Tras Bastidores

Cada quince días enfrento la tarea de escribir esta columna. Trato de escribirla tres o cuatro días antes del cierre de edición, para poder corregirla sin presión alguna. Entregar un texto que no pase suficiente tiempo de reposo es algo que siempre me pone nerviosa. Pero es parte de las tribulaciones de trabajar en prensa y hay que convivir con ello.

Tengo una lista de ideas que voy anotando, temas que voy rumiando y que pienso pueden ser de interés general. En algunas ocasiones, han ocurrido tantos eventos o he tenido tantas ideas sobre temas a tratar, que la dificultad ha sido decidirse por algo en particular. En no pocas ocasiones, el problema es todo lo contrario y no tengo ni la más remota idea sobre lo que voy a escribir. Como hoy.

Cuando eso ocurre, a medida que se aproxima la inevitable hora del cierre de edición y mientras picoteo en el teclado párrafos y temas que no me terminan de convencer, recuerdo al poeta y periodista salvadoreño Serafín Quiteño, quien mantuvo una columna diaria durante dieciséis años en El Diario de Hoy. Comenzó a publicarse en 1961 y se llamaba “Ventana de colores”. Quiteño la publicó bajo el pseudónimo Pedro C. Maravilla y, según entiendo, fue una lectura muy gustada en su época. El hecho de que haya durado tanto es prueba de ello.

Hace un par de años, por asuntos circunstanciales, tuve oportunidad de conversar con su hija Margarita. Algo hablamos sobre su padre, de quién leí hace muchos años su poemario Corasón con S. Lo que no sabía era que Quiteño tuvo esa columna diaria. No sé de cuántas palabras constaban sus entregas, pero tener que hacerlo día a día debió ser todo un reto.

No pude evitar expresarle mi admiración por su padre, porque supuse que más de alguna vez se le habría complicado tener algo qué escribir. Margarita me comentó que, en efecto, en varias ocasiones, su padre andaba por toda la casa, exasperado, porque no sabía qué iba a escribir para el día siguiente; pero siempre, aunque fuera a última hora, lo lograba y entregaba el material justo a tiempo. Como lo suyo era una entrega cotidiana, el asunto no terminaba ahí, porque entregar una columna significaba comenzar a pensar de inmediato en la siguiente.

Pude imaginar a perfección los momentos de ansiedad, la mente en blanco y la desesperación del no poder escribir algo que debe entregarse en pocas horas. Lo puedo imaginar porque lo he pasado muchas veces. En momentos así, la angustia suele ser tan profunda que me pregunto si ya se me acabaron las palabras.

No hay que olvidar tampoco que los escritores somos humanos y que no estamos exentos de los múltiples problemas que la vida cotidiana nos impone. Tenemos que comer, pagar el alquiler y cumplir con compromisos laborales, como todos. Algún evento de nuestras vidas puede llegar a ser tan apabullante que resulta difícil tener la concentración adecuada para escribir algo que se sabe será leído por un amplio rango de lectores. No es que uno no tenga nada qué decir, pero lo que nos carcome el pensamiento en esas etapas de la vida no siempre es material que pueda hacerse público.

Para algunos escritores continuar escribiendo en medio de adversidades de cualquier índole es, precisamente, la prueba máxima. Pienso en Tomás Eloy Martínez y Henning Mankell, por ejemplo, quienes a pesar de sus enfermedades terminales, continuaron entregando sus columnas y escribiéndolas hasta el final.
Hace pocas semanas, un participante en mis talleres de narrativa me preguntaba si los escritores debemos pensar en el lector a la hora de escribir. Es una pregunta que me hacen a menudo y para la cual no hay una respuesta única ni correcta. Pienso que cada escritor debe encontrar la manera en que le fluya mejor su escritura. Le comenté que, en lo personal, cuando escribo mi narrativa no pienso nunca en el lector, en lo que vaya a opinar sobre mi persona o sobre el texto, si le gustará o le causará rechazo. No escribo mis novelas o cuentos para complacer a nadie ni para convencer a nadie de nada. Traslado en palabras las historias tal como las siento e imagino. No pensar en el lector es, en mi caso, un mecanismo necesario para no incurrir en la auto censura y para mantener la escritura como un ejercicio de libertad plena, que es lo que me interesa de escribir, como he manifestado en más de alguna ocasión.

El único momento de mi escritura en el que tengo muy presente al lector es cuando escribo esta columna, no sólo por la conciencia de que mi texto aparecerá publicado en el periódico de mayor circulación nacional y que será compartida en diversos espacios de la web, sino también por los comentarios que recibo por vías diversas. Es un privilegio saber que me lee gente de diferentes ámbitos, pero la conciencia de esos lectores también me hace asumir este espacio como una responsabilidad pública, que es como asumo la tarea de ser columnista.

Escribir con fecha de entrega es todo lo opuesto de la escritura literaria, donde el tiempo sirve para macerar la escritura hasta llevarla a su punto óptimo. En ese sentido, escribir esta columna es un reto constante y también un auto aprendizaje permanente. No sólo toca escribir a contratiempo y afanarse por escribir lo mejor posible, sino que también toca escribir sobreponiéndose a uno mismo, a sus circunstancias personales y hasta a sus silencios interiores.

Imagino que más de alguna vez, Serafín Quiteño habrá pensado en renunciar a escribir su columna, ante la angustia del posible agotamiento de las ideas. Lo supongo porque a veces, yo también lo pienso. Pero la escritura ocurre de maneras misteriosas y siempre, aunque sea en el último momento, desde nuestras oscuridades innombrables, surgen las palabras necesarias para neutralizar el silencio de la página en blanco. Justo a tiempo para el cierre de edición.

El país que viene: jóvenes en el extranjero

Hace algunas semanas fue el lanzamiento del segundo libro “El País Que Viene: Jóvenes en el extranjero”, editado por Diego Echegoyén y coescrito por 60 jóvenes que ahora residen fuera de El Salvador.

Tuve el honor de engrosar las listas de esta gran iniciativa con un texto en el que plasmo, de la forma más amena que pude, mi experiencia como residente en el extranjero -en Chile, para ser exacta-. Así como yo, otros 59 jóvenes de los más diversos contextos, profesiones, pasiones y países, cuentan sus historias de vida, de cómo llegaron a los lugares donde hoy residen y por qué vale la pena ser de El Salvador, aunque no vivan en sus tierras.

Tengo que admitir que, cuando fui invitada a participar en el proceso, tuve muchas dudas: ¿por qué yo?, ¿mi historia es acaso relevante para alguien?, ¿qué objetivos persigue esta publicación?, ¿quiénes más participan?, ¿para qué?, ¿debería?

Poco a poco me fui enterando de otros jóvenes cercanos a mí que también habían sido invitados a participar, lo que me fue generando confianza en el proyecto; pero, además, me enteré que una persona me había nominado. Fue ahí cuando tomé la determinación de participar. El gesto de confiar en mí, nominándome, me hizo darme cuenta de lo que genera una iniciativa como esta: promover el orgullo de ser salvadoreño.

Las 60 historias que este libro recoge hacen un maravilloso recorrido por las vidas de personas comunes y corrientes, como yo, que por alguna razón u otra, no viven en El Salvador. Las distintas visiones de cada uno enriquecen de manera excepcional lo que significa ser salvadoreño y, lo más importante, nos permiten reunirnos en torno a un tema común, que se construye a partir de la pluralidad.
Eso fue precisamente lo que ocurrió durante la presentación del libro. Fue particularmente gratificante ver a personajes y autoridades de distintos partidos políticos e instituciones coincidir y convivir en torno a un mismo objetivo. Cada uno pasó al podio a contar parte de su historia, relatándola con orgullo y pasión, recordando cómo habían llegado a estar donde ese día se encontraban. El vicepresidente relató sus jornadas en las montañas y cómo sus ideales lo habían llevado, 20 años después, hasta el Ejecutivo; a su vez, y en un contraste que me pareció maravilloso, la exministra de relaciones exteriores, María Eugenia Brizuela de Ávila, contó cómo su viaje a Europa para aprender de historia y artes no logró disuadirla de convertirse en la primer abogado mujer en su familia.

Es tan importante saber apreciar la riqueza de la diversidad y, conociéndola, respetarla. La historia de cada uno nos hace particularmente distintos, y darle la oportunidad al otro de contarnos de dónde viene nos permite ampliar nuestros puntos de vista y encontrar esos puntos de encuentro que nos permiten empujar hacia un mismo objetivo: El Salvador. Les recomiendo que, con estas palabras en mente, busquen un ejemplar de este libro inspirador, lo lean junto a un buen café y, entre esas páginas, reconozcamos la riqueza de la diversidad, representada en las historias de 60 personas que han dispuesto convertirse en pequeños muestrarios de El Salvador en muchos rincones del mundo. Pero, sobre todo, a sentirnos orgullosos de nuestras propias historias y a convertirlas siempre en puntos de encuentro, de coincidencia; porque de divisiones ya fue suficiente.

Los rostros de las mujeres en la dictadura

Yolanda Aguilar Urizar tenía 15 años cuando fue detenida por la Policía Nacional en frente de la Torre de Tribunales. Ocurrió un día de 1979, mientras repartía volantes del movimiento popular, contrario al sistema dictatorial militar que imperaba en Guatemala.

El padre de Yolanda, muerto en 1975, había sido dirigente de la Democracia Cristiana Guatemalteca, y su mamá, América Urízar, trabajaba, en aquel entonces en la asesoría jurídica de la Central Nacional de Trabajadores (CNT); en 1983 fue desaparecida por el régimen.

Cuenta Yolanda que entendió la gravedad de la situación sólo cuando fue llevada en un carro de la Policía Judicial, amarrada de manos y pies, desnudada y golpeada duramente. El trágico relato de las violaciones y las torturas que destruyeron su frágil dignidad de adolescente en la sede de la temida Judicial, está contenido en el Informe del Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica: Guatemala Nunca Mas, entre los miles de testimonios de la política de represión social que los gobiernos de la época impulsaron para someter a los guatemaltecos que protestaban contra el sistema, callarlos y dominarlos, imponiendo el poder del miedo y de la impunidad.

Después de días interminables de calabozo, capucha de gamezán y todo tipo de abusos, Yolanda quedó embarazada y durante meses ciega. Antes de que la liberaran, Yolanda pasó dos semanas en un centro de menores, en donde la directora, de apellidos Porta España, permitía que se reprodujeran las mismas dinámicas de violencia y maltratos que imponía la Policía en las calles y en los centros de detención; favorecía la promiscuidad sexual entre niñas y adolescentes “utilizadas” por el personal adulto del centro. En ese lugar, Yolanda conoció a chicas drogadictas y alcohólicas que entraban y salían del establecimiento y que se habían vuelto colaboradoras de la directora, informantes de lo que sucedía afuera de la casa.

Ahora, más de 35 años después, y tras un largo y lento proceso de sanación gracias al que logró trascender su experiencia desde la mirada de víctima a la de sobreviviente, Yolanda recuerda que lo sucedido en el centro de menores, después de las torturas de la Judicial, fue un aviso para ella y para todas las detenidas: “Si salís de aquí, no vas a poder contar nada de lo que pasó”. Entendió que las condiciones sociales de ese entonces estaban preparando el terreno a la política de terror de Estado de los años ’80; que la represión policíaca se endurecía más, y que ninguna persona, aunque fuera una niña o una adolescente, hubiera podido considerarse a salvo de la violencia arrastrante de los gobiernos militares.

Rosa Amalia Juarez S/a Hurto Agravado

En la actualidad, el Archivo Histórico de la Policía Nacional conserva tres antiguas recopilaciones de fotos carné de mujeres detenidas desde los años 60, cuyo nombre, “Álbum fotográfico de delincuentes”, resume la campaña de represión indiscriminada que el Estado perpetuó en contra de la población para mantener el orden y la seguridad por las calles de Ciudad de Guatemala. Entre sus páginas desgastadas por el paso del tiempo, se descubre que muchas mujeres fueron detenidas, agredidas y abusadas, por todo tipo de motivos, no sólo políticos: desde los insultos al hurto, los malos tratos, la violación de correspondencia, el fraude al fisco, la indocumentación, la prostitución, y por medidas de seguridad, en el caso de militantes de sindicatos u organizaciones guerrilleras.

Rosa Estela Zuniga B. posera indocumentada

Después del relato de Yolanda, es fácil imaginar que no todas de estas acusaciones fueran fundamentadas y que, probablemente, la razón de la detención correspondía más a un deseo de venganza, humillación o abusos sexuales sobre mujeres que, en su mayoría, tenían orígenes humildes y, por eso, eran altamente vulnerables frente a la imposición de la fuerza promovida por el Estado y ejecutada por sus representantes.

 

En esta galería de rostros jóvenes, viejos, despeinados, arreglados o maquillados, destacan muchas, demasiadas, caras de niñas y adolescentes denunciadas por prostitución, consumo de drogas, hurto y por medidas de seguridad. Se sabe, en la mayoría de los casos, sus nombres y, muchas veces, la acusación que las llevó frente a un oficial, pero no se sabe nada de su liberación.

Tal vez, la campaña de seguridad del Estado se pueda justificar bajo explicaciones coyunturales, pero la detención e menores de edad tachadas de acusaciones tan graves evidencia la horrible falta de un Estado ciego frente a su pueblo, drogado por el afán de imponer el miedo como única forma de control social.

 

 

En ese 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, recordamos a estas niñas, adolescentes, mujeres inocentes que, esperamos, sobrevivieron a los abusos de sus vidas complicadas, a las detenciones y la violencia, esperando que cada una de ellas tuviera la suerte de ser liberada y la fuerza de Yolanda que, durante las torturas más indignantes que se abatieron sobre su cuerpo, nunca dejó de resistir gracias a una única convicción: “Pensé en mi mamá. Yo sabía que lo que yo había hecho lo hacía porque creía en eso, pero para mí el modelo ideal de ser humano era mi madre, era la mujer que me había enseñado por qué hacíamos todo eso, que me había enseñado a luchar por la vida y que me había enseñado que si uno se metía a estas cosas, tenía que ser valiente, pero valiente no en términos de que yo soy la heroína, sino en términos de que la vida valía la pena vivirla”.

 

Carta Editorial

Esta edición cierra el especial sobre mujeres que hemos mantenido a lo largo de los cuatro domingos de marzo. Este ha sido un repaso por situaciones complejas que tienen que ver, sobre todo, con acceso a la salud, a la educación y a la justicia.

Ser mujer implica riesgos en un Estado que no termina de definir medidas que abonen a la equidad de género. Así, El Salvador es uno de los países en donde es posible que una niña menor de 15 años formalice una unión con el adulto que, en términos definidos en el Código Penal, ha abusado de ella. Son niñas que se enamoran y llegan a acompañarse o a casarse con sus violadores en un entorno que, la mayoría de veces, está marcado por carencias de todo tipo.

Si aquí la institucionalidad funcionara, si se respetaran los derechos de las niñas y si se les dieran suficientes oportunidades de desarrollo, entonces sería mucho más sencillo entrar a analizar la situación. Pero las relaciones de las menores de edad con adultos esconden una gran cantidad de fracasos, en esto de garantizar que las necesidades básicas de los ciudadanos estén satisfechas.

La primera que sale mal parada es la educación. Cuando una niña no conoce sus derechos y tampoco sabe cómo funciona su cuerpo se convierte en una fácil presa de depredadores que han sido criados en un sistema que, además, les hace creer que tienen ventaja sobre los cuerpos femeninos, que les hace sentir que pueden tomarlos a como dé lugar y en el momento en el que se les antoje. Cuando las familias no tienen acceso a servicios de salud, a vivienda digna, a oportunidades de obtener ingresos tampoco pueden cumplir sus papel como protectoras. Las niñas a las que las circunstancias llevan a la unión o a la maternidad temprana son víctimas en muchas escalas y se convierten, dadas todas las dificultades que enfrentan, en parte de un círculo de pobreza y subdesarrollo. Parar las acciones que perpetúan esto es urgente.

Violadores que enamoran a niñas

La razón de una amplia discusión en el tribunal fue el himen, una membrana que hace estrecha la vagina. “No habían rupturas recientes ni antiguas, solo que el himen se encontraba en una forma dilatado; que al referirse que el himen es dilatable, es porque el himen tiene un orificio bien amplio, y este tipo de himen permite la penetración sin ruptura, que podría ocasionarse una ruptura con esta clase de himen si la penetración se hiciera con violencia”. La membrana que se describe es la de Roxana*, una menor de 14 años que empezó a ser novia de Antonio* cuando tenía 11. Él, dice ella, le escribía papeles en los que le decía que era bonita y la quería. Antonio es un adulto desde antes de que empezaran a ser novios. Antonio tuvo relaciones sexuales con Roxana en un marco de ventaja, pero de esa ventaja emocional y madurativa se habla poco en el tribunal. Es junio de 2013 y en la sala se discute más la condición del himen de Roxana porque Antonio está acusado de violación en menor incapaz.

Toda relación sexual con una persona menor de 15 años se considera delito, según el artículo 159 del Código Penal. “El que tuviere acceso carnal por vía vaginal o anal con menor de quince años de edad o con otra persona aprovechándose de su enajenación mental, de su estado de inconsciencia o de su incapacidad de resistir será sancionado con prisión de catorce a veinte años”. Antonio y Roxana se veían de noche en el patio de la casa de ella ubicada en una zona rural de Chalatenango en donde los cercos no representan protección.

Uno de los aspectos en los que más se hizo énfasis en el tribunal cuando Antonio fue acusado fue la condición del cuerpo de Roxana. El cuerpo de la adolescente tenía que aportar pruebas suficientes del delito de Antonio. Roxana, que no completó el quinto grado, llegó a esta cita judicial a enterarse de cómo funciona su cuerpo. Hasta entonces supo, por medio de peritos que la examinaron, que el himen es una membrana que puede dilatarse, es decir, estirarse sin romperse. Supo que la virginidad no es un sello, que no se puede decir si alguien es virgen solo porque tiene una membrana. Supo que los peritos pueden calificar su himen y el de ella lo calificaron como “complaciente”.

En síntesis, los peritos indicaron que no se podía afirmar y tampoco negar que ella hubiera tenido relaciones porque no había eritema. El eritema es una lesión que se puede o no se puede encontrar en personas que empiezan a tener relaciones sexuales. Ella no tenía eritema, no porque nunca haya tenido, sino que porque llegó a las instancias legales cuatro meses después de que su novio, Antonio, la convenciera de tener relaciones sexuales. “Es un himen que puede permitir la penetración, pero también va a depender de la contextura de la persona, en este caso ya era una señorita grande (a los 14 años para un perito ya se es “grande”), el himen es más amplio y después de cuatro meses era muy difícil… a menos que hubiere violencia, que encontraría un eritema”, concluyeron.

No hubo violencia, pero de acuerdo con la resolución del tribunal en el que se ventiló el caso, hubo insistencia de parte de él. “La primera vez que tuvieron relaciones el joven, Antonio, le insistía, pero ella no quería acceder; hasta que la convenció y la acostó en el suelo, quitándole la ropa y se le subió encima y comenzó a introducirle el pene en su vulva, manifiesta ella que era su primera vez y le dolió bastante, pero Antonio le decía que se iba a hacer cargo de ella si la familia se enteraba”, se lee en la sentencia. Antonio le alumbraba con una lámpara la ventana a Roxana para que saliera a las 10 de la noche cada tres o cuatro días. En esas citas tenían relaciones sexuales. Roxana define como relaciones sexuales a que él le quitaba el pantalón, el suéter, la blusa y el blúmer, la acostaba en el suelo de tierra, cerca de la letrina y metía el pene en su vulva. Algo de lo que se habla muy poco en el tribunal es que Antonio se preocupaba por siempre llevar condones. Uno de los condones usados fue encontrado por la madre de Roxana, quien lo desechó en la letrina de hoyo.

Este caso no se hizo visible por un embarazo, sino porque la madre de ella los sorprendió en una ocasión. Mandó a llamar a Antonio y él, contrario a lo que le había dicho a Roxana acerca de que se iba a encargar de todo, lo negó. Dijo a la madre que él no le había hecho nada a Roxana. La madre, entonces, colocó la denuncia bajo el argumento de que “no quería que nadie les faltara el respeto a sus hijas”. Evitó que el contacto entre su hija y Antonio continuara, no sin antes darle un castigo físico a Roxana, como consta en la resolución, le dio “dos chilillazos en las nalgas”.

En el tribunal se consideró a Roxana una persona con un desarrollo cognitivo suficiente como para dar una declaración detallada y ordenada. Esto a pesar de que solo llegó al quinto grado de la educación formal y de que no tenía mayores oportunidades de formación y su madre tampoco. El tribunal halló inconsistencias en la declaración de Roxana, como que, por ejemplo, en una etapa del proceso dijo: “No quiero que se lo lleven, no me ha hecho nada”. En estas instancias legales se reconoció a Roxana como una niña enamorada que tenía un himen que pudo permitir ser penetrado sin romperse. En el cuerpo de Roxana no hallaron pruebas suficientes. Y de la mente, el cuerpo o la intención de Antonio no se dijo mucho. Antonio fue absuelto de los cargos.

Una de cada tres mujeres de 20 a 49 años estuvo embarazada antes de cumplir 18 años; y una de cada cuatro estuvo unida a un hombre antes de esa edad, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud 2014. “Tanto la unión como el embarazo temprano son resultado de circunstancias que están fuera del control de la niña y la adolescente, las cuales le impiden tomar adecuadamente decisiones clave sobre su vida”, dice el informe Maternidad y Unión en Niñas y Adolescentes firmado por varias instituciones internacionales y de gobierno. También sentencia: “Las uniones y los embarazos antes de los 17 años son producto de la violencia social que sufren cotidianamente, lo cual no es asumido como tal por la sociedad y el Estado”. Casos como el de Roxana, en donde se interpuso una denuncia sin embarazo de por medio, siguen siendo una excepción a la norma.

No asumir esa violencia sexual contra las niñas impacta en la cantidad de denuncias que se hacen. Además de lo establecido como violación en menor incapaz en el artículo 159 del Código Penal, el artículo 163 señala que el delito de estupro consiste en que “el que tuviere acceso carnal por vía vaginal o anal mediante engaño, con persona mayor de quince años y menor de dieciocho años de edad será sancionado con prisión de cuatro a diez años”. Ambos artículos se aplican a mayores de edad que abusan de menores de edad. Cuando la relación es entre menores de edad, no hay delito, pero sí consecuencias.

En las inscripciones prenatales del año pasado hay 11,194 niñas de 10 a 17 años de edad, según el Ministerio de Salud. De ellas, 1 de cada 10, tenían menos de 14 años. “Estos datos que resultan particularmente alarmantes, por una parte por el alto riesgo que significa para la vida de las niñas de dichas edades que han sido embarazadas, y por otra porque la legislación salvadoreña establece que toda relación sexual con una adolescente menor de 14 años constituye delito, es decir que estamos ante la presencia de una problemática que demanda urgente atención y la más alta prioridad en la agenda nacional”, demanda el “Mapa de embarazos” más reciente, presentado en 2015.

El año pasado se presentaron dos informes que detallaban la situación del embarazo en adolescentes, pero también hicieron visible la situación de estas niñas con sus parejas, estos fueron el “Mapa de embarazos” y “Maternidad y Uniones en Niñas y Adolescentes”. “¿Cuál es el patrón que se ve? Que adultos de diferentes edades han estado teniendo relaciones sexuales con niñas de 14, 10, nueve, ocho años. Y el caso sale a luz pública cuando la niña sale embarazada, pero han estado unidas a estas personas desde antes, muchas veces esa unión tiene un carácter legal que contradice el Código Penal”, explica Hugo González, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Solo entre las niñas de entre 10 y 12 años, el 29 % ya estaba unida antes del embarazo, según el informe “Maternidad y Uniones de Niñas y Adolescentes” que se elaboró con datos de 2012. Además, se encontró que 17 % tenía una pareja que la superaba por 10 o más años de edad. Es decir, niñas de 12 años unidas y embarazadas de hombres de 22 años, por lo menos.

“Estas uniones de niñas y adolescentes con parejas mucho mayores que ellas suponen una relación extremadamente desigual de poder que las excluye de la posibilidad de tomar decisiones sobre su vida”. En este grupo de niñas de 10 a 12 años, que son las más jóvenes que toma en cuenta el estudio, 1 de cada 10 estaba casada con su violador. Esta acción ha implicado el aval de sus padres o tutores para que esa niña embarazada adquiera un compromiso legal con una persona que, por ley, debería ser procesada por violación en menor incapaz.

En el camino para establecer el perfil de las relaciones sexuales en menores de edad, la Encuesta Nacional de Salud 2014 señala que el 7 % de mujeres entre los 15 y los 49 años se casaron o se acompañaron antes de tener 15 años. Mientras que en este mismo grupo de edad, el 29 % se casó antes de los 18 años de edad, es decir, 3 de cada 10 mujeres en el país ya había formalizado una unión antes de alcanzar la mayoría de edad. Y el 10.6 % de las mujeres que al momento de la encuesta tenían entre 15 y 24 años habían iniciado relaciones sexuales antes de cumplir 15 años. “La tendencia que se está observando es que los adolescentes están teniendo relaciones sexuales cada vez a más temprana edad”, explica González, representante del UNFPA.

Las consecuencias de unirse o salir embarazada a tan temprana edad “obliga a las niñas a transitar a la vida adulta de manera abrupta y sin estar preparadas para ello”, dice el estudio. Las niñas dejan su papel y se convierten en responsables de la casa y de su hijo. Tendrán menos tiempo para actividades educativas o las interrumpirán definitivamente. Lo que las dejará sin oportunidades de optar por empleos que les ofrezcan una mejora en la calidad de vida de ellas y de sus familias.

Solo el 34 % de niñas embarazadas entre los 10 y los 14 años nunca había estado como conviviente con un hombre antes de concebir. Y entre las de 15 a 17 años, el porcentaje baja a 15. “Este resultado sitúa un marco de análisis diferente. No se busca determinar entonces los factores que conllevaron a la ocurrencia del embarazo y la maternidad –pues los mismos están ocurriendo dentro de una unión previamente formada– sino en los factores que determinan la ocurrencia de la unión a las edades reportadas”. En otras palabras, el estudio plantea al país la necesidad de saber por qué las niñas se están uniendo a tan temprana edad y, en la mayoría de casos, con hombres que son sus violadores.

Pedro es un hombre de 42 que se acompañó con una mujer de edad similar. La mujer tenía tres hijos, entre ellos una niña de 13 años que estudiaba en una institución educativa privada. Pedro solía ingerir alcohol, cuando lo hacía, maltrataba a su pareja, por lo que era usual que ella se ausentara de la casa que compartían en un municipio de Usulután. Se iba y dejaba a los tres hijos con Pedro.

Pedro, de 42 años, empezó a decirle a María*, de 13, que la quería y que él pronto iba a separarse de su mamá para estar solo con ella. María contó a los peritos que investigaron su caso que él empezó a darle besos en la boca y que, al cumplir 14 años de edad tuvieron relaciones sexuales en la misma habitación que él, su padrastro, compartía con su madre.

Una vez, María se estaba vistiendo tras mantener relaciones sexuales con su padrastro, de 42 años, y su madre los sorprendió. Corrió a Pedro de la casa y a ella le dio un castigo físico y la llamó descarada. Pero, en esa ocasión, la madre no alcanzó a convencerse del abuso porque solo halló a María sin ropa, él ya estaba vestido. La madre permitió que Pedro regresara a la casa.

Fue hasta dos años más tarde que María presentó síntomas de que algo le pasaba. Bajó sus notas en el colegio y el psicólogo de la institución se interesó en saber por qué. Así, María le confesó que estaba teniendo una relación sentimental con su padrastro, que tenían sexo –para entonces ella de 16 y él de 45 años– al menos una vez al mes y que su madre, aunque había sospechado algo, no se había dado por enterada. Con intervención del psicólogo, María le contó todo a su madre y el profesional les indicó que era necesario colocar una denuncia.

Los peritos hallaron en María “sintomatología psicológica de persona expuesta a abuso sexual”. Observaron, entre otras características: vergüenza, sentimiento de culpa, deseo de muerte, pensamiento recurrente sobre los hechos, ansiedad, tendencia depresiva, pesadillas. Declararon que, al momento de la evaluación, presentaba capacidad para reconocer entre la verdad y la mentira. Pero dado el estado de María, los expertos también calcularon que la adolescente iba a necesitar $2,400 para recibir terapia psicológica, a $25 por sesión.

El peritaje físico concluyó que el cuerpo de María sí tenía señales de haber mantenido relaciones sexuales. Sin embargo, en el tribunal consideraron que María y su madre no presentaron una correlación de fechas creíble, que sus declaraciones tenían huecos, como por ejemplo, que no había explicación a que Pedro regresara a la casa después de la madre los haya sorprendido juntos. Tampoco les pareció adecuado el delito por el que se acusaba a Pedro. A pesar de que las agresiones comenzaron a los 14 años de María, consideraron que el delito por el que debió habérsele procesado era estupro.

De Pedro, sus intensiones, su estado emocional y mental, su cuerpo y su ventaja sobre María no se habló. Pedro tenía 45 años cuando fue absuelto de violar de manera continuada a su hijastra de 16.

“Lo que tenemos aquí es una sociedad altamente punitiva y en lugar de proteger a la niña o a la adolescente, busca culparla”, señala Zaira Navas, directora ejecutiva del Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CONNA). “Nos siguen diciendo que una niña fue abusada o quedó embarazada porque ella lo buscó, cada vez que se toca este tema, hay un grupo de personas que cree que no es cierto que haya niñas y adolescentes que no hayan desarrollado todas sus capacidades y que no es cierto que todavía no tenga toda su autonomía, creen que de verdad ella sabía cuál era la consecuencia de sus actos”.

La deserción escolar guarda una relación estrecha con las uniones en niñas menores de 17 años. El 80 % de las encuestadas para el informe sobre maternidad y uniones reporta haber abandonado la escuela antes del primer nacimiento. De estas, un 60 % son niñas y adolescentes que desertaron antes de ocurrido el embarazo. El 20 % de las niñas de 10 a 14 años dijo haber dejado la escuela solo para unirse a un hombre y entre las de 15 a 17 años, el porcentaje por esta causa fue idéntico. Quiere decir que una condición que está haciendo vulnerables a las niñas es, en toda regla, el abandono escolar.

“Lo ideal sería que la niña finalice su escuela y con eso tenga mejores oportunidades de realizarse y mejorar sus ingresos y que pueda, sobre la base de su aspiración, tener hijos. Pero, muchas adolescentes al abandonar la escuela, por pobreza o por violencia, terminan viendo en la maternidad y en la nupcialidad un proyecto de vida”, explica González desde una oficina con una vista impresionante de Antiguo Cuscatlán, uno de los municipios con mejores condiciones de vida del país.

En esa misma línea, Navas señala: “El estudio de uniones tempranas nos da datos distintos a los que veníamos manejando sin evidencia y nos dice que las niñas se unen no porque estén embarazadas, se unen porque buscan huir de una situación de violencia en el hogar o porque quieren tener una mejor condición de vida y acá es en donde personas adultas se aprovechan para tener acceso a las menores a partir de ofrecer una mejora económica para toda la familia de ella”. La funcionaria describe así que en El Salvador todavía se ve a las niñas como una mercancía, como algo que puede dar dinero.

La pobreza fue tan brutal que en 735 centros estudiantiles reportaron alumnos que desertaron por esta razón en 2015. Y la violencia pandilleril fue el argumento bajo el cual alumnos de otros 1,240 centros escolares dejaron sus estudios, según el Observatorio del MINED 2016. “Tenemos una sociedad con valores y estigmas que responsabiliza a las mujeres de cualquier situación que ocurra, incluso de situaciones de violencia hacia ellas. Pero hacer justicia es recabar pruebas que permitan tanto establecer si soy responsable, como las causas o razones que me llevaron a tomar una decisión o a participar de una actividad”.

Roxana no estaba escolarizada cuando mantuvo su relación con Antonio. María tuvo una relación con un hombre que le triplicaba la edad y que mantenía una cuota de poder importante en el hogar que compartían. Como si conociera los casos, González, del UNFPA, apunta que “lo que se tiene que hacer es generar opciones para las niñas; esto no va a detener que tengan relaciones sexuales, pero detiene la posibilidad de que adultos mayores abusen de ellas y escapen del proceso legal impunes; debe existir protección para las niñas para que, por un lado, cuenten con educación e información para retrasar el inicio de las relaciones; pero si aún así inician temprano, que sepan protegerse de abusos, de enfermedades y de embarazos”.

Las niñas van llegando a esta casa comunal después de caminar por calles de tierra bajo un sol que no da tregua. Esto es un municipio de los que llevan por apellido Lempa, en Usulután, es jueves casi a medio día. Son cinco adolescentes y, a grandes rasgos, se pueden presentar así: todas son mamás, tres terminaron bachillerato, tres tienen 18 años, una 17 y otra 19; tres están casadas por lo civil, una está acompañada, una se separó de su pareja tras dar a luz, todas mantienen relaciones con adultos; en todos los casos se cumplen los requisitos para abrir investigaciones por violación en menor incapaz o por estupro, pero también, en todos los casos, las niñas han mantenido relaciones sentimentales estables y públicas con los hombres con los que procrearon.

Mil cincuenta niñas que estaban estudiando en 565 centros escolares públicos se reportaron embarazadas durante 2015, de acuerdo con el Observatorio del MINED. Hubo 334 centros escolares que reportaron una niña embarazada cada uno, dos que reportaron hasta 15 niñas embarazadas durante ese año escolar y uno que tuvo hasta 18 niñas en este estado. En 450 centros se dijo que todas las embarazadas se mantuvieron en la escuela, mientras que el 150 instituciones, hubo niñas que desertaron por embarazo.

En este panorama, las que se han dado cita en esta casa comunal son excepcionales. Cada una tiene un proyecto de vida. Ellas forman parte del proyecto Por una educación integral de la sexualidad, inclusiva y con equidad de género, en dos sistemas integrados de educación pública en Jiquilisco y Suchitoto, que les entrega algo que es la razón por la que se mantienen estudiando: una beca de $25 mensuales para viáticos. Este dinero ha adoptado característica de crucial en la dinámica de estas niñas. Sin esto –que parece tan poco en otros sectores–, no podrían haberse mantenido en la institución.

Sus historias de vida, sin embargo, no dejan de ser difíciles de asimilar para cualquiera que no sepa cómo se vive en un municipio de apellido Lempa. Yanira* ya terminó el bachillerato, tiene 18 años de edad y cuatro de casada. Fue a alcaldía a contraer nupcias antes de poder decirse quinceañera. Tenía un mes de embarazo y 14 años de edad cuando fue declarada esposa de un hombre que entonces alcanzaba los 21 años de edad y de oficio corralero. Sigue casada y su hijo ahora tiene tres años.

En términos legales ella se casó con su violador. En la realidad de esta adolescente, se casó con el novio de toda la vida en un municipio en donde la oportunidad de trabajo más apetecida es ser cajera de supermercado o mesera en un restaurante de pollo frito y para ambos puestos hay que viajar a la cabecera departamental pagando un pasaje de bus de $0.75 por viaje, que hacen $1.50 al día, $7.50 a la semana y $30 al mes. La más idílica oportunidad de empleo formal que ven estas niñas implica una inversión fuerte solo en transporte.

Ana*, también nombre ficticio, se acompañó a los 15 con su pareja de 21 años de edad. A los 16 tuvo su primer hijo. A los 17 se casó. Ahora cría a un bebé de 10 meses junto a su esposo y espera a cumplir los 18 para empezar a mandar solicitudes de empleo a supermercados, tiendas, restaurantes.

Ana tiene claro que su ritmo de vida no es algo que recomendaría a su hermana menor, a ella le pide que espere, que estudie más, que disfrute más. Ana, como Yanira, se casaron con hombres mayores a los que siempre vieron enamoradas, porque en este su mundo no tuvieron la oportunidad de adoptar criterios para saberse víctimas de la situación.

Cecilia*, otra de las niñas con una historia similar a las anteriores resume en una frase el sentimiento de su madre: “Me dijo que me pasó por mi ignorancia, que yo salí embarazada siendo ignorante”.

Guiadas por la Organización Colectiva Feminista, que administra el programa financiado por la Fundación Pestalozzi, estas adolescentes saben que no les conviene salir embarazadas por segunda vez. Sus parejas usan condón.

“El 20 % de las adolescentes que salen embarazadas repiten antes de cumplir los 18 años, y de ellas, 8 de cada 10 salen embarazadas antes de que su primer hijo tenga un año y medio, salen del parto sin conciencia de prevención”, explica Heydy Cáceres, gerente del proyecto No estoy lista para ser madre, de Asociación Panamericana de Mercadeo Social (PASMO).

Cecilia, tímida, con una voz difícil de escuchar, cuenta que ella ya no quería seguir estudiando, pero su madre la impulsó y después fue hallada por la gente de la Colectiva Feminista que le ofreció la beca. En la conversación, se ríe y asiente cuando, airosa, Ana reclama que le molesta que en el instituto le dijeran “señora”.

—Es que no hemos dejado de ser cipotas, uno es cipota, aunque esté casada y tenga hijos; y hay compañeros y hasta profesores que como que quieren hacerla sentir mal a uno, que lo sacan y lo hacen de menos diciéndole “señora” –explica con los ojos bien abiertos y moviendo las manos–, yo sé que soy cipota todavía.

Todas estas niñas cuyas vidas representan delitos se ríen con desparpajo ante la defensa del derecho a declararse “cipota”, por encima de todo.

*Todos los nombres de las menores de edad han sido cambiados.

El espírito emprendedor

Me tomó casi diez años emprender mi negocio. De pequeña aprendí que debía conseguir un trabajo, esforzarme mucho, no provocar problemas; y así, podría “sobrevivir” en un mismo lugar hasta jubilarme. Esa era la forma en que buena parte de las generaciones pasadas cubrían sus necesidades de seguridad y logro. Sin embargo, en pleno siglo XXI, esta idea, de seguridad permanente, está alejada de lo que sucede laboralmente.

El mundo está automatizándose cada vez más, las máquinas aparentemente son más eficientes en el trabajo que los humanos y no tienen necesidad de parar en ningún momento del día. Esa es la idea de progreso que impera. Nada justa, pero así opera.

Esto sumado a las nuevas y diversas formas de entender el trabajo, el propósito de vida y las pasiones personales, ha facilitado que los individuos decidamos buscar la independencia, emprender y probar nuestras ideas.

Sin embargo, emprender requiere de una serie de habilidades y marcos de pensamiento que permitan, a quienes lo hacen, mantenerse llenos de recursos mentales y emocionales para gestionar los desafíos de iniciar de cero un negocio, o administrar simultáneamente las responsabilidades de un trabajo a tiempo completo y los esfuerzos por emprender.

Cambiar la idea de vivir una vida entera como empleada me fue difícil. Tenía miedo y me faltaba confianza en mis habilidades. Pero la incomodidad de permanecer desarrollando un trabajo sin un propósito con un alto significado para mí, fue más fuerte.

Hoy, con el camino recorrido, me gustaría compartir algunas claves que me sirvieron en el proceso para desarrollar mi espíritu emprendedor.

La primera, fue conocerme a mí misma y atender la voz de mi intuición. No sabía qué quería, solo podía reconocer que no estaba satisfecha y que necesitaba un cambio.

En este proceso de conocerme empecé a albergar la idea de la independencia y, además, reconocí esas habilidades profesionales y personales que me servirían si en realidad deseaba iniciar mi propio negocio.

La segunda clave fue gestionar la incomodidad. Agradezco a esas personas que me escucharon y que me hicieron las preguntas correctas que me llevaron a reflexionar y tomar las mejores decisiones en esos momentos. Algunas preguntas fueron: ¿Adónde irás si renuncias ahora? ¿Cómo están tus finanzas para cubrir al menos seis meses sin tener clientes? ¿Cuáles son tus compromisos actuales y cómo piensas cubrirlos? ¿Qué es exactamente lo que quieres hacer? ¿Para qué deseas ser independiente? Al responder entendí que mi tiempo no había llegado aún. Y eso me llevó a la tercera clave.

Ocuparme en lugar de preocuparme. Decidí continuar con mi trabajo y hacer un esfuerzo adicional para dedicar tiempo y desarrollar un plan detallado. Investigué acerca de cómo me percibían otros, qué cualidades me veían y si estarían dispuestos a pagar por ellas, escribí mi primera idea de negocio siguiendo una guía básica. Leí mucho sobre vidas con propósito y empecé a responderme para qué y por qué quería independencia.
Así llegué a Voces Vitales. Creyendo que iba a “donar” tiempo, a “aportar” al desarrollo de otras mujeres. Nunca me imaginé que la que más ayuda recibiría sería yo. Porque escuchar una y otra vez las historias de mujeres emprendedoras, apasionadas con sus negocios y sus ideas, a pesar de las dificultades, fue la mejor vitamina que pude encontrar para mi alma libre.

Ahora disfruto el espíritu emprendedor, ese que te pide dar un salto cada día. No al vacío, sino uno que tenga la inspiración de un propósito y un sentido de contribución. Porque este significado es lo que me motiva a continuar a pesar de los desafíos presentes en cada momento y en cada fase de la vida.

BUZÓN


La otra mitad de la salud

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com

En nuestro atribulado país a cualquier centro hospitalario al que acudamos siempre lo encontramos repleto de gente que busca paliar sus dolencias físicas, nos hemos acostumbrado a atender las enfermedades somáticas, pero la otra mitad de salud que reviste de igual o más importancia la descuidamos, es la salud mental, que según la OMS es el goce del grado máximo de bienestar físico, mental y social. Convivir armónicamente consigo mismo y con el entorno y disfrutar los momentos agradables de las interrelaciones es el déficit en la población, delatado por los índices de intolerancia, altos niveles de estrés, adicciones, tendencias suicidas, ansiedades, depresiones y, en general, conductas insanas a cual más. Un departamento de salud mental es propicio en todos los centros hospitalarios nacionales, ya que el ventarrón de paranoias que vivimos y hemos vivido por décadas nos ha venido acumulando lastres mentales, y eso nos ha empujado a ser una sociedad enferma con derivaciones indecibles como lo describe el reportaje de Glenda Girón bajo el título sugestivo “Cacería de brujas en tierra de demonios”. Muchas enfermedades anatómicas son consecuencia directa de la pésima salud mental que tenemos como conglomerado, incluso los médicos se han estancado en auscultar la condición física, sin tomar en cuenta el acecho que serpentea la esfera corporal, y por añadidura escasean los profesionales especialistas en esa parte subterránea del ser humano. Todas las personas necesitamos diversos combustibles para funcionar en forma natural y conveniente con nuestros semejantes, pero el ser subjetivo es aún más complejo, es preciso facilitarle herramientas de bien que tanto las necesita para perfumar el escenario ideal del contexto social en que coexistimos. Bregamos con soluciones superficiales sin llegar a las profundidades del mal, reprimimos pero no prevenimos como debe ser, y todo ese barullo de cosas afecta la calidad de vida de las personas, que llega a afectar hasta la productividad.



Atento saludo para Manlio Argueta

Gaspar Romero
romerogaspar@hotmail.com

Respetado licenciado, siempre leo sus bonitos artículos en la edición de Séptimo Sentido. Supe que usted es de oriente. Yo soy de Ciudad Barrios. Con todo respeto me permito hacerle una sugerencia. De Ciudad Barrios existen tres personajes famosos: el general Gerardo Barrios, Francisco Gavidia y Monseñor Óscar Arnulfo Romero, recién beatificado (y se rumora que su canonización sería el 15 de agosto, aniversario 100 de su cumpleaños). Los tres son personajes famosos, pero muchas personas no conocen su origen. El general Barrios, famoso por las armas; Gavidia, por las letras; y Monseñor, por ser el defensor de los pobres, los humildes. Lo más desconocido es que Barrios y Romero coincidieron en el hecho de que fueron asesinados en San Salvador, el primero en el Cementerio General de San Salvador y Monseñor en la capilla del Hospital de la Divina Providencia. En ambos lugares ahora se erigen sus respectivas estatuas. Si usted lo considera a bien, mucho me alegraría su publicación en tan leída edición.



La ayuda nunca llegó a Victoria

Oswaldo Camino
soswaldocaminos@yahoo.com.mx

Resulta incómodo pero necesario destacar el drama de Victoria como una experiencia que, si bien para efectos periodísticos deberá permanecer en el anonimato por razones obvias, es preciso recuperarla en la memoria cotidiana de quienes nos resistimos a creer que hubo ojos, y muchos, que vieron a Victoria pedir ayuda, pedir clemencia, y que al igual que nosotros le habrá costado creer que esa indiferencia de hielo prevaleció, sobre su privación forzada de libertad, cautiverio y violación en serie, como si hubiesen decretado su culpabilidad por un delito que nunca cometió, salvo si lo es caminar sola un día en el que nadie pudo ir con ella. Y tal complicidad pudo haber fácilmente avalado su muerte en la fosa que preparaban sus violadores, si no hubiese sido por esa llamada que la salvó, pero solo de la muerte física, porque ignoramos hasta el día de hoy qué otro tipo de muertes habrá sufrido, y ni imaginar adónde fueron, con su mamá, ¿qué harán ahora? ¿Dónde residen actualmente? ¿Vivirán aún? ¿Qué calidad de vida tendrán? Realmente son preguntas pertinentes, sobre todo porque en este preciso momento, si las estadísticas nos son útiles, y suelen serlo, estarán violando y asesinando a alguna mujer, como le ocurrió a una pequeña de 14 años hace unas semanas, cuando hacía su recorrido habitual de 10 kilómetros a pie para ir a estudiar. No podemos ser indiferentes como esos ojos cómplices, que lo siguieron siendo cuando trancaron sus puertas al llegar la policía; como lo hicieron esos vecinos que sabían el número de los violadores de Victoria y fingieron demencia, como lo seguiremos siendo si reproducimos esa pautas de indiferencia, como si ver a un ser humano indefenso pidiendo ayuda fuera una incomodidad de mal gusto. No hace falta pensar que podemos ser cualquiera de nosotros, hombre o mujer, los que nos encontremos en una situación de privación forzada de libertad, lo cual es de por sí un delito, y ante lo cual buscaremos con avidez y desesperación esos ojos que se posaron sobre la figura de Victoria y optaron por ignorarla. Y así legitimaron y contribuyeron a la consumación del repugnante delito de sus captores.



Atento saludo para Manlio Argueta

Gaspar Romero
romerogaspar@hotmail.com

Respetado licenciado, siempre leo sus bonitos artículos en la edición de Séptimo Sentido. Supe que usted es de oriente. Yo soy de Ciudad Barrios. Con todo respeto me permito hacerle una sugerencia. De Ciudad Barrios existen tres personajes famosos: el general Gerardo Barrios, Francisco Gavidia y Monseñor Óscar Arnulfo Romero, recién beatificado (y se rumora que su canonización sería el 15 de agosto, aniversario 100 de su cumpleaños). Los tres son personajes famosos, pero muchas personas no conocen su origen. El general Barrios, famoso por las armas; Gavidia, por las letras; y Monseñor, por ser el defensor de los pobres, los humildes. Lo más desconocido es que Barrios y Romero coincidieron en el hecho de que fueron asesinados en San Salvador, el primero en el Cementerio General de San Salvador y Monseñor en la capilla del Hospital de la Divina Providencia. En ambos lugares ahora se erigen sus respectivas estatuas. Si usted lo considera a bien, mucho me alegraría su publicación en tan leída edición.

“Soy el amor de mi vida”

¿Qué espera lograr con lo que está haciendo?

Queremos llevar la segunda obra a comunidades donde no llega el teatro, iniciar el proceso de nuestra tercera obra y empezar talleres con vendedoras de mercados como nosotras.

¿Cuál es su principal motivación para alcanzar metas?

La confianza que tengo en lo que soy ahora. Vengo de una situación donde nadie daba nada por mí y yo daba nada por nadie. La confianza que tengo ahora en mi persona es la confianza que he logrado tener en los demás.

¿Cuál es su palabra favorita?

Libertad. Cuando intento recordar mi niñez esa es la única sensación que conocí. Correr bajo la lluvia y que el viento me golpeara. Hoy mi libertad ha sido el teatro porque es el que ha logrado quitarme miedos. A mis 38 años es cuando más libre y contenta estoy.

¿Cree en la mortalidad del alma?

¡A estas alturas creo hasta en la inmortalidad del cangrejo!

¿Cuál superpoder quisiera tener?

Cambiar cosas. Lo que fuera, pero cambiar.

¿Qué cambiaría de su familia?

Lo que nos han enseñado de generación en generación a las mujeres, como creer que una vale más si tiene un hombre a su lado.

¿Qué o quién es el amor de su vida?

Yo misma. Para querer a los demás primero me tengo que querer yo, así que yo soy el amor de mi vida.

Álbum de Libélulas (Galindo)

1353. EL MISMO MENSAJE

Cuando traspasó la puerta de la nave aérea para entrar en las instalaciones del aeropuerto, una sensación radiante le aleteó por dentro: “Estoy aquí y ya no dejaré nunca de estar aquí”. Nadie lo esperaba, por supuesto, ya que ahí nadie podía esperarlo, porque él venía de un lugar ubicado en el otro lado del mundo, y ni él ni sus antepasados habían salido de ahí. Pero inesperadamente en la sala de espera un grupo de desconocidos estaba aguardándolo. Cuando lo vieron se le acercaron con expresiones de gran emoción. Él cerró los ojos y aquella bienvenida insospechada se le iluminó por dentro: “¡Gracias, destino, por hacerme sentir así que Dios está en todas partes, y que yo, como su Hijo, debo hacer lo mismo!”

1354. COMUNIDAD ASTRAL

Los árboles rojos y amarillos proliferaban por la ruta, y la activación coreográfica del ambiente era irresistible. Eran las 9 de la mañana en punto, y todo estaba listo para que comenzara el desfile de animaciones multicolores. En las aceras, la multitud parecía instalada en un anfiteatro extendido. La cámara televisiva recorría el mosaico vivo, y de pronto se detuvo ante aquel personaje anónimo que en apariencia no tenía nada de especial. El presentador le acercó el micrófono: “¿Y usted de qué suburbio viene a ver la ‘parade’ de Thanksgiving Day en el corazón de New York?” “Si adivina le regalo un pase para que pueda acercarse a todas las estrellas que quiera…” “Pero usted no es una estrella, joven. ¿O es una estrella disfrazada?” Risita pícara. “Soy un extraterrestre y las conozco a todas, las del cielo digo…”

1355. EL CONCIERTO DEL SIGLO

Caminaba por Central Park como lo hacía allá en tiempos remotos por los caminos polvorientos en los alrededores del río Las Cañas. En aquellos tiempos iba siempre acompañado por una melodía con sabor a bolero que se le había prendido en las telas finas del sentimiento incipiente; hoy la melodía era una plegaria encendida en el interior de la capilla de la primera madurez. Al llegar al lugar del parque en que se recordaba al creador de “My Sweet Lord” tuvo el impulso de arrodillarse para motivar la conexión íntima. No lo hizo físicamente, pero sí en la capilla del sentimiento no expresado. Ahí se quedó hasta que George Harrison apareció entre los árboles y fue a ponerse a su lado con la canción a flor de alma. Fue el concierto supremo, con él como único espectador.1356.

1356.FUTURO PARA DESMEMORIADOS

Llegó del Norte a ver a su familia después de tanto tiempo y a conocer a los nuevos miembros de esta. En el aeropuerto le esperaban muchos parientes, pero para su sorpresa todos le eran desconocidos. ¿Qué había pasado con su gente, la de entonces, con la que se comunicó durante tanto tiempo? No preguntó nada en el trayecto hacia la casa, porque ninguno de los presentes daba muestras de querer explicarle nada en particular. Lo trataban como a un viejo conocido, y nada más. Llegaron. ¿Qué era aquello? La casa tampoco era la recordada ni estaba ubicada en la zona de entonces. Le dio miedo indagar. Miedo tiritante. Y aquella noche, solo en su cuarto, se preguntó entre la oscuridad: “¿Quién soy?” No había respuesta, porque era como volver a nacer…

1357. ACCIÓN DE GRACIAS

Afortunadamente no tenía que desplazarse demasiado para cumplir con su propósito, porque en esa víspera había amenaza de colapso en todas las vías de acceso, aéreas o terrestres. A él le bastaba con tomar su auto y dirigirse a la población inmediata entre boscajes otoñales. Así lo hizo. Llegó al lugar, que aquel día semejaba un oasis casi primaveral. ¿Qué había pasado para que aquel efecto inverosímil se diera? Ni siquiera se lo preguntó: se introdujo casi corriendo en el espacio donde el aire y la vegetación parecían haber hecho un pacto de complicidades fragantes. Y ahí, en el atrio de polvo, se arrodilló como lo hiciera en la catedral mayor: “Naturaleza, el nuestro sí es amor correspondido…”

1358. ALAS ABIERTAS

Le llamaban “el imaginativo” porque siempre andaba imaginando cosas que para casi toda la gente que le conocía eran puras rarezas. Pero cuando se trató de formalizar relación lo hizo con la muchacha más previsible y de la manera más tradicional. Los que más lo conocían pensaron que sus excentricidades habían sido pura distracción de adolescente. Él sonreía para sus adentros, haciendo cábalas sobre lo que vendría después. Y así un día de tantos le dijo a su recién estrenada esposa: “Nos vamos a volar mundo con nuestras propias alas”. Y cuando la gente del vecindario vio aquella pareja alejándose en el aire con las alas abiertas muchos pensaron: “Esto le hubiera lucido al imaginativo. Lástima que vive con su pareja como ermitaño… “

1359. LA TIERRA HABLA

Se llamaba Sally y tenía la personalidad de los seres libres que corretean sin fin por las colinas próximas. Al conocer a Pepino el clic fue inmediato. Como era de esperar, muy pronto la línea del abdomen comenzó a expandirse promisoriamente. Ley del oficio amoroso. Pasó el tiempo previsto y el día del suceso no había signos de ninguna novedad. Entonces Sally dejó de aparecer por los alrededores. Pepino andaba tranquilo por ahí, como si supiera lo que pasaba. Un par de días después los que buscaban a Sally la encontraron con sus cinco cachorros recién nacidos en una cueva entre las raíces del joven conacaste que se hallaba al borde de la pendiente que daba a la calle. Aquel refugio protector era el albergue que ofrecía el terreno a sus habitantes favoritos.

1360. OTRO VIERNES NEGRO

La avalancha de ofertas comerciales lo tomó con el ánimo dispuesto. Ese día todo se podía comprar a precios increíbles. Salió para incorporarse a la multitud ondulante. Y llegó a su lugar elegido sin mayores obstáculos. No tuvo necesidad de revisar escaparates. Sabía a lo que iba. “Este”, le dijo al dependiente. “Y por favor no vaya a envolvérmelo. Los sueños no admiten envolturas…”

1361. CAMINO DE SANTIAGO

Estaba por llegar a destino, después de la caminata que parecía haber durado toda la vida. Y cuando se detuvo respiró por última vez. Ya todo el aire lo tenía dentro.

BUZÓN


Generic placeholder image


Miguel Martínez
miguelmar47@yahoo.com

Presunción de inocencia

Quiero referirme a la opinión de Mariana Belloso que tituló “Las culpables”, en la que señala el calvario vivido por una doméstica que fue acusada de ladrona y enviada a una cárcel de nuestro país. Me impresionó su frase de que “como sociedad somos especialistas en señalar, acusar, juzgar con rapidez y facilidad”, quejándose de que el debate sobre la presunción de inocencia se ha tardado mucho. Sobre esto último quise escribir hace mucho tiempo. Desde cuando presentaban a los reos sin camisa y empujados frente a las cámaras y los reporteros de diversos medios. Me preguntaba si dentro de los que presentaban ante las cámaras no irían algunos inocentes que estaban sufriendo, porque fueron capturados y estigmatizadas ante la población. Recordé cuando con los jóvenes estudiantes abordábamos el tema de la presunción de inocencia, y concluimos que era injusto que presentaran a los reos como que si ya fueron juzgados y declarados culpables. Lo peor es que no escuchaba a mi alrededor ningún comentario negativo al respecto. Creo que es porque la gente lo toma como normal. Entendemos que la presunción de inocencia que aparece reglada en la mayoría de sistemas constitucionales, y consecuentemente desarrollada por sistemas procesales penales, no fue un principio creado por una tratadista en particular, sino más bien su origen se remonta a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, promulgado por la Revolución Francesa de 1789. En nuestros días, el tema se llevó a discusión cuando una organización académica se quejó de la exhibición de unos abogados, no obstante, que antes habían pasado por las cámaras y los reportes periodísticos gente común que luego era liberada por falta de pruebas. Al respecto, he de apuntar que cuando alguien es liberado se suele culpar al abogado que llevó el caso, pero se olvidan de que si la Fiscalía y la Policía no presentan pruebas contundentes, los indiciados tienen que ser liberados. Mientras tanto se ha violado la presunción de inocencia y, como dice Mariana, nunca pueden quitarse el mote de ladrón, extorsionista o violador. Pero la presunción de inocencia no es compatible con las mentiras que utilizan muchos encausados en su defensa e incluso en sus negativas a declarar, dándose la paradoja de que muchos políticos procesados por corrupción exigen presunción de inocencia, demostrándose previamente que han mentido en forma reiterada. Así las cosas, los políticos con pruebas inequívocas de corrupción deben ser apartados de la política, sin dar pie a que se refugien en vericuetos procesales que se eternizan, obstaculizando las leyes.

 


Generic placeholder image


Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com

Afrenta a la castidad

Cualquier actitud de enfrentamiento o forma indebida de proceder ante una mujer es violencia contra ella, violencia de género construida desde las prácticas machistas patriarcales enquistadas en una repulsiva cultura, donde sucede por complacencia y plena impunidad, ¡cómo indigna el testimonio de Victoria! En esta segunda entrega de Valeria Guzmán, “Las mujeres violadas de un país que no protege ni medica”, la periodista expone la afrenta a la castidad que sufren las féminas ante los atropellos de la barbarie desenfrenada. Es vergonzoso que El Salvador tenga una de las tasas más altas de violaciones sexuales, especialmente en rostro de mujer joven, y el agresor sea en la mayoría de casos residente en los mismos hogares o gente de “confianza” de la familia agredida. Las secuelas de estos infamantes actos son de considerables consecuencias, marcan la vida de la víctima para siempre, volviendo su sexualidad incolora e insípida en contraposición a la libertad sexual, entendida esta como el hecho de que es la mujer la única y absoluta dueña de su cuerpo. Esta arista de la ola delincuencial, de las más severas entre las atrocidades, debe ser un punto focal, pues en principio es la fuerza bruta frente a la ternura que las mujeres merecen. Luego aparecen los contagios y embarazos no deseados, cual atentados contra la vida de la infortunada víctima. La piedra en el zapato de los problemas de violencia es la falta de educación, aunque también suceda entre académicos que no aprendieron a equilibrar sus emociones. Igualmente el tema de la sexualidad debe tener rigurosos controles, el machismo debe ir camino a su extinción. Eso de que las mujeres deben hacer todo lo que el hombre dice es irreverente en los tiempos actuales. También eso de que las mujeres sean sometidas por el “poder” a modelos preestablecidos de relación sexual como leyes inmutables de la naturaleza es una imperdonable aberración, porque considera a las mujeres como objeto y no como personas dignas; aparte del abuso de violentarles su voluntad y su paz emocional, desconocen que la democracia familiar es un método que debe iniciarse en el hogar. Suena bien que haya organismos en defensa de las mujeres, pero queda mucho por hacer para ir desinstalando la maldad en mentes psicópatas y evaporar las aciagas experiencias que han vivido muchas mujeres por el hecho de serlo. Como corolario, recordemos a Perales cuando canta: “A ti mujer, no importa quien seas, ni de donde vengas”… ¡denúncialos!

 


Generic placeholder image


Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook.com

Mujeres marginadas

En la revista de este pasado domingo, dos piezas llamaron mi atención: la columna de Mariana Belloso y el reportaje de Valeria Guzmán, en donde narran el calvario que sufre la mayoría de mujeres en nuestro país y, por qué no decirlo, en todo el mundo. La violencia que sufren las mujeres es una enfermedad que nos está carcomiendo. Eso que dificulta el paso de las víctimas para sobrevivir, levantar cabeza y tener la firmeza de decirlo, como el relato de “Victoria”. Nadie la quiso ayudar y quizás en estos momentos esté recordando la cara de los salvajes que la violaron y que desde ese día le cambiaron su vida y hasta el domicilio. Hoy es una víctima como muchas otras que deambulan en el olvido de esta cultura machista. Por esta razón hacen falta hombres que crean en las mujeres, para que cuando quieran atacar a una mujer piensen que es como si los estuvieran atacando a ellos. Es conveniente que los medios de comunicación junto a los poderosos se atrevan a asumir responsabilidad. Como ejemplo menciono que los Acuerdos de Paz fueron escritos totalmente en masculino, literal y simbólicamente hablando, a pesar de la presencia de más de una mujer en las comisiones negociadoras y firmantes de estos, por esta razón la población civil femenina que colaboró con el FMLN no fue específicamente tomada en cuenta en los Acuerdos de Paz, lo que implicó que la mayoría quedaran tras la guerra sin recursos para su supervivencia. La mayoría de mujeres estaba en desventaja frente a los hombres, pues las políticas económicas y sociales no ofrecían escenarios para superar la desigualdad e inequidad que son la diferencia entre ambos géneros. Por esta razón a la mujer se le ha ubicado en un segundo plano, marginándola y excluyéndola de cualquier expresión cultural y étnica donde pueda participar, demostrar su capacidad en todas las áreas y predominar con ese 52.51% del total de habitantes de este país.