El arte de resucitar (Galindo)

EL ARTE DE RESUCITAR

Desde que era muy niño tuvo aquel sueño recurrente, que era el mismo salvo por los colores con los que aparecía: en época lluviosa prevalecía el celeste y en época seca se imponía el rosa. Nunca le contó a nadie sobre aquello, como por temor a que al mencionarlo se rompiera el encanto. Así llegó a la primera juventud, en la que se abren espontáneamente los caminos de la vida. Para él lo que estaba enfrente era un solo camino. Tampoco se lo dijo a nadie, aunque las preguntas no faltaban:

—¿Ya decidiste lo que vas a hacer de aquí en adelante? —quería indagar su madre con su tenue voz natural.

—Estoy pensando –respondía él, mirando hacia otra parte.

—Hijo, el tiempo no espera. ¿Qué es lo que te llama? —le preguntaba el padre, con su seriedad habitual.

—Oigo voces, nada más —se evadía él, sin soltar prenda.

—A mí se me hace que vas a ser maestro de algo. ¿Te capté? —le decía uno de sus contemporáneos del vecindario.

—No sé todavía —era su respuesta más en confianza.

Y así hasta que un día de tantos desapareció como por arte de magia, sin llevarse ninguna de sus pocas pertenencias. Sus familiares dieron parte a la autoridad, y comenzó la búsqueda. Ningún rastro, ningún indicio. Alguien dijo: “Se lo tragó la tierra”.

Pasó el tiempo, y con la ausencia silenciosa llegó el olvido. Entonces, sin previo aviso, comenzaron a aparecer señales, no de él, sino de sucesos que parecían enlazados por el misterio. Presencias sigilosas, voces en busca de eco, evocaciones e invocaciones en clave espiritual. Y todo aquello era cada vez más atrayente para muchos de los habitantes del lugar y de las zonas circunvecinas.

Un domingo entró la caravana inesperada. Al frente aquel hombre vestido de blanco sobre un caballo de lento andar, como en las estampas más antiguas.

La aldea entera cayó de rodillas, sin que nadie diera indicación para ello. Los recién llegados se reunieron en la plaza, que más parecía un predio baldío. El hombre de blanco se colocó en el centro y comenzó a hablar como si se tratara de un encuentro familiar largamente postergado, con su familia biológica en la primera línea:

—Amados hermanos, yo soy aquel muchacho que un día desapareció de este lugar. Sí, me tragó la tierra. Pero dentro de la tierra no me esperaba la muerte, porque mi sueño de siempre me protegió a cada instante. Era el sueño de resucitar, que estaba conmigo según el color de las estaciones. Llegó el momento en que ese sueño me ordenó seguir su ejemplo, y volví al aire, como un resucitado. Era hora de romper el silencio y de predicar el milagro natural. Es lo que he hecho desde entonces, pero me faltaba el homenaje final al sueño que ha sido mi maestro: envolverme en la luz que nos vio nacer a ambos, a mí y a mi sueño…

Alzó los brazos y la pequeña multitud le acompañó clamando:

—¡Gracias, Maestro!

PALABRAS ENTRE EL HUMO

Los terroristas han existido siempre, y lo que cambia son los argumentos y las vestimentas. En aquella zona los atentados eran frecuentes, porque los bandos políticos se habían vuelto cada vez más adictos a disfrazarse de religiosidad extrema. Y en medio de ellos la población sencilla y natural quedaba como víctima inminente o consumada, sin ninguna capacidad de defensa.

Por eso ahí la vida era un sacrificio cotidiano, que comenzaba por la imposibilidad de respirar sin angustia sofocante. Y es que las explosiones y los incendios habían hecho que el aire libre se fuera convirtiendo en humo atribulado. Las calles eran regueros de ceniza; los balcones, bocanadas de angustia; los jardines, ensayos de cementerios…

Y entonces el silencio fue tomando posesión de todos los espacios disponibles, como un capitán que hubiera resultado vencedor de la campaña de conquista. Un silencio que solo les daba permiso de expresarse a las bombas, a las metralletas y a los gritos que enarbolaban consignas.

Un grupo de muchachos muy jóvenes estaba ahí, sin embargo, aprovechando el silencio para organizar su resistencia.

De pronto algo totalmente insospechado comenzó a hacerse sentir como una onda expansiva con voluntad de invadirlo todo. Un runrún no identificable, un murmullo que quería valer por su cuenta, un tartamudeo insistente…

Hasta que la voz rompió todas las barreras envueltas en papel de aluminio:

—¡La respiración de Dios es el único antídoto contra el terror, cualquiera que sea el origen de este!

PEREGRINOS DE LA MEMORIA

Ahí, muy cerca, se iniciaban los cordones de colinas que se extendían hasta la cordillera del fondo. Detrás de seguro se hallaba el mar oceánico, al que ninguno de los habitantes de los alrededores había tenido acceso nunca, y no porque estuviera demasiado distante, sino porque las gentes del lugar eran obsesivamente montañeses. Ni siquiera los cielos abiertos eran objeto de contemplación, aunque sus colores tunantes parecían la giratoria fantasía de un pintor impresionista.

Aquella actitud y aquella sensación se venían sucediendo con puntualidad impecable generación tras generación, pero algo novedoso estaba empezando a tomar forma en la conciencia de los que eran aún niños aunque ya al borde de la adolescencia. Los mayores no acababan de advertirlo, porque no tenían experiencia al respecto, aunque quizás, sobre todo, por temor a cualquier novedad que les alterara los moldes perfectamente introyectados.

Un día, sin embargo, se produjo un acontecimiento que nadie esperaba: uno de aquellos niños emergentes reunió a todos sus contemporáneos en el único espacio abierto dentro del poblado. Al principio era un encuentro silencioso, como si todos estuvieran esperando alguna señal desconocida.

De repente, y como si brotara de las entrañas del aire, se dejó ver un pájaro que venía agitando sus grandes alas que parecían bordadas con finura magistral. Hizo varios giros sobre las cabezas de los presentes y fue luego a posarse en la rama más cercana, que era la de un árbol que había estado ahí desde siempre, como heraldo impenitente.

Entre los niños se desató un murmullo. Y uno de ellos tomó la palabra sin más, con la precisión de un hombre perfectamente consciente de su destino:

—¿Qué estamos haciendo aquí? Ya es tiempo de que salgamos a cumplir con nuestro trabajo… Hay que ir a rescatar todos los tiempos perdido… Esas vidas que nuestros ascendientes no han vivido y que nos están esperando…

Hubo un estremecimiento entre todos los que recibían el mensaje. Nadie comentó nada, pero era notorio que lo dicho se tomaba como un mandato.

De inmediato la reunión comenzó a disolverse. Se formaron espontáneamente tres columnas que fueron avanzando hacia las afueras de la población, y que se perdieron de inmediato en los entornos.

Los mayores del pueblo parecían recluidos o escondidos en sus rincones habituales. Aquel era ahora un pueblo fantasma y así de seguro se quedaría para siempre.

RESUMEN PARA INICIADOS

El próximo velero llegaría en el siguiente amanecer y había que tenerlo todo listo para el desembarque. Aquella tarde y noche los lugareños de la ensenada hicieron todo lo necesario para que, como siempre, el arribo tuviera el rango de un acontecimiento. Estaba todo listo. El lugar se quedó en silencio, mientras los habitantes se habían ido a descansar por algunos minutos.

Por algunos minutos… El aire circundante pareció suspirar. Y en ese preciso momento la luz solar lanzó sus primeros dardos entusiastas. Y al hacerlo se hizo evidente que todo el entorno estaba irreconocible. Altas torres, calles asfaltadas y jardines de catálogo. Y ahí, desde el horizonte próximo, venía acercándose el velero… Aquel velero, el que debió haber llegado hacía tres siglos… Y cuando atracó, la transfiguración fue perfecta. Los habitantes salieron de sus escondrijos, como escarabajos atávicos. El Tiempo sonreía desde cualquier azotea.

No sé cuál es el mejor camino, cada cual elige su juego”

¿Qué significa para vos la muerte?

El gran misterio. Ojalá algún día (en vida) pueda saber más sobre ella.

¿Qué temas te salen más fácilmente, los relacionados con el crimen y el mundo judicial o aquellos que lo están con la cultura?

A mí lo que me interesa es el cruce de ambos mundos: procuro hacer un abordaje cultural del periodismo policial (como decimos acá) o de sucesos. Para darle todo su sentido a un crimen hay que entender su significación social y cultural, y, por supuesto, la dimensión humana de sus protagonistas.

¿Creés que es importante tener un empleo estable?

Sí. Bueno… Por más que fantaseo con tenerlo, no lo consigo. El empleo en el que estuve más tiempo fue uno en el que permanecí cuatro años. Creo que la industria periodística está un poco averiada y por eso es difícil encontrar el puesto ideal. Prácticamente no existe. Conozco a muy buenos periodistas independientes, el de ellos es un camino posible. Pero no sé cuál es el mejor camino, cada cual elige su juego.

¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta?

La conjunción de la pareja, la familia, los amigos, la obra (el trabajo), los proyectos y el buen uso del tiempo. Ah, y si puede ser en un día frío y nublado, mejor.

¿Cuál es tu miedo más grande?

Es tan grande que prefiero ni recordarlo.

¿Cambió algo en tu vida después de ganar el premio García Márquez?

Sí. Conocí a colegas de distintos países, hice nuevos amigos y conseguí un trabajo nuevo a la vez que me sentí valorado en mi empleo anterior. Pero más que nada y gracias a una nota que me costó demasiado esfuerzo, con el premio confirmé la idea de que vale la pena luchar y perseguir los sueños. Suena cursi, pero es así.

¿Es este el mejor o el peor momento para hacer periodismo en América Latina?

Probablemente sea a la vez el peor y el mejor. Como dicen los chinos: crisis es oportunidad. La crisis de la industria periodística (no del periodismo, sino de su industria) es muy grande, eso lo vemos todos. De ahí deduzco que la oportunidad también es muy grande. Quizá en 50 años idealicemos este momento, quién sabe.

Una película de fantasmas

Ilustración de Moris Aldana

En el sueño mataban a una mujer. La pesadilla se repite cada cierto tiempo. Unas veces, el cadáver está en medio del charco creado con sus propios fluidos; otras, cuelga de una soga con la lengua de fuera, hinchada como un bistec. Me temo que este es otro de los efectos del medicamento que estoy tomando. El brebaje me sumerge en un sueño placentero que va tornándose quebradizo, como el cascarón de un huevo, y despierto temiendo que solo he traspuesto el umbral a una nueva pesadilla.

Si no consigo dormir, me vienen a la memoria el viejo bóer sosteniendo sus anteojos manchados de sangre; el cura Neto agujereado a tiros; y la chiquilla esa, Viviana Gallardo, la que murió por amor, sollozando en el rincón de una estrecha celda. Todos ellos se encuentran en estas páginas que escribí únicamente para satisfacer la curiosidad de Albertina, mi hada madrina.

En la ciudad se exhibe “Ghost”, un drama romántico de fantasmas. En la cola para entrar al cine miro a Edmundo Font. Jamás me lo hubiera esperado. Lo conocí en Managua en aquellos años, cuando llegaban personajes de todo el planeta, locos de felicidad, para apoyar una, dos, tres guerras, las que hiciera falta. Font era entonces un gigantón con cara de niño que reunía dinero para apoyar la Revolución sandinista. Ahora estaba convertido en un funcionario de la embajada mexicana en San Salvador, estaba gordo y usaba unas gafas cuadradas que le conferían un aire doctoral. Yo tenía un trabajo de medio tiempo, pasaba apuros económicos, usaba el bigote atusado en las puntas y, para acentuar mi aire chic, de “recién llegado”, lucía una pequeña argolla en la oreja. Todos estábamos un poco cambiados. De hecho, el mundo entero era muy extraño al de antes, pero nos reconocimos de inmediato y nos abrazamos dándonos unas estrepitosas palmadas en la espalda.

A la salida, conmovidos por la película y animados por el reencuentro, decidimos ir a tomarnos algo. Perseguí su Volvo de vidrios oscuros hasta el Club Campestre, en la falda del volcán. Desde la terraza, la vista nocturna de San Salvador es espectacular. ¡Hasta las bombillas de las zonas más miserables de la ciudad lucen como un joyero de Swarovski!

—Míranos no más, ‘sobrebebiendo’, sin heridas –dijo Font a modo de brindis, guiñándome un ojo.

Olvidaba Font que una herida es cualquier cosa que te rompa, y yo andaba por la vida poniéndole remiendos a algo dentro de mí que se agrietaba cada vez más.

Font hablaba sin parar de sus perros, de sus viajes, de su trabajo como consejero en la embajada mexicana: apenas un peldaño de su ambicioso plan en el servicio exterior. Tenía metas claras para los próximos 15, 20 años. Yo, en cambio, vivía al centavo. Le expliqué que no tenía interés en participar en las riñas del caldeado ambiente que siguió al fin de la guerra. Las cosas no estaban fáciles.

—¿Cómo? ¡Un hombre con tu capacidad! ¡Saldrás adelante!

Font pagó los tragos y antes de despedirnos me animó a asistir a las actividades de su embajada.

—¿Para qué? ¡Qué pregunta! Pues, para vernos, para ganar la calle, maestro. Conocerás gente interesante –me dijo, dándome un puñetazo en el hombro.

No tenía muchas ganas, pero fui, por primera vez, y… ¡vaya decepción! Los personajes más conspicuos de la velada eran un dirigente de la logia masónica local, un académico medio sordo, con el pelo teñido, y una poetisa chiquitita, ya mayor, que no paraba de hablar de sus días en el Colmex e insistía en ser llamada “doctora”. Habían tenido vidas intensas y encantadoras, ni dudarlo, pero ya eran agua pasada: ninguno servía para mis propósitos de vida. Pero seguí yendo, por la insistencia de mi amigo. Hice lo correcto porque, si bien yo no lo sabía, en esas tediosas tertulias, poco a poco, la rueda de la fortuna comenzaba a girar a mi favor.

Así fue como conocí a Albertina, en la fiesta del Día de Muertos. Llegué atrasado y me instalé en la primera mesa que encontré, justo al lado de su silla. Micrófono en mano, Font se deshacía en halagos a Dolores del Río, la difunta en cuyo honor se había erigido el altar de muertos de ese año. Después que sirvieron los tragos, me acerqué a Albertina presentándome como alguien que volvía de la pacífica Costa Rica a abrirse paso en el nuevo país. La joven me dijo que acababa de volver de Miami con un posgrado en mercadología. Lo suyo eran los negocios. Quería hacer cosas diferentes. Comenzamos hablando, naturalmente, de la muerte. El ambiente del salón la evocaba por todas partes. Además, le dije, no existe personaje tan justiciero, ni nada provoca tanta incertidumbre a los humanos, como ella. Hicimos clic. Hablamos de música y luego sobre cine. Días más tarde, nos encontramos para un café y, en menos de lo que canta un gallo, comencé a caer los fines de semana a su apartamento en Torre del Sol para disfrutar de sus 13 favoritas películas de miedo, que ella organizó con videos de Blockbuster. Entre los sobresaltos provocados por mellizas asesinas, posesiones diabólicas y muertos vivientes, conocí a publicistas, restauranteros, arquitectos, consultores y funcionarios de la cooperación internacional, prósperos, astutos y, sobre todo, cobardes. Sí. La valentía terminó desacreditada por causa de las atrocidades de la guerra. Incluso escuché a idiotas reivindicando la cobardía en nombre de la no violencia. Pero mi estómago iba aprendiendo a digerirlo todo.

Llámenlo eternidad

A las 9:30 de la mañana del 3 de mayo de 1991, Katharina von Fraunhofer buscó a su esposo. Aunque compartían el mismo piso en Manhattan, tenían habitaciones y baños separados. La última vez que lo había visto fue la noche anterior, mientras él se arreglaba para ir a una fiesta organizada por su amigo Gay Talese.

Cuando entró al baño, encontró el cuerpo de su esposo, desnudo, metido en la bañera a medio llenar. Tenía una bolsa plástica amarrada a la cabeza. Fraunhofer llamó a los servicios de emergencia, quienes declararon muerto en el lugar a Jerzy Kosinski, autor de “Desde el jardín” y “El pájaro pintado”, entre otras obras.

Según la reconstrucción de los eventos realizada por la policía, Kosinski habría regresado de la fiesta de madrugada y después de su arribo al apartamento habría decidido ejecutar el suicidio. Pero quienes habían estado con él en la fiesta estaban desconcertados. Kosinski no parecía un hombre a punto de matarse. Todo lo contrario, se le vio animado, conversador y encantador con todos, como solía ser. Gay Talese recuerda que, aunque no tuvo mucho tiempo para atender a su amigo, sí hubo un momento en que conversaron y rieron mientras Talese le puso el brazo sobre los hombros.

Por el procedimiento utilizado, estaba claro de que Kosinski no quería fallar. Tomó una gran cantidad de barbitúricos, los cuales engulló con su bebida favorita, ron con Coca Cola; tomó la primera bolsa que encontró a mano, la de un supermercado, se metió en la tina de baño y se la amarró alrededor de la cabeza.

Katharina von Fraunhofer, la segunda esposa de Kosinski, declaró que su marido estaba pasando una depresión causada por varios motivos. Se le había descubierto una afección cardíaca que le cortaba la respiración, el medicamento que debía tomar le causaba lagunas mentales y no se sentía capaz de escribir. Le preocupaba llegar a un estado de deterioro físico que le hiciera dependiente de los demás. Por otro lado, su carrera estaba en entredicho.

El comienzo de su declive como escritor fue un artículo escrito por Geoffrey Stokes y Eliot Fremont-Smith aparecido en la revista Village Voice en junio de 1982, donde Jerzy Kosinski no solo fue acusado de plagio, sino también de utilizar escritores fantasma para escribir sus libros.

De su novela “Desde el jardín” se decía que era en realidad la traducción de una novela polaca publicada en 1932, escrita por Tadeusz Dolega-Mostowicz y titulada “La carrera de Nicodemus Dyzma”. “Desde el jardín” era la obra más conocida de Kosinski. Fue adaptada a guion de cine por él mismo y fue filmada por Hal Ashby en 1979. Protagonizada por Peter Sellers y Shirley MacClaine, la película ganó varios premios, entre ellos el premio BAFTA (y otros reconocimientos) como mejor guion adaptado.

Señalamientos graves se hacían también sobre su primera novela “El pájaro pintado”, publicada como una historia basada en eventos autobiográficos. El artículo sostenía que la trama no era cierta ni por cerca. Jerzy Kosinski, de origen judío, había nacido en Lodz, Polonia, en 1933. Su apellido original era Lewinkopf. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, su padre trasladó a la familia a Polonia central, donde le cambió el nombre a todos y compró constancias de bautizo para hacer pasar a la familia por católicos.
La flamante familia Kosinski vivió la mayor parte de la guerra en Dabrowa Rzeczycka, donde asistían a misa y cumplían con todos los ritos de la Iglesia católica. El pequeño Jerzy incluso sirvió como monaguillo en el poblado vecino de Wola Rzeczycka. A pesar de la guerra, a los Kosinski les iba lo suficientemente bien como para tener una asistente doméstica, un auténtico lujo para los tiempos que corrían.

Pero la novela “El pájaro pintado”, publicada por primera vez en 1965 en Estados Unidos, contaba la historia de un niño que vagaba por la campiña de un país no identificado, durante la Segunda Guerra Mundial, observando las atrocidades cometidas por los campesinos que iba encontrando en su camino. Se especuló que Kosinski la había escrito originalmente en polaco y la habría mandado a traducir al inglés, haciéndola pasar como el idioma original del escrito. Esto nunca se comprobó.

Aunque el libro no detalla nombres de lugares, sus compatriotas se vieron tan insultados por la descripción del campesinado polaco, que no pudo ser publicado en Polonia hasta después de la caída del régimen socialista en 1989.

Las sospechas de plagio ya se habían ido alimentando entre corrillos hasta que la publicación del artículo en Village Voice ofreció datos que pusieron en seria duda todo lo dicho y escrito por Kosinski hasta entonces. Hubo quienes lo defendieron y hubo quienes confirmaron las acusaciones.

El mismo Kosinski no fue de mucha ayuda. Su personalidad llamativa y conversadora lo convirtió en un asiduo de las fiestas del jet-set neoyorquino. Contaba historias fascinantes sobre su vida que finalmente nadie entendía si eran ciertas o inventadas. Al intentar confrontarse con una declaración definitiva sobre su infancia, que pareció no ser tan desgraciada como hacía pintar en su primera novela, Kosinski insistió en que era una historia de ficción, aunque dijo que incluyó historias que escuchó de niño, durante la guerra.

Kosinski mismo se contradeciría después, aduciendo que había hecho pasar la novela como autobiográfica a petición de la editorial. Una historia real del holocausto se podía vender mejor que una imaginaria. Por último, Kosinski se limitó a decir que se trataba de autoficción y evadió seguir hablando sobre el tema. Pero sus amigos cercanos insistieron en que nunca se recuperó de ese golpe.

Días después de su muerte, se dio a conocer el contenido de su nota suicida, encontrada en el estudio de su apartamento: “Me voy a dormir un rato más largo de lo usual. Llámenlo eternidad”.

Al morir, Jerzy Kosinski tenía 57 años. No tuvo hijos.

Y entonces, ¿necesitamos una CICIES?

Empezaría diciendo que saquemos a los políticos de la discusión, pero no puedo: diseñar y ejecutar una comisión internacional a la que el Estado nacional cederá atribuciones como la investigación del crimen es algo que no puede hacerse, obvio, sin el concurso del Estado. En El Salvador, el Ejecutivo se ha negado de entrada a ceder esas atribuciones a un ente internacional. ¿Por qué?

No ha habido, hasta ahora, una discusión seria en la agenda nacional sobre la conveniencia o no de que en El Salvador haya una comisión internacional como en Guatemala. Cada vez que el tema surge en la opinión pública suele ser porque la oposición política vinculada a ARENA, con evidentes intereses partidarios, lo trae a colación, o porque algunos tuiteros sin aparente filiación partidaria tiran la idea al ciberespacio.

Las respuestas a la pregunta que titula esta columna y a la que finaliza el primer párrafo están aún pendientes. No seré yo quien las conteste, pero sí puedo, en todo caso, dar mi opinión. Parto de lo básico: ¿Es necesario que el Estado salvadoreño ceda soberanía a un ente internacional para investigar y combatir el crimen, sobre todo el crimen organizado? Yo creo que no haría daño alguno, sobre todo si entendemos que los entes encargados de esa función por mandato constitucional han solido ceder su soberanía e independencia a entes ajenos a ese mandato, como los partidos políticos, o, peor, a grupos de crimen organizado que están en abierta contradicción con ese mandato.

Si partimos de que la Fiscalía General de la República es a la que toca ejercer la dirección de la investigación criminal por mandato constitucional, basta revisar las gestiones de la mayoría de fiscales generales anteriores a Douglas Meléndez para entender que pusieron a la institución al servicio de intereses de partidos políticos o, en el peor de los casos, del crimen organizado.

Así, hablar de las gestiones del fallecido Manuel Córdova Castellanos, de Belisario Artiga, de Félix Garrid Safie, de Romeo Barahona o de Ástor Escalante es hablar de fiscales generales que pusieron a la Fiscalía al servicio de los intereses políticos del partido ARENA. O de funcionarios cercanos al poder. Hablan de ello casos como el de la violación y asesinato de la niña Katya Miranda, en el que el rol de la Fiscalía fue encubrir y proteger a los sospechosos, policías y militares incluidos; o, mucho antes, la negativa de la Fiscalía de Córdova de investigar a bancos del sistema financiero relacionados con estafas atribuidas a empresarios cercanos a la derecha política, como FOMIEXPORT o FINSEPRO.

Y, luego, al revisar la gestión de Luis Martínez, avalada por todos (t-o-d-o-s) los partidos políticos, se entiende cómo la Fiscalía llegó a ceder su independencia al crimen organizado y a la corrupción. Casos como el de Enrique Rais y la protección al Cartel de Texis son ejemplos de ello.

Uno de los principales argumentos de los detractores de que en El Salvador exista una comisión internacional es ese, que no es adecuado que el Estado ceda su soberanía. La semana pasada se lo escuché, por ejemplo, a Fabio Castillo, el abogado cercano al FMLN, pero ya antes lo han repetido diputados y autonombrados analistas, sobre todo desde la izquierda política.

El argumento es, creo, un sofisma: qué soberanía va a ceder la Fiscalía General cuando durante tanto tiempo la ha cedido a intereses que nada tienen que ver con el soberano, con el pueblo al que se debe. Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua de la palabra soberano: “El que ejerce o posee la autoridad suprema o independiente”.

Si “Chepe Diablo”, Los Perrones y demás mafias incrustadas en el sistema político salvadoreño han podido ejercer autoridad sobre fiscales generales y –de esto he hablado antes con detalle– directores de la Policía Nacional Civil, de qué sirve la tan cacareada soberanía.

Prefiero una cesión controlada de soberanía a un ente internacional para garantizar el imperio de la ley, como en el modelo CICIG, que seguir cediendo la soberanía de nuestras instituciones a las mafias que se han adueñado de ellas.

Carta Editorial

Tenemos un país que no está escrito. Es difícil que se construya una identidad fuerte y una memoria histórica sana si no se promueve que a este país, a este todavía intento que siempre insistimos en llamar país, se le retrate más desde las letras. Todo punto de vista es válido porque de lo que se trata es de plasmar la diversidad sin contaminarla con la polarización que está presente en casi todos los sentidos. Las letras dan a los pueblos la capacidad de acercarse a posturas distintas a la propia sin calores, pero con intensidad y emotividad. La edición de hoy abre con una entrevista de la periodista Valeria Guzmán al escritor Miguel Huezo Mixco en el marco del lanzamiento de su segunda novela, “La casa de Moravia”.

Además de una motivación literaria, el texto explora el proceso tan natural y muy humano de cambiar. Se cambia con las circunstancias, con el entorno, con las personas que nos rodean, con el paisaje que vemos desde la ventana (cuando tenemos una ventana). Se cambia con la luz y los sonidos. Es imposible que una persona se mantenga siendo la misma siempre. Nadie puede sostener posturas rígidas porque eso no da lugar a la posibilidad de ser mejor persona. Y esto es lo que nos ha venido haciendo tanta falta como sociedad. No hemos naturalizado el cambio constante. Solo nos definimos en función de ese a quien creemos opuesto, pero no lo consideramos igual, sino que inferior.

Esta entrevista dirige la atención a las distintas versiones de una persona. Miguel Huezo Mixco hace un recorrido no solo temporal, también lo hace en lo personal. El resultado es sensible, emotivo y en muchos puntos, académico. Un ejercicio indispensable en lo individual y en lo colectivo. A El Salvador falta escribirlo más.

Piñatas políticas

“País amanecerá en condición de impago por culpa de ARENA”. Esta es la primera línea de un comunicado de prensa emitido por la Casa Presidencial de El Salvador este jueves 6 de abril. Un Gobierno anunciando que amanecerá en impago. No es ficción ni una sátira, son las palabras textuales que envió el equipo de prensa de la Presidencia.

Lo habitual es que los países agoten hasta el último recurso posible antes de decir públicamente que no están en capacidad de honrar sus deudas. ¿La razón? Gritar al mundo que uno ya no puede pagar es como darse un tiro en un pie. El capital es cobarde, no hay nada tan asustadizo como el dinero, si usted se declara mala paga habrá pocos que quieran prestarle, y quienes lo hagan le recetarán tasas de interés astronómicas.

Pero eso fue lo que hizo nuestro Gobierno. ¿Qué lo llevó a ello? La negativa de los diputados de ARENA de aprobar una emisión de bonos de $282 millones que había solicitado Hacienda, y que usaría para pagar la deuda que tiene el Estado con los fondos de pensiones, y para garantizar los pagos a los militares retirados.

Efectivamente, en la sesión plenaria del jueves no hubo manera de aprobar estos bonos, ni cambios en el presupuesto de la nación que permitieran que el Gobierno contara con los $70 millones que, según Hacienda, le urgían para el cortísimo plazo.

¿Por qué no se tenía este dinero? ¿No se sabía que se necesitaría? En realidad, sí. Hacienda sabe cuánto le tocará pagar cada año a los fondos de pensión, porque esta deuda es el resultado de una venta de títulos, los llamados Certificados de Inversión Previsional (CIP), con los que se financia el Fideicomiso de Obligaciones Previsionales (FOP). Las Administradoras de Fondos de Pensión (AFP) compran los CIP con el dinero de los trabajadores que están ahorrando para su futuro retiro, y con este dinero se pagan las pensiones de los jubilados del antiguo sistema, quienes cotizaron con el ISSS y el INPEP.

Todo este embrollo financiero fue una solución que encontró el gobierno de Antonio Saca en 2006, luego de que el ISSS y el INPEP se quedaran sin reservas para pagar a sus jubilados. Y así se ha hecho desde entones, y Hacienda sabía que este año tendría que pagarles $230 millones a los fondos de ahorro de los trabajadores. Pero no lo hizo.

Incluir todas las necesidades de dinero que se tendrían en 2017 habría implicado presentar un presupuesto por más de $5,000 millones, con la respectiva necesidad de financiamiento, ya que la cifra supera por mucho los ingresos tributarios que se esperan para este año. Para aprobar un presupuesto y la deuda para completarlo, se necesita mayoría calificada, los votos de 56 de los 84 diputados. Significaba que el Gobierno debía lograr los votos de ARENA.
En cambio, prefirieron dejar sin llenar partidas como el pago de la deuda con los fondos de pensión, al Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada (IPSFA) y otros gastos como el subsidio a la energía eléctrica. El que no se hayan presupuestado no hizo que estos gastos desaparecieran y, efectivamente, ahora el Gobierno requiere esos fondos.

Este jueves, en lugar de un diálogo franco para encontrar una solución, vimos a los dos partidos mayoritarios, al Gobierno del FMLN y a la oposición de ARENA, en un cruce estéril de acusaciones que nos llevó a esta declaratoria de impago con la que se amaneció el viernes.

Ser percibidos como un país insolvente hará que baje nuestra calificación crediticia y que se vuelva más caro conseguir financiamiento. Para los bancos también se encarecerá el dinero, y estos, a su vez, aplicarán tasas más altas al financiamiento local. Todo porque nuestros gobernantes y legisladores prefieren dejar que la carreta se descarrile para, ante el espectáculo de la destrucción, señalarse mutuamente, acusarse, con el único interés de conseguir votos y simpatías entre la población.

Ojalá nos demos cuenta de que aquí todos tienen cuota de culpa y, como ciudadanos y electores, no caigamos en este juego ridículo. Ojalá comencemos a exigir responsabilidad, honestidad y eficiencia a nuestros gobernantes. Ya basta.

“Estaba seguro de que iba a morir pronto”

Es 1.º de abril y si todo hubiera ido según lo planeado por el ímpetu de la juventud, Miguel Huezo Mixco estaría en la celebración de los 47 años que han pasado desde la creación de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), uno de los cinco movimientos guerrilleros que conformaron al Frente Farabundo Martí para La Liberación Nacional (FMLN). Pero desde hace más de 20 años Miguel está alejado de banderas y esta mañana de sábado recibe en la sala de su casa a un equipo de periodistas.

Antes de que inicie la entrevista, Miguel –de 62 años– cuenta acerca de un tatuaje que recién se retocó en el brazo derecho. En la muñeca izquierda, lleva tatuada una pluma. Vive con su pareja en una tranquila casa en la que se cuela el canto de los pájaros que parecen sacados de una grabación. Antes fue el encargado de propaganda de las FLP y su jefe directo fue el comandante Leonel, el ahora presidente Salvador Sánchez Cerén. Durante el conflicto armado, después de que su pareja de entonces murió, solicitó permiso para salir de la guerrilla y dedicarse a escribir. Leonel no se lo concedió: “Bueno si lo que querés es escribir, ¿por qué no sos capaz de hacerlo aquí?”, le retó.

El escritor dice que en el último par de años no ha podido descansar. Todo el tiempo libre lo usó para escribir “La casa de Moravia”, un libro que lo tiene nervioso y que ya está a la venta. La mayoría de su trabajo literario ha sido en la poesía, el ensayo y ha transitado incluso por el periodismo. Platica de su nueva novela y sus recuerdos viejos de tiempos de campamento, de poesía creada en la montaña y de dilemas morales. Al terminar la conversación, muestra el nombre de un chat donde están algunos de sus excompañeros de la radio oficial de las FPL, la radio Farabundo Martí. Una mezcla extraña entre nostalgia, épocas de revolución y grupos de WhatsApp.

En 2014, cuando presentó “Camino de hormigas”, dijo que esperaba tener aliento para escribir al menos una novela más. ¿Ahora renueva ese deseo o esperamos leerlo en otros géneros?

Estoy entusiasmado con la posibilidad de terminar un grupo de novelas que estén relacionadas, una trilogía. Esta es de alguna manera una continuación desde otra perspectiva de la novela anterior y tengo idea de poder hacer una tercera, pero para eso tengo que descansar un poco.

A “Camino de hormigas” se le llamó de varias maneras: “Una gran crónica”, “Una serie de relatos”, “Una novela”, ¿usted cree que este libro va a provocar una discusión similar sobre el género?

No lo sé. Lo que sí tiene de peculiar esta producción es que hago uso de algunos recursos que son para mí novedosos. Le solicité autorización a los tuiteros para que me permitieran publicar algunos tuits y también usar algunas imágenes que circulan en blogs como Tumblr o Instagram. También incorpora fuentes periodísticas reales para hablar de un caso específico en la segunda parte de la novela. Hay una mezcla de hechos históricos con fuentes periodísticas que son partes de la historia, que es una ficción. A ver cómo funciona.

El narrador en “Camino de hormigas” parte de sus propias experiencias en la guerra, ¿pasa algo similar en “La casa de Moravia”?

Es algo parecido. El personaje de “Camino de hormigas” aparece en medio de la trama de la novela. Algunos de los elementos de la vida de este personaje tienen que ver un poco, no tanto, con mi propia experiencia. Es por demás, uno muy difícilmente puede escaparse de sus propias experiencias, sobre todo cuando han sido tan intensas.

Si tuviera que hacer un cálculo matemático sobre qué tanto de su vida personal queda en esta novela, ¿cuánto sería?

Si le pusiéramos un porcentaje creo que andaríamos en un 15 % o 20 %. Creo que, a diferencia de “Camino de hormigas”, donde hay partes que podrían parecer casi testimoniales, esta novela incorpora muchos más elementos ficcionados.

Mi vida personal está volcada completamente en la novela en el sentido de que la producción de una novela te demanda un esfuerzo de vida permanente de pensamiento, a la hora del trabajo, en la noche, en los sueños, en las pesadillas está presente. En ese sentido, la novela sin duda que es una expresión de mi vida.

En entrevistas anteriores le preguntaban sobre si aparecía el presidente Sánchez Cerén en su novela…

No, no aparece. Buena parte de la novela (“La casa de Moravia”) se desarrolla entre Nicaragua y Costa Rica, aunque los personajes están en un hotel de mala muerte en la playa El Obispo, La Libertad. Es una road novel porque (un personaje) tiene que viajar haciendo contrabando entre Costa Rica y Nicaragua, pero no contrabandeando fierros, armas o tiros. Anda contrabandeando cosas que hacen falta en Nicaragua porque están padeciendo el bloqueo de Ronald Reagan en 1981. Él contrabandea papel higiénico, bolígrafos, cuadernos, cosas de utensilios básicos que hacen falta.

Usted fue un protagonista de la historia en los ochenta. ¿Cómo es ahora su relación con los demás protagonistas de la historia salvadoreña del conflicto armado?

Variada. Con algunas conservo una amistad entrañable. Diría que hay tres niveles de relación. El primero sería con los que ya no están. Con los que desaparecieron tengo una relación permanente de admiración, de respeto. Siempre están presentes.

Luego están con los que tengo una relación de mucha amistad porque nos tocó vivir momentos difíciles y esos momentos hacen que las personas establezcamos lazos profundos, y no solamente con personas que fueron parte de la guerrilla, sino personas que fueron parte de la población civil en las zonas de combate donde estábamos en medio o muy cerca de poblaciones campesinas… y otros con los cuales la vida nos puso en diferentes situaciones, tenemos algunas diferencias. No puedo decir que tenga enemigos ni nada semejante, pero ya no gravito en los espacios de los rituales propios de la cultura de la organización armada ni del partido.

¿Cuáles son esos espacios?

Este día, el 1.º de abril, es la celebración de la fundación de las FPL y hay actividades, hay invitaciones a convivios y todo eso. Yo no participo en nada de eso ya. Yo estoy desmarcado completamente de ello.

¿Le llegan las invitaciones?

Sí, sí, sí. Estoy en un grupo de WhatsApp con gente que estuvo ahí también y mandan cosas, pero estoy en ese grupo como estoy en otros también.

¿Hay un grupo de WhatsApp de las FPL?

Hay uno de gente que estuvo en la radio Farabundo Martí. Poco intervengo ahí, pero sí me entero de cosas porque ahí hay gente a la que yo le tengo mucho afecto y de la que quiero saber cómo están. En algunas cosas pensamos diferente, pero así es la vida, ¿no? No por eso vamos a ser enemigos, sino que simplemente cada quien mantiene su propio espacio y su distancia.

Y cuando yo le digo “Sánchez Cerén”, ¿se imagina al comandante o al presidente?

Sin duda que es el presidente del país.

Pero si cierra los ojos y le digo “Sánchez Cerén”, ¿lo ve en la montaña o lo ve dando un discurso?

Lo veo como presidente, porque en las montañas se llamaba de otro modo.

Leonel. Leonel y el nombre de él está asociado con su vida ya como un actor político importante del país. El otro nombre sí inmediatamente me remite a la persona que estuvo en el frente de guerra.

En la guerra usted le pidió salir para escribir, un permiso que le fue denegado ¿verdad?

Sí. ¿Eso está dicho en alguna entrevista?

Sí.

Ah, sí. Sí… y fue una lección maravillosa de vida. En ese momento probablemente yo estaba tan lastimado emocionalmente que si me hubieran dado permiso de salir a escribir, probablemente no hubiese vuelto a la guerra. Me dijo: “Bueno si lo que querés es escribir, ¿por qué no sos capaz de hacerlo aquí si tenés todas las condiciones para hacerlo? Todo está en tu cabeza. No le des la espalda a esto tampoco”. Y me pareció que me tocó un nervio importante y le dije “sí, tenés razón, me voy a quedar”.

¿Ese fue directamente el comandante Leonel, verdad?

Sí, directamente él fue. Yo no viví esos procesos como una persona que me sintiera perseguida por escribir ni nada semejante. Sino, más bien, yo estaba sometido a una disciplina que era necesaria. Ahí cada quien tiene que jugar a la parte que le toca y a veces renunciar a las cosas que apetecen porque estás metido en una causa que requiere que tengás una disciplina sostenida.

¿Ha habido un punto en la historia política del país donde usted haya empezado a ver un mayor apoyo hacia la literatura o no se ha dado ese giro?

No se ha dado ese giro. Sin duda esta es una opinión sesgada. Yo participé de un momento en el que hubo una especie de renacimiento de los esfuerzos culturales que fue recién pasada la guerra, cuando se funda el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y se pone al frente de él a una persona extraordinaria como Roberto Galicia y yo tengo la suerte de que él me lleve a trabajar con él a dirigir la editorial del Estado. En ese momento el país estaba en otras condiciones, no tenía el nivel de endeudamiento que tiene ahora. Estamos hablando de 1996 al 2000, aproximadamente, o más, 2004. Ahí fue cuando se hizo la colección de la Biblioteca Básica de Literatura, se hizo la Colección Orígenes, se hizo la Colección de Teatro. Fue un florecimiento, una apertura de aire fresco.

¿En los últimos dos gobiernos usted ha visto algo similar o alguna intención?

Ni en los dos últimos, ni en los tres últimos, ni en los cuatro últimos probablemente. La Dirección de Publicaciones ha entrado en una especie de crisis. El modelo de gestión de la editorial tiene que cambiar radicalmente.

¿Cómo es que usted logra publicar dos libros en 1988 en medio de la guerra?

Publico “El pozo del tirador” y también “Trespájaros de un tiro” y, al año siguiente, publico “Pájaro y volcán”. Los dos primeros en la Universidad de El Salvador y el segundo en la UCA Editores.

En 1988 estamos hablando de un año complicado, ¿cómo hacía para enviar los textos?

“El pozo del tirador” fue un libro que yo dejé hecho antes de irme a la guerrilla. El proceso de producción tomó bastante tiempo. En el caso de “Trespájaros de un tiro” es un libro que yo produje allá. Una guerra es un espacio y una condición que también está caracterizada por momentos de cierto ocio. No todo el tiempo estás enfrentando situaciones bélicas arriesgadas, sino que también en esas zonas se produce una vida cotidiana.

“Tres pájaros de un tiro” lo hice con el apoyo de una extranjera que estaba en la zona de Chalatenango, que tenía contacto con la UCA y me transmitió la idea. “Mirá, en la UCA tienen interés en publicar algo con la literatura que se está produciendo en el frente de guerra, no sé si te interesa”. Escribí a mucha gente que sabía que estaba escribiendo para comenzar a coleccionar eso. Fueron llegando los poemas a mis manos en mensajes, en papeles doblados y todo eso. Traté de buscar poesía que no fuera la más panfletaria, sino también la poesía que tenía que ver con los conflictos personales, las pérdidas, el romanticismo presente en las relaciones. Esa colección se convirtió en ese libro.

¿Cómo la envían a la UCA?

Había vasos comunicantes impresionantes por todo el país de todos los frentes de guerra. Me iban llegando los puchitos. Alguna gente mandó cosas que no recibí, seguramente. Hago dos copias, una la compilo y se la hago llegar a la editorial. La persona que apoyó esto fue el padre Ignacio Ellacuría.

En sus textos aparecen las mujeres como combatientes, como mujeres aguerridas, como amantes. La académica Jocelyn Viterna dice “la participación de las mujeres fue fundamental para el éxito del FMLN”, pero luego dice “la participación de las mujeres en promedio, benefició más al FMLN que a ellas”. ¿Cuál es su lectura de las tareas que realizaban las mujeres en los campamentos guerrilleros?

Bueno, ya casi no estamos hablando de literatura… Nos hemos salido un poco…

Sí, pero después podemos volver…

Okay, voy a tratar de hacerlo llegar a la literatura. Creo que el proceso del movimiento armado salvadoreño en algunas cosas fue de mucha innovación en las relaciones entre géneros y en otras fue también un reflejo de la sociedad en la que nació. Muchos de los roles de género se reproducen en el mundo de la guerrilla y otros cambian. La presencia de mujeres al frente de tropa o al frente de colectivos políticos importantes ocurre, pero era una proporción menor.En general las tareas que les eran otorgadas a las mujeres reproducían en buena manera los roles y estereotipos de género de la sociedad salvadoreña y los dominantes en general: cocineras, enfermeras, educadoras. Había hombres, pero la mayoría de las personas que hacían esto eran mujeres. En la cocina, sin embargo, es un espacio muy complejo. La cocina necesitaba un equipo de abastecimientos, las personas que se encargaban de ir a recoger maíz, frijoles, sal, azúcar, café, era un trabajo que le tocaba fundamentalmente a hombres. La recolección de leña era compartida por hombres y mujeres, pero la hendidura de leña con hacha era un trabajo que le correspondía a los hombres. La cocina no es solo la preparación de los alimentos.

Creo que hubo alguna desventaja de parte de las mujeres en la situación de guerra. No faltaron desde luego casos en los cuales hubo personas que trataban de aprovecharse de su posición para acercarse a ellas. Se dieron muchos casos de este tipo, sin duda, pero también se dieron casos en los cuales había una actitud bastante firme para tratar de que esas cosas, si eran conocidas, no se toleraran. Pero también hubo tolerancia en otros casos. En “Camino de hormigas”, una de las historias que yo cuento tiene que ver con una persona que es acusada de hacer uso de su poder para seducir a una muchacha, el conflicto se desarrolla en esa circunstancia.

Bueno, termina la guerra, usted se sale del partido y se va a Nueva York. Debió haber sido un cambio sorprendente. ¿En algún momento temió sentirse como traidor?

Quizás no. Estaba convencido de que ese momento para mí era un momento crucial en el que tenía que volver a la literatura.

Lo que más me afecta en ese momento no es lo que los demás te dicen como lo que te dice tu conciencia, porque después de haber estado tanto tiempo metido en eso uno no deja de sentir: ¿Estaré haciendo lo correcto? Hay un comisario interno que dentro de ti te está diciendo que le estás dando la espalda al pueblo para hacer un trabajo que es tuyo, literatura… que podría ser casi que un bien ostentoso.

¿Escribir era su prioridad?

Esa era una de mis dos prioridades.

¿Cuál era la otra?

Tomar distancia de un proceso en el cual yo sentía que había dado lo que me correspondía, un proceso en el cual sentía que comenzaban a emerger algunas diferencias.

En entrevistas con excombatientes es común que se mantengan con una actitud alerta. ¿Alguna vez la guerra abandona por completo el cuerpo?

No. Uno se va relajando, pero, para mí, el Día del Ejército o el Día de la Independencia, cuando ponen a volar los aviones Fouga o los A-37 y los helicópteros a hacer maniobra, es un día desagradable porque inmediatamente me trae la evocación de los momentos en que estábamos bajo un desembarco, que venían los bombardeos. Una situación de esas no te va a abandonar.

Claudia Cristiani dijo sobre “Camino de hormigas” que le parecía que era el comienzo del fin de la posguerra y que son las personas con un nivel de sensibilidad femenina las que están dispuestas a presentar una realidad sin vencedores ni vencidos. ¿Usted considera que existe esa sensibilidad femenina dentro de su literatura?

Tengo actitudes muy femeninas, pero tiene que ver con la estructura emocional que tiene cada uno de nosotros. Algunas veces en la guerrilla, bromeando, por mi amistad tan cercana con un compañero, insinuaban de que entre él y yo había una relación homosexual. Tengo mi parte femenina que está bastante más desarrollada, más de lo que normalmente se podría pensar para un hombre, y eso me halaga muchísimo porque una de las maravillas que tiene la mujer es la posibilidad de quebrarse, de romperse, de llorar, de enternecerse. Es una cosa que nos está negada culturalmente a los hombres.

Los roles masculinos te obligan a ser exitoso, a ser proveedor, una cosa de la que poco se habla. Esa representación de que el hombre no puede llorar, no puede romperse, no puede vaciarse, es algo que yo trato de permitírmelo. Cuando uno siente que se va a romper, tiene que romperse, y cuando uno tiene que llorar, llora. He dejado de leer poesía en público justamente por eso. Empiezo a leer mis poemas y siento que me voy a romper.

Usted ha increpado a otros escritores porque les falta “una pizca de vergüenza” a la hora de recordar la guerra. ¿Por qué intenta evitar la heroicidad en sus narraciones de guerra?

Creo que una de las cosas que nos está faltando como país para podernos reconciliar y construir un nuevo nosotros es despojarnos cada uno de sus triunfos.

Justamente lo digo sobre un libro extraordinario, “Los secretos de el paraíso”, el libro sobre el asalto al cuartel El Paraíso de este colega (Armando Salazar), una persona a la que yo le tengo mucho respeto. Lo que le faltaba ahí era pensar que no solamente estábamos demoliendo una estructura militar, sino también que estaba muriendo gente y que probablemente las madres o los hijos de estos soldados, si estaban en pobreza, posiblemente se sumergieron más en la pobreza o se vieron obligados a emigrar.

Tenemos que hacer como un twist mental al no presentar un discurso en el cual celebramos nuestras victorias para humillar al otro, al adversario que fue nuestro enemigo. Pero mientras tú sigas celebrando sin autocrítica los homicidios y el otro siga celebrando los homicidios que cometió, estamos muy lejos de encontrar el país que necesitamos.

Si yo le contara al Miguel de los ochenta que en 2017 se va a estar moviendo en un mundo de diplomacia, ¿qué cree que me respondería?

No te creería. Cuando entré a la guerra, estaba seguro de que iba a morir pronto. Era una cosa que la sentía segura. No era una persona que tenía formación militar ni nada de eso.

Leí que después de una caminata muy extenuante usted pensó en retirarse.

Sí y me pasó más de una vez. Esas cosas que decís “no voy a aguantar” y tratás de encontrar una coartada para sacarte, para liberarte. Esa vez dije “voy a romper los anteojos y ya con eso voy a poder salir”. Yo te respondería en aquel momento que no, no me veo yo metido dentro de 15 años en el mundo en el que ahora estoy. La idea que yo tenía del país que iba a surgir era una idea difusa, distinta. Uno de los sueños que yo tenía si la guerra termina y yo la sobrevivo era escribir, que era lo que más deseaba, y publicar libros.

Y sobre estas novelas que ha publicado, ¿qué es más difícil: entrar al bagaje de recuerdos o terminar de escribir y salir?

No, lo más difícil es editar la novela. Lo otro son cosas que de alguna manera vas encontrando.

Ja, ja, ¿no es un tránsito tortuoso?

No, es tortuoso en términos de proceso de creación porque comenzás a obsesionarte mucho con las cosas que estás haciendo. Luego la parte más, más, más difícil es justamente esta. Te lo confieso. Esta que estoy viviendo ahorita que la obra ya está publicada y te exponés.

Hay mucha gente que está celebrando la publicación del libro. No deja de ser un poco angustiante. Desde luego se agradece, pero es algo así como “¿Voy a defraudar?, ¿realmente este libro estará bien?”

Yo tenía muchísimas dudas con “Camino de hormigas”, tengo muchísimas dudas con este otro también. Es una experiencia completamente diferente de la producción de poesía, donde vos sabés que nadie va a entender nada –ja, ja–, que es una cosa que es un lenguaje muy críptico. Es un lenguaje que no te da ni siquiera oportunidad de conversar sobre ello. O sea: ¿conversar con un periodista sobre un libro de poesía? Es muy difícil… la narrativa te da esa posibilidad.

También te expone mucho más a preguntas. Expone personajes que se van a reconocer ahí, que están bien o mal retratados. A mucha gente no le gusta verse en los libros pintada como aparece. Me ha pasado con el libro anterior y va a pasar también con este.

¿Personas reales en las que usted se inspira y toma alguna parte y luego le dicen “no, pero yo no soy así”?

Sí.. sí, gente que se siente maltratada.

¿Pero es ficción al final?

Sí, pero ellos se reconocen ahí y dicen: “¿Por qué decís eso de mí?” Ja, ja.

¿Y qué responde usted?

Es ficción. Es complicado.

Usted dijo que “Camino de hormigas” probó suerte en siete editoriales y en cinco fue rechazada y en dos aceptada. ¿Cómo fue ese proceso con “La casa de Moravia”?

Fue diferente. En Alfaguara, después de “Camino de hormigas”, no quedaron tan desagradados aparentemente y me dijeron: bueno, ¿cuándo nos das otro libro? Lo ponen en programación y comienzan a meter un poco de presión. ¿Cómo vas con el libro? Mostranos algo. O, ¿cómo va el adelanto? Es una suerte que te digan dame otro libro… y me acaban de pedir otro ya.

 

Jared Kushner, el yerno millennial detrás de Trump

Jared iba a una junta de negocios, no a encontrar al amor de su vida. Menos de camino hacia la Casa Blanca. Los amigos en común entre Ivanka Trump, hija del ahora presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y Jared Kushner, uno de los empresarios de bienes raíces mejor colocados en Estados Unidos, pensaron que sería buena idea que ambos se conocieran. Talvez podrían comenzar una relación de negocios. Lo que en realidad hicieron fue conducir a la unión que se ha convertido en la conciencia del país más poderoso del mundo.

A inicios de 2008 la prensa estadounidense especulaba sobre la relación que había entre Trump y Kushner. Algunas revistas aseguraban que solo eran amigos; otras, que iba en serio. Para finales del mismo año, el sitio Gawker anunciaba el rompimiento de la pareja, aludiendo a que Kushner no podía seguir una relación con una no judía. El mismo año, Ivanka se convirtió al judaísmo y la pareja se casó en 2009, tras dos años de noviazgo. Los Kushner-Trump nunca consolidaron un negocio juntos, pero lograron un proyecto mayor: que el padre de Ivanka llegara a la presidencia de Estados Unidos.

Jared nació en Nueva Jersey, en una familia de judíos ortodoxos. Sus abuelos migraron de Europa a Estados Unidos huyendo del Holocausto, al que sobrevivieron, y se instalaron en el área de Nueva York. El padre de Jared, Charles Kushner, levantó fortuna en el ramo de bienes raíces.

Cuando Jared tenía 24 años le cedió la cabeza de los negocios, cuando estaba por cumplir dos años en prisión por evasión de impuestos y sobornos a políticos de Estados Unidos. Jared, sociólogo y abogado, estudió en Frisch, una escuela conocida por estar fundada bajo la tradición judía ortodoxa moderna y a la cual han asistido celebridades como la cantante Regina Spector y la actriz Rena Sofer, entre otras.

Más tarde acudió a Harvard College, de donde se graduó con distinción académica. Según Daniel Golden, editor de la organización periodística ProPublica, el padre de Jared habría hecho una donación de $2.5 millones a cambio de que aceptaran a dos de sus hijos. En 2007 Jared se graduó de la Universidad de Nueva York con MBA (Maestría en Administración de Empresas), donde también su padre hizo una donación: $3 millones.

Casi inmediatamente después de su graduación de la Universidad de Nueva York, con 25 años, Jared adquirió el semanario New York Observer, una publicación conservadora fundada en 1987. Estuvo al frente del semanario hasta inicios de 2017, cuando se anunció su carrera como consejero del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cediendo su puesto a su hermano Joseph.

La Torre de Jared
En la lujosa Fifth Avenue, en el centro administrativo de Nueva York, Manhattan, se levanta una torre que no resalta por su estatura, sino por el valor de los 41 pisos que la integran: el edificio 666 está valuado en más de $360 millones, una de las propiedades más costosas en todo Nueva York.

La torre 666, terminada en 1957, se levanta solo por 147 metros, una corta estatura comparada con los rascacielos de Nueva York, y ocupa 140,000 metros cuadrados. Pero es el emblema de la imponente carrera de Jared Kushner.

En 2007 Jared hizo la compra más importante por una propiedad con esas dimensiones en la historia de Nueva York: pagó $1,800 millones. Esa fue la primera propiedad adquirida por el mayor de los Kushner luego de que su padre, encarcelado durante dos años, le cedió la compañía familiar Kushner Properties. En el mismo año que compró la torre 666, vendió 17,000 departamentos con un valor de un $1,000 millones en efectivo, más $920 millones en deuda asumida.

El imperio de Jared ha logrado sostener el valor de la familia Kushner, calculado en $1,800 millones, de los que $1,150 millones provienen del mercado de bienes raíces. Tan solo la torre 666 renta, en promedio, en $50 el pie cuadrado, según documentos de su compañía.

El resto de su fortuna se divide entre el New York Observer, con $10 millones, y el programa de salud Oscar, con $240 millones, según la revista Forbes. Jared lo fundó junto con su hermano menor Josh. Se trata de una compañía de seguros valuada en $2,700 millones cuya base es el Obamacare, amenazado por Trump. La aplicación y el sitio en internet venden seguros directamente a quienes no son elegibles para un seguro mediante su empleador o un programa de Gobierno.

Jared es un arquitecto de grandes torres: así como ha alzado el valor de la torre 666 más allá de su estatura, ha hecho lo mismo con el presidente estadounidense y suegro, Donald Trump. Jared, juntó a un grupo de los mejores en lenguaje informático y mercadotecnia en línea, logró levantar una nueva construcción: al próximo presidente de Estados Unidos.

La otra torre de Jared se llama Proyecto Álamo, un grupo de 100 personas de distinto proceder para minimizar el costo de una campaña que en otros tiempos habría valido miles de millones de dólares, pero que Jared supo construir con solo una fracción.

Eric Schmidt, ejecutivo de Google y uno de los desarrolladores de software más ricos del mundo, dijo en una entrevista que Jared ha sabido levantar una campaña prácticamente sin recursos: “Él entiende el valor de un mundo en línea de una manera en que los colegas de los medios tradicionales no lo hacen. Supo hacer una campaña presidencial sin recursos usando las nuevas tecnologías. Y ganó”.

Para Peter Thiel, fundador de Paypal, Jared es más que un consejero para la Casa Blanca: “Si Trump es el presidente de una compañía, Jared es efectivamente el jefe de operaciones”. El mismo Jared lo resumió así en una entrevista para Forbes, una de las pocas que ha ofrecido en su carrera: “Llamé a algunos de mis amigos en Silicon Valley, unos de los mejores mercadólogos digitales en el mundo, y pregunté cómo escalar este asunto y me pasaron a sus subcontratistas”.

Además, dice, recibió un tutorial sobre marketing en Facebook y, desde ahí, comenzó a construir la nueva torre Jared: la campaña de Trump a la presidencia pasó de vender $8,000 en gorras y otros objetos al día, a $80,000 en donaciones y publicidad. La campaña se convirtió en los cimientos de la torre de Jared, los primeros pisos. Lo siguiente fue consolidar relaciones. “Ayudé a facilitar muchas relaciones que no habrían pasado de otra forma”, aseguró Jared en la misma entrevista. Una de esas es el complicado vínculo con México.

Jared ha sido quien más ha abogado por la sana relación entre México y Estados Unidos. Luis Videgaray, secretario de Relaciones Exteriores, y el propio Jared fueron quienes organizaron la visita de Donald Trump a México el 31 de agosto de 2016, donde, según medios estadounidenses, el magnate logró controlarse solo por unas horas para regresar a su retórica agresiva, tan pronto como pisó suelo estadounidense.

El sitio británico The Independent publicó el mes pasado que la “paciencia de Jared está puesta a prueba por su suegro”, luego de que el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, canceló su visita a su contraparte estadounidense tras una serie de tuits. “Kushner estaba furioso. Nunca antes lo había escuchado decir que estaba enojado durante toda la campaña, pero esto lo puso furioso”, dijo una fuente anónima a la publicación.

La vida con Trump
La relación yerno-suegro está hecha de intensas similitudes, pero también de diferencias: Jared, como Trump, ha hecho un imperio dentro del sector inmobiliario en Estados Unidos. Son un par de empresarios ambiciosos. Sin embargo, para muestra de sus diferencias, un botón: mientras que Trump ha tenido una presencia intensa en Twitter, Jared no ha publicado nada en esa red social.

En un reciente artículo publicado por Jared en el New York Observer, titulado “El Donald Trump que conozco”, el empresario de 35 años describe a su suegro como un hombre “no racista, no antisemita, amoroso y tolerante”. “Lo he visto personalmente acoger a personas de todas las razas y religiones en sus empresas y en su vida personal”, escribió Jared. Respecto de lo dicho en medios y redes sociales, Kushner dice: “Yo lo conozco, ellos no. La gente ve en él lo que quiere ver. Si les disgusta su política, ellos ven otras cosas que les disgustan, como el racismo. Si les gusta su política, ellos imaginan que escuchan silbatos de perros”.

El texto de Jared termina explicando por qué ha decidido apoyar la campaña de Trump: “Confío en que mi suegro, con un récord sobresaliente de resultados palpables, será exitoso en barrer estos obstáculos, por eso lo apoyo”.
Según Forbes, sus oficinas reseñan sus distintas personalidades: “La oficina de Trump está atestada de pared a pared con objetos que sirven como altar al ego, mientras que la de Kushner es plana y sobria, pero hay dos cosas en común que unen al par: columnas de trofeos de negocios ganados en bienes raíces y fotografías de Ivanka”.

Hoy se sabe que sin el trabajo de Kushner, al estilo millennial, Trump estaría lejos de la silla presidencial. Los planes de Kushner detrás del apoyo a su suegro, más allá de construir una torre familiar junto a su amada Ivanka, aún están por conocerse. Otro tema que asoma en común como posible trofeo es México.

Andrés, la tortura y el refugio

Lo tiraron al suelo y, otra vez, le preguntaron dónde estaban los pandilleros que habían huido más temprano en este municipio de San Salvador. Andrés (nombre ficticio), quien entonces tenía 16 años, les dijo que no sabía las respuestas que tanto esperaban. Interrogadores e interrogado avanzaron por un trecho más del camino, lleno de polvo, golpes y empujones.

Cerca de un potrero, pararon la marcha y tomaron unas botellas plásticas llenas de agua. Vaciaron el contenido en su nariz y boca para dificultarle la respiración. El muchacho siguió negando que supiera lo que requerían de él.

Lo golpearon otra vez y lo arrojaron al suelo. Uno brincó sobre su estómago por algunos segundos, que al joven se le hicieron largos en un dolor que abarcaba toda el área abdominal y la parte baja de la espalda. Le decían que él era uno de los que había corrido más temprano en la mañana. También que lo asesinarían y que su cuerpo descansaría, finalmente, en un pozo.

Tres más se acercaron al sector. Uno de ellos le mostró a Andrés, por medio de su teléfono celular, la foto de un pandillero asesinado. Le pidieron que confirmara su nombre. El muchacho afirmó que no lo conocía. Le señalaron, entonces, un cerco cercano y le ordenaron que caminara hacia allá.

Un hombre vestido de civil, con un arma al cinto, le preguntó sobre el lugar donde la estructura criminal que aún tiene presencia en el sector había escondido las armas. La respuesta de Andrés fue la misma. Sintió que una persona se le acercó desde atrás para colocarle una prenda alrededor del cuello. La apretó con violencia, como para asfixiarlo. El proceso duró, aseguró Andrés, media hora.

Otro hombre vestido de civil le preguntó una vez más por el paradero de los pandilleros, mientras otro le daba puñetazos en el estómago. Desesperado, afirmó que había escuchado que sus vecinos en el cantón habían dicho que los pandilleros huyeron hacia una quebrada determinada. Le tomaron la palabra y fueron a buscar, con Andrés como guía. No encontraron nada. Se sintieron engañados. Por ello, a su regreso le metieron la cabeza repetidas veces en un contenedor con agua que acercaron al lugar.

La amenaza de muerte se repitió. Uno de los que lo interrogaban tomó arena en sus manos. Le dijo que abriera la boca, a lo que se negó. Otra persona lo obligó a hacerlo con una patada en el pecho y los granos entraron en su cuerpo. Lo golpearon y lo arrojaron el suelo para brincar sobre él. Luego le apretaron los ojos, “como si se los quisieran sacar”. Fue una de las acciones que más dolor le causó. Quienes hacían eso le dijeron que lo iban a matar, que nadie en ese lugar desolado escucharía sus ruegos. Los responsables de infringirle dolor a Andrés no pertenecían a ninguna estructura criminal. Eran miembros de la Policía Nacional Civil y la Fuerza Armada de El Salvador.

El proceso de la tortura duró más de cinco horas. La novedad de su captura se reportó a las 10 de la mañana. No llegó al puesto policial de Rosario de Mora sino hasta después de las 3 de la tarde. Casi al final, Andrés les pidió que lo mataran o que lo llevaran a la cárcel, que le pusieran el delito que les placiera. Un soldado dijo que no valía la pena gastar balas en él, que lo matarían poco a poco hasta que su vida se apagara como una llama.

Lo subieron a una patrulla. Pero la amenaza no fue tal y, más bien, llegaron al puesto policial de Rosario de Mora, donde lo acusaron por el delito de resistencia a la autoridad. Allí le colocaron unas apretadas esposas, que lo hirieron con su metálico e insistente abrazo.

Pasó en una bartolina policial, junto a adultos, por dos días, hasta que lo liberaron. Tras ello, dijo el joven, fue remitido al CONNA, pero en esta última institución no tienen un registro sobre ello, quizá porque inmediatamente dieron con su madre.

Lo anterior es parte del testimonio de Andrés que está incluido en expedientes abiertos en la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) y en la Fiscalía General de la República (FGR). Ambas instituciones han encontrado suficientes indicios para iniciar investigaciones.

Andrés fue detenido por dos días y medio sin que para ello mediara una orden de captura en su contra o siquiera la sospecha de un delito. Los agentes y soldados lo torturaron antes de detenerlo para obtener de él una información que desconocía: cómo estaba conformada la pandilla que opera en la zona, dónde estaban las armas que esa estructura ocupaba para cometer sus crímenes.

La mañana del 4 de mayo de 2016, un comando de las Fuerzas Especializadas de Reacción El Salvador (FES) y otros cuerpos de seguridad realizaron un operativo en El Carrizal, el cantón donde residía en Rosario de Mora. Muchos de los pandilleros que tienen presencia en la zona huyeron despavoridos ante los uniformados.

A las 10 de la mañana de ese mismo día, su madre, Hortensia (nombre ficticio), fue interceptada en la calle por un grupo de policías y militares. Le preguntaron por sus hijos adolescentes. Ella respondió que uno de ellos había desaparecido desde hacía meses. El otro, dijo, estaba en su casa. Se trataba de Andrés.

Dijeron que la acompañarían hasta su vivienda, pues solo deseaban hablar con el muchacho. Al llegar allí, Andrés se encontraba con las ropas sucias, trabajando en la preparación de lodo para reparaciones de su vivienda. Allí lo capturaron.

PNC Y FAES BAJO LA LUPA

Los mapas representan el total de investigaciones iniciadas en la FGR a partir de denuncias contra miembros de la PNC y la FAES, desde enero de 2013 hasta marzo de 2017. Cada punto corresponde a un caso diferente.

Después de ser liberado, la Asociación Salvadoreña por los Derechos Humanos (ASDEHU) decidió apoyarlo jurídicamente en su proceso de denuncia. La institución ya era conocida por Hortensia, madre de Andrés, porque ella asistía a las reuniones de apoyo a familiares de desaparecidos que la institución todavía organiza por el caso de su otro hijo, de quien todavía hoy no tiene noticias. La ONG también apoyó al muchacho llevándolo ante un médico particular para comprobar su estado de salud.

Un médico general, que pidió no ser identificado para este reportaje, extendió un certificado para que pudiera ser usado, luego, en una denuncia. Allí escribió que Andrés presentaba “múltiples traumas” en el cuerpo, así como un “edema en la frente con leve equimosis por trauma”. El doctor hizo hincapié en un área específica, los ojos: afirmó que estos tenían una leve disminución en la agudeza visual, pues había una hemorragia conjuntival, tanto interna como externa, en las dos membranas delgadas que cubren la superficie interna del párpado y la parte blanca del globo ocular, como define la web de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos a las conjuntivas oculares. El efecto era más fuerte en el del lado derecho. Quizá como consecuencia de aquella acción descrita por Andrés, en la que sentía “que le sacaban los ojos”. El médico recomendó que lo revisara un especialista en oftalmología.

“En miembros superiores, marcas lineales horizontales con costras hemáticas y edema en ambas muñecas por probable colocación de esposas”, escribió el doctor en referencia a aquellas marcas que mostró en unas fotos y un video que le realizó la organización Amnistía Internacional, apenas unos días después de que los hechos ocurrieron, para denunciar su caso. La evaluación fue ratificada por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, a través de uno de sus médicos, quien hizo un examen pericial de rutina parecido al que hace un forense. Una evaluación más fue realizada a Andrés por la doctora Nuria de Escobar, del Instituto de Medicina Legal.

A petición de ASDEHU, la PDDH hizo algunas diligencias más. Además de tomar los testimonios, miembros de la institución acompañaron al adolescente y a su madre en un reconocimiento de fotografías de los presuntos culpables y a una inspección ocular al lugar de los hechos hecha por la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional Civil. Andrés y su madre creyeron que esa era la única forma en que se protegería su integridad. Esa fue la última vez que ambos pusieron un pie en el sitio que antes llamaban hogar.

Encontrar el expediente del caso de Andrés ha sido complicado en esta sede fiscal, la de San Marcos, donde él y su madre pusieron la denuncia por primera vez. El jefe de la oficina digita el número de referencia para encontrarse con que el expediente ha sido archivado. “Quizá las personas vinieron a retirar la denuncia o se archivó por falta de pruebas”, comenta, atento a la pantalla.

Escarba un poco más entre carpetas electrónicas y ubica un memo de incompetencia emitido por la fiscal que anteriormente llevaba el caso. El mismo fue trasladado a otra sede fiscal para que fuera conocido por personal ajeno a esta oficina.

“Ah, ya sé de cuál me está hablando, el de un cipote al que le jodieron los ojos”, comenta el jefe, al tiempo que levanta el teléfono para hacerle una llamada a la anterior fiscal asignada a ese caso y certificar su afirmación.

Según el jefe fiscal, decidieron que no era conveniente hacerse cargo del proceso, pues después de comprobar quiénes son los agentes que pertenecen a esa patrulla, se dieron cuenta que eran los mismos con los que trabajan todos los días.

“Consulté con un superior sobre esa decisión y me dijo que estaba bueno, ‘no vaya a ser que después la agarren contra ustedes’, me dijo… El problema es que algún fiscal de aquí lo iba a llevar, y no era descabellado tampoco que le hiciera lado”, comenta el jefe.

La decisión, al parecer, también se tomó por otros hechos denunciados por Hortensia, la madre de Andrés. Tres semanas después de poner la denuncia, recibió una llamada en su teléfono celular. La voz, que no se identificó, le preguntó sobre su nueva dirección en San Salvador y la invitó a llegar a una reunión en la colonia San Benito, donde tendrían una entrevista. La cuestionó, también, sobre las personas que posiblemente le servirían como testigos del caso. Como del otro lado no se identificaron, Hortensia no accedió.

Seis días después recibió una nueva llamada. La voz del otro lado no era la misma que la de la ocasión anterior. Esta vez el investigador sí se presentó. En la entrevista que arreglaron, Hortensia preguntó por la llamada y mostró el número, al que el agente identificó como perteneciente a la Policía. Les dijo que se trataba de algo irregular, pues él era el único al que se le había encargado realizar diligencias en el caso.

Ahora este es visto en una sede fiscal diferente, ubicada en otro municipio del departamento de San Salvador. El profesional al que le ha sido asignado afirma que es la primera vez que ve que algo como esto pasa, aunque, por ser fiscales “tienen jurisdicción en todo el país”. Dice que el caso está avanzando y que es posible que muy pronto llegue a los tribunales. Sus palabras, semanas después, resultarán ciertas.

Esta, remarca el fiscal, no es la primera vez que le toca investigar policías en su tiempo dentro de la institución.

“Son indagaciones muy complejas, pues uno debe investigar a aquellos que corrientemente son los indicados de perseguir el delito”, comenta, al tiempo que señala la conveniencia de no trabajar con investigadores comunes, sino con miembros de la unidad de Asuntos Internos de la PNC, un departamento creado, específicamente, para encargarse de aquellos que se salen del redil de la legalidad.

El procurador adjunto de Derechos de Seguridad Ciudadana, Gerardo Alegría, opina que esta manera de actuar, la de delegar la investigación en elementos no vinculados con esta, debería ser la forma corriente para tratar este tipo de situaciones.

Va un poco más allá con la crítica, y afirma que es un sinsentido que sea la PNC la única institución que cuente con un laboratorio técnico científico, por lo que es imposible, al menos en este aspecto, tener un punto de vista más allá que aquel que tiene la Policía.

“Claro que en la PNC tratan de llevar las investigaciones de la manera más independiente posible, pero también es verdad que hay fallas, fraudes, omisiones, negligencias, problemas en la cadena de custodia, alteración de la escena. Lo hemos comprobado en varios casos”, comenta Alegría.

Otro elemento a tomar en cuenta en el caso es que la víctima de los malos tratos y de la tortura es un menor de edad, un grupo etario que, por su condición de vulnerabilidad, es sujeto de medidas de protección especializadas. Las mismas que no se le brindaron a Andrés con el simple hecho de no colocarlo en un área diferenciada a la de los adultos.

El jefe fiscal de la oficina donde Andrés y su madre pusieron la denuncia justifica la medida por las dificultades de actuar sobre el terreno y determinar si un joven es un menor de edad. Sin embargo, Vanessa Martínez, subdirectora de Derechos Individuales del Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CONNA), rebate lo anterior con un concepto contemplado en la LEPINA: Si una autoridad tiene dudas sobre si una persona es menor de edad, debe tratarla como un menor de edad, sin excepciones. Lo mismo ocurre con la disyuntiva entre si es un adolescente (mayor de 12 años) y un niño.

Según la funcionaria, la institución a la que pertenece ha recibido, desde enero de 2014 a julio de 2016 (último mes contabilizado), 81 casos de abusos de autoridad durante detenciones a adolescentes por parte de la PNC, para las que se realizó una investigación sobre los derechos vulnerados. La Fuerza Armada acumula 15 casos. En ocho más, el cuerpo de seguridad del Estado no está definido.

Cuando ha sido consultado por casos similares a los de Andrés, el director de la Policía Nacional Civil, Howard Cotto, ha remarcado su confianza en que la actuación de sus hombres, su uso de la fuerza, siempre ha estado enmarcada dentro de la ley. Ese ha sido el discurso sostenido por Cotto desde que asumió el mandato a inicios de 2016. Uno que se opone a las observaciones de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y el Departamento de Estado de Estados Unidos, que afirmó en su último reporte en la materia que las autoridades del país “a veces fracasaron para mantener un control efectivo sobre sus fuerzas de seguridad”

El mismo informe también señaló la existencia de casos en los que algunos agentes de la Policía han implantado droga a jóvenes para detenerlos y armar un caso en su contra. Una vez detenidos los han torturado a través de golpizas para obligarlos a que revelen información sobre los pandilleros de las colonias o cantones donde residen, se afirma en el documento.

JURAMENTACION DE 280 NUEVOS AGENTES DE LA POLICIA NACIONAL CIVIL LOS CUALE FUERON JURAMENTADOS POR EL MINISTRO DE SEGURIDAD RENE FIGUEROA Y EL DIRECTOR DE LA PNC. 23/12/2007
foto LPG por Alvaro Castaneda
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La opinión de Cotto, sin embargo, no difiere de la del resto de autoridades relacionadas con la seguridad en El Salvador, como el ministro de la Defensa, David Munguía Payés. En una entrevista publicada por LA PRENSA GRÁFICA el 29 de marzo, el funcionario habló de la posibilidad de una ley que le permita a los elementos de la Fuerza Armada enfrentar “con fuerza a la delincuencia y sin ningún temor de ser acusados de violar los derechos humanos”. Él, quien es el mismo ministro de Justicia y Seguridad Pública que impulsó la tregua entre pandillas en El Salvador.

La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, que tiene entre sus asignaturas ser vigilante de las actividades de las otras instituciones del Estado, no cuenta, porque lo contrario la transformaría en una especie de súper poder, cualidades vinculantes. Es decir que sus pronunciamientos no tienen capacidad de coerción, y los responsables de la entidad denunciada pueden elegir, a su arbitrio, si acatan o no los señalamientos. Eso, por lo tanto, hubiera pasado con las 1,260 denuncias que fueron presentadas ante la PDDH en 2016 en contra de miembros de la PNC si esta se hubiera pronunciado con respecto de cada una. O con las 146 en contra de soldados de la Fuerza Armada. No pasa lo mismo con la Fiscalía General de la República, que tiene el monopolio de la investigación penal en El Salvador.

Solo en 2016, la FGR inició procedimientos de investigación por denuncias (otro porcentaje lo representan las indagaciones iniciadas de oficio) para 527 casos en contra de algún agente de la Policía Nacional Civil, según datos de la institución obtenidos mediante una petición de acceso a la información pública. No todos se refieren a problemas de abuso de autoridad o de excesivo uso de la violencia, aunque sí la mayoría.

Por ejemplo, denuncias por el delito de lesiones hicieron que se generaran 87 procesos investigativos (casi uno por cada cinco del total), un número muy similar al de las amenazas, que fueron 90. El tercero en la escala es el de hurto, con 42; el cuarto, el de actos arbitrarios, con 26; y el quinto, el de privación de libertad, con 22. Solo estos cinco crímenes ocupan más del 50 por ciento de todos los delitos en una tabla que contiene 138.

Los números referentes a la Fuerza Armada en cuanto a investigaciones iniciadas en 2016 contra alguno de sus elementos son considerablemente menores, con 81. Los delitos más repetidos en este caso son los de lesiones (17) y amenazas (19), una quinta parte del total. Si se observa el comportamiento histórico de las cifras referentes a la Policía Nacional Civil desde 2013 hasta la fecha, se comprueba un aumento sostenido, desde 370 en 2013, el último año de la tregua entre pandillas, hasta 527 en 2016. El resto de datos son 398 en 2014, 471 en 2015 y 110 en los primeros tres meses de 2017.

El total de investigaciones iniciadas durante este periodo dentro de la FGR contra miembros de la PNC es de 1,876, una media de 441 por año. El número total de policías dentro de la corporación en la actualidad es de 23,500, es decir que hay una denuncia que ha iniciado una investigación en la Fiscalía General de la República por cada 20 agentes.

La FGR, por otro lado, guarda un registro de los denunciantes contra policías y miembros de la Fuerza Armada que es un poco menor que el de investigaciones iniciadas, que se coloca en 1,452. De estas 663 son hombres y 650 son mujeres. A 139 se les coloca, simplemente, en el ítem “indeterminado”. En todos los años de la muestra consultada (2013-2017) solo en 2015 el sexo femenino superó al masculino, con 210 contra 177. El departamento que más investigaciones iniciadas acumula en ese mismo periodo es San Salvador, con 692, más de una tercera parte del total. El municipio que ocupa el primer lugar a escala nacional es la capital del país, con 332, es decir que 9 de cada 50 casos iniciados por la FGR corresponden a esta ciudad, lo que se explica gracias a su mayor población y a la mayor cercanía de instituciones para denunciar. Los siguientes lugares los ocupan Apopa, con 56, y Ahuachapán, con 52.

En una nación en la que, según el director de la Policía Nacional Civil, Howard Cotto, solo en 2016 se registraron más de 500 presuntos enfrentamientos entre pandilleros y miembros de la corporación que él dirige, resulta llamativo que la FGR solo haya iniciado dos investigaciones por el delito de asesinato en el mismo periodo. Ambas están referidas a homicidios simples, para los que corresponde una pena de 15 a 20 años de prisión.

La correspondiente al asesinato de Dennis Alexánder Hernández, registrado en la finca San Blas de San José Villanueva el 26 de marzo de 2015, por parte de agentes de la PNC, se sigue por el delito de homicidio agravado. Pero fue iniciada de oficio, es decir que no medió una denuncia para ello. El código penal establece que un hecho se puede definir como tal “cuando fuere ejecutado por autoridad civil o militar, prevaleciéndose de tal calidad”. La pena para este último es de 30 a 50 años de prisión.

Desde 2013, la FGR ha iniciado otros dos casos por homicidio contra miembros de la PNC, uno simple y otro agravado, ambas en 2014.

ASDEHU, la ONG que decidió apoyar jurídicamente el caso de Andrés, no salió indemne tras ponerse manos a la obra en el proceso. Algunos de sus miembros fueron intimidados por, presuntamente, miembros de la Policía Nacional Civil, según denunciaron ante la sede fiscal de San Salvador.

Las acciones en su contra comenzaron, según la denuncia presentada, cuando Andrés todavía se encontraba privado de libertad. Personal de la organización se presentó ante el puesto policial del municipio donde antes vivía el joven para preguntar por su paradero. No recibieron ninguna respuesta, declararon, y más bien se les pidió que se retiraran “si no querían que les pasara lo mismo por andar defendiendo pandilleros”. Cuatro meses después, uno de los miembros de esta asociación fue interceptado en el Centro Judicial Isidro Menéndez por un hombre de lentes oscuros, vestido de saco, que lo llamó por su nombre. En la denuncia afirma que se paró frente a él, abrió su saco mostrándole el arma que tenía a la altura de la cintura y, en el otro extremo, una placa de policía. Le advirtió de la poca conveniencia de continuar con el caso, pues ellos “no dejarían perder a un compañero”.

Ese mismo mes, las presiones continuaron, según la denuncia, pues existieron dos situaciones más de amenaza: una, en la que uno de los miembros de la asociación se percató que un vehículo lo siguió por un largo trecho cuando iba a recoger al colegio a uno de sus hijos; y otro más en el parqueo de un edificio comercial, donde un hombre, que reveló explícitamente sus intenciones, lo persiguió hasta el lugar donde estaba su vehículo.

Por la misma situación, algunos miembros de la organización ya no trabajan para esta. La denuncia continúa activa en la sede fiscal de San Salvador, aunque no hay mayores avances en la investigación.

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En el video realizado por Amnistía Internacional días después de que ocurrieron los hechos, Andrés termina su historia remarcando el consejo que recibieron: no vuelvan nunca al lugar de donde salieron, busquen otro sitio donde vivir. Él y su madre lo tomaron casi al pie de la letra.

La asociación que los apoyó jurídicamente, ASDEHU, les consiguió un cuarto en otro municipio de San Salvador para que pudieran estar seguros. Alguien les ayudó para solo tener que pagar los servicios básicos mientras las aguas se calmaban. Pero estas nunca llegaron a su nivel original. La única vez que regresaron a Rosario de Mora fue para una inspección ocular hecha por la Fiscalía General de la República y la División de Asuntos Internos de la PNC, en la que fueron acompañados por la PDDH.

La ONG comenzó, por tanto, el proceso para conseguirle una llegada segura a otro país. Así, Andrés se convirtió en parte de las estadísticas que ACNUR manejó en la primera mitad de 2016 sobre personas originarias de El Salvador que solicitaron refugio en un país diferente al suyo: 43,627.

Tuvieron que pasar unos meses antes de que la solicitud se hiciera efectiva. El muchacho al que un grupo de policías lesionó y torturó durante dos días y medio en el municipio donde nació, era entonces recibido por un país diferente al suyo en calidad de refugiado, uno más de los 16,929 salvadoreños que actualmente están en esa situación.

En el país, son organizaciones no gubernamentales como el IDHUCA o la misma ASDEHU las que se dedican a gestionar solicitudes de asilo en otras naciones. Sus contrapartes son los estados receptores y otras organizaciones no gubernamentales.

Desde el Estado salvadoreño no hay una institución que apoye a los ciudadanos en necesidades como esta. La PDDH se limita a proveer información, previa denuncia en la entidad, para documentar una solicitud.

“Cuando pedís refugio en un país diferente del tuyo estás huyendo del Estado. Estás diciendo ‘el Estado no es capaz de darme seguridad, necesito que ustedes protejan mi vida’. Por eso sería un contrasentido que existiera una institución dedicada, precisamente, a eso. Es como reconocer que se ha fracasado”, comenta el procurador adjunto de Derechos de Seguridad Ciudadana, Gerardo Alegría.

Desde el lugar donde reside ahora, Andrés y su madre, Hortensia, esperan que el proceso llegue algún día a los tribunales. Entonces será cuando se enfrentarán cara a cara, en la manera que disponga el hipotético juzgado, a las mismas personas que hace menos de un año lo golpearon, saltaron sobre su estómago, intentaron “sacarle los ojos” y lo mantuvieron preso en una bartolina durante dos días por un delito que no existió. Las mismas personas por las que ahora debe residir, si quiere conservar su vida (como lo reconoció un Estado extranjero), a miles de kilómetros del sitio al que algún día llamó hogar.

El viernes 31 de marzo, el día de cierre de este reportaje, el caso fue judicializado en el juzgado de Paz de Rosario de Mora. La Fiscalía acusó a dos investigadores de la Policía Nacional Civil, uno por el delito de tortura y el otro por fraude procesal. Para ambos se giraron órdenes de captura.

El imputado por tortura fue el único al que Andrés pudo identificar en un reconocimiento de fotografías, pues los otros usaron máscaras. Señaló que fue uno de los que más lo golpeó e intentó asfixiarlo con una prenda alrededor del cuello. Según el fiscal asignado al caso, es un exmiembro de la División Elite Contra el Crimen Organizado (DECO).

La otra persona acusada fue la encargada de llevar a Andrés desde el lugar donde lo torturaron al puesto policial de Rosario de Mora para su detención, para la que pidió que se encargaran otros dos agentes, que testificaron lo anterior en entrevistas. Señalaron como irregular el hecho de que a Andrés le hayan imputado el delito de resistencia. El caso pasó a la fase de instrucción, que será vista en un juzgado de San Salvador.

El juez de Paz de Rosario de Mora decidió decretarle detención provisional al acusado de tortura y darle medidas sustitutivas al otro, para el que cambió la tipificación del delito a privación de la libertad. El juez ha dictaminado la reserva del caso porque la víctima es, todavía, un menor de edad.