Los retratistas del país del eterno olvido

Los retratistas del país del eterno olvido

Unas alas. Un niño. El blanco y el negro que hacen brillar a una piel morena apenas cubierta por trapos raídos. Unos ojos enormes que repiten, de seguro, la oscurana del cielo nocturno y parecen desprenderse de la tierra, volar hasta otra realidad menos cruel.

La foto es de Luis Galdámez, fotógrafo salvadoreño nacido hace 63 años. Y forma parte de una de sus series más ambiciosas y conocidas, “Los ángeles caídos”, decenas de retratos con los que ha buscado visibilizar a los siempre invisibles de la sociedad salvadoreña: pandilleros, ancianos pobres, artistas vagabundos, niños de la calle, perros callejeros. Armándolos de alas, ha pretendido instalar una denuncia que mucho tiene de obra de arte.

Este es solo un capítulo de una carrera que se extiende por más de 30 años, “con varias interrupciones”, dice Luis. Pero una en la que ha logrado documentar la historia de El Salvador con el que quizá sea el más masivo de los lenguajes: la fotografía. La sintetizadora por excelencia. Esa que, en un cuadro limitado e inmóvil, puede expresar todo el horror de una guerra, la gloria de una victoria, las particularidades de una personalidad.

Por todas esas características, la Secretaría de Cultura de la Presidencia decidió dedicar el Premio Nacional de Cultura 2017 a la rama de fotografía documental por primera vez en más de cuatro décadas de historia. Y uno de los aspirantes a recibirlo es Luis Galdámez, a quien su colega Francisco Campos define como el “verdadero artista de la fotografía en El Salvador”.

“Me sorprendió que las autoridades de turno la hayan tomado en cuenta. Cuando se habla de artes visuales, la fotografía documental siempre ha sido el patito feo”, comenta Luis, bebiendo de su cerveza y disfrutando de su coctel de camarones en este restaurante de Antiguo Cuscatlán, el mismo municipio en el que reside desde hace un par de años, tras una larga estancia en Suchitoto.

Luis sopesa entre tragos el poco valor que la sociedad y el Estado salvadoreños le han dado a una pasión a la que ha dedicado toda su vida. La misma por la que casi muere el 19 de marzo de 1989, cuando una bala le atravesó la espalda y el brazo. Pero corrió mejor suerte que su amigo Roberto Navas, asesinado ese mismo día.

Ahora goza, dice, de un par de años sabáticos, en los que ha podido empezar a darle orden a un enorme archivo todavía informe, donde guarda su tesoro de fotografías. El mismo que empezó a construir a punta de riesgo en 1980, después de formarse en artes visuales en el CENAR y ganar algo de dinero como retratista de bodas y bautizos.

Ese día, el 30 de marzo de 1980, asistió al funeral de Monseñor Romero para documentar la manera en la que cientos de personas se despidieron del ahora beato. Nunca pensó (aunque era lo esperable) que una bomba explotaría al lado suyo y que los cuerpos de seguridad comenzarían a dispararle a la población civil. Tampoco que entre esa población civil hubiera guerrilleros que transportaban sus armas en cajas vacía de árboles de navidad y que abrieran fuego en respuesta. Todo eso, ahora, lo conserva entre sus imágenes. Fueron su bautizo.

Entonces no había llegado a las grandes agencias de noticias que le permitirían ver su trabajo en la portada de publicaciones tan importantes como The New York Times o The Washington Post. Su opción fue el periódico mural del CENAR, donde entonces trabajaba como profesor, precisamente de fotografía. Solo tener un material como ese, que retrataba la violencia, era considerado un acto subversivo y la institución incluso había sido objeto de cateos por parte de los cuerpos de seguridad desde hacía dos años. Era un salto al vacío.

“Cada quien toma sus riesgos. Y yo me moría de ganas porque mi trabajo fuera visto. Aunque sí, es cierto, por algo como eso me podían matar”, comenta Luis, quien ha traído bajo el brazo un legajo de fotografías, muchas de las cuales serán incluidas en el portafolio que las personas e instituciones que han decidido presentar su candidatura entregarán en los siguientes días a las autoridades de SECULTURA.

Ahí están las imágenes de los cuerpos desfigurados del choque del avión de Aviateca en 1995 y varios cuadros de la guerra. Coge entre las manos uno de estos últimos, en blanco y negro, donde unos 20 jóvenes de esperan sentados en el suelo.

—Esta es la foto de la tristeza –dice, bajando la voz y lanzando un suspiro–. En ese momento, a estos bichos se los van a llevar reclutados para el cuartel. Solo me imagino a las madres llorando porque sus hijos adolescentes deben ir a pelear una guerra en la que no quieren participar –comenta Luis, quien en cuestión de segundos puede pasar de una seria reflexión a la más sonora de las carcajadas, entre cerveza y coctel.

Pero sus fotos favoritas de entre todas, y de las que ha presentado un buen número en su carpeta para el Premio Nacional de Cultura, son las que componen la serie de “Los ángeles caídos”, a la que considera su obra más querida.

“Este trabajo me sacó todos mis traumas como reportero, aquí no hay prisa. Solo soy yo expresándome. La fotografía conceptual también se vuelve documental porque relata a los excluidos”, comenta, lanzando una mirada de satisfacción a sus fotos.

Luis Galdámez

Postulado

Luis Galdámez

Inició en la fotografía cuando cursaba el Bachillerato en Artes del Centro Nacional de Artes (CENAR). Era una materia de complemento, que se le enseñaba al alumno para documentar su obra. Pero fue la que lo terminó apasionando. Estudió periodismo en la Universidad de El Salvador. Fue reclutado por Iván Montecinos como su asistente en la Agence France-Presse (AFP) en 1984. Dos años más tarde pasó a formar parte del staff en el país de la agencia de noticias inglesa Reuters, en la que permanecería hasta 2012. Después, hizo labores ocasionales para diferentes instituciones, como Efe. Su trabajo ha sido publicado en los más prestigiosos periódicos alrededor del mundo.

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El período para que una institución o una persona pueda postular a su candidato para el Premio Nacional de Cultura finalizará este lunes, 31 de julio. Hoy es el miércoles 26 y, según Silvia Elena Regalado, titular de SECULTURA, ninguna persona ha sido inscrita para el reconocimiento.

“Normalmente lo hacen el último día, estamos esperando”, comenta Regalado, aunque adelanta que ya cinco instituciones llamaron para anunciar que presentarán a sus elegidos, por lo menos, el viernes. Lo que se cumplió en los casos de Luis Galdámez y Francisco Campos.

Según Regalado, el premio de este año busca darle su justo puesto como individuo al fotógrafo en la índole de la cultura nacional. Muchas veces cubierto por la institución a la que representa, casi nadie conoce al fotógrafo, a aquel que le informa los hechos de su realidad con uno de los medios que más se acerca a ella. Una paradoja tomando en cuenta que su obra cuenta con la bendición de lo masivo. También, expresa Regalado, se busca reconocer a la fotografía como arte y que se abran más espacios para exponer este tipo de trabajos. Y que, además, el autor reciba una paga por ello, lo que escasamente pasa en El Salvador.

Además de los acostumbrados $5,000 que conforman el premio y del clásico concierto dedicado a él por la Orquesta Sinfónica Nacional, el ganador tendrá la oportunidad de presentar al menos 30 cuadros de su obra en una exposición que se instalará en el Museo de Antropología David J. Guzmán (MUNA) y, luego, pasará a ser parte de la muestra itinerante de premios nacionales de la Cultura, que pasa por lo menos un mes en los distintos museos que El Salvador posee a escala nacional. Pero solo eso.

“Queremos dejar claro que este premio busca reconocer a una persona. No es uno de sus componentes la distribución o difusión de la obra”, comenta una de los miembros del equipo de Comunicaciones de la secretaría. En efecto, eso ha pasado, al menos, con los últimos dos ganadores del premio, Yolocamba I Ta y José David Calderón, fallecido el año pasado. Su obra, aunque bañada por el brillo del premio, no se conoce mucho más hoy que antes.

Para Silvia Elena Regalado, esto es una cuestión de recursos, situación que tampoco los ha dejado iniciar con un proyecto de investigación de todos los premios nacionales de Cultura, que se convertiría en un libro: “Lo reconocemos, es una de nuestras deudas”.

Los organizadores del galardón temen que sean muy pocos los postulados para este año e invitan a que más instituciones manden sus candidaturas, que no den por sentado que su favorito será propuesto. Eso pasó, por ejemplo, el año pasado, cuando se le entregó el premio a Yolocamba I Ta. Para muchos dentro de la institución, el merecedor del premio, por su relevancia a escala internacional, era Álvaro Torres. Pero nadie se acercó a postularlo.

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Si Luis Galdámez es el artista de la fotografía documental en El Salvador, como lo expresa Francisco Campos, Iván Montecinos es el fotógrafo de guerra por excelencia. En efecto: fue el único de los fotógrafos salvadoreños que cubrió el conflicto armado desde su prólogo, en el 79, hasta la firma de los Acuerdos de Paz. Y fue el maestro y quien le dio la primera oportunidad para trabajar a colegas como Campos o Galdámez. Incluso a Luis “la Muñeca” Romero, quien no puede ser postulado por trabajar para una entidad de Gobierno.

Pero así como es el fotógrafo de guerra por excelencia, ese terminó convirtiéndose en su único campo de acción: la intensidad de 12 años de combate, de mirada al sufrimiento ajeno y al propio y del alejamiento de su familia lo inclinaron a abandonar la carrera apenas firmada la paz. Y no es porque no tuviera oportunidades, pues se le ofreció trabajar como fotógrafo de guerra en el conflicto de Bosnia.

“Ya no tenía las fuerzas para seguir buscando ese tipo de trabajos… Si aquí, en mi país, no me mataron pero estuve en peligro de que ocurriera porque la guerra fue cruenta, ¿qué iba a ir a hacer yo a un lugar donde no conocía el lenguaje ni la geografía?”, comenta Montecinos, ahora dedicado a negocios propios y a la confección de libros sobre su experiencia. Ya publicó dos.

El estilo de Montecinos es uno que privilegia a la persona humana sobre los hechos, al individuo que está siendo transformado por sus circunstancias más que las circunstancias mismas. Para Iván, no era importante retratar los combates, sino las consecuencias de estos. Víctimas que acaban de perder la vida, pueblos arrasados, gente que debe buscar refugio para no perecer.

Esa pauta para trabajar la descubrió apenas en 1980, cuando la guerra todavía no había sido declarada vía la ofensiva final del FMLN. Fue cuando viajó a La Victoria, en Honduras, donde ya habían comenzado a llegar refugiados desde El Salvador, la totalidad de ellos era gente que vivía, aún en sus lugares de origen, en una profunda pobreza.

En ese entonces todavía no había conseguido un contrato con una agencia internacional. Era el asistente del fotógrafo norteamericano John Hoagland en la United Press International (UPI), de quien aprendió el oficio aunque nunca lo tomó como su alumno. Hoagland fallecería en 1984, cuando trabajaba para Newsweek, en las faldas del cerro de Guazapa.

Otro de los sellos de Montecinos, en la opinión de varios de sus colegas, es mostrar a sus retratados sin máscaras: el guerrillero y el soldado ya no son los combatientes en busca de acabar con el enemigo. Son personas comunes enfrentándose a un drama extraordinario.

“La experiencia te da cierta sensibilidad. No es una cuestión de tener lástima. Uno ya no ve solo el aspecto agresivo. Comprende que toda la gente tiene un lado humano. Como decir que ahora usted puede encontrar el lado humano de un pandillero”, dice Montecinos, quien todavía no ha sido postulado al premio.

Ivan Montesinos

Postulable

Iván Montecinos

Es uno de los pocos de su generación que contó con formación en periodismo antes de comenzar a hacer fotos. A finales de los setenta, trabajaba como profesor en la Universidad de El Salvador. Cuando esta institución fue cerrada, en 1980, comenzó a colaborar para la United Press International (UPI), con sede en Estados Unidos, como asistente del periodista norteamericano John Hoagland. En 1984 fue fichado por la Agence France-Presse (AFP) como el director para toda Centroamérica. Permaneció con esta empresa hasta 1991. Tras ello, aprovechó el dinero ganado durante 12 años como fotógrafo para emprender algunos negocios y comprar tierras.

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Francisco Campos descansa en una de las mesas del café Maktub, en pleno centro de San Salvador, con la fachada del Cine Metro, uno de los emblemas del sitio, como fondo. Él es otro de los fotógrafos que serán postulados este año para el Premio Nacional de Cultura. Es el único que todavía se mantiene en activo de los considerados para el galardón.

Si Luis Galdámez es el artista de la fotografía e Iván Montecinos el fotógrafo de guerra, Francisco Campos, que comparte características con los dos anteriores, es el retratista de la cotidianidad. Sobre todo de los sectores más populares. Y, sobre todo, del centro de San Salvador, ese al que él no llega como un turista en búsqueda de novedades, sino como un vecino más. Porque este ha sido su medio ambiente desde que comenzó a hacer sus pinitos en el periodismo, en el Diario El Mundo, a finales de los setenta. En los bares cercanos, afirma, pasaba la mayoría de sus tardes.

A pesar de ya tener más de 30 años en el negocio, ha sabido cómo llegar a una nueva generación de observadores. Sus fotos, ahora, pueden verse en su perfil de Facebook.

Una de las últimas, subida el jueves 27 de julio, tiene al fondo la escena de un homicidio ocurrido en el bulevar Monseñor Romero. Una persona que desde hace unos momentos ya no lo es yace rodeada de policías y fiscales. En primer plano, en uno de los separadores de la carretera, está escrita la palabra “Mierda”. Campos, para acompañar la imagen, escribe: “Ante la violencia dan ganas de exclamar tres veces”. Otras fotos no necesitan siquiera de presentación, como aquella tomada desde el interior de un restaurante, que muestra la indiferencia de los comensales ante otro homicidio cometido a apenas unos metros.

“Yo de Chico no he aprendido cuestiones técnicas, sino a estar siempre atento, a observar y a tomar esa foto que ya no voy a poder tomar nunca más porque ya no va a volver a ocurrir”, comenta Frederick Meza, fotoperiodista de LA PRENSA GRÁFICA y uno de los discípulos del maestro. Ese es otro de los sellos de Francisco, la captación del momento justo, ese que hay que esperar por horas o que, a veces, simplemente pasa.

Sentado en el café Maktub, Francisco también se confiesa un bendecido de la suerte, y para ilustrarlo, regresa a su foto más famosa, la imagen con la que está íntimamente emparentada la firma de los Acuerdos de Paz, en la que dos mujeres vestidas de blanco lanzan dos palomas grises a una catedral de San Salvador saturada de rojo.

Ese día fue uno accidentado y la gran foto solo fue tomada hasta el final de la jornada. En la misma plaza estaban decenas de fotógrafos, como Luis Galdámez, que no pudieron llevarse una imagen similar. Fue una cuestión de suerte y, también, de atrevimiento. Francisco Campos fue el único que pudo subirse a la tarima, auspiciado por amigos de las diferentes iglesias que ese día se encontraban en el lugar.

“Creo que eso está faltando hoy a los fotógrafos jóvenes, ser más atrevidos. Por ejemplo, yo no vi una foto diferente de lo que ocurrió con el incendio del Ministerio de Hacienda”, comenta Campos.

Y su famosa fotografía le sirve, también, para reflexionar sobre otra realidad del fotógrafo en El Salvador, el hecho de que nunca ha recibido un centavo por una de sus fotos expuestas. Eso es comprensible en espacios que viven por amor al arte, como el Photo Café. Pero se vuelve cuestionable cuando lo mismo pasa con las instituciones de Gobierno.

Y eso se volvió paradójico en la celebración, este año, de los 25 años de los Acuerdos de Paz. En la Asamblea Legislativa le pidieron su autorización para usar la imagen. Pero eso no ocurrió, por ejemplo, con la que se mostró en la exposición del Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO) o de eventos realizados por cancillería fuera del país.

Pero el culmen de la paradoja le ocurrió, dice, hace un par de años, cuando asistió a una convención del FMLN realizada a puertas cerradas sin acceso a medios. Uno de sus conocidos estaba en la entrada. Un par de días antes habían compartido mucho tiempo en la filmación de la película “La batalla del volcán”. Sin embargo, a pesar de la confianza, no lo dejaron pasar.

Resolvió la cobertura tomando fotos del exterior, de las personas pertenecientes a los comités de base ingresando al lugar, sin saber que adentro, como la imagen que coronaba el escenario, estaba en grandes dimensiones la misma foto de las mujeres de blanco tirando las palomas grises. Nadie dentro del partido le consultó si esa imagen podía ser utilizada en un evento proselitista. Una realidad que, según la secretaria de Cultura, Silvia Elena Regalado, pretenden que cambie con la entrega del premio.

Francisco, ahora, sugiere ir a estirar las piernas para tomar un jugo en un puesto cercano, acompañado de su pequeña cámara. Sin embargo, no tomará ninguna imagen, ocupado en elogiar el trabajo de los otros, de aquellos que, como él, aunque sea en un trecho del camino, decidieron congelar la vida para la eternidad en una fotografía.

Francisco Campos

Postulable

Francisco Campos

Es el fotoperiodista en activo con la carrera más longeva en El Salvador. Inició su carrera en el Diario El Mundo en 1981. Al igual que su colega Luis Galdámez, fue introducido a la Agence France-Presse (AFP) por Iván Montecinos en 1986. Estuvo todo el resto de la guerra en esa agencia internacional. La vida luego lo traería a LA PRENSA GRÁFICA, donde trabajó en diferentes puestos de 1995 a 2015. Actualmente labora para El Diario de Hoy. También cuenta con una larga carrera de voluntariado en Comandos de Salvamento.

Un pájaro sin plan de vuelo

Una mujer está sentada en el interior de una carpa ubicada en la calle La Cañada 7200 del barrio La Reina, en las afueras de Santiago de Chile. En la mano tiene un revólver.

Ella misma montó aquella carpa. Ella misma construyó el escenario con piedras y cemento. Aquella mujer, Violeta del Carmen Parra Sandoval, había regresado un par de años antes a su país. Había pasado una estadía en varias ciudades europeas donde dio recitales, grabó discos, actuó en presentaciones de radio y televisión, bordó arpilleras, hizo estatuas de alambre, pintó cuadros, escribió poemas. Hizo una exposición individual de sus tapices en el Museo del Louvre en París. Fue la primera latinoamericana en hacerlo.

También conoció y estableció una relación afectiva con el antropólogo y musicólogo suizo Gilbert Favre, 20 años menor que ella. Se dice que eran felices. Se dice que Favre fue el gran amor de su vida. Pero Violeta Parra extrañaba su país. Cuando volvió a Chile en junio de 1965, él la siguió.

A su regreso, Parra intentó hacer realidad un sueño anhelado desde hacía años: montar una universidad nacional de folclor. En los años cincuenta, había recorrido el país para rescatar canciones típicas chilenas que se cantaban desde el siglo XIX y de las cuales no existían grabaciones. Los músicos tradicionales tuvieron resquemor en compartir sus conocimientos, pero la determinación de aquella mujer brava, mal hablada y que reventaba guitarras en la cabeza de los hombres que se propasaban con ella, los hicieron cambiar de opinión.

Parra soñaba no solo con dejar un registro de todas aquellas tradiciones y canciones que había aprendido. También quería enseñarlas y compartirlas. Tocó puertas en todas partes, pero ni el Estado ni las instituciones privadas quisieron ayudar. Por fin, el alcalde de la recién formada municipalidad de La Reina, Fernando Castillo Velasco, le cedió un terreno en forma de pago por la deuda de varios eventos en los que Parra había cantado sin recibir compensación económica.

Levantó allí una carpa y la convirtió en su morada. Todo era austero y sin comodidades, pero por fin tenía un lugar propio en el cual desarrollar su proyecto. Al comienzo, todo iba bien. Durante el día se daban clases de folclor. Artistas y profesores de cerámica, escultura, pintura y otras disciplinas formaban a los futuros artistas. Se investigaba, se estudiaba, se ensayaba. En las noches se realizaban peñas musicales. Se cantaba y se bailaba.
Pero la carpa de La Reina, como llegó a ser conocida, era de difícil acceso. Solo se podía llegar en automóvil. En verano no era tan complicado, pero en invierno el lugar se convirtió en un lodazal. Los talleres comenzaron a fracasar por falta de asistentes. Hacía mucho frío. La lluvia y el viento azotaban y despedazaban la carpa. Violeta le hacía remiendos. Instaló un fogón en el centro de esta. Nada sirvió.

Cada vez llegaban menos personas. Parra dependía de aquellas actividades para su subsistencia económica. A pesar de que era reconocida a escala nacional e internacional, los aplausos y la fama no servían para comprar comida ni pagar deudas. Para colmo, Favre se fue a Bolivia y cuando Violeta fue a buscarlo un tiempo después, lo encontró casado con una boliviana. Parra regresó a Chile deprimida.

En noviembre de 1966, tres meses antes de su muerte, lanzó un disco titulado “Las últimas composiciones”. El disco incluyó una canción sobre Favre, “Run run se fue pa’l norte”. También incluyó la ahora emblemática “Gracias a la vida” que opacó otra canción, contenida en el mismo disco, “Maldigo del alto cielo”. Solo un oyente avispado podría haber deducido que, lejos de un disco de agradecimiento y de exaltación al optimismo, aquellas composiciones eran la despedida de una mujer que se sentía frustrada, solitaria y defraudada.

Su biógrafa, Mónica Echeverría, la visitó en la carpa de La Reina 15 días antes del suicidio. “Había muy poca gente”, cuenta Echeverría en una entrevista. “Hace rato que no estaba entrando nadie por la lejanía del lugar. Nos convidó a tomarnos el último trago, como decía ella. Estaba metida en la cama con zapatos y tapada con esas colchas lindas que hacía ella. Estaba triste, pero la hicimos reír. Pero ella aparentaba, cantaba, hasta bailó una cueca. Se forzaba, pero la cosa estaba demasiado mal para ella. Lamentablemente, nadie captó eso y terminó matándose”.

No se sabe el momento preciso en que escribió su carta de suicidio. Jamás ha sido publicada. Nicanor Parra, su hermano mayor, la guarda con celo. A pocos les ha permitido leerla. Quienes lo han hecho aseguran que el papel tiene pringas de sangre y que su contenido es duro, lleno de reclamos y amargura hacia todos, incluso su familia.
El terreno de La Reina pasó abandonado durante algún tiempo. Después, la dictadura militar urbanizó aquella zona. Hoy en día, en el lugar donde estaba la carpa existe un centro comercial. De la actividad de Parra en la comunidad apenas hay registro, a excepción de una estatua conmemorativa que se alza desde 2012 en la plazoleta de la esquina de Mateo de Toro y Zambrano con la Cañada.

En una entrevista publicada en el periódico El Siglo, uno de sus alumnos de música, Arturo San Martín, comentaba lo dura que era como maestra. No perdonaba errores: “Violeta nos hacía repetir hasta 30 veces una estrofa; nos llegaban a sangrar las manos”. Cuando terminaba aquella etapa “de aprendizaje espartano”, como la calificó San Martín, ella cambiaba de manera radical.

“Ahora tienen que volar solitos”, decía a sus alumnos. “Usen los ritmos como les salgan, prueben instrumentos diversos, siéntense en el piano, destruyan la métrica, libérense. La canción es un pájaro sin plan de vuelo, que odia las matemáticas y ama los remolinos”.
A las 5:50 de la tarde del domingo 5 de febrero de 1967, en la carpa de La Reina, Violeta del Carmen Parra Sandoval, de 49 años, se pegó un tiro en la cabeza.

La verdad incómoda

No. Ningún sistema de pensión, público, privado o mixto, le garantizará retirarse con un 70 % de su último salario. Nomás no se puede, no es realista y quien se lo ofrezca o le está mintiendo o se está metiendo a asumir una deuda que luego no encontrará cómo honrar.

Tampoco es posible ahorrar poco, retirarse pronto y esperar una buena pensión. Si queremos tener un ingreso digno, debemos sacrificarnos ahora, guardar más y estar listos para trabajar la mayor cantidad de tiempo posible. Suena mal, injusto, incómodo, pero es así.

Nelson Fuentes, uno de los analistas más talentosos del Ministerio de Hacienda, recordaba hace poco que hay un consenso internacional sobre la relación entre ahorro para pensión y el monto que se recibirá, y es de tres a uno. Por cada 1 % de mi ingreso que guardo para mi vejez estoy asegurando que en el retiro recibiré un 3 % de mi último salario. En El Salvador estamos ahorrando 10 % de nuestro salario, con lo que la perspectiva de la tasa de reemplazo –la relación de la pensión sobre el último salario recibido– ronda el 30 %.

¡Qué bajo! ¡Qué barbaridad! ¡Qué robo! ¿Quién vive con esto? Miles de salvadoreñas están empezando a hacerlo. El 18 de abril de este año comenzaron a jubilarse las primeras mujeres que no están amparadas por el tristemente famoso decreto 100. Este decreto aseguraba a los optados, quienes estaban cotizando en el ISSS y el INPEP y decidieron pasarse a una AFP, que recibirían tasas de reemplazo de entre el 60 % y el 70 %, similares a las que habrían tenido en el anterior sistema de reparto.

¿Cómo es esto posible? Pues estas personas reciben parte de su pensión con sus propios ahorros, y el resto lo complementa el Estado, y sí, es parte de la tristemente famosa deuda previsional que hace que nuestro déficit fiscal sea el doble de lo que sería sin la deuda de pensiones, y que ahora es el centro de la discusión oficial para una reforma del sistema previsional.

Pero volvamos a lo que está recibiendo la gente. El decreto 100 solo beneficia a los nacidos antes del 17 de abril de 1962. Los hombres se jubilan a los 60 años, las mujeres, a los 55, de modo que este año se empezaron a jubilar las primeras mujeres que no están cubiertas por el decreto 100. Ellas, con pocos ahorros por diferentes factores, como menores salarios, menor tiempo trabajado, ausencias por maternidad, etcétera, aunado a bajas rentabilidades porque la mayoría de este dinero se le prestó a bajo interés al Estado, están recibiendo tasas de reemplazo de entre el 27 % y el 30 %.

Con las AFP, la pensión se calcula dividiendo el ahorro que se tiene entre el número de años que se espera que la persona viva, según unas tablas de expectativa de vida. Mujeres con salarios de $900 reciben la noticia de que solo les alcanza para una pensión de $220 mensuales. Sorprendidas e indignadas, muchas se están negando a firmar sus procesos de retiro.

Además, una vez se les termine su ahorro, recibirán una pensión mínima pagada por el Estado, sí, de nuevo, parte de la deuda previsional que ahora preocupa a todo el país.

¿Qué se puede hacer? La respuesta es difícil, complicada, tanto así que llevamos tres años con el tema de la reforma previsional en la agenda pública sin que nuestros gobernantes hayan podido acordar cuál es la mejor solución. ¿Qué nos toca como trabajadores? Hacernos a la idea de que debemos ahorrar lo más que podamos, que de ser posible busquemos trabajar más allá de la edad legal de retiro.

En las condiciones de nuestra economía y con tanta informalidad y salarios bajos, es un reto difícil. La reforma, la que debe llegar, debe ser pronta y tomar en cuenta todos estos elementos.

Sobreseimiento

Por recomendación de mis abogados tenía preparadas unas líneas para, si era necesario, hacer uso de mi derecho al uso de la última palabra durante la audiencia de presentación y aceptación de pruebas, que fue lo que se llevó a cabo el jueves.

Considero que este fallo judicial es una victoria importante para el periodismo salvadoreño que hace suya la convicción de que este oficio cumple una función social muy importante, sobre todo en una sociedad que como la salvadoreña vive carcomida por la corrupción y el abuso de poder: la de denunciar a quienes abusan y a quienes corrompen. Por ello me permito reproducir aquí algunos párrafos de lo que escribí:

“Entiendo, como siempre lo he dicho, que este caso se trata de un ataque al derecho a la información y al libre ejercicio del periodismo, ambos garantizados por nuestras leyes primaria y secundarias. Este no es, como pretender hacer ver los abogados de mi acusador, el caso de la victimización de un particular; es, simplemente, el caso de un empresario acostumbrado a usar su poder económico y sus influencias políticas para hacer que el sistema de justicia juegue a su favor.

“He ejercido el periodismo durante 23 años y a lo largo de esa carrera he confrontado decenas de veces la incomodidad del poder, económico y político, ante los señalamientos hechos desde mi oficio por conductas sospechosas de corrupción, de uso ilegal del recurso público o de connivencia con el crimen común y organizado. Enfrenté esa incomodidad, traducida algunas veces en amenazas y acoso contra mí o mi grupo familiar, cuando investigué, por ejemplo, la complicidad de los más altos mandos de la Policía Nacional Civil con el narcotráfico durante la década 2000; cuando señalé la connivencia de unidades especializadas de la Fiscalía General de la República con contrabandistas del oriente del país a finales de la década de los 90; y, más recientemente, cuando publiqué artículos exponiendo la corrupción existente en la Fiscalía General durante la gestión del ex fiscal general, el licenciado Luis Martínez, quien actualmente se encuentra detenido y enfrenta tres procesos judiciales por delitos relacionados con la corrupción y otras conductas ilícitas.

“Siempre entendí el periodismo como una forma de traer luz a los rincones de la vida nacional que las élites económicas y políticas pretenden dejar en la oscuridad con el fin de salvaguardar sus intereses o, en el peor de los casos, sus actuaciones que riñen con los marcos legales que rigen a nuestra sociedad. Entiendo el periodismo, sí, como un ejercicio de denuncia de los abusos del poder.

“Dice el académico estadounidense Bruce Bagley que el crimen organizado y quienes se alían a él desde el poder son como las cucarachas: buscan siempre esos rincones sucios y oscuros. El periodismo pretende, dije, echar luz sobre ellos.

“Fue con estos principios en mente que, como he emprendido decenas de investigaciones durante mis dos décadas de carrera, emprendí una investigación periodística encaminada a determinar si existían abusos de poder y corrupción en la Fiscalía General dirigida por Martínez. Y fue, en el marco de esa investigación, que surgió el nombre del empresario que hoy me acusa, el señor Enrique Rais.

“Es importante, su señoría, que el tribunal entienda que la investigación periodística empezó teniendo al centro a un funcionario público, porque como dije antes, una de las principales misiones del periodismo es investigar a quienes ejercen el poder y denunciarlos si están actuando ilegalmente o en forma anti ética, sobre todo si son funcionarios públicos bajo cuya administración el soberano ha encomendado el buen uso del recurso público o la potestad de la investigación criminal”.

Carta editorial

Las redes sociales han sido el más reciente impulso para consolidar la fotografía como herramienta, medio y arte. Pero también han servido para hacer evidente el irrespeto por los derechos de autor y, más grave aún, la falta de reconocimiento a las personas que han dedicado una vida completa a especializarse en esta rama. El Premio Nacional de Cultura hace ahora un esfuerzo por colocar ante los reflectores a las personas que no se rinden en la tarea de registrar la historia en un país tan empeñado en olvidar.

Luis Galdámez, Francisco Campos e Iván Montecinos son algunas de las personas que más aportes han hecho en esta rama. Son parte de la posible lista que contempla la Secretaría Nacional de Cultura para recibir este galardón que por primera vez destaca el talento en fotografía.

Si entre sus propias hojas de vida hay algo en común es esa incesante veneración por la calle. Es esta forma de pensar y ejercer lo que ha dado como resultado que cada uno cuente con una huella particular, un estilo. Y es este instinto lo que todavía esperan de las nuevas generaciones.

Con un dardo certero es Francisco Campos quien, en este reportaje del periodista Moisés Alvarado, se anima a reventar la burbuja: “Creo que eso está faltando hoy a los fotógrafos jóvenes, ser más atrevidos. Por ejemplo, yo no vi una foto diferente de lo que ocurrió con el incendio del Ministerio de Hacienda”.

Una fotografía no se logra solo en el momento en que se aprieta el disparador. Las vidas de estas personas son un ejemplo de lo mucho que cuesta formar criterio y aprender a tener paciencia. Enhorabuena por la intención de la Secretaría de Cultura de destacar esto. Que el empujón alcance para que el reconocimiento no se quede en un galardón y que pase a formar parte de una cultura de respeto, en todos los sentidos, a quienes nos colocan ante el espejo.

“Las palabras favoritas hacen titilar algo en vos”

¿Cuáles son sus palabras favoritas?

Considero que las palabras favoritas son las que hacen titilar algo en vos en equis momento, diría que ahorita me titilan: volátil, navegar e isla.

¿Cuál es su posesión más preciada?

Las fotos de mi familia y los dos tomos de la primera edición de la primera biografía de Fernando Pessoa que encontré en una pila de libros de segunda por 20 reales ($6) en una librería en Sao Paulo.

¿Cuál es su ocupación preferida?

Desde hace una semana: aprender rumano. Me meto a YouTube cada vez que puedo, ahí tengo a mi profesora ja, ja. ¡Ya sé contar, saludar y presentarme!

¿Cuáles son sus nombres favoritos?

Caetano, Alberto, Julieta y Aris.

¿Cree que es importante tener un empleo estable?

Lo más importante es estar debidamente preparado para hacer lo que se hace y que ojalá sea lo que nos gusta. Mis proyectos llegan de la nada, a veces durante vacaciones, y con cada uno de ellos cambia el jefe, el tema, los idiomas, el tiempo de entrega, las fechas de pago, etc. No tengo horarios ni lugar fijo de trabajo. A algunos eso les quitaría el sueño, pero a mí me alegra. He aprendido a controlar mis gastos y a organizarme. No me veo de otra manera en el mundo laboral que como profesional independiente.

¿Quiénes son sus poetas favoritos?

Fernando Pessoa, Alejandra Pizarnik y Roque Dalton.

¿Cuál es el problema más difícil de comunicación que ha tenido?

En 2015, durante dos meses, tratamos de enseñarle español a una familia de refugiados kurdos que llegó a El Salvador. Todavía no entiendo cómo lo logramos, pero terminamos teniendo conversaciones enteras, muy a lo Tarzán pero conversaciones al fin y al cabo. El cerebro siempre se las arregla para comunicarse. Es hermoso.

Buzón

Gracias, Manlio

Nuevamente tengo el privilegio y la oportunidad de agradecerle al autor de la página Escribiviendo por conducirme por los senderos históricos que evoca en mí la lectura “Recuerdos de un pasado presente”. No se imagina qué siento al remontarme a las innumerables ocasiones que acuden a mi senil memoria. Qué fácil me resulta vivir esas situaciones de las décadas a finales de los sesenta e inicios de setenta. Emociones gratas surgen con la lectura de la mencionada página. Es casi imposible referirle que las tardes en la cafetería Doreña después de las clases, los alumnos de muchos centros educativos y, personalmente del Colegio Panamericano Francisco Gavidia, nos reuníamos a tomarnos un café caliente o un café “espumoso” acompañado de unos bocadillos y de la tertulia amena de los diferentes temas en esa actualidad. Así también surgen de la lectura dominical de Escribiviendo las visitas a la Coronita, la Americana, la Bella Nápoles, y cómo no olvidar al “Chalos”. Viene a mi mente uno de los compañeros asiduos al café Doreña, que lo conocimos como “Shuquía” –no recuerdo exactamente el nombre– eran los tiempos de la administración de José María Lemus. Cuando al salir de la cafetería lo detuvieron los policías y le preguntaron: “Qué llevás en esa bolsa”, y él respondió: “Bombas”, de inmediato le arrebataron la mochila. El chasco fue que al vaciar su contenido en el piso, descubrieron solo libros y cuadernos. Ante la risa de los presentes, burlados, decidieron marcharse no sin antes derribarlo con violencia al suelo. En referencia a los escritores citados no conocí a todos ellos, sí al inolvidable Ítalo López Vallecillos y a Álvaro Menén Desleal, cuando presentó la obra “Luz Negra” en el Teatro Municipal de Cámara. Pero más que todos tuve el acercamiento con Mercedes Durand. Cómo podría olvidarla después de tanto que viví en su casa, con su dulcísíma madre, doña Sarita Flores de Durán, y don Ramón Durán, su padre, y sus hermanos Antonio, Ramón, Ester, Jorge, Manuel, este último compañero de aula también, que al conocer que yo escribía ilusionado solo por las rimas. Ante eso la doctora en Filosofía me instó a seguir escribiendo y prometió ayudarme a tal propósito. El destino decidió que ella retornara a México y, por azares del destino, mis padres me llevaron a Honduras. Así se resume la historia de la relación con la familia Durán. Hace más de un año, casualmente, en un centro comercial me encontré con el doctor Clará (exmagistrado de la CSJ) después de casi 70 años, increíble memoria de nuestros compañeros, mencionamos algunos como los Osorio, hijos de nuestro director, asimismo surgen los nombres de la compañera América Montano, Carlos Poveda, los hermanos Hinds, en fin muchos más, que igual que las cafeterías citadas refrescan los “recuerdos de un pasado presente”. Inmerso en ese mundo emocional, me expreso muy pero muy agradecido, don Manlio.

José Carlos Vásquez
joscarvasq@gmail.com


Arquetipo de mujer

Para describir la semblanza de la personalidad de María Isabel Rodríguez se hace necesario mucho papel y tinta por su larga y admirable trayectoria con huellas virtuosas que pocas personas dejan en su largo recorrido por la vida. La doctora, maestra y autodidacta de muchos años se vuelve el arquetipo de la mujer salvadoreña que sirve como horma a las presentes y futuras generaciones. De extracción sencilla y humilde esta eximia académica, hija meritísima de la ciudad de San Salvador, ha recibido decenas de reconocimientos por enarbolar la antorcha del buen ejemplo en la ciencia, la salud y por su vocación de servicio social. De porte académico especial, esta profesional de la medicina ha sido una escuela vivificante y edificante en su vida, toda una institución que con su experiencia maravillosa y su recorrido profesional ha hecho honor al juramento hipocrático, lo evidencian los múltiples reconocimientos que le han otorgado. Sus abundantes publicaciones y patentes sobre salud comunitaria, investigaciones científicas y salud cardíaca, los doctorados honoris causa en diversos países, el título de “heroína de la salud pública de las américas” otorgado por la OPS y OMS, pionera en el campo de la fisiología cardiovascular, su tenaz lucha por el derecho a la salud reconocido por gobiernos, organizaciones y universidades, su lucha en favor de los derechos de la mujer son solo algunos de los fines que se trazó en el camino hacia al éxito, que la colocan en un rango privilegiado de su cometido. Ampliamente conocida en el mundo de la medicina, se puede encasillar entre los valores de renombre nuestros, que siembran la semilla del éxito para que la juventud la haga germinar a través de la imitación en provecho individual y colectivo. Entrevistas como la de Valeria Guzmán alientan los ánimos como antídoto al auge creciente y expansivo de los antivalores que nos invaden y promueven la erradicación de toda clase de discriminación, incluida la etaria que prevalece como otras que no nos permiten encontrar la equidad. El encabezado mismo de la entrevista sugiere la disparidad en el trato a las mujeres con métodos sutiles que no terminan de superarse, a pesar de la lucha permanente que libran algunas organizaciones; en consecuencia, la doctora María Isabel merece estar en el estrado de la inmortalidad por su excelencia en los servicios que le ha entregado a la sociedad.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Los vestigios de la memoria

La recuperación de la memoria es una responsabilidad patriótica y quien está obligado a ello es, en principio, el Estado. Cuando los Estados dan el ejemplo, los ciudadanos perciben que se les respeta y a su vez, cultivan este valor. En esas sociedades donde las instituciones estatales se preocupan por desentrañar y preservar los vestigios de las edificaciones que fueron lugares de increíbles violaciones a la dignidad humana se respeta y cuida no solo un vestigio monumental sino un artefacto social y cultural, no obstante, los siniestros recuerdos asociados a él. Desafortunadamente, en El Salvador, la mayoría de protagonistas importantes del lado de la izquierda beligerante (muchos de ellos torturados por el régimen de la época) no solo adoptaron estilos de vida sustentados en valores neoliberales, sino que, incluso, han propiciado la actitud tan perniciosa del “borrón y cuenta nueva”, como si, al igual que todo ser humano debiéramos avergonzarnos de la historia y pretender negar el origen y movimiento de toda biografía. Las sociedades son la suma e interacción dialéctica de las biografías de sus ciudadanos. “Es lamentable que se haya borrado esa parte de la memoria del Centro Histórico del país”, escribe Évelyn Galindo, respecto de su reflexión sobre el porqué esos espacios de las cárceles clandestinas salvadoreñas, actualmente intactos, están vacíos de memoria. La historia la hacen seres humanos. Seres humanos deberán, por tanto, asumir sus compromisos en materia de preservación, divulgación y usufructo de ese pasado que no necesariamente debería avergonzarnos, sino posibilitar un ejemplo de verdadero patriotismo y construcción de ciudadanía, que tanta falta nos hace a los salvadoreños. Y si llevamos el lente a otros sitios del centro de San Salvador, constatamos el desprecio estatal por tantas edificaciones que en algún momento de la historia del país produjeron pensamiento crítico, debate cultural de gran nivel, presencia de personas ilustres; así como artistas, bohemios, personajes que también dotaron de identidad a una nación y cuyo homenaje nacional es haber permitido que muchos de estos lugares, dignos de merecer mejor suerte, hayan sido convertidos en prostíbulos y bebederos de mala muerte, donde se fomentan los males sociales conocidos de todos, así como el cultivo de la estridencia a niveles realmente incivilizados. Me parece que las reflexiones de Évelyn Galindo son muy pertinentes, pues abordan un problema que parece desbordar la capacidad y el sentido común de los funcionarios que actualmente administran las instituciones del Estado salvadoreño. Los cuales están interesados en el maquillaje de monumentos (cultivo de la historia monumental y anticuaria) y en el debido culto al ejercicio del “tiempo burocrático”, con todo lo que ello implica en términos de falta de información al ciudadano e irrespeto al libre tránsito peatonal, en términos de conveniencia política, a un aparato de gobierno que parece interesado en favorecer el olvido, la impunidad y la decadencia. No podemos ni debemos ver con normalidad algo que nos interpela diariamente y que, como personajes del tiempo burocrático kafkiano, nos abruma de absurdo nuestra existencia cotidiana, planteándonos esos porqué incontestables.

Oswaldo Caminos
oswaldocaminos@yahoo.com.mx

Álbum de libélulas (175)

1426. PARÁBOLA DEL ECO

Vadim Azarkh, el animoso pianista y cantante ruso, ponía la música de fondo en el ambiente de La Promenade, al centro del Hotel Dorchester, ese clásico de la zona de Mayfair en Londres. Alrededor, los visitantes, distribuidos en mesas entre grandes ramos de flores ubicados en pedestales departían en sus pequeños núcleos. Todos comían “tea sandwiches”, y nadie le ponía atención a las melodías del ejecutante cantor, hasta que comenzó aquella canción de siempre: “What a Wonderful World”. Los presentes suspendieron sus respectivos coloquios, y poco a poco, movidos por un imán insospechado, fueron volviendo los rostros hacia aquel rincón en el que una figura corpulenta era dueña de la voz. Hasta que una bien arreglada dama, fresca y antigua al mismo tiempo, dijo en voz alta: “Es él Louis Armstrong lo conozco de toda la vida… soy su memoria cantante…”

1427. TESTIMONIO FAMILIAR

Los paisajes tienen alma. Lo supe desde siempre, sin tener conciencia de ello. Luego esa naciente conciencia comenzó a dibujarme líneas y manchas de colores en su pizarra de papel de China. Pero el alma de los paisajes parece enamorada de las distancias, porque cuando uno los encuentra en el camino salen a recibirlo con efusión variable pero evidente, y a veces hasta con los ojos húmedos. Pero nunca como aquella vez en mi ruta hacia la cumbre de la colina donde había un castillo abandonado, que me ganó la voluntad desde que lo vi en el mapa de los lugares turísticos de la zona. En ese mismo instante sentí que aquel castillo era el lugar ideal para alojarme, y al solo pensarlo todas las formas naturales del entorno extendieron sus alas y sus manos hacia mí. El alma del paisaje se me abrazaba temblando de emoción.

1428. ADIÓS, MISTERIO

En aquella cuadra los vecinos parecían un muestrario de la diversidad humana, y eso que no era un vecindario que se caracterizara por ningún tipo de sofisticación. Por el contrario, todas las vidas presentes transcurrían en el anonimato perfecto. ¿Dónde estaba entonces el muestrario? Él, un soñador retirado luego de sufrir muchos deslaves económicos, era de seguro el más indicado para tratar de descifrar el enigma. Fue donde su amiga Florence, tiradora de cartas profesional. Él la llamaba Flor. “Flor, este día vengo a descubrir en qué mundo vivo”. Flor aspiró a fondo para que palpitaran todos sus pétalos. Luego de un largo silencio, las palabras fluyeron: “Vives en el mundo real, que siempre es una dualidad que abarca lo externo y lo interno. Externamente eres una especie de extraterrestre; internamente eres un vecino cualquiera…”

1429. DESVELO CON GAVIOTAS

El mar estaba ahí a disposición de todos los sentidos. Aparte de palparlo con solo acercar las manos a su liquidez espumosa se le podía oler como si fuera un infinito frasco de sustancias inmemoriales, observar en la intimidad de los espacios sin fin, degustar en la interminable variedad de sus ofertas comestibles y oír mientras ensaya mañana, tarde y noche sus ejercicios de inspiración musical. Y fue aquella plenitud de acercamientos vivos lo que hizo que el monje autoexiliado de su monasterio se sintiera en perfecta comunión vital y espiritual con el océano a cuya orilla había llegado a refugiarse para siempre. Ahora, ya con la vida corporal a punto de quedar en el camino como un equipaje olvidado, se dijo a sí mismo: “Después de tanto querer dormir en sitio protegido, me dispongo a iniciar mi desvelo con gaviotas a cielo abierto”.

1430. RITUAL DE EXPERTO

Masticaba constantemente un chicle como si con aquel gesto mecánico quisiera significar que todo lo que estaba a su disposición era triturable a voluntad. Así se había comportado siempre, desde niño, porque sus padres no tuvieron el cuidado básico de enseñarle que hay límites y reglas que respetar para que la vida no se exponga al caos. Él, sin dejar su juego de mandíbulas, estaba aquella mañana oyendo la conferencia del experto en salud emocional, a la que había acudido sin ningún propósito. En algún instante, el expositor lanzó una de sus frases incisivas: “Y ahí tenemos a alguien que sufre del síndrome del tiburón: morder, hasta deshacerlo, todo lo que halla a su alcance…” Él se sintió aludido, y se levantó. El conferenciante, sonriente, le hizo un gesto de saludo: “Amigo, vuelva por favor a su sitio, que los tiburones también pueden ser sociables…”.

1431. CRISTALES PRÓFUGOS

Se habían conocido en un café de la calle Grove, en Falmouth, serenísima ciudad en el extremo sur de Inglaterra, junto al mar. Tiempo nuboso, como era lo más normal. Habían llegado a aquel lugar casi sin proponérselo: él en una excursión de turistas mochileros; ella en un crucero masivo. Era la calle principal, poblada de comercios, pero con la tranquilidad propia del ambiente. Ellos, por contraste, provenían de aquel espacio convulso en el que aun salir a la calle era exponer la vida. Se vieron, y la conexión fue instantánea. Misterios de la suerte: venían de la misma ciudad en ultramar, y casi de la misma calle. Él dijo, sacudiendo la larga cabellera: “El destino manda”. Ella respondió, con el brillo del trópico en los ojos: “Y sus palabras hacen nudos”. ¿Entonces era una invitación del destino a quedarse ahí? ¡Sí, aquí, en el centro de las respiraciones confundidas!

1432. FELICIDAD A LA MANO

Se llevó a los labios la copa de Dom Pérignon, y fue saboreando su contenido como si fuera lo que es: un fluido incomparable. Afuera, el viento cálido hacía de las suyas entre el ramaje que rodeaba las construcciones del lugar. Se hallaba, a todas luces, en un resort de lujo, pero para él el lujo era una sensación de plenitud que podía producirse en cualquier parte. Sorbió otro trago de champán y salió a caminar por el entorno. Afuera, el aire lo recibió como a un amigo de siempre, dándole tenues palmadas en los hombros. Él correspondió con una aspiración profunda, que le llenó los pulmones de energía cósmica. Se sentó en una banca del parque inmediato y se puso a pensar. Estaba solo en el mundo, pero acompañado en el pequeño espacio cotidiano. Y entonces dio otro sorbo, pero del Dom Pérignon de la luz.

1433. PRIMER AMOR

Caminaba a pie desnudo por la veredita de polvo que iba circulando entre el cerro más cercano, y como era la primera vez que lo hacía ya en su condición de adulto sentía que aquel contacto era un reencuentro que podía llevarlo hacia lo desconocido secretamente conocido. Así llegó al mirador natural que daba hacia el valle inmediato. Sí, aquella era la casita que fue su santuario inicial, porque allí vivía ella, la niña de largas trenzas que le encendió por primera vez la llamita del anhelo. No volvió a verla, pero jamás dejó de soñarla. Se llamaba Ilusión.

Brasileños eran “esclavos” de una iglesia en EUA

Sufrimiento. Para Juliana Oliveira, estar en esta Iglesia fue como “ser una rana en una olla de agua hirviendo, sufre, pero no puede saltar”.

Cuando André Oliveira respondió al llamado para dejar su congregación en Brasil vinculada a Word of Faith Fellowship (Hermandad Palabra de Fe) y mudarse a la matriz de la Iglesia en Carolina del Norte a los 18 años, los líderes de esta le quitaron su pasaporte y dinero para mantenerlos seguros, según le dijeron.

Atrapado en el extranjero, fue obligado a trabajar 15 horas diarias, usualmente sin paga, primero limpiando bodegas para la hermética Iglesia evangélica y luego en negocios propiedad de altos ministros, señaló. Cualquier quebranto de las reglas podía causar la ira de los líderes de la Iglesia, señaló, y derivar en golpizas o la humillación pública desde el púlpito.

“Fuimos traídos de contrabando. Sabían lo que hacían. Necesitaban mano de obra y nosotros éramos mano de obra barata… más bien, mano de obra gratuita”, afirma Oliveira.

Fundadora. Esta foto, proporcionada por un exmiembro de la Comunidad
de la Palabra de Fe de Brasil, muestra a la fundadora Jane Whaley con niños en la
iglesia en Spindale, Carolina del Norte.

Una investigación periodística halló que la Word of Faith Fellowship utilizaba las dos ramas que la Iglesia tenía en el país más grande de Latinoamérica para canalizar un flujo constante de trabajadores jóvenes que llegaban con visas de turista y estudiante a sus instalaciones de 14 hectáreas (35 acres) en el pueblo de Spindale, ubicado en un área rural.

Bajo la ley estadounidense, los visitantes con visas de turista no pueden realizar trabajos por los que la gente normalmente sería compensada. Aquellos con visas de estudiante pueden trabajar un poco, bajo circunstancias que no se cumplían en la Word of Faith Fellowship.

En al menos una ocasión, los exfeligreses alertaron a las autoridades. En 2014, tres exmiembros le dijeron a una vicefiscal federal que los brasileños eran forzados a trabajar sin sueldo, según una grabación obtenida.

“¿Y golpean a los brasileños?”, preguntó Jill Rose, ahora fiscal en Charlotte.
“Definitivamente”, respondió uno de los exfeligreses. Los ministros “casi siempre los traen acá para que trabajen gratis”, dijo otro.

Aunque se escucha a Rose prometer que investigaría, los exmiembros dijeron que nunca respondió cuando reiteradamente intentaron contactarla en los meses que siguieron a la reunión.

Rose se negó a hacer comentarios para este reportaje, bajo el argumento de que hay una investigación en curso.

*

Oliveira, quien huyó el año pasado de la Iglesia, es uno de 16 brasileños exfeligreses que le dijeron que fueron forzados a trabajar, con frecuencia sin sueldo, y agredidos física y verbalmente. La agencia noticiosa también revisó varios reportes policiales y quejas formales presentadas en Brasil relacionados con las duras condiciones impuestas en la Iglesia.

“Nos tenían como esclavos”, cuenta Oliveira entre pausas para secarse las lágrimas. “Éramos prescindibles. No significábamos nada para ellos. Nada. ¿Cómo le puedes hacer eso a la gente: decirles que los amas y luego golpearlos en nombre de Dios?”

Con frecuencia, los brasileños hablaban poco inglés cuando llegaban, y a muchos les confiscaron sus pasaportes.

Mensaje. Este y otros libros escolares usados por los miembros de la
Iglesia de la Palabra de Fe en Brasil muestran fuertes distorsiones. En lugar de la
sexualidad humana, por ejemplo, el ciclo de vida se enseña mediante
la reproducción de plantas.

Muchos varones trabajaban como albañiles; las mujeres como niñeras y en la escuela primaria y secundaria de la Iglesia, dijeron los exmiembros. Una brasileña que solía ser feligresa contó que solo tenía 12 años la primera vez que la pusieron a trabajar.

Aunque funcionarios de inmigración en ambos países indicaron que era imposible calcular la cantidad de seres humanos traficados, al menos varios cientos de jóvenes brasileños han emigrado a Carolina del Norte en las últimas dos décadas, según entrevistas con exmiembros.

Las revelaciones de trabajo forzado son las más recientes de una investigación en curso que expone años de abuso por parte de la Word of Faith Fellowship. Según entrevistas exclusivas con 43 exmiembros, documentos y grabaciones hechas en secreto, se reportó en febrero que los feligreses eran golpeados, abofeteados y asfixiados con frecuencia en un intento por “purificar” a los pecadores sacándoles los demonios a golpes.

La Iglesia rara vez ha sido sancionada desde que Jane Whaley, líder de la secta y exprofesora de matemáticas, la fundó en 1979 con su esposo, Sam. Otro reporte previo explicaba cómo los líderes de la Iglesia les ordenaban a los feligreses que les mintieran a las autoridades que investigaban los reportes de abusos.

Se hicieron varios intentos para obtener comentarios para esta historia de los líderes de la Iglesia en ambos países, pero no respondieron.

*

Bajo el liderazgo de Jane Whaley, la Word of Faith Fellowship creció de un puñado de seguidores a unos 750 fieles en Carolina del Norte y un total de casi 2,000 miembros en sus iglesias en Brasil y Ghana, y sus filiales en Suecia, Escocia y otros países.
Los miembros visitan el recinto de Spindale de todas partes del mundo, pero Brasil es la principal fuente de mano de obra extranjera. Whaley y sus principales asistentes visitan las sedes brasileñas varias veces al año.

El exmiembro Thiago Silva dice que estaba emocionado cuando abordó el avión en la ciudad brasileña de Belo Horizonte para asistir a un seminario de la Word of Faith en Carolina del Norte en 2001. Tenía 18 años y esperaba utilizar su visa de turista para conocer gente nueva y visitar Estados Unidos.

Pronto se dio cuenta de que “no habría felicidad”.

“Nos tenían como esclavos”, cuenta Oliveira entre pausas para secarse las lágrimas. “Éramos prescindibles. No significábamos nada para ellos. Nada. ¿Cómo le puedes hacer eso a la gente: decirles que los amas y luego golpearlos en nombre de Dios?”

“Los brasileños vienen aquí para trabajar. Te digo, así es”, dice Silva. Califica el trato de “una violación a los derechos humanos”.
Silva, ahora de 34 años, recuerda haber estado entre un grupo de brasileños que trabajaron junto a estadounidenses, a los cuales sí les pagaban, pero a los suramericanos no, agregó.

Silva y otros también cuentan que Whaley tomó control total de la vida de los feligreses de ambos continentes, al dictar condiciones básicas de vida como dónde vivían y lo que podían comer, e incluso concertó matrimonios forzados con estadounidenses para que pudieran permanecer en el país.

La falta de libertad era generalizada, explican. Silva, por ejemplo, cuenta que podía llamar a sus padres solo si alguien que hablaba portugués monitoreaba la llamada.
“No hay libre albedrío”, dice. “Hay el albedrío de Jane”.

Arrepentido. Thiago Silva habla durante una entrevista en su casa en Marlborough, Massachusetts. Este brasileño de 34 años de edad se arrepiente de no abandonar antes la Iglesia de la Palabra de Fe.

A lo largo de dos décadas, la Word of Faith Fellowship absorbió dos iglesias en Brasil en las ciudades surorientales de Sao Joaquim de Bicas y Franco da Rocha.

Durante sus frecuentes visitas, Whaley les decía a los miembros brasileños de su rebaño que podían mejorar tanto su vida como su relación con Dios en un peregrinaje a la Iglesia matriz, según varios de los entrevistados. El estilo de devoción brasileño era inferior, decía con frecuencia.

Además de prometerles un mayor rango en la Iglesia, algunos cuentan que también fueron persuadidos con la oportunidad de asistir a la universidad, aprender inglés y ver un poco de Estados Unidos.

Otros dicen que sentían que simplemente no tenían otra opción.

En el campo. Los miembros visitan el complejo Spindale de todo el mundo,
pero Brasil es la mayor fuente de mano de obra extranjera.

Mientras tanto, las estrictas reglas implementadas en Spindale estaban siendo impuestas en Brasil, por lo que se presentaron denuncias a la policía y hubo una audiencia legislativa en 2009. Pero la Word of Faith nunca enfrentó ninguna censura oficial –muchas de las acusaciones se reducían a la palabra de exmiembros contra la Iglesia–, y el tráfico humano seguía, incluso cuando los padres brasileños decían que les cortaban por completo la comunicación con sus hijos en Carolina del Norte.

Calificada como “rebelde” porque siendo niña le respondía a los pastores, Elizabeth Oliveira, sin parentesco con André, dice que con frecuencia era aislada durante días en las casas de varios ministros en Sao Joaquim de Bicas.

Enviarla a Estados Unidos era una forma de “corregir” su mal comportamiento. Dice que tenía 12 años cuando hizo su primer viaje largo a Spindale y de inmediato la pusieron a trabajar. Ayudaba en la escuela durante el día, luego cosía ropa y era niñera en las tardes, a veces bastante después de la medianoche, dijo Oliveira. Nunca le pagaron, comentó.
Ahora de 21 años y estudiante de Medicina en Belo Horizonte, Oliveira dice que rompió lazos con la Iglesia tras su octavo viaje a Spindale.
“Sufrí tanto ahí”, afirmó. “Cuando cumplí 18 me fui y me dijeron, una vez más, que moriría por mi cuenta en la vida y me iría al infierno”.

Desde los cinco años, Ana Alburquerque viajó con sus padres a Spindale desde Brasil 11 veces a lo largo de más de una década. Con el tiempo, cuenta, atestiguó tantos gritos y empujones para “eliminar demonios” que comenzó a ver ese comportamiento como algo normal.

En sus últimos tres viajes se unió a un grupo de más de una veintena de adolescentes brasileños que se quedaban hasta seis meses con visas de turista.
“Llegan contigo y te dicen: ‘Podrás conocer Estados Unidos de América. Podrás ir a los centros comerciales’”, explica. “Pero cuando llegas ahí todo está controlado”.

Alburquerque, ahora de 25 años, dice que trabajó tiempo completo sin paga: como asistente de maestro en la escuela durante el día y al cuidado de hijos de feligreses durante la noche.
Su ajuste de cuentas llegó durante su viaje final, cuando tenía 16 años. Alburquerque dice que Whaley y otra ministra la azotaron repetidamente con una tabla de madera mientras gritaban que era “impura” y estaba poseída por el demonio.
“¡Reza para que salga de ti!”, recuerda Alburquerque que la exhortaron durante una sesión de 40 minutos. Durante sus últimas dos semanas en Spindale, Alburquerque se enfrentó a días de aislamiento forzado, lecturas de la biblia, amenazas de ser llevada a un pabellón psiquiátrico y las negativas de Whaley de permitirle hablar con sus padres. Finalmente le permitieron volver a Brasil, donde abandonó la Iglesia.

Luiz Pires tenía 18 años en 2006 cuando ministros de la iglesia de Sao Joaquim de Bicas lo motivaron a viajar a Carolina del Norte para su mejoramiento espiritual.

Vulnerables. Este es uno de los vecindarios de bajos ingresos cerca del Ministerio
Evangélico Comunidad Rhema, o el Ministerio Evangélico Comunitario de Rhema, en
Franco da Rocha, Brasil, en la mayor área de Sao Paulo.

Al llegar, cuenta, le parecieron “horrorosas” las condiciones de vida, con ocho personas apretujadas en el sótano de la casa de un líder de la Iglesia, forzadas a trabajar largas horas en negocios relacionados con la institución. Cualquier pago se destinaba a gastos para vivir, dice Pires, a pesar del hecho de que él y otros limpiaban y hacían jardinería en la casa del feligrés donde vivían.

“Nunca había tiempo para sentarse. Nos hacían trabajar como esclavos”, recuerda.

El exfeligrés Jay Plummer supervisaba los proyectos de remodelación del negocio de un líder de la Iglesia y confirma que sus colegas estadounidenses recibían un sueldo, pero no los brasileños que trabajaban con ellos.
“Trabajaban por alojamiento y comida, y no tenían opción”, explica Plummer. “Y cuando no querían trabajar y lo expresaban, solo se metían en problemas”.
Paulo Henrique Barbosa había escuchado las historias de terror sobre la vida en Spindale. Pero la influencia de la secta era tan fuerte que explica que él sentía que debía obedecer cuando los líderes de la Iglesia en Franco da Rocha –con apoyo de sus padres– le dijeron que tenía que viajar a Spindale en 2011, a sus 17 años.

Los pastores le dijeron que, de negarse, violaría la voluntad de Dios.
“Todo el mundo sabía que estos no eran viajes turísticos”, cuenta Barbosa, ahora de 23 años y con un trabajo en tecnología de la información en Sao Paulo. “No quería ir, pero no tenía opción”.

Ya en Spindale, las condiciones fueron peores a lo que temía. Durante seis meses ayudaba en la escuela en las mañanas y trabajaba como albañil en las tardes y noches, a veces hasta la 1 de la madrugada. Nunca le pagaron.

La Iglesia controlaba todo lo que hacía, de acuerdo con Barbosa, incluso prohibiéndole comer entre comidas. La televisión, la música y ciertos productos de marca estaban prohibidos.

Las revelaciones de trabajo forzado son las más recientes de una investigación en curso que expone años de abuso por parte de la Word of Faith Fellowship. Según entrevistas exclusivas con 43 exmiembros, documentos y grabaciones hechas en secreto, se reportó en febrero que los feligreses eran golpeados, abofeteados y asfixiados con frecuencia en un intento por “purificar” a los pecadores sacándoles los demonios a golpes.

Según Barbosa, dormía en el sótano de un miembro de la Iglesia, con unos 15 jóvenes más. Y estaba prohibido hablar portugués.

Cualquiera que superara los cinco minutos permitidos en el baño era sospechoso de cometer el “pecado” de la masturbación, y Whaley era convocada a la casa para que dictara el castigo.
Si parecía que alguno de los hombres había tenido un “sueño impuro”, recuerda Barbosa, todos eran despertados, ordenados a rodearlo, sacudirlo varias veces y gritar en sus oídos para “expulsar los demonios”, una práctica que la Word of Faith llama “blasting”.

Barbosa asegura que pidió regresar a Brasil muchas veces “pero siempre me dijeron no, que la voluntad de Dios era que me quedara”.

Irse por su cuenta parecía imposible. Había volado a Charlotte, a más de una hora de Spindale, no poseía un auto y tenía poco dinero. No conocía a nadie fuera de la Iglesia y no hablaba inglés. Solo se le permitió regresar a Brasil cuando iba a expirar su visa de turista. “Desde niño eres adoctrinado para creer que dejar la Iglesia significa que te irás al infierno, o te dará cáncer o sida”.

*

Se han documentado repetidas violaciones a las visas de turista y estudiante obtenidas para los miembros de la Iglesia brasileña.

En la mayoría de los casos, los brasileños llegaban a Carolina del Norte con una visa de turista de seis meses para servicio en la Iglesia, en ocasiones en grupos de 20 o 30. Algunos regresaban a su país tras unas semanas; otros se quedaban el tiempo completo.

Quizá para evadir las leyes que prohíben dar empleo a los visitantes, los líderes de la Iglesia a veces se referían al trabajo forzado como “trabajo voluntario”, según brasileños entrevistados en ambos países.

Dicho trabajo incluía tumbar paredes e instalar muros de mampostería en apartamentos propiedad y alquilados por un alto ministro de la Iglesia y sus familiares.

Ross Eisenbrey, del Instituto de Política Económica en Washington, D. C., un centro de estudios que se enfoca en temas laborales, dice que las propiedades en alquiler son “para negocios con fines de lucro para los cuales los inmigrantes no pueden ser voluntarios” bajo la Ley de Normas Laborales Justas.

Algunos de los entrevistados explican que habían sido atraídos a ir a Estados Unidos en parte por las promesas de obtener una educación universitaria, pero fueron incapaces de estudiar o asistir a clases por sus estrictos horarios laborales.

Expansión. En el transcurso de dos décadas, la secta estadounidense tomó
el mando de dos congregaciones en Brasil, y aplicó una estricta interpretación de la biblia,
reforzándola mediante rigurosos controles y castigos físicos.

“Había ocasiones en que terminaba las 4 de la mañana y sabía que tenía que levantarme a las 8 para ir a trabajar. Me sentaba ahí, observando mis libros. Pero, ¿cómo puedes concentrarte? Simplemente estás muy cansado”, dice André Oliveira.
Exfeligreses dicen que muchos brasileños más llegaron con visas de turista, y varios centenares de adolescentes se quedaron períodos extensos.

La experiencia de André Oliveira, ahora de 24 años, es ilustrativa.

Después de viajar por primera vez a Spindale en 2009, dice que se tardó varios meses en obtener permiso para regresar a Brasil. De vuelta a casa, él y otros fueron forzados a mudarse a la casa de un ministro, donde trabajó limpiando durante meses hasta que le dijeron que “era la voluntad de Dios visitar Spindale, en esta ocasión con una visa de estudiante”.

Cuando regresó a Carolina del Norte, los ministros otra vez le quitaron el pasaporte y lo pusieron a trabajar en compañías propiedad de ministros de la Iglesia, cuenta. Tomó algunas clases universitarias, pero no tenía tiempo para estudiar.

“Un día típico comenzaba así: empezaba a trabajar a las 9 de la mañana y terminaba 15 o 16 horas después, a veces más”, comentó. “No parábamos”. Oliveira y otros aseguran que tenían pocas opciones salvo seguir órdenes.

“Sabíamos lo que pasaría: nos gritarían, condenarían, golpearían. ¿Y qué vas a hacer? No tienes a dónde ir, no hablas el idioma, no tienes documentos. Entonces trabajas”, relata Oliveira.

“Era trabajo de esclavos”, agrega Rebeca Melo, de 29 años, quien creció en la Iglesia en Brasil y visitó Estados Unidos unas 10 veces para labores religiosas y viajes con su familia.
Esas visitas incluían paseos para hacer compras, pero dice que las cosas fueron muy diferentes cuando se mudó a Spindale en 2009 con una visa de estudiante. “No quería mudarme ahí. Jane dijo que era la voluntad de Dios”.

Melo cuenta que le quitaron su pasaporte y rápidamente fue puesta a trabajar. A pesar de su visa de estudiante, funcionarios de la Iglesia fueron claros de que la escuela no debía ser su objetivo, agrega. “Las visas de estudiante solo eran un medio para que estuviéramos ahí legalmente”.

*

El tipo de “amor” de Whaley también jugó un papel importante para que los hombres brasileños quisieran ir a Spindale, y mantenerlos ahí una vez que expiraran sus visas, según 10 exfeligreses.

Algunos de los entrevistados cuentan que hombres brasileños –así como varios miembros de la Iglesia de otros países– obtenían su tarjeta para la residencia permanente y permiso de trabajo al estar “casados” con mujeres estadounidenses en la institución.

El matrimonio arreglado para evadir las leyes migratorias de Estados Unidos es ilegal.

Los matrimonios concertados también servían para subsanar el hecho de que la congregación de Spindale tenía más mujeres solteras que hombres, dijeron los exmiembros. Bajo las reglas de Whaley, los feligreses no pueden tener una cita con alguien fuera de la Iglesia, mucho menos casarse.

“Puedo contar al menos cinco o seis brasileños que se mudaron aquí para casarse con una chica estadounidense”, dijo Melo. “Nunca jamás considerarían permitirte salir con alguien afuera de la Iglesia”.
Según Silva, con frecuencia Whaley le dijo a la gente que Dios le decía con quién debían casarse o usaba su mano dura en la vida de los feligreses para concertar relaciones.

Silva recuerda a una joven pareja brasileña enamorada que, de casarse, no hubiera podido quedarse en Estados Unidos al expirar sus visas. Whaley quería que el hombre se quedara en Spindale, así que le dijo que era la “voluntad de Dios” que se casara con una estadounidense, narra.

A punto de expirar su visa, André Oliveira dijo que los líderes de la Iglesia le encontraron una prometida.

No pasó mucho tiempo después de que la exintegrante Kim Rooper se uniera a la Iglesia de Spindale cuando le pidieron que se casara con un ecuatoriano cuya visa estaba por expirar.
Rooper, una estadounidense que ahora vive en Tampa, Florida, dice que la entrenaron para hacer que el matrimonio pareciera legítimo ante las autoridades migratorias, como por ejemplo, tener un álbum de fotos de la pareja.

“Para no hacer larga la historia, llegó la hora de consumar el matrimonio y pasé apuros con eso”, explica. “Tuve problemas porque no lo amaba y no sentía atracción por él”.
Los líderes de la Iglesia le dijeron que era la “voluntad de Dios” que se sometiera a su esposo. “Y ahí supe que tenía que escapar”.

Pareja. Jane Whaley, fundadora de la Iglesia, aparece en esta imagen acompañada de su esposo, Sam, centro derecha, y otros durante una ceremonia en Spindale.

Hemos sido eliminadas a través de mecanismos muy finos de discriminación

María Isabel Rodríguez, asesora presidencial.

A María Isabel Rodríguez parece que nada la exaspera. Es miércoles y en San Salvador cae una tormenta que hace que las calles colapsen, pero ella desde su biblioteca habla con una serenidad que parece solo llegar con los años. Habla tranquila sobre su paso por el Ministerio de Salud y la situación actual de esa entidad. Platica con calma incluso cuando le toca responder sobre temas que parece que preferiría no mencionar, como los sobresueldos recibidos durante el gobierno de Mauricio Funes.

Se sienta en una silla en la segunda planta de su casa y antes de comenzar a platicar, pide una disculpa. Dice que usualmente no hace esperar un mes y medio a una periodista que quiere entrevistarla, pero se enfermó de gripe y canceló muchos compromisos. “Desde que salí del ministerio tenía los planes de dedicarme a escribir de todo lo que he hecho en la vida y ya tenía listo todo, pero ahora se me complicó la vida porque estoy en muchas cosas”, cuenta desde su hogar. Actualmente es la asesora presidencial más longeva y se encarga de aconsejar al Gobierno en temas relacionados con la educación y la salud.

Fue la primera decana de su facultad, primera rectora de la Universidad Nacional y primera ministra de Salud, y afirma que los espacios de participación de mujeres en las esferas de decisión no han sido suficientes. “Hemos sido eliminadas a través de mecanismos muy finos de discriminación”, dice durante esta conversación en la que ofrece agua, jugo, café y quesadilla a sus visitantes. Es difícil imaginar que la mujer que habla con tanto sosiego, mientras afuera se cae el cielo, es la misma estudiante de medicina que repartió panfletos en contra del dictador Maximiliano Hernández Martínez. O que esta mujer que ahora tiene una oficina en Casa Presidencial es la misma que durante su juventud llegó a transportar municiones, mientras se preparaba la huelga de brazos caídos que terminó con la dictadura militar más larga de El Salvador. Pero ha pasado más de medio siglo desde entonces y ahora las cosas que defiende la exministra de Salud son otras.

“Son cifras que están indicando que hubo un cambio sustancial, pero lógicamente alguien me podría decir que quizá el ritmo que llevaban las cosas se paró. Si me dicen retrocedió, tengo que aceptarlo”

Anteriormente dijo que si para 2014 no había un cambio notable en salud pública “se habría fracasado de manera rotunda”. Este año en el Hospital Rosales faltaban 70 medicamentos, si alguien necesitaba operarse, le pedían que llevara su propia medicina, y hasta las sábanas del hospital se tuvieron que ir a lavar al Hospital San Rafael. ¿Se logró ese cambio notable?

Mire, analicemos la situación en todo el país. Cuando uno analiza los cambios que ocurrieron por el incremento de cobertura de salud, el acercamiento del especialista, sobre todo el pediatra y obstetra, uno ve que son cambios sustanciales. Uno tiene cifras como mortalidad materna que disminuyó importantemente cuando se crearon los Hogares de Espera Materna y cuando se incrementó el número de partos atendidos en los hospitales. Todas esas son cifras que están indicando que hubo un cambio sustancial, pero lógicamente alguien me podría decir que quizá el ritmo que llevaban las cosas se paró. Si me dicen retrocedió, tengo que aceptarlo.

¿En qué se retrocedió?

Cuando ahora se ha hecho el escándalo de la falta de medicamentos. Para mí era un motivo de quitarme el sueño el hecho de que no se hubiera hecho la licitación a tiempo. Veo en lo que ha ocurrido ahora, que no hay esa responsabilidad de la gente que tiene que saber que si no se hacen las compras a tiempo, eso repercute en la vida de la gente.
La gente necesita sus medicamentos y tienen que ser oportunos y adecuados al momento. Pero si no los tiene, la vida de ellos está en peligro, como un paciente renal que tiene que interrumpir sus diálisis.

No es solo el dinero del que se dispone para los medicamentos, es la posibilidad, es la rapidez de la gestión. Uno tiene que revisar qué está pasando con las unidades que tienen que ver con la compra. ¿Están previniendo que eso ocurra? Yo no puedo salir a decir públicamente “mire, la razón es esta”, porque sería terrible que una persona que ha estado al frente del ministerio vaya a decirle a las autoridades actuales qué está pasando. Yo creo que hay que pedirle a las autoridades el análisis de cuál es el mecanismo a través del que se llega a la obtención del medicamento y por qué hoy no se ha llegado a eso.

¿Usted cree que le hace falta autocrítica a este ministerio?

Fíjese que esa respuesta usted la tiene. Sí, yo creo que usted la tiene. Uno quisiera que una línea que consideró correcta en un determinado momento y que empezó a revivir buenos resultados, se continuara. Pero nuestro país tiene un sistema en que el Estado-nación no tiene una política permanente. Las políticas no son de Estado. Cambian con el que entra al frente. Esa es una de las principales situaciones en todos los organismos, llámense autónomas o públicas. Y la gran desgracia que yo me la voy a llevar a la tumba es que ese gran esfuerzo que uno hace o puede hacer en un determinado campo –en la Facultad de Medicina, en la Universidad de El Salvador, en el Ministerio de Salud– que uno cree que llegó aquí y que necesitaba un poco de tiempo, tal vez, para llegar aquí; se paró o se fue para atrás.

Cuando usted estuvo en el ministerio criticó fuertemente el Sistema Nacional de Salud porque no se incluyó al sistema privado. ¿Mantiene esa crítica?

Yo creo que se necesita un cambio de estructura política de gobierno muy importante. El sistema privado debería ser objeto de una reorganización interna. No me interesa que desaparezca, pero que sea sometido a las mismas regulaciones, a la misma política de salud que desarrolla el sistema público.

¿Qué mejoraría eso?

Hay elementos que en este momento se están considerando en muchos países, incluso hasta la regulación de costo y cobros. Tampoco es justo que esté suelto el establecimiento de cuotas. El sistema privado debe ser sometido –y yo pienso que hay cosas del sistema privado buenas– en el mismo aspecto epidemiológico. Es indispensable que el sistema privado esté incorporado totalmente, que se reporten los casos de determinadas enfermedades, que se haga el control igual.

Poco a poco algo se ha ido haciendo, pero pienso que sería muy bueno que el sistema fuera integral. Lo que quería hacer era eso, porque no podemos pensar en que se hizo todo público. Para eso necesitaríamos otro tipo de Estado y eso no era lo que se perseguía.

Creo que el Estado debe tener un control de lo que ocurre en medicamentos y en toda la parte contra epidemias. Falta una verdadera planificación conjunta.

Es indudable que hay una brecha enorme entre el sistema privado y el sistema público. ¿Qué falla? ¿A qué le seguimos atribuyendo esa brecha, siempre a la falta de presupuesto?

Hay un criterio que no lo promueve el Estado, y es un criterio de la gente: “Porque es público puedo hacer con él cualquier cosa”. Es decir, no cuidar las cosas. Si usted entra a algún lugar donde hay baños… hasta las cubiertas de las tazas se roban. El criterio de lo público y de lo que debe cuidarse todavía no ha entrado, en general, en el país.

En el trabajo, a veces es distinta la forma en que se trata a un paciente en enfermería a cómo se trata a esa misma persona (en el sistema privado). Nos lo han dicho médicos que tienen enfermeras que trabajan en lo público. Su actitud y su forma de trato al enfermo es absolutamente diferente. Allá es la “señora, pase adelante”, gran respeto…

¿Entonces es porque somos una sociedad hipócrita?

Bueno eso hay que estudiarlo porque es parte de la educación de la gente.

El año pasado estuvo en algo parecido a una crisis mediática cuando en un programa radial usted mencionó que recibió sobresueldos. ¿Esto le trajo problemas?

A mí me trajo problemas desde el punto de vista (de) que me empezaron a mover en esa situación. A mí no me causa problemas a nivel de gobierno ni nada. ¿Qué me podían decir? ¿Que me callara? Era a lo más que podían llegar. Pero si yo en un determinado momento he recibido, ha sido igual que lo reciben todos los ministros e igual que viene ocurriendo. Es la única ocasión en la que yo he recibido como ministra de salud. Lo estableció ARENA y siguió eso. ¿Por qué no se dio el paso de ponerle a los ministros el salario adecuado? Y, entonces, encontraron que la mejor solución era pagarle (los sobresueldos) para que no se diga que se le paga mucho, pero ¿por qué no? Si el salario debe ser adecuado a la función que desempeña la persona.

Yo creí que se iba a hacer la reforma en el sentido de que ese llamado complemento de salario, o sobresueldo, o lo que fuere, iba a ser incorporado oficialmente porque a uno le conviene. Eso es necesario que se haga. Yo no digo si es por ley o por qué, cuándo se estableció, no sé de cuándo viene, pero así se ha hecho.

¿Pidió que se diera ese cambio?
Yo lo dije ahí. Que había hablado con el tipo y yo le dije “pero ¿por qué esto?” Porque cuando yo iba a firmar un documento o cómo se iba a hacer ese proceso, yo creí que iba a Casa Presidencial a esa oficina a hacerlo, pero no se hizo y realmente nunca se ha hecho un esfuerzo de todos para que, así, tal vez hubiera sido más adecuado.

Empatía. Cuando la exministra recorre espacios públicos es común que la población
se le acerque a pedirle una fotografía o saludarla. En la fotografía aparece haciendo un
recorrido por las áreas de comida de una feria en 2012.

¿De todos los ministros?
Claro. Pero si yo lo dije lo tengo que sostener. Yo no lo voy a negar. No quise hacerle daño a ninguno de los compañeros. Yo nunca recibí órdenes de “no lo diga, esto es secreto”. Pero tampoco me hubiera gustado que me lo dijeran. Es una discusión política que debería de existir de lo que es el sistema de gobierno y cómo se maneja. Si los políticos, los que pelean tanto por la pureza del sistema, (son) muchos de los cuales llegan al Gobierno y los cobran.

Debería de haber un análisis: ¿Es ilegal que un ministro gane cinco mil dólares o tres mil dólares cuando hay consultores, o una cantidad de gente que gana más de eso? ¿Es lógico que un presidente gane menos que lo que está ganando un asesor? Entonces si eso es así, hagamos un presupuesto que coloque el valor justo del sistema que cada quien gana. Eso todavía no está claro en la vida de la nación: cuánto debe ganar un funcionario de alto nivel. Porque se considera una cosa inadecuada un salario alto. Deben establecerse salarios adecuados a la función de la gente sin esperar que haya complementos de salario.

¿Eso usted ya lo sabía al asumir el ministerio?

No lo sabía al asumir el ministerio porque yo no pregunté cuánto me iban a pagar. Lo que es inadecuado es lo que después salió: que no solo se daban esos complementos de salario, sino que había personas que no tenían que ver con el Gobierno y que recibían aportes que no eran sueldos, eran como regalías. Eso se hizo público, porque incluso lo dijeron algunas gentes.

Otro tema que también la puso en controversia fue cuando usted se posicionó a favor de la reforma del Código Penal para aprobar cuatro causales de interrupción del embarazo. ¿Por qué es un tema médico?

¿Cómo voy a considerar yo que se ponga en el riesgo de morir a una madre con hijos por un embarazo absolutamente inviable? ¿Se acuerda del caso de Beatriz, la mujer que tenía un feto acéfalo? Eso es un crimen, si la criatura no iba a vivir. Cada hora de ese producto era una hora de la vida de la mujer que se estaba agravando. Exponer a la madre a ver a un producto de estos sin cerebro, sin cráneo, para despertar el instinto materno es una tortura.

Quienes están en contra de esta reforma mencionan que el daño de las mujeres que abortan es mayor porque adquieren un trauma psicológico tras abortar. ¿Esto es algo médico que haya visto en su carrera?

No.

A usted la acusan en redes sociales de ser una exministra abortista.
¿Ah, sí?

Sí.
Bueno, ese es el criterio de ellos, no es el mío. Yo creo que esa es una cosa que se debe ver con mucha seriedad.

¿En qué está trabajando ahora?

Qué divertido eso. Estoy trabajando en todo. Teóricamente estoy como asesora en salud y educación del presidente. Desde que salí del ministerio yo tenía los planes de dedicarme a escribir de todo de lo que he hecho en la vida y ya tenía listo todo, pero ahora se me complicó la vida porque estoy en muchas cosas. Por ejemplo, trabajamos aquí con mi asistente en muchos campos de la educación y la salud. Hay un día de la semana que en la tarde nos reunimos con el ministro de Educación y dos o tres personas que él ha escogido como asesores y trabajamos un poco adelantándonos a los problemas que se van a presentar.

Mi semana es un poco complicada. Mi mañana la dedico a Casa Presidencial. Allá tengo una oficinita. Allá se hacen las reuniones que se pueden hacer, pero algunas de grupo incluso las hacemos aquí porque tenemos las facilidades. Aquí no hay quien cierre las puertas.

¿Se está trabajando en el Ministerio de Educación en planes de educación sexual?
Se está trabajando intensamente. Creo que cualquier trabajo de hoy todavía es débil, pero debe seguirse trabajando muy duramente.

¿La Iglesia también debería tener palabra en el campo de educación y salud sexual?
Claro que sí.

¿Por qué?
Porque la Iglesia está causando también una acción negativa, porque ellos no conciben la prevención del embarazo. Ellos llegan a interferir con esos programas.

Entonces, ¿me está hablando de invitarlos a discutir para que entiendan o para que ellos pongan las reglas?
No, de ninguna manera. Todo lo contrario.

“Todavía no tenemos una educación de los padres que haga que sean uno de los elementos que deben formar a la joven. Luego, las jovencitas llegan a un servicio de salud y piden que se les dé un condón o un anticonceptivo… y los trabajadores de salud las insultan, les niegan la información… ¡Pero si es parte del servicio de salud!”

Hace unos días se mencionó en un evento de Naciones Unidas en El Salvador que en uno de cada cinco embarazos de adolescentes, la relación sexual había ocurrido con un familiar y a la fuerza.
Así es. Padre, padrastro, pariente, todos esos están en la lista. Bueno, pero ¿qué pasa con la niña adolescente? Hay una responsabilidad triple. La responsabilidad no es solo del Ministerio de Salud, la responsabilidad es de la familia en buena parte. La responsabilidad es de la escuela. Los padres no quieren –sobre todo la madre– no quiere que se le dé educación en el campo de salud reproductiva a las niñas.

Que se le hable de lo que representa el condón es un escándalo, porque “le están abriendo los oídos a los niños y es una barbaridad, la niña no debe saber de eso”. Pero esa niña a la cual se le niega esa información, está llegando ya al hospital porque ya está embarazada. Los papás están soñando que la niña es ingenua e inocente, y hemos tenido casos en que, luego, la madre recibe la noticia de que la niña no solo está embarazad,a sino que es seropositiva. Según ella la niña no debía saber nada nunca de eso. Pero la niña ya ha pasado ignorando muchas cosas que tiene a la mano. Todavía no tenemos una educación de los padres que haga que sean uno de los elementos que deben formar a la joven. Luego, las jovencitas llegan a un servicio de salud y piden que se le dé un condón o un anticonceptivo… y los trabajadores de salud las insultan, les niegan la información… ¡pero si es parte del servicio de salud!

Detalle. En todas sus apariciones públicas María Isabel Rodríguez se encarga de lucir elegante y ser puntual.

En los grupos feministas es reconocida como pionera, ¿usted se considera feminista?
Yo considero que algo he hecho, tal vez no todo lo que debería, en favor del crecimiento de la mujer y del reconocimiento que tenemos el mismo derecho que los hombres. Para mí es una pena que digan que soy la única mujer rectora de la Universidad de El Salvador. Me preocupa muchísimo eso y no tengo el porqué alegrarme. Al contrario, tendría que ponerme muy triste que no haya podido llegar otra mujer. Los grupos llamados progresistas, los grupos de la izquierda universitaria y demás deberían de responder por qué no ha sido posible que otra mujer llegue a la rectoría de la universidad, llegar a la punta es difícil.

Cuando usted entró al Ministerio de Salud con el gobierno de Mauricio Funes se señaló que había muy pocas mujeres en el Gabinete. ¿Cree en las cuotas de género?

Mi opinión en ese sentido es un tanto crítica. En ocasiones establecer la cuota es una cosa simbólica. Muy bien que se diga que van a subir el número de mujeres, pero ¿qué tipo de mujeres suben? ¿Es una mujer bien preparada que va a contribuir? ¿Va realmente a ser una persona que va a influir en decisiones trascendentales?

Por ejemplo, en el caso de organismos internacionales, llegaban a mi oficina a buscar a unas de las funcionarias que trabajan conmigo para decirles “por favor, aplica a esta plaza”. Y la persona a la cual se le invitaba a entrar a la plaza decía: “Yo no lleno el perfil”. “Pero no importa. Lo que importa es la cuota que yo tengo que llenar porque si no, no puedo abrir el concurso”, respondían. Totalmente simbólico y la llenaban con gente que no llenaba los requisitos y ya sabían que no iban a salir electas.

La otra razón es que hay una serie de razonamientos que son ingratos en las selecciones para mujeres. Por ejemplo, cuando llega una mujer se toman argumentos como estos: “Está en edad de casarse. Va a resultar embarazada. Va a estar necesitando permisos de maternidad. No es conveniente”. Hemos tenido experiencias incluso de una persona que fue director de sanidad, que era el equivalente al Ministerio de Salud en El Salvador, que hacía que las mujeres firmaran su renuncia sin poner la fecha y en el caso de salir embarazadas, se hacía efectiva. Injusto, pero ocurría y a alto nivel.

“Era tan ridículo el pensamiento, tan polarizado, de la izquierda extrema salvadoreña, que llegó al grado de que un dirigente que llegó a la biblioteca de la Facultad de Medicina a ver los libros de la biblioteca dijo: ‘Miren cuántos libros de estos están en inglés. Aquí casi no hay libros en español. ¿Por qué? Porque la doctora es una imperialista’.”

¿Le tocó enfrentarse a eso?

Quizá nunca me vieron cara de que iba a ser madre, ja, ja. Como fui un poquito peleona desde el inicio, nunca me lo hicieron. Peleé esas situaciones porque las mujeres hemos sido eliminadas a través de mecanismos muy finos de discriminación. No se dice “no puede entrar aquí una mujer”. No, eso no, pero sí hay mecanismos.

A partir de la preparación de los discursos para las memorias anuales de la universidad y analizando las notas, se graduaban con mejores calificaciones las mujeres. Hasta ahí todo bien. Pero a partir de ahí yo empecé a seguir a las personas que en la universidad están en posiciones importantes, que adquieren posiciones de docentes a partir del que es instructor, el que sube a la posición de profesor auxiliar, y ya se empieza a ver la diferencia. El número de mujeres empieza a disminuir y el número de hombres a crecer. Y eso sigue en forma piramidal hasta el momento de las posiciones directivas.

Usted creció en un matriarcado, ¿alguna vez le hizo falta una figura paterna?

A veces me han dicho que soy ingrata en ese sentido. Yo diría que no. No me hizo falta porque tuve unas mujeres que fueron madres y padres. Yo sabía que tenía un padre que era abogado, pero nunca se ocupó de llegar a la casa, realmente nunca me hizo falta.
Fui hija única, pero mis tías fueron capaces de hacer crecer sus hijos y educarlos sin mucho escándalo.

Usted se educó en la Facultad de Medicina cuando aún el general Maximiliano Hernández Martínez gobernaba, ¿cómo vivió la caída de Martínez?

Como éramos estudiantes, con mucha alegría, con mucha diversión, pero tal vez no midiendo las dimensiones del proceso. Quizá no teníamos la suficiente preparación política para medir hasta dónde se había llegado. Ya estábamos en la Facultad de Medicina y había caído Martínez, había caído Ubico en Guatemala, había caído Carías en Honduras. Vivíamos una época de gran celebración.

Usted ha dicho que uno de los más grandes dolores de su vida fue en el 72 cuando un movimiento en el que estaba Schafik Hándal la expulsó de la universidad porque la tachaban de imperialista.

Yo termino mi decanato en el 71, la intervención es en el 72, pero esa época es muy confusa, muy convulsa. Entonces ese problema del imperialismo era una cosa muy tonta. Muy burda. Ese San Benito del imperialismo no me lo pude quitar durante mucho tiempo por el hecho de haber tenido relación con algunas fundaciones que nos ayudaron, incluso, para el desarrollo de la educación médica. Era tan ridículo el pensamiento, tan polarizado de la izquierda extrema salvadoreña que llegó al grado de que un dirigente llegara a la biblioteca de la Facultad de Medicina a ver los libros de la biblioteca y dijera: “Miren cuántos libros de estos están en inglés. Aquí casi no hay libros en español. ¿Por qué? Porque la doctora es una imperialista”.

¿Ese era Schafik Hándal?
No, no. Yo debo decirle que tengo el mayor de los respetos por Shafick. Él me respetó y me apoyó mucho cuando yo estaba en la UES. Al grado tal de que en el momento más difícil de mi vida como rectora, Schafik fue de las personas que me apoyaron y le dijeron a la gente el error en el que estaban al no aprobar el préstamo que hubiera representado el desarrollo universitario. El problema es que la vida de la universidad no solo ha estado expuesta a los golpes de afuera, sino a los de adentro. Los internos han sido terribles.

Después de ser decana usted comenzó a trabajar con la Organización Panamericana de la Salud y tenía pasaporte diplomático, ¿venía a El Salvador durante la guerra?

Sí. No venía tan seguido porque estaba en ese programa tan fuerte, pero sí, vine. Había que pensar que en ese momento no era fácil, pero ya después de los Acuerdos de Paz consideré que se estaban dando las condiciones para venirse a El Salvador.

¿Estuvo alejada por completo del proceso de los Acuerdos de Paz?

No. Todo lo contrario. Yo creo que muchos de los organismos internacionales tienen una función dependiendo de su ideología, de su punto de vista, que no se conoce pero que es de apoyo.

¿Y cuál era esa función?
Quizás eso no vale la pena contarlo.

Cómo no, a mí sí me parece que vale la pena. Ya pasaron 25 años desde la firma de los Acuerdos.
Sí, pero… no es fácil traer a cuenta procesos y compromisos que se dieron y que la gente los mantuvo ocultos incluso hasta su muerte. No tiene uno derecho. A veces aquí en las conversaciones con los compañeros salen cosas que no deberían de salir, pero que las comentamos. Realmente la guerra es la guerra.

Usted ha visto cambiar El Salvador durante todos estos años, ¿por qué vale la pena quedarse?
¡Uy!, esa pregunta es una cosa terrible. Yo creo que todos tenemos una responsabilidad por hacer crecer este país.