El lento ocaso de Ana

Las tareas domésticas más simples le resultaban complicadas. El Parkinson tiene cinco etapas. Ana llegó hasta la etapa cuatro.

Cuando despertó, estaba en su cama. Las alucinaciones habían parado. Pero aún ningún músculo respondía. Así es la enfermedad de Parkinson. Y Ana Lilian Chacón, una exbibliotecaria, lo sufría.

A Ana, los anuncios fueron presentándosele con caídas repentinas y dolores de cabeza. Luego, todo fue abrupto, deterioro físico, pérdida de la razón, alucinaciones. “Parkinson es”, recuerda Rosario Chacón que le dijeron los médicos desde el inicio. Rosario, hermana de Ana, fue quien se dedicó a cuidarla.

El Parkinson es una enfermedad degenerativa que destruye las neuronas y condena al paciente a la pérdida de la capacidad motora.

A Ana le costaba caminar. Olvidaba cosas. Se caía. Las tareas domésticas más simples le resultaban complicadas. El Parkinson tiene cinco etapas. Ana llegó hasta la etapa cuatro. Los especialistas describen los síntomas de esta etapa así: “Dificultad para caminar y mantener el equilibrio, se caen al pararse o girar, hay sensaciones dolorosas y la fatiga se incrementa, aparecen dificultades en la comunicación, surgen síntomas en relación con los fármacos, como los fenómenos on-off, discinesia y problemas de insomnio, alucinaciones, cuadros confusionales, etcétera”.

“Las alucinaciones eran parte de los daños colaterales de los medicamentos”, afirma Rosario.

Ana alucinaba con personas y animales que caminaban a su alrededor. Y cada vez su rigidez era más notable. Esos síntomas se fueron intensificando y lo único que se podía hacer era paliarlos, ya que este mal no tiene cura. La enfermedad debe su nombre a quien la describió en 1817, James Parkinson, y la definió como “parálisis agitante”. Refirió en este nombre dos de los síntomas principales: la rigidez (parálisis) y el temblor (agitación).

“Es increíble cómo a una mujer que trabajó por casi 30 años como bibliotecaria durante sus últimos años de vida hubo que volverle a enseñarle a prácticamente hacer todo”, dice Rosario, quien tuvo la maratónica tarea de incluso reenseñarle a caminar a una mujer de 80 años. Rosario, incluso, se vio afectada por la enfermedad ya que, siendo su cuidadora principal, se desgastó tanto en lo físico como en lo psicológico.

“Quizá luego de su fallecimiento me sentí más tranquila, pero el vacío que dejó fue enorme”, afirma. Y agrega cómo se sentía al observar a su hermana: “Frustración. ¿Cómo le puedo llamar a este sentimiento de ver cómo una persona pierde de un momento a otro su cordura?” Rosario Chacón aún no lo digiere. Observa viejas fotos de su hermana y no encuentra razón para entender por qué esa enfermedad fue tan cruel. “Acá todavía está enterita, aún platicaba coherentemente”, dice, mientras mira la foto de años atrás y suelta una lágrima. Ana murió el 21 de mayo de 2016.

Para poder conocer más sobre la enfermedad, Rosario y Ana buscaron ayuda en la Fundación Parkinson de El Salvador, una asociación civil con 20 años de lucha contra la enfermedad. “Durante años, la gente desconoció mucho sobre el Parkinson”, afirma Antonio Contreras, presidente de la asociación y quien tiene la enfermedad desde hace 25 años.

Considera que el trabajo que han hecho como asociación ha servido para visibilizar la enfermedad tanto en las instituciones de salud como para los pacientes y sus cuidadores.

“La atención hacia nosotros (en centros de salud) era más desorganizada y había pocos especialistas”, dice, y afirma que aún queda trabajo por hacer, ya que este mal requiere de mucha actualización, pues de forma constante se descubren nuevos tratamientos, tanto médicos como psicológicos.

El problema de la inspiración

¿En qué se inspira para escribir su obra? Es una de las preguntas frecuentes que se nos hace a los escritores. Tanto así que entre colegas la tomamos como broma, como una pregunta de cajón que refleja a un entrevistador poco preparado o nada interesado en la obra o en la visión particular de quien se va a entrevistar.

El problema con el concepto de la inspiración es que se cree que es un acto mágico. Se mira una flor, un atardecer, al ser amado y ¡zas!, se nos ocurre un poema, un cuento, una novela completa, a partir de lo cual solo falta sentarse a trasladar en palabras esa “inspiración” que se nos ocurrió.

Otra versión de este acto mágico de la inspiración en la escritura (o las artes en general) hace creer que basta sentarse, escenificar un ambiente idóneo (velas, incienso, música, té) y que en esos momentos provocados por la búsqueda de ideas va a acudir, presta y veloz, un hada invisible que nos tocará con su varita, verterá sus polvillos mágicos sobre nuestra cabeza y nos colmará de un proyecto literario completo, que se escribirá de un tirón y sin ningún tipo de retos o tropiezos.

Escritura instantánea y perfecta. Nada más alejado de la realidad.
Esa noción de la literatura como producto de la inspiración se riñe con lo que en realidad ocurre. Menos que una idea que surge de manera mágica en nuestras mentes, lo que hay es una predisposición emocional, pero también cerebral, para la escritura. En el libro “The Midnight Disease. The Drive to Write, Writer’s Block, and the Creative Brain” (no traducido al español), la neuróloga Alice W. Flaherty, investigadora sobre la biología de la creatividad humana, argumenta que la escritura ocurre debido a la actividad específica de algunas regiones del cerebro. Este viene conformado de manera que los estímulos externos o internos le brindarán las ideas, pero más importante aún, la estructura intrínseca y la capacidad de trasladar esas ideas y emociones a una forma de lenguaje.

La inspiración no es algo que puede salir a buscarse o provocarse. El escritor debe saber escucharse a sí mismo y saber distinguir entre el bullicio de su monólogo interno, las frases o las ideas que están allí y que tienen el potencial para representarse por medio de una historia.

Vamos archivando en nuestras mentes muchos pensamientos y recuerdos que de pronto, ante el estímulo más inesperado, nos presenta una película completa. Cuando el estímulo correcto aparece (una suerte de llave que abre ese candado bajo el cual tenemos en silencio esas historias), saltan a primer plano de nuestra mente con una fuerza abrumadora que nos obliga a escucharla y a escribirla.

Muchos escribimos para intentar comprender el mundo y la realidad. Para hacernos preguntas y contestarlas, desde un plano de honestidad que solamente la literatura puede permitir. Escribir historias, contarlas a otros, tiene que ver con nuestros inventarios personales de descubrimientos íntimos, es decir, tiene que ver con nuestra esencia humana, con el resultado de nuestras observaciones sobre la vida. Queremos compartirlo con alguien, con una persona, con alguien que lea y que comprenda exactamente de lo que estamos hablando. En cierta medida, se escribe para sentirnos menos solos en el mundo.

El estímulo más inesperado puede desencadenar una voz interna en el escritor, que empieza a contarse a sí mismo una historia, una larga y compleja historia, a partir de algo que vio, escuchó, leyó, pensó o sintió. Lo que el lector termina leyendo es una ínfima parte de un texto más complicado, que se desarrolla en varios planos de la imaginación y de la psique mientras lo vamos escribiendo.

Los escritores estamos preparados para reconocer esos chispazos o ideas detonadoras de historias en cualquier momento y circunstancia, sin tener que provocar el escenario para ello: en el embotellamiento del tráfico, en el supermercado, en la fila de espera de un banco, en medio de una conversación aburrida o del tedio laboral. La mente creativa no descansa nunca.

Supongo que ese inexplicable destello, esa idea inicial es de lo que hablan algunos cuando hablan de inspiración. Pero ese destello, ese “¡eureka!” no sirve para nada si no se traslada a la escritura. Thomas Edison decía: “El genio consta de 1 % de inspiración y 99 % de transpiración”. En dependencia de la intención de quien lo haya escrito, el texto jamás podrá ser tomado como literatura si no pasa por esa transpiración de la que habla Edison, un implacable proceso de trabajo.

La escritura tiene momentos misteriosos e inexplicables, no puede negarse. Quienes creen en la inspiración, podrán decir que son mágicos. Como cuando parece que alguien te está dictando un texto y uno se siente médium; o como cuando se nos repite mentalmente una frase extraña en la cabeza durante días y al escribirla, surgen varias páginas de un tirón y no se tiene ni idea de dónde salió todo aquello; o como cuando uno se obsesiona tanto por escribir un texto que no come, no duerme y no para hasta terminar, aún a costa de la misma salud física o mental.

Pero quienes asumimos el oficio de la escritura sabemos que el trabajo no termina ahí. Porque para plasmar en un texto esa misma pasión inicial que sentimos por la historia, se requerirá de un interminable número de revisiones; reescritura de párrafos o capítulos o del libro entero; botar, botar, botar, botar; ser inmisericorde con el texto y dejarlo en su mejor estado posible.
Esto puede tardar semanas, meses, años de trabajo de edición, que es la parte más difícil de la escritura. “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”, dijo Picasso alguna vez. En la escritura, el ínfimo instante de la inspiración o el surgir de una idea no es tan importante como todo lo que viene después, que no es nada mágico. Porque la chispa de la supuesta inspiración es apenas el comienzo de toda una larga y compleja labor creativa.

Aprender a cuidarnos

Después de la terrible noticia de la muerte de Mara, una joven mexicana asesinada presuntamente por el chofer de una aplicación para servicios de transporte personal, se multiplicaron en redes sociales los posts sobre cómo cuidarse, qué hacer antes, durante y después de tomar un taxi o uno de estos servicios que funcionan con aplicaciones.

Curiosamente, también aparecieron reclamos de quienes insisten en que, en lugar de enseñar a las mujeres cómo evitar ser violadas, agredidas, asesinadas, se debe criar y educar a hombres que no agredan. Pero ¿por qué esto debe ser mutuamente excluyente?

Estoy totalmente de acuerdo con que el cambio de este mundo depende de nosotros mismos, de educar bien a nuestros hijos, independientemente de su sexo, de ser nosotros mismos agentes de cambio, ser nosotros el cambio, práctica diaria y ejemplo de echarle la mano al prójimo siempre que se pueda y evitar, hasta donde nuestras fuerzas y voluntad alcancen, ser perjudiciales para los demás o para nuestro entorno.

Pero esto no significa que se deba dejar de lado la prevención. Las mujeres, los hombres, los niños, los jóvenes, todos debemos aprender a cuidarnos. Por desgracia el mal existe, el diablo, como decía mi abuela, anda por ahí y toma la forma, muchas veces, de rostros afables, de sonrisas amigables e incluso de amigos y conocidos. La desconfianza no es algo agradable, pero en nuestros tiempos se vuelve necesaria. Mejor equivocarse por desconfiado que por exceso de confianza.

La desconfianza por sí misma ayuda de poco, hay que pensar qué hacer en cada situación. Hace un par de semanas una joven muy cercana y querida por mi familia tuvo una mala experiencia con una de estas aplicaciones para transporte personal. Usó la aplicación y pidió el vehículo. Al subirse, no se percató de que la persona que conducía no era la misma de la foto que aparecía en el perfil. Se dio cuenta únicamente cuando el tipo comenzó a sacarle plática y a subirse de tono, llegó incluso a decirle cuánto le gustaba cuando las muchachas usaban lencería. Sumamente asustada, se cortó. Afortunadamente llegó a su destino solo con el susto. Por supuesto que reportó el caso con la compañía desarrolladora de la App.

Pero después, cuando compartimos el caso en redes para alertar sobre lo que había pasado, las respuestas que recibimos señalaban la responsabilidad de la chica: que por qué se subió, que por qué no se bajó, que por qué aguantó que la fuera acosando. “Ahí culpa de ella, yo ni me hubiera subido”, comentó una de nuestras conocidas. Y así, como siempre, se acusa a la víctima por ser víctima, por haber sido lo suficientemente tonta para convertirse en una… pero eso es tema para otra columna.

Ahora pienso que nos falta difusión de la prevención, educación en prevención. Esta chica no sabía qué hacer, y la verdad es que todos deberíamos saber cómo actuar en una situación de riesgo. Desde cosas básicas como asegurarse de que la persona que conduce y el número de placa coincidan con los del perfil de la aplicación, como siempre estar en contacto con un familiar y conocido a quien se le envíe captura de pantalla con los datos de la persona que nos está prestando el servicio, todo debería ser parte de un procedimiento de rutina a memorizar y practicar.

Nunca subirse si van dos personas en el auto, por ejemplo, o no tener “pena” de cancelar el viaje si se pone incómoda la situación o nos sentimos amenazados. También existen aplicaciones que permiten que se nos dé seguimiento en tiempo real y enviar alerta a nuestros contactos si algo pasa, junto con la localización de nuestro móvil. Una de estas aplicaciones es Companion: Mobile Personal Safety, que permite avisar y activar geolocalización para uno o varios amigos o familiares mientras se va de camino, y posee, de hecho, un botón de alerta para avisar a todos en caso de cualquier emergencia. También algunos sistemas operativos de móviles tienen opciones para activar la alternativa de compartir nuestra ubicación con nuestro grupo familiar.

La prevención es necesaria, siempre, y no significa que toleremos el crimen o que no luchemos porque nuestro futuro sea mejor, a través de la educación y la formación, o a través del cambio personal. Educar en prevención y generar el cambio social no son mutuamente excluyentes, son necesarios, hoy más que nunca. Ambos.

El TPS y los palos de ciego de los políticos salvadoreños

La pista más certera sobre el Estatus de Protección Temporal (TPS en inglés), el beneficio migratorio que cobija a unos 187,000 salvadoreños en Estados Unidos, llegará en noviembre próximo cuando el Departamento de Seguridad Interna (DHS) haga pública su decisión sobre el futuro del programa para 60,000 hondureños que también gozan del beneficio.

Si Washington decide no renovar el TPS a los hondureños, lo más seguro es que no lo haga para los salvadoreños.

En abril, cuando DHS dio a conocer su decisión de renovar solo por seis meses más el TPS a 50,000 haitianos también amparados, sonó la primera alarma: “El Salvador debería de poner atención desde ahora”, me dijo entonces un asistente legislativo de la cámara baja.

A principios de septiembre, cuando el presidente Donald Trump anuló DACA, el programa de la administración Obama que evitó la deportación y dio permisos de trabajo a cientos de miles de jóvenes que llegaron indocumentados a Estados Unidos siendo muy pequeños, todas las luces de emergencia se encendieron para el TPS. Fue entonces que la clase política salvadoreña, los partidos, pretendieron salir de su usual letargo para abordar el asunto, y lo hicieron desde su asqueroso guion usual: intentar llevar agua a su molino electoral mientras se aseguran de echar ripio a su adversario.

La cantaleta más sonora de ARENA ha sido que el gobierno del FMLN ha puesto en riesgo el TPS por su apoyo al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Eso, en esencia, es mentira.

La relación entre el FMLN, los grupos de crimen organizado vinculados al Gobierno venezolano y las actividades de las FARC colombianas sí son asunto de interés en Washington, en específico el rol que José Luis Merino, alias Ramiro Vásquez y viceministro de Inversión Extranjera del Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador, tiene en ese tinglado. Por Ramiro y sus dineros ya preguntaron la DEA y 14 congresistas –demócratas y republicanos– y el poderoso comité antinarcóticos del Senado.

Pero si Trump quita el TPS a los salvadoreños no será por la relación entre San Salvador y Caracas; será por otro tema más doméstico: la política migratoria del presidente de Estados Unidos está marcada por la xenofobia y el racismo, de eso se alimenta su base blanca más fanática; por eso anuló DACA y por eso, si lo hace, no renovará el TPS.

Este septiembre una comitiva de diputados salvadoreños de todos los colores estuvo en Washington, haciendo las rondas usuales en el Congreso y el Ejecutivo, para hacer cabildeo por la renovación. Algo bueno salió de ahí en forma de una carta firmada por 116 representantes de la cámara baja que piden a Trump que no corte el TPS.

A pesar de ser un buen gesto político, la carta no tendrá un peso político real entre quienes tomarán la decisión final, que son, además de Trump, el general John Kelly, jefe de Gabinete de la Casa Blanca; el fiscal general, Jeff Session, que es uno de los miembros más racistas del Gabinete; y, en menor medida, Elaine C. Duke, secretaria interina de DHS.

Lo que en realidad tendrían que estar haciendo los políticos salvadoreños es, desde sus trincheras, prepararse para el escenario más probable, que es la no renovación, y el cual implicaría deportaciones, desprotección legal de quienes se queden indocumentados en Estados Unidos y también para quienes vengan a El Salvador después de 16 años de no vivir aquí.

El consabido juego de vociferar culpas y buscar réditos politiqueros de nada servirá a los compatriotas afectados por la eventual eliminación del TPS. De nada.

Carta editorial

El fotorreportaje con el que se abre esta edición es una mirada a la intimidad de una de las enfermedades de las que se debería hablar más: el Parkinson. Los pacientes que sufren este mal se ven ante un muro de discriminación y abandono en instituciones públicas que no logran darles lo necesario para llevar la enfermedad con dignidad.

Es este marco, mucha de la carga recae en la familia. Los pacientes que tienen la suerte de tener a alguien que los cuide llevan alguna ventaja en la manera en la que les toca enfrentar esta enfermedad que no tiene cura y que es degenerativa.

Pero los cuidadores también necesitan quién vele por ellos. La carga impuesta sobre los hombros de estas personas es mayor dadas las deficiencias del sistema. La enfermedad también los afecta a ellos, como se observa en esta historia gráfica realizada por el fotoperiodista Frederick Meza.

En este número también se ha incluido un material regional. Es un diagnóstico de la situación de las cárceles elaborado por 11 diarios que pertenecen al colectivo Grupo de Diarios de América (GDA).

Este trabajo apunta hacia la que se ha convertido en una constante a la hora de cumplir una sentencia carcelaria: la violación a los derechos humanos. La primera característica que sale a relucir es la falta de espacios adecuados. Muchas de las instalaciones no fueron creadas para albergar a la cantidad de gente que ahora compone la demanda. Y tampoco se ha invertido en adecuaciones.

El resultado es que se pone en riesgo la seguridad física de los internos y también se pone en riesgo la seguridad pública, porque estas instalaciones no ofrecen requisitos indispensables para cumplir sentencia y menos para llevar a cabo un proceso de educación que facilite la reinserción. La deuda no es solo con los sentenciados, es con la sociedad completa.

“Lo que más lastima al mundo es la falta de empatía”

¿Cuál es el mejor sonido que conoces?
Cuando mi hijo dice palabras nuevas, cuando me dice “papi”.

¿Qué significa la familia?
Cuando estás chiquito tu familia son tus papás, después pasás por la adolescencia y tu familia son tus amigos. Al final del día, tu familia puede ser cualquiera de los dos grupos. Ahora que soy padre entiendo cosas que no entendía sobre mis papás. Veo que mis papás son otros seres con dudas y carencias, también veo que es fácil tirar la toalla, pero ahí tenés todos estos retos para quedarte. Por eso le agradezco a mi mamá y a mi papá.

¿Crees que es importante tener un empleo estable?
Sí. Un empleo formal te da estabilidad, no solo por el pago, sino por las prestaciones.

¿Cómo reaccionas a las críticas si crees que son injustificadas?
No son relevantes si vienen de personas que no están haciendo algo relevante con la música o en otro ámbito.

¿Por qué hacer música en El Salvador?
Se encuentra una identidad. Es como cuando uno era niño y en lugar de dibujar, calcaba; con calcar los dibujos pueden salir chivos, pero, al hacer algo tuyo que viene de lo que vos has experimentado, siempre lográs expresarte y eso es importante.

Si pudiera cambiar un problema en el mundo, ¿cuál sería?
Lo que más lastima al mundo es la falta de empatía. Hace falta que la gente pueda entender el punto de vista del otro.

¿Qué sueña?
Con estar tranquilo y que mis hijos puedan crecer en un mundo mejor. Con mis hijos sanos y con mi esposa, Raquel, feliz.

Buzón

Valores culturales y subestimados

El artista es una figura que acude al llamado de la vocación para emprender un viaje incierto, cargado de triunfos y sinsabores que se suscitan en cualquiera de las disciplinas del arte, sin saber qué ocurrirá al final. Es una expedición fantástica y emocionante que el artista no elige, sino que es la inclinación innata la que lo escoge y el elegido adquiere un compromiso de no desperdiciar su talento. En el coloquio de Valeria Guzmán, el entrevistado expresa: “Los tractores solo podemos abrir brecha, no podemos pavimentar”, sugiriendo con esa frase hasta dónde se puede llegar aun sin tener el apoyo sostenible de algún lado. Roberto Salomón es uno de esos valores culturales subestimados nuestros, pues le han reconocido muy poco sus esfuerzos por llevar adelante la magia en el arte de la actuación, a pesar de los desencantos en el sinuoso camino. Considerado el arte como la vocación más elevada, es desalentador tener que mencionar una y otra vez la misma letanía, la indiferencia cultural del Estado para impulsar las diversas manifestaciones del arte y sus artistas, el entrevistado lo expresa muy bien: “tenemos un gobierno al que no le interesa la cultura”. Para cualquier gobierno salvadoreño siempre ha sido así, la cultura en el último vagón. Por apasionada que sea la entrega, por mucha que sea la tenacidad y la perseverancia de quienes han sido bendecidos con el inspiración del arte, si no encuentran las condiciones, pues emigran y, de esa manera, se merma el acervo cultural a cambio de potenciar la promoción de nuestros valores artísticos hoy que vivimos tiempos de incertidumbre. A veces no entendemos que la fantasía es una de las grandes aliadas de la memoria y que, por medio del arte en cualquiera de sus esquinas, se debe promover, lo mismo que enseñar a pensar. Nuestro sistema educativo se queda corto en esos dos objetivos primordiales, por eso no es de extrañar la abundancia de oídos sordos y la escasez de mentes abiertas. Al menos debería haber un bachillerato en artes por cada zona geográfica del país, para darle oportunidad a las aptitudes de la juventud que se ven muy copiosas en escuelas e institutos. El teatro del compromiso social, como el que comulga el entrevistado, es de vital importancia para vincularse con la realidad. “Un pueblo que no cultiva su teatro, si no está muerto, está moribundo”, sostenía García Lorca.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


La política contaminada

Sin duda alguna el río Acelhuate en un tiempo tuvo aguas cristalinas y se debía a que sus afluentes no estaban contaminados, pero debido al mal uso que le dieron, se ha convertido en la mayor cloaca del país. Por eso el periodista Sigfredo Ramírez lo utiliza como metáfora para comparar la clase política que mantenemos y que, a la vez, ha sido la principal promotora de la destrucción de tan importante río. Ahora que se avecina un nuevo evento electoral, no faltarán los que tomarán como bandera la descontaminación de este río. Somos los electores los que debemos no apoyar a tanto político parsimonioso que se aprovecha de la ignorancia de algunos electores, a los que han empujado a un caudal de promesas falsas, como en las anteriores épocas, ya que la cosa pública está en manos de una minoría de personas influyentes. Nosotros, que somos mayoría, le concedemos voluntaria e involuntariamente la dirección. En nuestro país la persona que elegimos no siempre es aquella que empuña legalmente el poder y, depende de las circunstancias, pueden haber otras personas “tras bambalinas” que comparten el poder. Por esta razón en nuestro país existen castas hereditarias que permanecen en el poder y no quieren abandonar lo que consideran como su propiedad. Ahora es cuando los electores debemos utilizar el libre albedrío para “descontaminar” a tanto político que no piensa en dar la oportunidad a otro. Así apresuramos el fin de tanto político oportunista que nos ha hecho vivir en desigualdad de oportunidades y aceleramos el final de aquellos que buscan su beneficio y ambiciones personales, sin tomar en cuenta a la mayoría del pueblo que lo eligió.

Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook.com

Álbum de libélulas (180)

1474. ALMA DE BOLERO

Del aparato de punta salía la voz intemporal que hacía gala del bolero ranchero como de su mejor oficio de armonía. Sí, era la voz de Flor Silvestre. El señor de cabello enteramente blanco, de rostro señalado por el tiempo y de cuerpo en reposo escribía algo a pluma fuente en un volumen encuadernado. Quizás su diario íntimo, única compañía actual. De pronto levantó la vista hacia el cristal de la ventana que se hallaba enfrente. Sí, la luna, como no la recordaba en mucho tiempo. Y en ese justo instante, Flor empezaba a cantar “Luna de octubre”: “De las lunas la de octubre es más hermosa porque en ella se refleja la quietud de dos almas que han querido ser dichosas al arrullo de su plena juventud…” Se levantó movido por un resorte inmemorial. Ahora era el joven de entonces, que le llevaba serenata a su amada… Acordes milagrosos que hacían que el tiempo se agazapara en un rincón.

1475. VOLVER A CASA

Las plantas floridas se apiñaban junto a la ventana como si estuvieran ansiosas por observar o al menos atisbar lo que podía suceder adentro. Y adentro lo que había en aquel instante era una vitrola antigua que parecía estar activa sin que nadie la hubiera encendido. Una música instrumental apenas audible surgía de ella, en condición de murmullo entrañablemente melódico. De la cortina de plantas emergió entonces un rostro humano, que tenía la misma actitud de las hojas, de los capullos y de las corolas plenas. Luego de unos minutos de contemplación auditiva, el rostro se hizo cuerpo, y la figura se alzó al otro lado del cristal. En la habitación no había nadie, y por eso no hubo ninguna resistencia a que moviera la hoja para poder ingresar. Lo hizo. La música que brotaba de la vitrola se emocionó a todas luces. Era la bienvenida. Él regresaba al hogar por fin de su exilio astral.

1476. HACER LO DEBIDO

Tarde de sábado, más soleada que lluviosa. Ese par de jovencitos que de seguro ni siquiera han concluido su educación media vienen bajando por la acera derecha de la calle que conduce a Candelaria. Ella es rubia y pizpireta; él es moreno y reservado. Van a cumplir con un rito en aquella casita de techo de lámina que se divisa al fondo. Ahí vive ella, la abuela de ambos. Llegan, activan la llave que él lleva en la bolsa, traspasan la puerta de madera deteriorada por el tiempo, se acomodan en la pequeña sala donde todo es penumbra. Son primos hermanos y han decidido probar el amor mutuo. Van a comunicárselo a su abuela, que desde luego lo es de ambos, y a pedirle su aprobación. Se quedan así por un rato en silencio. Luego se levantan y se inclinan ante el retrato carcomido de la abuela que está en una repisa polvosa. Después se retiran. Permiso concedido.

1477. REMEDIO CASERO

Su médico de cabecera le dio una buena noticia, después de la batería de exámenes a los que tuvo que someterse luego de aquellos síntomas que a cualquiera le hubieran dado muy mala espina: “Tus órganos básicos están normales; no hay inflamación ni sangramiento por ninguna parte; y tus reflejos no muestran ningún signo de alarma…” Él aspiró profundamente con alivio, y de inmediato surgió la pregunta: “¿Y entonces qué hago con todas estas molestias que no me dejan estar tranquilo en ningún momento, ni de día ni de noche?” El médico se quedó pensativo. “Lo único que yo podría decirte es que podemos seguir haciendo exámenes”. Todo siguió igual. Hasta que un pálpito desazonador en las sienes le dio una pista. Se fue a un hotel de montaña a dormir en paz. Cuando despertó todas sus dolencias habían desaparecido.

1478. OPERACIÓN DESTINO

La casita que habían logrado adquirir luego de tantas penurias estaba muy cerca del borde del declive que daba a la quebrada que corría al fondo. Era urbanización nueva, y los constructores sin duda pensaron más en la ganancia que en la seguridad, porque desde un inicio los deslaves invernales fueron haciendo de las suyas. La familia que habitaba la casita vivía en constante zozobra cuando asomaba la estación lluviosa, y aquel año las cosas se presentaban aún más críticas, por las veleidades del tiempo. Cuando llegó la onda tropical, la tierra floja se desprendió sin más. El hombre de la casa comenzó a tiritar. La mujer de la casa sintió que el embarazo se le hacía tormenta. Y aquella misma noche ocurrió el doble desastre: la construcción quedó en el aire y el embarazo se convirtió en cárcava. Al amanecer, solo las energías del aire acudieron a socorrerlos.

1479. ESCAPE CON INGENIO

Cuando sus padres le preguntaron, con la solemnidad que les caracterizaba, qué quería estudiar luego del bachillerato inminente, la respuesta de ella fue dada con sonrisa traviesa: “Quiero estudiar genética”. Ellos se miraron preguntándose qué es eso. La hija se adelantó: “Es el estudio científico de la herencia”. “¿De la herencia? ¿Cuál herencia?” Ella ya no pudo resistir la risa: “¡Pero no, no se preocupen, no se trata de dinero, sino de genes… Los genes que ustedes dos pusieron a mi disposición…” Seguía el desconcierto. “¿Y eso dónde se estudia?” “Bueno, yo quisiera ir a Alemania. ¿Les parece?” Los padres volvieron a mirarse entre sí. Y entonces les llegó el clic. “Hijita, pero si la herencia está más clara que la luz. Si querés te la explicamos con puntos y comas. Nosotros nos entendimos muy bien con tus genes, y por eso eres como eres…, ja, ja”

1480. FELIZ RETORNO

La comunidad se había vuelto invivible, y no solo por los asaltos y las extorsiones, sino también porque las conexiones entre las personas apenas existían. Crecía la dependencia esclavizante respecto de las maquinitas virtuales. Conversar era hoy una especie de excentricidad infantiloide. Todo se hacía con las yemas de los dedos, y a la mayor velocidad posible. La voz estaba ausente. Alirio era un muchacho común, en apariencia. Estudiaba en el instituto nacional de su localidad, y su anhelo era volver al campo de donde había salido. El maestro con quien se llevaba mejor era el de química. En algún momento le preguntó: “¿Por qué será que tengo tanta química con mis orígenes?” El maestro, que más bien era un poeta no revelado, le dio su respuesta: “Porque ahí todas las sustancias tienen voz propia y hablan cara a cara”. Él aspiró a fondo. El enigma estaba resuelto.

1481. HILO DEL TIEMPO

En su vida anterior fue joyero artesanal, y se quedó con muchos trabajos pendientes porque la muerte le vino de súbito. Al emprender esta vida fue a buscar entre sus cosas los objetos inconclusos y encontró lo suficiente para montar una pequeña tienda de antigüedades para llevar.

1482. EJERCICIO TEXTUAL

Activó su móvil y apareció el texto recibido. Tres palabras: “Ya estoy aquí”. ¿Sería ella? Solo podía ser ella. La luciérnaga de la noche anterior, anunciándose para la noche presente.

Situación de las cárceles en Latinoamérica recrudece la crisis de seguridad regional

Fracaso carcelario. El 90% de los asesinatos en la región no son resueltos y las cárceles no logran rehabilitar y reinsertar a los presidiarios.

Uno de cada tres delincuentes de Latinoamérica reincide, la mayoría por crímenes más graves de lo que los condujo a la cárcel por primera vez. Muchas de las prisiones más emblemáticas de los países de la región se han vuelto verdaderas escuelas de crimen. Escuelas en las que se desarrolla una sociedad paralela, sin control del Estado, y que son uno de los factores que contribuyen a la crisis de seguridad pública que se vive en varios rincones de América Latina.

En Brasil, por ejemplo, los grupos del crimen organizado como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho nacieron en las cárceles y desde allí coordinaron y expandieron sus operaciones, llegando a montar una industria transfronteriza que se extiende a Bolivia y Paraguay.

Sus líderes Marcola y Fernandinho Beira-Mar, respectivamente, no han visto en las rejas un impedimento para llevar a cabo sus planes. Y cuando sus fuerzas y aliados se enfrentan, el saldo de las riñas es monumental, obligando al gobierno federal a intervenir con tropas. Como las que dejaron unos 140 prisioneros muertos –varios de ellos mutilados– a inicios del año.

Entre los mejores. El penal de San Miguel de Allende (Guanajuato, México) tiene la calificación más alta de cárceles para varones en el Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2016 de la CNDH, con 8.53.

Las múltiples fugas de las cárceles del jefe del cartel de Sinaloa, Joaquín “el Chapo” Guzmán, solo contribuyeron a alimentar su leyenda, ya que túneles, engaños y sobornos honraron las restricciones más severas. Entre exponerse a otra huida, el Gobierno mexicano se vio aliviado cuando fue extraditado a Estados Unidos.

Sin embargo, para altos mandos de organizaciones criminales, a veces es hasta mejor estar tras las rejas que en las calles. Es más seguro para ellos porque ahí reciben protección frente a sus rivales. Es el caso, por ejemplo, de líderes de las pandillas Mara Salvatrucha 13 (MS-13) y el Barrio 18 en El Salvador.

Las cárceles han adquirido un nuevo significado en la región. Mientras los miembros más jóvenes pueden ascender de rango con más rapidez dentro que fuera, los más viejos pueden aprovechar su condena para pensar e implementar estrategias. También hay prisiones donde las bandas carcelarias se han vuelto verdaderas instituciones, con reglas y su propia versión de la historia. En Puerto Rico, hay por lo menos siete grupos carcelarios que se destacan: 27, Jibaritos, 25, Huevo, Bacalao, 31 y Ñeta. Este último tiene casi 40 años. Sus reglas incluyen no robar, no ver al compañero como objeto sexual y no humillar a los nuevos internos. Quienes son aceptados como miembros son instruidos en la tradición de la organización a lo largo de los años por “maestros”.

Sudamérica. El penal de Lurigancho (Lima, Perú).

Crimen, castigo y reinserción

La inseguridad es uno de los principales temas de preocupación ciudadana, como muestra la encuesta Latinobarómetro de MORI, parte fundamental de las cuentas públicas de los gobiernos y un atractivo tema de campaña para los candidatos, desde río Grande a Tierra del Fuego.

Es que Latinoamérica vive una alarmante crisis de seguridad. Es la región más violenta del planeta, fuera de las zonas de guerra. Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, la región tiene el 9 % de la población mundial, pero registra un tercio de las víctimas de homicidios a escala global y seis de cada 10 robos son cometidos con violencia.
Y la justicia no ha logrado atacar el problema. El 90 % de los asesinatos no es resueltos y las cárceles, que debieran ofrecer alternativas para que los reclusos abandonen el crimen, han fallado.

Los gobiernos latinoamericanos han implementado una serie de políticas de mano dura para capturar y enjuiciar a delincuentes. Según un comparativo de estadísticas realizado por el Grupo de Diarios América (GDA), las primeras causas que llevaron a las personas a la cárcel en la mayoría de los 11 países evaluados están el robo o intento de robo y alguna infracción a la ley de drogas. Los otros motivos que se destacan son: extorsión (en El Salvador), homicidio (en Argentina, Colombia, Costa Rica, El Salvador y Venezuela) y violación sexual (en Perú).

Según Marcelo Bergman, director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia, con sede en Argentina, el problema de las políticas llevadas a cabo por los gobiernos de Latinoamérica es que detienen a un delincuente que rápidamente es reemplazado por otro. “El resultado es que se llenan las cárceles sin resolver el problema del delito”, comenta.

Además, ese doble esfuerzo por capturar y enjuiciar como opción preferida para enfrentar el crimen y la inseguridad no va de la mano con una mejoría de las condiciones penales, aseguran expertos. A excepción de Puerto Rico, todos los países de Latinoamérica tienen una tasa de hacinamiento superior al 100 %. En el caso de Venezuela, la cantidad de reclusos es más de cuatro veces superior al número de plazas de todo el sistema carcelario.
Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, esos niveles de aglomeración generan una “masacre silenciosa” y agravan los problemas, como enfermedades o exposición de delincuentes menores a nuevos grados de crímenes.

El hacinamiento dificulta separar los presos según la gravedad de sus crímenes y, cuanta más gente está encarcelada, más difícil se hace para los agentes de seguridad la mantención del control y del orden. Tras el incendio de una cárcel en Chile en 2010, donde murieron más de 80 reclusos, se dio cuenta que en los mismos pabellones convivían personas que fueron detenidas por vender películas piratas en la calle con asesinos.
La sobrepoblación se vincula también con la prisión preventiva en Latinoamérica. El procesamiento de los casos puede tardar años y las cárceles se van llenando poco a poco de personas que no han sido condenadas. En promedio 33.4 % de los reclusos de la región están en prisión preventiva.

Gustavo Fondevila, académico del Centro de Investigación y Docencia de México y quien se ha dedicado a estudiar en la última década las cárceles latinoamericanas, asegura que se ha dejado de lado tres objetivos fundamentales de las cárceles: ser un instrumento de disuasión para aquellos que consideran cometer delitos; ser una herramienta de incapacitación y reducción de delitos y ser un centro de rehabilitación y reinserción social. El experto afirma que el abandono de esos objetivos debe encender las alarmas: las cárceles de Latinoamérica no pueden tener como única finalidad castigar a quien cometió algún crimen.

“Del fondo de mi corazón, si tuviera que cumplir una condena en alguna de nuestras cárceles, yo preferiría morir”, dijo una vez el ministro de Justicia de Brasil, José Eduardo Cardozo.

Crisis. El Banco Interamericano de Desarrollo sostiene que Latinoamérica tiene el 9% de la población mundial, pero registra un tercio de las víctimas de homicidios en el mundo.

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Steven Dudley, codirector de InSight Crime: “Hay que ganar los espacios políticos y sociales dentro de las prisiones”

Una entrevista de Amanda Marton Ramaciotti/ GDA

Steven Dudley,
codirector de InSight Crime

Según el experto, los grupos criminales se aprovechan de la “falta de necesidades básicas (en las cárceles) para acumular poder”. Para Steven Dudley, los Estados han dejado vacíos de poder en las cárceles que fueron llenados por criminales. Cofundador y director del Centro de Investigación de Crimen Organizado InSight Crime y analista del Woodrow Wilson Center, Dudley asegura que hay que crear mejores condiciones de vida para los presos, y así evitar que se unan a organizaciones criminales dentro de las cárceles.

¿Las cárceles en Latinoamérica podrían ser capaces de disminuir la crisis de seguridad?

“No de la manera que están, pues a la larga generan más inseguridad. Los presos entran en contacto con criminales más organizados y en instituciones cada vez más debilitadas. Un espacio que se convierte en una escuela de criminalidad, donde hay unos PhD (doctores) del crimen que son poderosos dentro y fuera de las cárceles.

El problema es que las prisiones son el último eslabón de la cadena de justicia, entonces nadie presta atención a lo que está pasando dentro de las cárceles. Y fuera de ellas las instituciones no responden ni siquiera a las necesidades mínimas de los presos, para poder tener una vida digna. Ni hablar de la corrupción que hay.

Todo eso genera un espacio político, un espacio social donde grupos poderosos y, en este caso, grupos criminales poderosos pueden utilizar esa falta de atención, esa falta de necesidades básicas para acumular poder. Eso es lo que posibilita que grupos más poderosos, como los de Brasil, nazcan, crezcan y trabajen desde la cárcel. Eso se ve cada vez más en otros países: grupos criminales que llenan los vacíos que deja el Estado.

Entonces quienes “gobiernan” a los presos son otros presos. Quienes son los que alimentan a los presos son los otros presos, quienes son los que dejan o no dejan el espacio para visitas son los otros presos, o que reciban o no reciban cosas desde afuera, son los otros presos. En ese mundo donde el Estado deja un vacío de poder que es llenado por los criminales, lo que se genera es más legitimidad para los criminales”.

Insight Crime ha investigado sobre las prisiones de gran parte de Latinoamérica. ¿Qué países de la región considera usted que viven las situaciones carcelarias más extremas?

“Donde hemos visto situaciones muy graves es en Venezuela, Colombia, Guatemala, Honduras, El Salvador, México y Brasil. Esos países tienen problemas muy graves, pero los demás también y se están poniendo cada vez peor. Todos los países están enfrentándose con soluciones políticas cortoplacistas de “mano dura”. Esa idea siempre surge porque es la manera que los políticos tienen de mostrar que están luchando contra el crimen, que no son blandos. Pero hay que pensar a largo plazo y cómo ganar esos espacios políticos y sociales
dentro de las prisiones. Donde los mismos presos puedan trabajar, puedan expresarse, puedan tener cierta vida humana”.

Finalmente, ¿qué opciones existen además de las cárceles para luchar contra la crisis de seguridad regional?
“Dejar de criminalizar algunos crímenes que ahora están considerados en los códigos penales. Por ejemplo, el consumo de ciertas sustancias es un problema de salud, no debería ser un problema criminal en muchos casos. Hay que pensar en todos los programas de prevención, creando los mismos espacios sociales para los jóvenes, abriendo más espacios de entrenamiento para ciertos trabajos, espacios de educación, pensar en las penas alternativas y programas de rehabilitación. Pero también educar a la población a aceptar excarcelados. Si no, los programas de rehabilitación no servirán para nada”.

El Caribe. Centro de Tratamiento Social de Humacao, Puerto Rico.

Indispensable Angela

Trayectoria: Merkel cuenta con 12 años de experiencia como canciller a sus espaldas y otros cuatro por delante.

Así como hay una superpotencia indispensable, Estados Unidos, según la ex secretaria de Estado Madeleine Albright, también hay un personaje político europeo indispensable, según el semanario The Economist, y este es Angela Merkel. Si no fuera por la obsesión alemana por la discreción y por su reticencia al protagonismo, Merkel sería reconocida como la líder del mundo libre, especialmente desde que Obama dejó la Casa Blanca y le sustituyó el presidente más atrabiliario, errático e irresponsable que haya encabezado el Gobierno de Washington.

Este domingo los alemanes tendrán la oportunidad de darle por cuarta vez una mayoría parlamentaria, algo prácticamente asegurado a la vista de las encuestas, en las que las listas socialdemócratas, con su candidato Martin Schulz a la cabeza, se hallan a una distancia inalcanzable –entre 15 y 17 puntos por detrás– para aspirar a algo más que entrar como socios minoritarios en un gobierno de gran coalición. La única incógnita que dilucidarán los electores será la fórmula de gobierno, en función de la composición del Parlamento, pero no la centralidad de la coalición conservadora CDU-CSU y de la figura indispensable de Merkel.

La tonalidad del cuarto mandato de Merkel en la cancillería dependerá de los socios que se vea obligada a escoger entre las tres opciones posibles en un mapa parlamentario en el que no se dan mayorías de gobierno en solitario. La opción más clara son los liberales del FDP, el socio habitual de la CDU-CSU en la coalición burguesa durante los años de la Alemania de Bonn, con los que también Merkel hizo gobierno en su segundo mandato entre 2009 y 2013. Para que esta fórmula sea posible los liberales deben salir del bache en el que se metieron hace cuatro años, cuando se quedaron sin representación parlamentaria por primera vez desde la fundación de la actual república.

Siempre está a mano la gran coalición, la fórmula que mejor refleja el consenso central de la política alemana, que lleva a gobernar juntos a los dos partidos concebidos para actuar como adversarios, uno en el Gobierno y el otro en la oposición, con el inconveniente de que dan cancha política a quienes serán los extremos, la izquierda radical Die Linke y el partido antiinmigración AfD (Alternative für Deustchland).

Hay todavía una tercera fórmula inédita, en la que una insuficiente mayoría parlamentaria conservadora-liberal se vería completada por los diputados verdes, dando lugar a la Jamaica, una improbable coalición en la que ondean, como en la bandera de la isla caribeña, los colores negro (CDU-CSU), amarillo (FDP) y verde (Die Grüne). Para Merkel, tendría el atractivo de estrenar socio de coalición con el partido que gobernó con su antecesor Schröder y dio a Alemania un destacado ministro de Exteriores como Joschka Fischer, en el gabinete que mejor representó la llegada al poder de la generación revolucionaria del 68. Sentar juntos a liberales y verdes es algo con una dificultad objetiva en los programas contradictorios de ambas formaciones, especialmente respecto de los refugiados y a las emisiones contaminantes de los automóviles, pero también en una cuestión de culturas políticas opuestas e incluso enemigas.

Con 12 años de experiencia como canciller a sus espaldas y otros cuatro por delante, Merkel superará pronto a Konrad Adenauer, que permaneció 14 años al frente de la república de Bonn (entre 1949 y 1963), e igualará a quien fue su mentor, el canciller de la Alemania unida, recientemente fallecido, Helmut Kohl. Si el primero inauguró una Alemania en paz y el segundo consiguió reunificarla, Merkel se ha encontrado con el reto de responsabilizarse del rumbo de Europa entera en la época de mayores turbulencias para el proyecto de integración, que coincide también con la quiebra del liderazgo mundial de Estados Unidos.

Apoyo. Jóvenes esperan la llegada de Angela Merkel a un evento de su campaña electoral el pasado lunes 18 de septiembre. Utilizan la forma en la que junta las manos para representarla.

El récord de permanencia en la cancillería llegará en 2021, cuando Merkel cumpla 67 años, todavía a seis de alcanzar la edad de Adenauer cuando fue investido como el primer canciller de la República Federal. Aunque muchos especulan con su jubilación al término del próximo mandato, nada está escrito sobre la eventualidad de un quinto mandato al que se presentaría con la edad de Hillary Clinton cuando aspiró a la presidencia de EUA. Esta eventualidad, ahora remota, dependerá de dos factores: de su capacidad para superarse a sí misma en su balance de gobierno, de forma que se encuentre entonces en buen estado de forma política y de imagen pública; y del punto en que se halle el centro derecha, en cuanto a cohesión y liderazgos alternativos, ahora inexistentes.

Merkel, a diferencia de Adenauer y Kohl, ha adquirido envergadura gracias a las crisis existenciales con las que ha tropezado. No es lo mismo la oportunidad de un momento inaugural, como la Hora Cero que presidió Adenauer, o la caída del muro, que correspondió a Kohl, que la dificultad de dos crisis como la del euro y la de los refugiados, que han hecho gravitar el peligro de desaparición sobre la propia idea de Europa.

Buena parte del éxito de Merkel tiene que ver con la solidez del sistema político e institucional alemán, en el que ella ha conseguido ocupar e identificarse con el centro ideológico e incluso topográfico. Pero también cuenta su personalidad, reflexiva y dubitativa, pragmática y posideológica, capaz de arriesgar pero alejada de visiones y fantasías (esa vision thing, que no tenían tampoco ni Bush padre ni Helmut Kohl) y con un sentido moral que la alejan del cinismo y de la arrogancia tan característicos de la profesión política masculina.

Una reciente encuesta del Pew Research Center, realizada en 37 países, revela el impacto global de la canciller, en contraste con el desprestigio de Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping. Un 42 % de la mediana mundial de las encuestas confía en Merkel frente a un 31 % que expresa su desconfianza, cifras que en el caso de Trump son del 22 % y el 74 %, respectivamente. En Europa, el grado de confianza llega al 60 %, con la particularidad de que el Pew subraya el notable apoyo con que cuenta la canciller en la opinión de izquierdas.
Un exceso de expectativas puede también traducirse en nuevas decepciones, sobre todo cuando quien la espera son la Unión Europea en la salida de la crisis y el mundo sin presidente de Estados Unidos. Le sucedió a Obama solo llegar a la Casa Blanca y le puede suceder a Merkel en su cuarta investidura como canciller. Las tareas alemanas que tiene ante sí no son menores y no podrá desatenderlas en nombre de unos liderazgos europeos y globales que suscitan más reticencias que entusiasmos entre sus compatriotas.

Buena parte del éxito de Merkel tiene que ver con la solidez del sistema político e institucional alemán, en el que ella ha conseguido ocupar e identificarse con el centro ideológico e incluso topográfico. Pero también cuenta su personalidad, reflexiva y dubitativa, pragmática y posideológica, capaz de arriesgar pero alejada de visiones y fantasías.

La economía se halla en excelente forma, pero todavía vive en buena parte del impulso reformista de su antecesor Gerhard Schröder. El país no tiene las infraestructuras que necesita, producto entre otras cosas de su aversión al gasto y al endeudamiento. Siendo un gigante industrial, la rama más puntera que es la digital se halla subdesarrollada. El prestigio de su industria automovilística se halla erosionado por el fraude de las emisiones. Sigue cayendo la capacidad adquisitiva de los trabajadores peor pagados, en una buena demostración de que Alemania no se sustrae al incremento global de las desigualdades que ha presidido la reciente crisis. Y es muy inquietante su demografía declinante con una población cada vez más envejecida.

A pesar de las exigencias interiores, hay demanda de Merkel en Europa –con Macron a la espera de dar juntos el gran impulso europeo– y la hay en el mundo, con esos liderazgos populistas y autoritarios, Trump, Putin, Xi Jinping, que hacen todavía más urgente una brújula orientada por el derecho internacional y por los valores europeos que son los de Angela Merkel.

Sello. La forma rígida en la que junta las manos se ha convertidos en uno de los gestos que la distinguen.