ya que además de la pista, es el encargado de abrir y cerrar las tramoyas en cada número del espectáculo.
“Él y los encargados de luces y sonido traen un radio para estar completamente sintonizados y que todo salga bien y a tiempo”, dijo Emilio Moreno.

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Atrás del escenario. Jesús Valentine es uno de los electricistas del circo.

DEL FÚTBOL A LOS MALABARES PATINANDO
Cuando se nace en el circo es fundamental tener un número. A los siete años Cristopher Bells empezó con el malabarismo. Estuvo un tiempo y se salió; su anhelo era convertirse en futbolista.
Los artistas dicen que el circo llama. “Tenía muy bien hecho mi número de malabarismos y tuve que regresar al circo para desempeñar lo que realmente sé hacer.
“Primero empecé con prácticas en piso, se perfeccionó el malabarismo y se pasó a hielo. Al combinarlo hacen una fusión muy buena y diferente a la del malabarista convencional, estando en el hielo la dinámica es patinar y no hacer que se caigan los instrumentos”, contó.
El mexicano, al igual que Bélgica, está lejos de su familia. Internet y la tecnología permiten que la distancia se acorte por unos minutos cuando él y los suyos se ven por videollamada.
La nostalgia que provoca extrañar sus raíces merma cuando las luces de la pista se encienden y los aplausos resuenan en cada rincón de la carpa. Un anfitrión recibe al público: “Damas y caballeros, niños y niñas, bienvenidos”. Detrás de escena la piel del artista se eriza.
“Esto es una pasión y una adrenalina que en ningún lado se vive porque el público hace que sientas escalofríos. Ver la emoción en sus caras te hace sentir bien”, cuenta el mexicano.
Gracias a su trabajo ha conocido todos los países de Suramérica. Otrora escéptico, se ha acostumbrado a los platillos y a la cultura. Ha aprendido a disfrutar y a enamorarse de lo que cada lugar ofrece.
En una gira se enamoró, pero de Francia, su pareja a quien conoció en el circo. Cristopher, de 27 años, no valora tener familia. “En el circo es difícil porque se viaja, es más complicado estar con familia en circo, si es en uno estable es fácil, pero si viajas por todo lado es difícil”, contó el malabarista, que difícilmente vuelva a cambiar los malabares por el balón.

El joven ruso quiere seguir siendo Tarzán y volar junto a su compañera que zhace de Jane en la presentación de fajas; sin embargo, en junio hará una pausa para regresar momentáneamente a su natal Rusia y vivir la fiesta del mundial de fútbol.

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CUMPLIR AÑOS JUNTO A UNA NUEVA FAMILIA
Elena Vedroba es una de las chicas más jóvenes del elenco de patinadores (integrado por 25 artistas de diferentes países). Ella cumplió 23 años a mediados de diciembre, el día de esta entrevista. Risueña y con escasas palabras en español en su vocabulario, la rusa dice sentirse entusiasmada con su trabajo.
Tiene cuatro meses de estar en el circo y ya es parte de dos números: Chicago y en la presentación del baile tradicional ruso Kalinka.
“Siempre tuve ganas de trabajar en un circo y patinar. Uno de mis entrenadores de patinaje en Rusia trabajó en show de circo hace 20 años, ahora es maestro de patinaje. A él lo llamaron para pedirle patinadores, me lo ofreció y acepté. Me gusta mucho el trabajo”, contó.
Elena deseaba estar celebrando con platillos de su país y su familia durante su cumpleaños. Pero consolidar el sueño de patinar la hace envalentonarse.
“Cuando patinas caes y te levantas, como en cualquier cosa en la vida y eso duele. Cuando caes en pista te duele y tienes fuerza para levantarte. Yo tengo fuerza”, aseguró.
Dentro del grupo hay varios compañeros rusos que dan calidez a Elena. “Con algunos ingredientes de este país podemos hacer platillos de Rusia, como el borsch que es como una sopa”, dijo entusiasmada.

Ella es nicaragüense y desde los 18 años se convirtió en nómada, hoy tiene 45. En esta aventura de crear, coser y adornar conoció el amor. Ella es esposa de Porfirio Rosales, el electricista del circo. Ellos son de los trabajadores que tienen su propia casa rodante. Ruiz y Rosales decidieron no tener hijos. “Es bonito vivir así: andar de allá para acá. Es la vida que elegimos y la que nos hace felices”, contó Elena mientras cosía pedrería en un atuendo.

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AMOR EN EL CIRCO
Dentro del circo debe haber alguien con habilidosas manos que logre que los trajes sean cómodos y brillantes. En ello también hay arte. Elena Ruiz, la costurera que trabaja desde hace más de tres décadas con los Fuentes Gasca se dedica a ello.
Ella es nicaragüense y desde los 18 años se convirtió en nómada, hoy tiene 45. En esta aventura de crear, coser y adornar conoció el amor. Ella es esposa de Porfirio Rosales, el electricista del circo. Ellos son de los trabajadores que tienen su propia casa rodante. Ruiz y Rosales decidieron no tener hijos. “Es bonito vivir así: andar de allá para acá. Es la vida que elegimos y la que nos hace felices”, contó Elena mientras cosía pedrería en un atuendo.

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DUEÑO DE UN CIRCO A LOS 24 AÑOS
Por fuera un motorhome (casa rodante) parece todo menos un espacio confortable. Por dentro es casi como entrar a la suite presidencial de algún hotel: pantalla de 42 pulgadas, grandes y confortables sillones, sofisticada cocina y una amplia y cómoda habitación. Todo aglutinado en poco más de 9 metros cuadrados. Al menos así es por dentro la casa de Gustavo Fuentes, uno de los dueños de este circo.
Gustavo es alto, delgado, usa lentes y viste a la moda. Tiene 24 años y se dedica a pensar en nuevos números para el espectáculo e incluso ve detalles de los colores que tendrán los boletos.
Ahora él está del lado administrativo, pero desde niño aprendió sus números: uno se desarrollaba en un trampolín y en otro, hacía de payasito. Con 12 años Gustavo recibió un regalo enorme: su padre le obsequió un elefante para que lo domara. En ese tiempo la mayoría de los circos en México trabajaba con animales. “Ahora el elefante está en una finca bien cuidado”, dice con la naturalidad con la que cualquiera hablaría de su mascota.

Gustavo Fuentes estudió su escuela y colegio en el circo. A la universidad no ha ido porque ha estado trabajando en la empresa familiar. A los 20 años se salió un tiempo para estudiar teatro, regresó a sus raíces circenses, aunque a cada país al que llega busca cursos para continuar aprendiendo el arte de las tablas.
“Me gusta viajar y ver diferentes espectáculos para tomar ideas. Incluso, hace muchos años cuando fui al cine y vi ‘Frozen’ supe que teníamos que poner ese número en el show. Se te va haciendo ojo y aprendes a ver qué le gusta a la gente para que venga (al circo)”, dijo.

Finalizando las entrevistas y el recorrido por el Circo Ruso sobre Hielo, el señor Emilio contó que la seguridad que ellos tienen es privada, la contratan en cada país. De los cuatro guardas que tuvieron en San José, uno renunció a su trabajo y decidió viajar trabajando con el circo. A fin de cuentas y como la mayoría cuenta: “es más fácil que la gente entre a que salga del circo”.

En casa. En el circo trabajan 60 personas, de estas solo 20 viven fuera de la carpa.